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Cada día crecen más las interrogantes respecto al futuro de España y por consecuencia el del resto de Europa-, país que pese a anunciar importantes medidas de austeridad buscando tranquilizar a los mercados financieros, sigue generando temores respecto a su solvencia. El principal miedo es que España siga el camino de Grecia, obligándole a ser rescatada por sus pares europeos, algo que no está claro si podría suceder, ya que el tamaño de la economía española es sustancialmente mayor al de los países que han sido rescatados hasta ahora (Grecia, Portugal e Irlanda), por lo que su costo de salvataje también es ostensiblemente mayor. De esa forma el riesgo también se contagiaría por el resto del viejo continente y pondría en jaque al euro.
El presidente del gobierno, Mariano Rajoy, evitó hacer cualquier tipo de mención a un posible rescate, e integrantes de su gabinete lo niegan rotundamente. Sin embargo, el nerviosismo sigue instalado en los mercados bursátiles que siguen registrando jornadas negras en sus principales indicadores.
Rajoy anunció un nuevo y fuerte recorte del gasto, apelando al esfuerzo de todos los españoles para reducir el déficit público para este año, comprometido con la Unión Europea (UE) para que cierre en 5,3% y que marca la política de austeridad llevada adelante por el gobierno del Partido Popular (PP).
Con esa reducción, "España se juega buena parte de su futuro y, desde luego, el crecimiento económico y la creación de empleo en los próximos años", dijo Rajoy, quien insistió en que la economía española no necesita un rescate.
El Banco de España también se sumó a las voces que descartan un eventual salvataje. El gobernador de la entidad, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, aseguró que en absoluto se ha hablado del rescate de España , aunque reconoció que la economía del país se encuentra en el foco de los mercados por su elevado déficit. Sin embargo, destacó las diferentes reformas estructurales puestas en marcha y que tienen como objetivo la consolidación fiscal, el saneamiento del sector bancario y del mercado laboral.
Ordóñez, que abandonará su puesto en apenas tres meses, explicó que la reestructuración del sistema financiero era un proceso absolutamente necesario , pero advirtió de que por sí mismo no será suficiente para que el crédito fluya. Por eso resaltó la importancia de concretar otras reformas, en especial la laboral. Ordóñez consideró que la nueva normativa puede ser un buen instrumento para lograr empleo y crecimiento.
Ojo la tijera
Sin embargo, muchos advierten que los gastos realizados por España y otros países del viejo continente, solo terminan ahogando a sus propias economías ya que pierden el impulso que le dan los gastos estatales.
Es el caso del ganador del Premio Nobel de Economía en 2001, Joseph Stiglitz, quien criticó que la "sobredosis de ahorro" podría empeorar la crisis en Europa, al tiempo en que añadió que las democracias "sólo pueden soportar una limitada medida de recortes".
En entrevista para el diario alemán Süddeustche Zeitung, el economista estadounidense indicó que "durante décadas, esta fue la cura (sobredosis de ahorro) que se aplicó a los países en desarrollo. A menudo terminó con la muerte. Existe el peligro de que algo así se repita en Europa".
Explicó que en todo el mundo no hay "ni un solo ejemplo" de que "se haya saneado un país enfermo con recortes salariales, de jubilaciones o de prestaciones sociales", y evaluó que en situaciones de crisis como la actual, los gobiernos no deben bajar el gasto público, sino aumentarlo.
"Los políticos se han concentrado en presionar a los países del sur de Europa para que ahorren y se reformen. Pero las democracias solo pueden soportar una limitada medida de recortes", señaló el prestigioso economista.
Asimismo, advirtió del peligro que representa el aumento del enojo y la indignación de los países en crisis y estimó que, especialmente en tiempos de recesión, las políticas de ahorro radical fracasan. Europa precisa de "una autoridad presupuestaria común, que compense las diferencias regionales". Dicha autoridad debería poner a disposición de países con un alto nivel de desempleo "medios financieros adicionales" para combatir la desocupación, en lo que define como una sistema de transferencias -cuestión que choca frontalmente con la línea de la canciller alemana, Angela Merkel-.
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