|
- ¿Existen las industrias culturales? ¿Cuáles son sus componentes?
Luciano Álvarez (LA) - Básicamente son tres grandes áreas: la audiovisual, la industria editorial, y la industria fonográfica. Son estructuras que están compuestas por miríadas de pequeñas empresas.
Gonzalo Carámbula (GC) - En el sector audiovisual se puede incluir la publicidad, los contenidos televisivos y los propiamente cinematográficos. Hay otros analistas y otros países que amplían el concepto que señala Luciano, e incluyen lo vinculado al software; hoy día hay algunos que hablan de industrias creativas, dándole una dimensión más amplia al concepto de industrias culturales. Por ejemplo, en Barcelona, en el Instituto Catalán de Industrias Culturales incluyen las artes del espectáculo.
Edmundo Canalda (EC) - Me parece bueno llamarlo industrias culturales, sobre todo en compensación por la trayectoria y la ideología dominante en Uruguay respecto a la cultura- durante décadas. Siempre se pensó la cultura en Uruguay como un producto que no importaba tanto desde el punto de vista económico.
- ¿Cuál es el peso económico y social de estas industrias culturales?
EC - Me parece que en algunos sectores hay una especie de peso para considerar la cultura, hasta que la cultura nos cachetea con su importancia económica. Si uno sabe que la televisión, la publicidad, los libros, están dentro del fenómeno cultural, lo empieza a ver en forma menos inocente. Se da cuenta que no sólo es una actividad económica importante eso lo indica la participación que tiene en la economía- sino que en perspectiva si se mira el proceso de otros países- se observa que tiene cada vez más importancia. La perspectiva en los países desarrollados y la que marca el Uruguay es de crecimiento. Lo que ha faltado hasta ahora es tomar conciencia colectiva de que es también un gran tema económico, y que vale la pena discutir hasta qué punto tiene que involucrarse el Estado y hasta qué punto con el esfuerzo de los privados -en un mercado como el uruguayo- alcanza para desarrollar estas industrias, si vale la pena desarrollarlas y cuáles.
LA - De pique, cuando se pone un pie en el tema te encontrás con la dificultad de tener que resolver problemas. Por ejemplo, se edita un libro: ¿cuánto te cuesta?, ¿dónde está tu punto de equilibrio? Mil ejemplares ¿los colocás fácilmente? Ahora, sacás un libro y tenés un socio en Argentina para poder llevar ese libro. El socio en Argentina te dice: yo menos de mil libros no puedo meter en el mercado de Buenos Aires porque no cubro las librerías. Por lo tanto los libros uruguayos no van a la Argentina. Por ejemplo, El correo del General que si bien vendió trece mil ejemplares, la contra partida argentina de la editorial no lo quiso llevar a Buenos Aires, cuando era un libro que allí vendía fácil mil ejemplares. Entonces, todo lo que es cultura comienza a estar entramado con una cantidad de tomas de decisiones, de costos. Si no se piensa el tema de la producción cultural en términos de trabajo se le está errando. Nuestro país durante muchos años menospreció el aspecto trabajo, sobrevaloraba el aspecto expresivo.
EL URUGUAY Y LAS INDUSTRIAS CULTURALES
- La estimación de gente trabajando alrededor de la cultura es de sesenta mil personas.
GC - Sesenta y nueve mil se manejaban en el año 2000-2001. Ahí se incluyen los factores que mencionaba Luciano, es decir, la fuente de trabajo directa en conexión con la producción cultural.
LA - Todo el mundo dice: hay películas uruguayas, hay cine uruguayo. Existe, entre otras razones- porque hay una cantidad de productoras de publicidad que han crecido, han desarrollado oficios de muy alta calidad, de alta exigencia porque trabajan toda la semana. No es que soñaste con una película y te pusiste a realizarla; que era lo que sucedía antes. Porque a veces existe la peregrina idea de que, como sabés de cine, un día te cae la ficha y sabés hacer una película. Ese proceso que se ha dado en Uruguay en los últimos veinte o veinticinco años, de una profesionalización en muchos campos, es muy valioso. Es muy importante y explica por qué hay películas, por qué se ha profesionalizado la industria del libro entre otros campos, dentro de las limitaciones que tiene nuestro país.
EC - Limitaciones obvias como el tamaño del mercado. Eso hace pensar inmediatamente si uno habla de industrias culturales- en la exportación. Pero hay otras limitaciones como dice Luciano. La profesionalización, la capacitación para trabajar bien y hacer un producto que quizás pueda competir en el exterior no se está tomando creo- con la debida seriedad, por esa herencia un poco ideológica que tenemos de pensar que se hace por amor al arte. Por ejemplo, la industria editorial uruguaya está muy desarrollada para el mercado interno, hay una experiencia y tradición de editoriales importantes que sobreviven, como por ejemplo Banda Oriental. Cosa curiosa, los más importantes sellos iberoamericanos, pese al tamaño del mercado, se vinieron a instalar a Uruguay. Es un elemento nada despreciable en el análisis económico del tema. Les interesaba el mercado uruguayo, por el nivel y la potencialidad que tenía. Ahora bien, en este país no existe un lugar en donde se puede aprender el oficio de editor; no lo digo para crear trescientos editores al año, pero sí para crear un nivel de profesionalismo en el trabajo que no existe en este momento. Se hace en función de la experiencia que se va adquiriendo de la relación de la gente.
LA - Ahí me parece que hay una cosa formidable para que la gente entienda. En Uruguay existe la idea peregrina también- de que un día escribiste un libro, se lo llevás entero a un editor y te lo va a publicar. Y no te das cuenta que ese editor tiene un ropero de dos metros por dos metros lleno de originales iguales que ése. Ahora, si tuviste la suerte que cayó en el momento justo y te lo editan, tu obra es intocable. No se acepta que el editor le diga: el capítulo uno es muy largo, la introducción es insostenible, tiene más páginas de las necesarias; todo lo que implica una dirección del editor. Hay una cantidad de pasos que se suceden en todas las industrias culturales que acá esas todavía no existen.
GC - Podríamos resumir en que se exige un rigor profesional para un producto cultural de calidad cualquiera sea su contenido y su orientación estética- para el cual muchas veces ni la sociedad ni los protagonistas están preparados. Voy a quebrar una lanza por las nuevas generaciones, porque noto que en los últimos años ha habido una evolución a la profesionalidad muy grande. Ustedes mencionaron dos sectores: el audiovisual y el editorial y creo que el fonográfico también.
LA - En el sector fonográfico aparecen por primera vez productores en el sentido similar al concepto de editor de libros.
GC - Hay ejemplos muy notorios, hay artistas -muy reconocidos y populares- que cambiaron cuando tuvieron una productora. Pero querría colocar el lente en otros dos sectores. Adolece, la producción pública y privada, del defecto de concentrar sus esfuerzos en la producción. Donde tenemos grandes dificultades es en la distribución y el marketing. En calificar para que el seguimiento y la colocación de la producción cultural presente condiciones de competitividad, no hay que temerle a esa palabra. En realidad las estrategias comerciales -las estrategias multinacionales de bienes y servicios culturales- se concentran en el marketing y la distribución. En cambio, acá desarrollamos poco y en el aspecto público de la cultura, muy poco- estas áreas porque en nuestra cultura no está instalada la necesidad de que nuestros productos culturales deben disputar en un mar de ofertas. Hay que tener estrategias para que nuestra voz, la voz del artista nacional tenga posibilidades de competir.
ESTRATEGIAS SE NECESITAN
- Importamos mucho, somos consumidores de cultura. ¿Cómo se hace para que la cultura uruguaya pegue un gran salto? Alguien apuntaba que habría que determinar cuáles áreas son las que tienen mayor proyección.
EC - Incluso la pregunta si el Estado debe hacer algo o no. ¿Debe presenciar simplemente el desarrollo natural de las cosas? Pongo como ejemplo la industria editorial, en algún momento el Estado participó liberando al libro de toda carga impositiva; se puede exportar, importar, comprar insumos para la producción de libros, sin tener que pagar impuestos. Eso es una ventaja que ha conseguido la industria editorial.
LA - Son muchas las cosas que se pueden hacer. Hay una primera cosa que es general, las industrias culturales, en particular el cine, tiene mucha cosa en común con el turismo y con ciertas políticas industriales. Las políticas de promoción turística y las políticas industriales de pequeñas y medianas empresas particularmente-, son aplicables a este rubro.
GC La gente también piensa, cuando lo hace en términos de cine uruguayo, en los escasos largometrajes que el Uruguay razonablemente puede producir a su escala. Nunca va a producir más de dos o tres al año. Pero sí puede ser locación de tres, cinco o diez. También puede serlo de cine publicitario, del cual hoy se filma para el exterior. Existen empresas, como Paris-Texas que trabaja muchísimo para el exterior, ni que hablar de Salado, Metrópolis, que ha gestionado la venida de Miami Vice. Hay parte del negocio donde el Estado puede dar una mano en el sentido de la promoción industrial clásica, o del apoyo a servicios como en el caso de la oficina de locaciones, y otras donde el Estado puede incluir algunos subsidios.
Yo soy partidario de que el Estado tiene que intervenir. No en el contenido -en donde tiene que abstenerse- pero sí tiene obligaciones, hay una batería de instrumentos que podría implementar, como lo hace para otros sectores industriales. Hemos visto cómo los presidentes de la República han ido a pelear espacios en China, Estados Unidos, para la carne, la lana y otras variantes. Habitualmente vemos que llevan una pintura de regalo o un libro, o citan algún poema en algún discurso, y esa es la parte que le toca a los hechos culturales. Producir una telenovela en Uruguay, pensada para un mercado de a lo sumo- dos millones de televidentes, es impensable. Más impensable aún es desarrollar un conjunto de telenovelas que permitan el acierto y el error para ir corrigiendo esa producción. Ahora, si pensamos en un mercado para irme al otro extremo- como el que tienen las telenovelas brasileñas, con setecientos millones de televidentes, porque colocan no sólo acá, sino en Europa, Asia, si lo pensamos compitiendo en esa dimensión, entonces la producción de una buena filmografía sumada a una muy buena capacidad de creación, a colocar nuestra pequeña voz en el mundo, cambia la cabeza. El Estado debería colaborar para que se abran esas posibilidades, tanto para abrir mercado como para diseñar estrategias de complementación productiva, como hay en otras áreas. No necesariamente todo se tiene que hacer en el Uruguay, pueden haber fortalezas en el Mercosur, y podemos facilitar que se utilicen laboratorios de producciones acá, por ejemplo para el desarrollo de locaciones, y trabajar en otros laboratorios y facilitar esa circulación.
Esto ocurre de manera espontánea y con mucha pelea, deber haber una actitud más general que vaya empujando en ese sentido, como lo está planteando el sector audiovisual en el Mercosur. Buscar nichos de desarrollo donde se sumen los diferentes esfuerzos, creo que es una participación muy importante y genuina y que no representa tanta carga sobre las finanzas del Estado, que creo que también en alguna instancia debe contribuir, pero sobre todo es una estrategia común de lo público para facilitar el desarrollo.
LA POLÍTICA IMPOSITIVA Y EL ROL DEL ESTADO
Hay otros aterrizajes que puede hacer el Estado, por ejemplo, la política impositiva, o la política financiera. Hay líneas de crédito especiales para determinadas áreas de la producción nacional. ¿Por qué no hay líneas de crédito pensadas para este desarrollo?
LA - Pero se debe tener en cuenta que si son líneas de crédito son líneas de negocios, es decir: implica amortizar y no subsidiar a fondo perdido. Porque allí muchísimos de nuestros autores se entran a confundir creyendo que es un préstamo no retornable.
EC - Una aclaración a esto: Carlos Maggi, por la década del 60, impulsó que hubiera una serie de créditos blandos hacia las editoriales. En alguna medida aunque está el riesgo que plantea Luciano posibilitó la explosión editorial en los 60. Eso se ha olvidado y el argumento que exponía Maggi era: pido para los libros la misma protección que se pide para la industria de los chanchos.
GC - ¿Por qué poner bajo sospecha la producción editorial, si hemos perdido centenas de millones de dólares en la industria pesquera, frigorífica, en el sector financiero? Nadie tiene autoridad para poner bajo sospecha este sector que ha peleado durante tantos años y que ha demostrado un desarrollo pese a esta orfandad. A otros sectores que han contado a lo largo de las décadas con aportes del Estado les admitimos que puedan tener pérdidas.
LA - Como se verá, todas las cuestiones que venimos conversando nos alejan mucho del artista que sueña con una idea que quiere llevar a cabo. Pero es un asunto que no se puede separar del artista que sueña. Todo eso tiene que ver con un artista que imagina, que quiere dejar su huella en el mundo. Pero para poder hacerlo tiene que pasar por todas estas operaciones. Un novelista, si no es publicado, no existe.
- ¿Esto se ha hablado a nivel de gobierno?
GC - En el Parlamento se está hablando, hay varios legisladores inquietos con estos temas. A Luis Mardones -Director Nacional de Cultura- le interesa y preocupa este tema. Pero como es un tema cultural, va sedimentando, tiene un progresión imperceptible que de repente salta. ¿Cómo llegó Drexler a un Oscar? ¿Qué pasó para llegar a eso?
LA - De todas maneras, el sector no está bien estructurado. En general, desde el sector político, cuando se piensa en cine no se piensa en la publicidad, que es el gana pan cotidiano de todos los que hacen cine; el propio decreto de creación del Instituto Audiovisual que lo coloca en el Ministerio de Cultura, no en el de Industria- excluye explícitamente la publicidad de su actividad, cuando ésta le da de comer al sector. Hay un progresivo convencimiento de que forman parte -publicistas y trabajadores del cine- de lo mismo, pero de afuera no se ve así. Ni hablemos de la televisión que es otro universo totalmente por fuera.
EC - Gonzalo hablaba de que cuando vamos a tratar de vender vacas por ahí hablamos de lo maravillosa que es la carne, y la cultura es una mera referencia en el filo de lo poético. Pero, el servicio uruguayo en el exterior ¿no tendría que tener como cometido central la promoción de la cultura? Con una política establecida desde la Cancillería en coordinación con los productores de cultura. Gonzalo también decía que el aspecto impositivo es carísimo, que merece análisis, como se dio en su momento cuando la ley del libro. Una pregunta concreta: ¿hay condiciones para crear el Banco de la Cultura, como se sugirió hace un tiempo? Cuando Stolovich hacía el análisis sobre las deficiencias de planteos culturales en Uruguay, hablaba de la posibilidad de encarar el desarrollo de algunas políticas culturales a través de la creación, no de líneas en los bancos existentes, sino a través de un Banco de la Cultura: que estudiara los proyectos, viera la vialidad de ellos y en función de ello, trabajara. ¿Eso sería una posible salida para el cine, la televisión, para la generación de contenidos?
GC - Se ha planteado en diversos lugares. Creo que tenemos un problema en el sector cultura que tiene que ver con lo que decía antes Luciano, respecto a la relación con los artistas. Todavía el interlocutor con la sociedad es el artista, pero éste no tiene por qué estar pensando éstas cosas. Tengo una obsesión con la falta de transversalidad en políticas culturales.
LA - En la misma línea de ese pensamiento, es necesaria la creación de actores sociales específicos que en el Uruguay son todavía incipientes: lo que se necesita es el empresario cultura. Me refiero a la persona que sea capaz de transformar una idea en proyecto, y un proyecto en un objeto cultural específico. Es el editor que no sólo recibe libros, sino que se le ocurren ideas de publicación, es el productor que no sólo recibe el proyecto de película de unos pibes sino que es capaz de trabajarla y desarrollarla. Sin esa figura empresarial central no es posible hablar de industrias culturales. En el Uruguay empieza a haberlos, esa figura, ese actor social es la clave de bóveda del sistema.
GC - Cuando hablamos de artistas estamos hablando de la función de artista, le tenemos que dejar que componga o pinte, o que haga lo que sea. Ahora, indagar si hay mercado en Miami para la pintura uruguaya no es un tema que le compete.
LA - El que tiene que negociar políticas es el empresario cultural, no necesariamente el artista.
|