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Fue la noticia más comentada de la semana: echaron a Gustavo Escanlar de Búsqueda, Sarandí y de Zona Urbana (no de Canal 10 como se ha dicho erróneamente). Esta situación tomó estado público el lunes y desde entonces, Uruguay encontró un nuevo deporte: lapidar al copión. Que ya había plagiado doscientas mil notas, que es mala gente, que se droga, que es gordo, que es cabezón, que nunca fue mi amigo, que es buen tipo, todo se decía más allá de que fuera cierto o no. Lo que nadie se preguntó fue cómo se dieron los hechos y si la culpa es del chancho o del que le rasca el lomo.
Se sabe que el estilo de Escanlar es polémico. Se sabe que en esta suave y ondulada penillanura ubicada al oriente del Río Uruguay, todo lo que rompa la paz y la armonía provinciana está mal visto. Hay que ser como los supuestamente mejores árbitros de fútbol: pasar inadvertidos durante todo el partido. Llamar la atención, meter ruido, altera nuestras sanas costumbres y nos convierte en unos malos imitadores de la chantada periodística porteña . Por ese tipo de razonamientos, Uruguay es gris. Por este tipo de pensamientos, chatos y mediocres, cuando alguien se destaca hay que voltearlo.
A Escanlar le pidió la renuncia Danilo Arbilla, consejero delegado del Consejo Editorial de Búsqueda, en su propio despacho. Mientras él se retiraba pisando los escalones blancos que conducen del primer piso del semanario a la planta baja y a la calle, comenzaron a correr rumores en la redacción que da a la calle Uruguay. En voz baja, algunos se animaron a decir ya era hora , y enseguida comenzaron los rumores y las hipótesis. Pocos, muy pocos, dijeron esta vez no lo taparon . La mayoría, miró al serrucho.
Serrucho
En esa redacción, en una de sus paredes, hay colgado un elemento muy singular. Se trata de un serrucho que la revista Guambia regaló a los medios colegas como obsequio un fin de año en la década de los 90. La idea al colgarlo allí era que todos los periodistas tuvieran presente que siempre hay un colega dispuesto a cortarles el piso.
Entonces uno recordó que Escanlar había renunciado al suplemento Qué Pasa del diario El País cuando Leonardo Haberkorn, editor del suplemento, le pidió explicaciones sobre unas declaraciones que había puesto en una nota. Escanlar confesó que las había inventado y el 6 de octubre del 2001, renunció.
Posteriormente, cuando ya estaba al aire Zona Urbana en Canal 10, Haberkorn fue al programa de Raquel Daruech en Canal 5. Lo invitaron a opinar en un panel sobre el estado del periodismo nacional. Allí, acusó a Zona Urbana de robar una nota del Qué Pasa. Escanlar e Ignacio Alvarez (conductores de Zona Urbana) contestaron desde una entrevista que les realizaron en Brecha, e ironizaron sobre la situación desde el programa Las Cosas en su Sitio de Radio Sarandí que también conducían- y desde su programa en el 10.
Basados en esos elementos, algunos especularon con que quien había denunciado el plagio de Escanlar había sido Haberkorn. El lo niega. "Eso es mentira. Yo no denuncié a Escanlar a Búsqueda. Cuando tuve que hablar de Escanlar, hablé dando la cara, exponiéndome públicamente. Creo que eso le consta a todo el mundo. Todos saben además que cuando salí públicamente a denunciar a Zona Urbana -no solo a Escanlar, como ahora parece- estas tres empresas (por Búsqueda, Canal 10 y Radio Sarandí) los respaldaron y nadie fue echado de ningún lado, al contrario. Es evidente mi desvinculación en esto". El denunciante, entonces, quedó en el misterio.
Tapadita
Ya te tapamos una vez, dos no fue una de las frases que Arbilla utilizó cuando le pidió la renuncia a Escanlar, según fuentes del propio semanario. El hecho al que hacía referencia (otro plagio) ni siquiera es conocido por toda la redacción de Búsqueda y Galería (publicación que se distribuye con el semanario y que comparte el edificio con éste).
Todo ocurrió, según confirman periodistas de Búsqueda y ex empleados del semanario, en el año 2002. Incluso algunos afirman que aquel plagio era mucho mayor que éste. Estas fuentes afirman que se trataba de una nota para la revista Galería, donde Escanlar copió, con muy pequeños cambios, varios párrafos de un cuento del libro Crónicas del Angel Gris, de Alejandro Dolina.
Consultado sobre el hecho Claudio Paolillo, director del semanario, afirma desconocerlo. No sabía del plagio porque lo hubiera echado antes. Si yo hubiera sabido que él o cualquier otro periodista de Búsqueda, en el año que fuera, había plagiado y yo tenía capacidad de decisión sobre su permanencia, no me caben dudas: para afuera, como ocurrió en este caso. Este es el primer plagio que yo conozco y comprobé. No transcribió una nota entera, pero sí lo suficiente como para perder la confianza profesional en él. Sobre un plagio anterior, nunca lo vi ni me informaron .
Las mismas fuentes que confirman que el plagio existió van más allá. Afirman que en su momento se supo y que hubo una reunión entre Arbilla y Mónica Bottero (editora de Galería). Al culminar la reunión, Bottero se atribuyó las culpas: Cuando edité la nota de Gustavo, me pareció que el texto era de él. Y como estaba tan lindo, le saqué las comillas . Una explicación casi naif.
Dominó
Hay varias cosas que llaman la atención en toda esta situación. Primero, que a un periodista se le haya tapado un plagio. Luego, que se le haya dado una suerte de segunda oportunidad en el mismo medio, arriesgando así éste su credibilidad. Tal vez como dice Marcelo Jelen (ver columna aparte), se habrán basado en que un delincuente tiene derecho a rehabilitarse .
Pero hay algo que llama más la atención, y es el efecto dominó que tuvo el pedido de renuncia de Búsqueda. Allí le piden su renuncia y, menos de una semana después, también se la piden en Radio Sarandí y en Zona Urbana.
Según fuentes de Radio Sarandí, allí la decisión pasó mayoritariamente por Ignacio Alvarez, conductor junto con Escanlar de Las cosas en su sitio, el programa de la mañana de la emisora. Esas mismas fuentes señalan que alguien (en alusión a Ignacio Alvarez) le soltó la mano para, aprovechando la volada, quitarse la etiqueta de periodismo carroña . Muerto el perro, se acabó la rabia.
En Canal 10 la decisión se procesó de otra manera. Es cosa de ustedes , dijeron las autoridades del canal al equipo de Zona Urbana. Hubo una reunión de todos quienes trabajan en el programa, se discutió el tema y se efectuó una votación. En un fallo dividido se decidió pedirle la renuncia.
Esta información fue confirmada por Iván Ibarra, productor general de los programas Zona Urbana e Insomnio (éste lo conduce Escanlar solo). Ibarra también afirmó que Escanlar sigue vinculado a Canal 10 y que Insomnio, cuyos capítulos están todos grabados, seguirá al aire.
El miércoles en Zona Urbana, Ignacio Alvarez se refirió al tema. Dijo que Escanlar había estado mal, que no compartía lo que había hecho, pero que seguían siendo muy amigos. Luego agregó que Zona Urbana perdería autoridad moral para criticar coimas y demás, si Escanlar seguía en el programa. Algo así como somos amigos pero vos sos un inmoral ó no te me acerqués que me dejás pegado .
Ejemplo
Lo que más molestaba a varios periodistas de Búsqueda, especialmente en la sección Cultura donde alguno llegó a patear una papelera ante la situación-, era la permanente referencia de la dirección y algunos editores a Escanlar como un ejemplo periodístico. Ustedes tienen que escribir como él, que genera polémica, que hace que los lectores manden cartas. Sean polémicos .
Según Paolillo, lo poníamos como referente por sus notas. Era cierto y lo sigo pensando. Que haya cometido plagio no quita que el tipo tiene talento como periodista, pero desgraciadamente incurrió en esas prácticas .
Cierta hipocresía
Por Marcelo Jelen (*)
El plagio entre periodistas es, más que violación de principios profesionales, una patología. Quienes lo perpetran suelen hacerlo una y otra vez, y lo sufren o gozan como una tentación imposible de resistir. El argentino Nahuel Maciel se lo explicó así al editor que lo descubrió, Mario Diament: "Uno a veces tiene impulsos que no controla. Como los que se sienten impulsados a matar." Pero no se trata de una tendencia homicida, sino suicida: en periodismo, el plagio se condena con la muerte profesional.
No es algo nuevo en Uruguay, donde hasta el mismísimo presidente ha sido acusado de plagiar. El periodista Germán López publicó en Brecha un informe internacional que ya había sido escrito por Niko Schwartz para La República. Christian Kupchik copió pasajes de un libro ajeno sobre alemanes residentes en Paraguay para la desaparecida Tres, y luego, para El País Cultural, una reseña bibliográfica publicada antes en la revista catalana Co&Co. Éstos son apenas dos casos, que no merecieron escándalo sino discretos recuadros de disculpa.
Gustavo Escanlar no tuvo tanta suerte. Su alta exposición y su desdén por el trabajo de sus pares lo habían convertido en un blanco móvil. Muchos colegas suyos lo esperaban con el Google amartillado, hasta que se puso a tiro.
Pero el escándalo no se justifica. Es noticia vieja. Los responsables de Búsqueda sabían qué esperar de Escanlar al menos desde el año pasado, cuando el editor de Qué Pasa, Leonardo Haberkorn, le enrostró un plagio con sólidas pruebas. A coro con su compañero Ignacio Álvarez, Escanlar se defendió con argumentos barrocos, ofuscados, inverosímiles. Radio Sarandí y Zona Urbana, que ahora le dan la baja por una falta que ni siquiera cometió a través de sus antenas, aplaudían entonces su talento.
El mensaje que transmiten ahora estos medios es que lo malo no es plagiar, sino que te descubran en Chile. Que la vergüenza sea internacional.
La condena a muerte periodística admite resucitación. El plagio es una modalidad de robo con alto grado de reincidencia, pero los medios han vuelto a confiar en Christian Kupchik, Germán López y otros. Nahuel Maciel trabaja hoy en un diario de Gualeguaychú. Un delincuente tiene derecho a rehabilitarse.
Resulta difícil imaginar ahora un futuro respetable para Gustavo Escanlar en el periodismo. Pero quizás logre convencer a alguien, con el tiempo, de que su talento no es producto del robo. Una posibilidad tan difícil de apostar como la identidad del futuro papa.
(*) Colaborador de Guambia y editor web de la agencia internacional IPS. Publicó en 1997 el ensayo sobre periodismo "Traficantes de realidad".
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