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CINE DE LA SEMANA
El calvario judío y enredijo policial 
| 23.04.2007 07:00
En la cartelera comercial de la semana, dos películas piden la posible consideración de la crónica: "Sin destino", adaptación de una novela del Premio Nobel húngaro Imre Kertész, libretada por el propio autor y dirigida por Lajos Koltai, acerca de su experiencia autobiográfica en los campos de concentración nazis, y "Seduciendo a un extraño", film policial de James Foley con protagonismo de Halle Berry y Bruce Willis.

Sin destino
(Sorstalanság, Hungría, 2005, cines Hoyts Alfabeta, Hoyts Punta Carretas). Dirección: Lajos Koltai. Libreto: Imre Kertész sobre novela propia. Intérpretes: Marcell Nagy, Béla Dóra, Aron Dimény, Péter Francsikai, András Kecskes.
El film evoca la versión autobiográfica del escritor húngaro Imre Kertész, quien a la edad de 14 años conoció el calvario judío de los campos de concentración nazis, en una trayectoria de años que incluyó Auschwitz, Zeitz y Buchewald. Kertész sobrevivió al horror, escribió una novela sobre esa experiencia hace 32 años, la cual contribuyó a que ganara el Premio Nobel de literatura 5 años atrás y a que fuera elegida por el fotógrafo húngaro Lajos Koltai para su debut cinematográfico, luego de una larga experiencia de iluminador junto al famoso director Istvan Szabo.
La trama refiere a que la vida del adolescente judío Gyuri Köve (Marcell Nagy) se derrumba a los 14 años, cuando su padre es llevado preso en Budapest por los nazis y él mismo sigue su destino al terminar en los campos de concentración. Conoce una larga rutina cotidiana, los tormentos del hambre, la sed, la ignominia de los trabajos forzados y la mugre como segunda piel, la agonía y proximidad de la muerte en la cual un sorbo de agua, un mendrugo de pan duro, la lluvia calando hasta los huesos, podían constituir momentos de gracia, de felicidad y liberación. Una vez liberado al final de la guerra, su retorno a su natal Budapest en ruinas le demuestra que no tiene destino, que es recibido con indiferencia por los antiguos vecinos y amigos, quienes le recomiendan que olvide el pasado. Sólo encuentra alguna débil comprensión en un intelectual con el que se cruza y le dice que el terror nazi de los campos de exterminio es "el círculo más bajo del infierno". La angustia de su situación en libertad llevan al joven Gyuri a comprender que su vida no tiene destino por la terrible experiencia pasada, que los lazos emocionales y espirituales con su herencia judía y con la patria están rotos. En una paradoja de desesperación y pesimismo, el joven Gyuri encuentra un único asidero al mundo y acaso un único real sentido de su vida en aquella inhumana experiencia de los campos, proporcionando motivaciones humanas a la crueldad nazi. Esa paradoja con mucho de nihilismo dota al testimonio autobiográfico de Kertész de un tremendo impacto dramático, de una compasión y de un humanismo avasalladores, que el realizador Lajos Koltai intenta plasmar en las imágenes manteniendo el máximo respeto al original literario. No en vano el film ha sido libretado por el propio autor.
Koltai aprovecha sus experiencia de fotógrafo, proporciona a las imágenes una tonalidad sepia para acentuar para acentuar el dramatismo de las secuencias, de modo particular a las abundantes escenas de los campos de concentración a la vida de los presos y su constante martirio. Elige un estilo documental para el registro de esa experiencia, proporciona a la rutina carcelaria el sentido de una ritual reiterativo. Pero, a pesar del extremo cuidado y hermosura dramática de los encuadres y del logro de secuencias memorables - el prolongado plantón invernal de los presos oscilando como olas del mar, por ejemplo -, el propio drama no alcanza la dimensión trágica que exige el tema. Porque se alargan y repiten en demasía esas escenas de los campos, porque los diálogos de esas situaciones de martirio pecan de literarios y porque el proceso de toma de conciencia del protagonista en su retorno a Budapest - nudo esencial del discurso de todo el relato - queda desequilibrado, pierde contundencia, en relación con la descripción de la experiencia concentracionaria. De todos modos, "Sin destino" contiene elocuencia, veracidad y efecto revulsivo en el espectador acerca del tema de uno de los períodos humanos más oscuros del siglo XX. En buena medida eso ocurre por el sentido coral del sufrimiento judío que expresa la película al extender a muchos lo padecido por el protagonista, en ese sentido posee un elevado valor testimonial, que se une a la convicción y entrega no menos alta con que está expresado por un amplio elenco, en el cual se destaca de modo particular Marcell Nagy como protagonista.

Seduciendo a un extraño
(Perfect Stranger, EE.UU., 2006, cines Grupocine Ejido, MovieCenter Montevideo, MovieCenter Portones, MovieCenter Punta Carretas). Dirección: James Foley. Libreto: Todd Komarnicki y Jon Bokenkamp. Intérpretes: Halle Berry, Bruce Willis, Giovanni Ribisi.
Este film tiene tantas vueltas de tuerca y es tan desprolijo en su lógica interna como película policial, que no tiene otra alternativa luego de armar un gran embrollo, que apelar a cuatro frases hacia el final del metraje para tapar los agujeros de un queso muy ojoso, que no un film. Pierde por goleada. El espectador tiene que lidiar con un amplio catálogo de trampas que propone el guión de Todd Komarnicki y Jon Bokenkamp, en el cual lo que primero fue verdad, se vuelve mentira de modo sucesivo y abundante, provocando no sólo el desconcierto del respetable a niveles delirantes, sino el creciente desinterés por todo el asunto. Al final, nadie entiende nada, ni siquiera un asesino que se toma tremendo trabajo en las sombras no se sabe por qué. Y las cuatro frases aclaratorias juegan al solitario, no sirven para nada. Eso sí, la película es cara, tiene dos estrellas de arrastre taquillero - Bruce Willis y Halle Berry - y dispone de cuatro salas de estreno en Montevideo.
El ovillo argumental propone a una mujer periodista de escándalos (Halle Berry), quien para investigar la muerte de una amiga, se hace emplear por un muy exitoso director de una empresa publicitaria neoyorquina (Bruce Willis), posible sospechoso de asesinarla, a quien además la periodista seduce por e-mail y cuerpo a cuerpo. Ella cuenta con la ayuda del ya remanido genio de la computación (Giovanni Ribisi), capaz de invadir cualquier código ajeno. Hasta aquí, la cosa viene lisa y pareja, después no hay garantía en lo que se viene, salvo el mucho trabajo del público para sacarse las telarañas de la cabeza. El director James Foley tiene algún buen antecedente como realizador, "El precio de la ambición" (Glengarry Glen Ross), claro que para ese entonces contaba con el guión del talentoso David Mamet, adaptando su propia obra teatral ganadora del Premio Pulitzer. En "Seduciendo a un extraño", con el material de dos apellidos sofisticados - Kormanicki y Bokenkamp -, el director hace lo que puede, pegar un trozo de película después de otro.

En sala Cinemateca 18, "Yo pregunto a los presentes"



Un buen documental uruguayo


Yo pregunto a los presentes

(Uruguay-Argentina, 2007). Dirección: Alejandra Guzzo. Libreto: A. Guzzo, Fernando Krichmar, Lorena Riposati, Nicolás Di Giusti. Montaje y sonido: Omar Neri. Música: "Cuatro pesos de propina". Producción: Grupo de Cine Intransigente.

Se trata de un documental uruguayo que dura 60 minutos, en los cuales el equipo "Grupo de Cine Intransigente" rueda en Bella Unión, se aproxima a las tierras ocupadas por los trabajadores azucareros, describe a las personas que las ocupan, quienes exponen su situación, explican las razones de los hechos y del conflicto, la realidad social que los involucra y evocan la lucha a lo largo de 45 años desde aquellas primeras marchas hacia Montevideo bajo la consigna "Por la tierra y con Sendic". El film y los actores que encarnan el tema en la realidad se plantan en actitud de defensa de sus principios en tono al concepto que sirve de subtítulo a las imágenes: "La tierra no se mendiga, se gestiona, y si no la dan se toma".

Desde luego, además de un expreso homenaje a Raúl Sendic y su labor pionera a favor de los trabajadores azucareros (los sindicatos de UTAA, SOCA, Aparbu), las imágenes proponen un radical planteo ideológico, de vieja raigambre en realidad, y una incuestionable realidad actual que demanda atención. Sin duda, en ese sentido, es film para la polémica y el desacuerdo, o no, en cuyas imágenes hay reparto de críticas al gobierna frenteamplista, incluyendo compañeros de partido con responsabilidades de gobierno. Pero más allá de esas menudencias, de si las críticas son justas o no, si los justicieros reclamos de hoy están situados en el mismo contexto de hace 45 años, de si pasó o no agua bajo el puente, el valor de "Yo pregunto a los presentes" proviene de la honestidad de su planteo, de la real importancia de una situación social que alienta soluciones. Y por último, no menos importante y acaso primero de todo, la película vale por sus logros cinematográficos, por la eficacia de lenguaje visual y la solvencia de recursos expresivos con que los trabajadores azucareros expresan sus demandas en entrevistas y reportajes, uso de material de archivo.

O.I.





 

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