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El filósofo e historiador estadounidense Morris Berman (Nueva York 1944) ha enviado a nuestra publicación Geosur -con motivo de cumplir ésta 30 años de vida ininterrumpida- su libro El crepúsculo de la cultura americana, la fase final del imperio . Para fundamentar su pronóstico: el imperio de Estados Unidos perdería la hegemonía que mantiene considerando que en estas últimas décadas Estados Unidos ha venido practicando políticas suicidas, tanto en el ámbito interno como, quizás más, en el internacional.
En Guatemala tuve la oportunidad de conocerlo y asistir a su conferencia que tituló Viviendo la paradoja donde enfocó la situación de la cultura estadounidense, a la que consideró que estaba comenzando a vivir su crepúsculo.
¿Quién es Morris Berman?
Este académico estadounidense es un respetado como reconocido innovador en el tema historia cultural, social y geopolítico. Recibió la licenciatura en Matemáticas en la Universidad de Cornell y la Universidad John Hopkins le otorgó la licenciatura en Filosofía. Además de una larga trayectoria como profesor visitante en el Instituto Tecnológico de Monterrey y en el Campus Ciudad de México, ha escrito algunos títulos que han sido traducidos al español, como ser su trilogía sobre la evolución de la conciencia humana: El reencantamiento del mundo ; Cuerpo y Espíritu ; La historia oculta de Occidente. (Ed. Cuatro Vientos, México)
El crepúsculo de la cultura americana
En este libro, Morris Berman al igual que Z. Brezezinski, ( El tablero mundial ) compara la situación de los años de decadencia del imperio romano con la actual situación nacional e internacional de Estados Unidos. Aunque es muy cierto que entre ambas civilizaciones existen pronunciadas diferencias, motivadas por situaciones estructurales distintas, se destacan cuatro puntos que tienen mucha similitud: a) Una brecha en constante crecimiento entre ricos y pobres: b) Rendimientos marginales decrecientes en rubros como seguridad social, salud, educación); c) Crecimiento en los índices de analfabetismo; d) Apatía, corrupción política, desinterés público en la política, entre otros. (Lo que ha quedado demostrado en las recientes elecciones políticas en el Río de la Plata)
En el 2004, otro gran pensador estadounidense -Samuel P. Huntington- escribió su libro ¿Quiénes somos? Los desafíos a la identidad nacional estadounidense , donde el autor plantea que lo que él llama credo norteamericano : un decálogo de principios cuyos principales valores se conforman en lo que de manera clara definió en su momento Max Weber, como la verdadera esencia del protestantismo, basado en el trabajo, el ahorro, la sobriedad y la moderación.
Para este autor, la vida cultural se ahoga en una gigantesca fantasía consumista , la cual -a su juicio- ha logrado que se muten los cambios colectivos a extensiones de los particulares; un tema que ya había desarrollado por Aldous Huxley en 1937 en su libro Mundo feliz .
Iberoamérica ¿encrucijada de la contemporaneidad?
En un reciente ensayo, Hugo Fazio -profesor del Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales del Centro de Estudios Sociales (Uniandes) de Bogotá, plantea la metáfora del mundo como categoría histórica, considerando que el planeta Tierra ha dejado de ser un escenario en el que se desenvuelve un conjunto de historias para convertirse él mismo en una historia global.
Siguiendo el razonamiento de Fazio, las variadas fronteras se encuentran en un proceso de permanente reacomodo, considerando que una de las escasas leyes de la historia que tienen validez universal es la ley de las consecuencias imprevistas.
Analizando a fondo el tema de la globalización, es lógico considerar que a la de las mercaderías, le corresponde una globalización de los problemas. No cabe duda alguna que el advenimiento de una sociedad mundial, su progresivo transcurrir, puede conformar al fin- en una historia dramática.
En Iberoamérica, si antes la distancia espacio-temporal daba cierta razón a la existencia de trayectorias históricas diferentes que no practicaron un diálogo permanente a pesar del esfuerzo de los intelectuales de los diversos países, -fundamentalmente en el siglo XX- al reducirse estas distancias tanto por el avance en los contactos cumbre-políticos , como por los intentos de procesos de integración física, comercial, defensa, tecnología, etc. etc. este continente iberoamericano sigue siendo fuente de problemas, reproduciendo todo aquello que se pensó iba quedando a la sombra del olvido.
Europa insiste en perfeccionar su convivencia política (CRÓNICAS, 27/junio/09). Hay que comprender que en nuestro tiempo, todo acontecimiento que ocurre en un lugar del planeta puede afectar en escalas diferentes a diversas sociedades del mundo. La política exterior hace un tiempo que ha dejado de ser extranjera.
En Iberoamérica viejas prácticas aun subsisten mientras las nuevas poco a poco se van consolidando. Esto explica -en gran parte el porqué algunas sociedades de este continente, merced a la permanencia vigente de ciertos atributos históricos, se encuentran en mejores condiciones que otras en el momento de implementar políticas de transformación -o al menos de adaptación- a los cambios que la sociedad mundial exige.
Hace una semana en Iberoamérica se sucedieron una cantidad de hechos contradictorios: en tanto en Argentina (un paisaje imaginario según Alain Rouquié) simultáneamente con Uruguay -aunque con estilos diferentes-, sus pueblos concurrieron democráticamente a cambiar las autoridades que sus respectivas constituciones marcan y quizás sus modelos, Brasil y Chile continúan con relativo éxito su adaptación al nuevo sistema (¿orden?) internacional; Venezuela termina de anunciar una batalla continental ; a raíz de la caída del presidente de Honduras, Manuel Zelaya; Haití es un caos cuyo fin no se vislumbra; Paraguay y Bolivia siguen con sus respectivas horas históricas retrasadas; Cuba con las puertas abiertas de la OEA no acepta -momentáneamente- compartir la gran mesa iberoamericana; Colombia, Ecuador, Perú, transitan por distintos caminos.
En resumen: las tres Américas Latinas y el Caribe siguen conformando una asociación fragmentada. Subsisten sin una estrategia continental institucional. No acuerdan planes ni un acuerdo global entre las tres Américas Latinas y el Caribe, con entusiasmo para lograrlos democráticamente.
Vivimos un tiempo que desestructura y reestructura las articulaciones entre una amplia gama de tiempos (Jean Ph. Pemas Territorios y mundialización, retos del desarrollo). ¿Qué potencia sustituirá al imperio estadounidense?
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