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EUROPA SE PREOCUPA MUCHO POR EL SISTEMA FINANCIERO Y POCO POR LA GENTE
Uruguay puede convertirse en la plaza financiera del Mercosur, según Lavagna 
| 23.07.2012 00:00
Evaluó que Uruguay está aprovechando una gran oportunidad y comentó que el país podría ser la plaza financiera del Mercosur, como Luxemburgo lo es en Europa.

* Por Ricardo Delgado
Muchos lo califican como el último ministro de Economía argentino que pudo ejercer efectivamente su cargo, y el momento en el que lo hizo no fue justamente el mejor, sino que el país se encontraba atravesando la peor crisis política, económica y social de su historia reciente.
Luego de asumir el cargo en 2002 durante el interinato en la Presidencia de Eduardo Duhalde, Néstor Kirchner lo mantuvo al comienzo de su administración, pero a finales de 2005 el entonces presidente decidió cambiar el rumbo de la política económica, algo para lo que Lavagna hubiese sido un obstáculo. Actualmente es un duro crítico del modelo económico que promueve el kirchnerismo.
En diálogo exclusivo con CRÓNICAS y E&N, el ex funcionario habló de la compleja situación económica de su país, la crisis internacional, el Mercosur, y por supuesto, de Uruguay.

-Teniendo en cuenta los altos precios internacionales de los commodities primarios, y las bajas tasas de interés a nivel internacional ¿Argentina debería estar en una mejor situación económica?
-Sí. A finales del 2005 habíamos anunciado una muy fuerte baja de impuestos para las pymes que llegaban a pagar cero impuesto a las ganancias, siempre y cuando invirtieran y crearan empleos, y habíamos decidido la creación de un fondo anticíclico para aprovechar esos superávit que teníamos. Chile lo hizo un mes después que nosotros y en poco tiempo juntó 22.000 millones de dólares, Argentina abandonó la política en cuanto nosotros nos fuimos. Por eso digo que se implementó una política de aumentar el gasto lo que en el corto plazo produce un efecto euforizante, pero que en algún punto se interrumpe. Por eso casi todos los países de América Latina han subido sus reservas en los últimos años, y no Argentina. Acá hay un factor muy importante, entre 2006 y 2008, incluso en 2009, teníamos ese margen en materia fiscal, pero a eso hay que agregarle a partir de 2007 la fenomenal suba de los precios internacionales. Cuando yo salí del Ministerio de Economía la soja valía U$S 240 la tonelada, mientras que dos años después llegó a valer U$S 600, por lo que al colchón fiscal se le agregaron condiciones internacionales excepcionales.

-¿Los problemas energéticos también representan un rojo importante en las cuentas públicas?
-La política energética tiene mucho que ver con el deterioro de la cuenta corriente de la balanza de pago. La política energética ha sido muy deficiente y Argentina ha pasado de ser un país con superávit en materia de comercio energético, a tener este año que importar 11.000 millones de dólares en energía, lo que están tirando hacia abajo las cuentas con el sector externo y que generan esta falta de dólares, y esta reacción inadecuada que es proteccionismo y restricciones.

-El proteccionismo comercial, ya sea a través de trabas, de políticas como el uno a uno , o de presión a los importadores argentinos, ¿es para buscar el desarrollo industrial o persigue otros propósitos?
-El propósito es muy sencillo: no hay dólares. Se produjo un desfasaje en la cuenta corriente. Las dos cajas, tanto la caja en pesos, la fiscal, como la caja en dólares, que tiene que ver con el sector externo, dejaron de tener superávit. La primera la resuelve mal resuelta- imprimiendo, el Banco Central ha estado emitiendo y con eso ha alentado justamente la inflación, y la segunda no tiene solución porque uno no puede imprimir dólares y entonces aparecen estas políticas represivas que tienen consecuencias en el corto plazo porque generan dólares, evitando que se gasten, pero por el otro lado tiene consecuencias en materia de inversiones, en materia de empleo y demás. En los últimos meses se perdieron 300.000 puestos de trabajo porque hay sectores, como el automotriz, la electrónica, que al no poder importar los componentes, sencillamente reducen las horas trabajadas, premios e incluso la negociación se ha hecho mucho más tensa que en otros años.

- Estamos frente a un momento de gran incertidumbre internacional a la que se suman problemas regionales e internos en su país ¿Argentina está en la antesala de una nueva crisis?
-Si por crisis se entiende algo como lo acontecido en 2001, desde ya que no. Está sí frente a un panorama de una economía que en este momento está entre el 0% y el 1% de crecimiento del PBI, con eliminación de puestos de trabajo y muy bajas tasas de inversión, y con una fuga de capitales muy importante que también se intenta frenar creando todo tipo de restricciones que han dado lugar a que hoy exista un dólar oficial y un dólar paralelo que tienen entre sí una brecha del 40%. En esto ocurre lo mismo que con la inflación, hay un dato oficial y hay uno real que es el que todo el mundo acepta: los empresarios, los trabajadores, los sindicatos, las amas de casa. Con la devaluación pasa lo mismo, puede haber una devaluación oficial, no la hay, pero hay una devaluación de facto, es decir, la gente opera con un dólar seguramente un 30% por encima de lo que es el oficial.

-¿Qué camino deberían seguir las autoridades para minimizar riesgos?

-Tener un programa económico distinto. Muchas veces aparece esta idea de la medida mágica que va a resolver las cosas, pero insisto que eso no es así. El programa económico es como un mecanismo de relojería donde cada engranaje tiene que combinar con el otro en tiempo y forma y además tiene que ir para adelante, no con las agujas para atrás. Eso es un programa económico integral distinto al actual.

-¿Puede haber un cambio de esas características en este gobierno?
No hay indicios de cambios, pero ojalá los haya. Yo no los veo.

-¿La falta de acceso a los mercados financieros es un problema para el país?
-Mi respuesta acá puede resultar extraña. Si Argentina va a conseguir financiamiento barato simplemente para hacer que dure un programa que es insustentable, prefiero que no lo consiga. Pero si hay un replanteo de la política económica y social, con los ajustes que hay que hacer, bueno, la oportunidad de tomar fondos para invertir sobre todo en infraestructura y cuestiones sociales, es perfectamente entendible. Pero para durar un poco más, no sirve para nada. Para eso tienen de vuelta a la soja por encima de los 600 dólares.

-Dejando de lado a Argentina, ¿Cómo evalúa la situación económica de Europa?
-La veo muy compleja. Veo que la dirigencia corre detrás de los acontecimientos permanentemente en los últimos tres años. Hubo durante mucho tiempo -ahora se empieza a corregir- un exceso del peso de Alemania. ( ) Hasta ahora se trataba de europeizar a Alemania, y ahora están tratando erróneamente- de germanizar a Europa. Eso después de las elecciones de Francia ha tendido a equilibrarse un poco pero creo que le falta mucho. Se han preocupado mucho por el sistema financiero y demasiado poco por la gente.

-Cada vez son más las voces que auguran el fin del euro
-Espero que no. No es algo absolutamente descartable, pero creo que la probabilidad ha bajado. De todas maneras hay que ver al euro con realismo: nadie ha explicado por qué en los últimos diez años una moneda que se requería en 80 centavos de dólar pasó a costar un dólar y medio. Eso es una revaluación fenomenal que no se corresponde con el cambio de la productividad de los países, salvo quizás Alemania, pero el euro no es solo Alemania. Eso les hizo perder competitividad, de una manera monstruosa. Ahora hay un lento proceso de devaluación del euro que debería ayudar. De todas maneras, hay países como Grecia que lleva cinco años de recesión, Portugal tres, España está entrando en una situación de ese tipo, por lo que hay demasiada ortodoxia y una visión demasiado financiera del problema sin atender las otras cuestiones.

-Más allá de lo que ocurra en el viejo continente ¿El principal riesgo de la región es el posible enfriamiento de los países emergentes y en particular de China?
-Sí claro, porque este fenomenal ingreso de divisas por productos primarios tiene que ver con China. Sin embargo, creo que estamos en un ciclo largo de precios altos. En primer lugar porque China no es solo China, sino también India, Vietnam, Filipinas, Indonesia, ahí hay un cambio social de gran magnitud con cambio del poder de compra. Un claro ejemplo de eso fue la crisis del 2008-09. Los países emergentes se frenaron bruscamente ( ) sin embargo, el precio de los alimentos no cayó. Una vez que la gente tiene acceso a determinado tipo de alimentos es muy difícil retroceder, hay una gran inelasticidad, algo que no ocurre por ejemplo con el cobre chileno, que sí recibe un impacto mucho mayor porque tiene que ver con otra clase de inversiones.

-¿El Mercosur ha fracasado en su proyecto de integración comercial?
-Cuando empezamos esto en el gobierno de Alfonsín -y digo nosotros porque me tocó ser quien lanzó el proyecto del lado argentino- tenía una forma distinta, porque era Argentina y Brasil, más Uruguay con un mecanismo ad hoc especial. Paraguay no formaba parte porque todavía no cumplía con la cláusula democrática. Por entonces, el comercio era del orden de los U$S 2.000 millones y hoy es del orden de los U$S 40.000 millones, por lo que hablar de fracaso es excesivo. Sí creo que la potencialidad del Mercosur es muy superior a lo que se ha desarrollado hasta el momento.

-¿De quién es la responsabilidad de no cumplir con ese potencial?
-Hay una gran responsabilidad de los dos países más grandes que no han sabido avanzar, que han tenido políticas internas muy contradictorias ( ). Respecto a los países de menor tamaño como Uruguay y Paraguay, dije primero que había que crear el Focem (Fondo de Convergencia Estructural del Mercosur), que costó mucho crearlo ( ), y además hay que buscar formas de integración, como lo que los europeos llaman geometría variable que implica ser más flexibles y tener mayor cintura.

-¿Cómo evalúa los últimos movimientos a la interna del bloque?
-Creo que se acaba de cometer un gravísimo error. Suspender a Paraguay fue un gravísimo error, y todavía más grave es meter por la ventana a Venezuela. Para mí va a incidir de manera negativa primero que nada porque la hicieron entrar por la ventana. ( ) Todavía hay tiempo para llevar el ingreso de Venezuela que ojalá se produzca algún día- un poco más adelante, cuando se haya resuelto la situación de Paraguay, y también aspectos arancelarios de Venezuela para que se sepa para qué entra, y no simplemente por una idea política.

-¿Qué opinión le merece Uruguay desde el punto de vista económico?
-Lo veo muy bien. En los últimos años ha tenido tasas de crecimiento importantes incluso en la crisis del 2009 fue de los pocos países de América Latina que no tuvo caída del PBI. Creo que tiene que aprovechar esta gran oportunidad que se está dando y creo que lo está haciendo. El desarrollo agrícola y ganadero que ha tenido el país ha sido excepcional, creo que buena parte de inversiones argentinas colaboraron con ese proceso. Por otra parte, me parece incluso que -salvando todas las distancias-, si la organización Mercosur sigue adelante, los mercados comunes tienen que tener una plaza financiera, los europeos la tienen en Luxemburgo, y ésta (Uruguay) puede ser una plaza financiera interesante.

-¿En qué sentido Uruguay podría ser una plaza financiera para la región?
-Argentina tiene cada tanto estas experiencias de represión financiera, en el caso de Brasil un poco menos pero también se han visto restricciones. Entonces tener una plaza totalmente libre, con todas las regulaciones que hoy se exigen en el mundo, me parece que es útil porque si no se termina buscando otra cosa muy lejos, en el Caribe, en Las (islas) Caimán. Las plazas estables y libres pueden servir al conjunto siempre y cuando estén dentro de determinadas regulaciones que hay en el mundo.

-El acuerdo de intercambio de información tributaria recientemente firmado entre Uruguay y Argentina ¿puede afectar esa idea?
No sé, porque no conozco en profundidad los detalles, pero son esas cosas que hay que tener en cuenta. En Europa se discutió mucho de esto en algún momento, y finalmente entendieron los países que lo que no tenían adentro de su organización terminaba filtrándose hacia afuera y que era mejor tenerlo adentro con todas las regulaciones y demás, con condiciones de estabilidad, libertad y seguridad muy claramente establecidas.





 

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