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ULISES GRACERAS
Mujica ha dejado de ocupar el centro del debate al comenzar la campaña electoral 
| 14.07.2009 07:00
Los acontecimientos de esta semana confirmaron la im-presión que relaté en mi artículo anterior: el nacionalismo empieza a jugar este partido con ventaja.

Esa impresión, producto del resultado de las internas y la rápida concreción de la fórmula blanca, se ha visto ro-bustecida ahora porque el Senador Mujica ha sido despla-zado del centro de las discusiones, que había ocupado a lo largo de toda la campaña: en los últimos días, el Dr. Lacalle y sus afirmaciones sobre el posible comportamiento de los inversionistaas, son el gran tema . Por ahora, el Frente ha perdido la iniciativa y solo actúa de contragolpe.
La ventaja inicial
Vamos a no seguir discutiendo qué significó la in-terna y si puede ser que todos los blancos y todos los colo-rados hayan votado, mientras que más de la mitad de los frentistas se quedaron en la casa o se fueron de vacacio-nes. Que si ya ganó uno, o si van a ganar los otros. Esas conjeturas no agregan nada a lo que sabemos y, en el me-jor de los casos, solo muestran las predisposiciones de quienes las formulan.
Ocupémonos, pues, de la campaña que comienza, la cual, después de todo, será la determinante de quién ga-nará en octubre y en noviembre.
Los blancos empiezan el partido jugando mejor: los favorece la unidad programática y orgánica que ha demos-trado a partir de la noche de las elecciones. El Frente demoró en anunciar su fórmula, no sin transitar antes un tortuoso proceso que dejó muchas dudas sobre la coherencia con que podría actuar el gobierno, aquejado por la disputa entre dos sectores que tienen visiones, sino opuestas, por lo menos divergentes.
El Senador Mujica cometió un gravísimo error a veces, hasta los más astutos, le erramos a las peras- al ini-ciar su campaña denunciando a Lacalle por saboteador porque este último dijo que antes de invertir en el Uruguay, habrá que esperar a diciembre, señalando indirectamente que la propuesta frentista crea dudas e inseguridades que deberán despejarse antes de que el inversionista traiga su dinero a nuestro país.
La sombra de Chávez Mujica y los voceros del Frente han respondido a Laca-lle, equivocando el camino. Veamos.

Integrada en la propuesta frentista está la in-tención de convocar a una Asamblea Constituyente. Nadie ha sabido explicar hasta ahora qué aspectos de la Ley fun-damental se desea modificar, pero no ha faltado quien se-ñalara que el derecho de propiedad estaría entre ellos. En otras condiciones, tal vez esta propuesta no parece-ría tan dramática como ahora. Ocurre que existe un señor Chávez que ha creado una República Bolivariana, donde lo primero que ha hecho es modificar la Constitución pavadita de cosa- corrigiendo a Montesquieu que, pobre, no tuvo inventiva para concebir más que tres poderes. El Estado de Chávez, tiene cinco, porque a los tres clásicos se le han sumado el poder popular y el poder electoral . Chávez persigue y cierra medios a su antojo, porque, ade-más de actuar en forma dictatorial, le asiste la Ley de Con-tenidos , conocida popularmente como Ley mordaza , que le permite controlar a la prensa. Y, además, Chávez ha ex-propiado empresas a troche y moche.
Cuando alguien que tiene afinidades con Chávez dice, entre nosotros, que quiere reformar la Constitución de la República, y no dice con precisión qué es lo que quiere reformar dentro de ella, no es sorprendente que muchos asuman una actitud de prudente reticencia y precaución.
Para despejar esa actitud, lo que hay que hacer no es descalificar a quien denuncia la situación, sino dar segu-ridades a quienes dudan. Eso es lo que debería haber hecho Mujica. Pero la pregunta es: ¿puede dar segurida-des?, y si las da, ¿resultarán creíbles?
La estadística y el bikini
Las otras respuestas que se han dado a la objeción de Lacalle no han sido más felices. Decir que en los últimos años Uruguay ha recibido tantos millones de dólares en in-versiones podrá parecer muy impresionante, pero en sí mismo no resuelve la cuestión.
Siempre que oigo manejar números y estadísticas de esta manera, -es decir, a la manera de los propagandis-tas que, por definición, dicen una parte de las cosas y disi-mulan o ignoran la otra- recuerdo una vieja frase popular: las estadísticas son como el bikini: parece que muestran todo, pero ocultan lo esencial .
La cuestión no es cuántas inversiones vinieron. La cuestión es si vinieron por las políticas de este gobierno o por la trayectoria que el Uruguay ya tenía y que el actual gobierno ha tratado de seguir en todo lo que ha podido. Y más aún: cuántas inversiones habrían venido de haber habido un gobierno que hubiese ofrecido más seguridad para quien afinque aquí sus intereses.
La gran dificultad
Parecería que el camino de afirmar que tout va très bien y seguir diciéndolo aunque las sensaciones térmicas del público le indiquen que la gestión gubernista ha sido deficitaria en muchos aspectos, está agotado. El propagan-dista frentista se encontrará con una gran dificultad en esta campaña. Tiene que conciliar dos opuestos y no tiene for-ma de hacerlo simultáneamente con ambos. (Lea Ud., ami-go lector, los dichos de Mujica de esta última semana y ve-rá como se acentúa el decir una cosa y la otra ). Pero, además, si quieren entenderse con una parte importante de la opinión, parece imprescindible asumir, con algo de humildad, que no solo hay que profundizar , sino que hay que corregir falencias y equivocaciones. Si eso no se hace, es difícil que el camino de la acusación y la afirmación ma-chacona de ciertas verdades que solo serán aceptadas por un simpatizante enragé que por otra parte, tampoco está satisfecho- puede mejorar la imagen del Frente y me-jorar el estado de ánimo de su alicaída militancia. En mi opinión, el Frente solo podría retener a quienes han perdido el entusiasmo inicial, reconociendo con humil-dad los gruesos errores cometidos e incluso los méritos de quienes gobernaron antes. Solo así podría resultar creíble la pretensión de que el tiempo no fue suficiente y no que haya que profundizar, sino remediar o perfeccionar lo que se ha intentado hacer, casi siempre con muy escasos resul-tados.
Pero parecería que la filigrana ideológica y orgánica de la coalición dificulta obrar de esta manera. Si eso fuera así, entonces resumiría mi impresión en una frase que po-dría haber dicho, en sus mejores épocas, el popular Pingo Herrera: ¡mala tos le siento al gato! .





 

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