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Los países emergentes y de bajos ingresos lograron capear la recesión internacional, y más allá de los problemas del mundo desarrollado siguen mostrando importantes tasas de crecimiento. Sin embargo, ¿podrán sobrevivir a nuevos shocks? . Esa es la pregunta que buscan responder la economista del FMI, Sarwat Jahan, y el subjefe de Unidad del Departamento de Estrategia, Políticas y Evaluación del organismo, Brad McDonald en un artículo publicado en la revista Finanzas y Desarrollo.
La información destaca el desempeño económico inédito verificado por las economías emergentes previo a la crisis financiera global, mostrando un crecimiento real de un 7% a un 8% de su Producto Bruto Interno (PBI) en promedio, un guarismo superior al registrado en los años 90`. Asimismo, la inflación bajaba a niveles menores al 10%.
Los expertos del FMI destacan que esos logros se deben en buena medida a reformas estructurales que aumentaron la competitividad y la resistencia de las economías, y a la mejora de las políticas monetarias y fiscales .
Gracias a la mejor situación económica, estos países pudieron adoptar medidas para contrarrestar la crisis mundial que empezó en 2008 como secuela directa de la crisis financiera de las economías avanzadas . En ese sentido, estas víctimas inocentes , según las califican en el artículo, pudieron salir de la recesión mucho antes que las economías avanzadas, y muchas incluso se beneficiaron por el veloz repunte del precio de las materias primas .
¿Pero saldrían tan bien parados de otra recesión mundial o de otro shock económico grave? Depende de lo bien que se preparen , concluyen los autores.
Lo que pasó, pasó
Durante la crisis global de 2008-2009, la turbulencia se transmitió a los países de mercados emergentes y de bajo ingreso por varias vías: la demanda de sus exportaciones cayó, la volatilidad de los mercados de divisas aumentó, el crédito al comercio y otras actividades se restringió y la inversión extranjera directa se desaceleró. El pesimismo y la incertidumbre mundial también enfriaron la inversión interna. Todo esto llegó tras el auge de precios de los alimentos y combustibles que, salvo para los exportadores de materias primas, había empezado a debilitar los saldos comerciales y las reservas y exigía aumentar el gasto social.
La firmeza de las políticas aplicadas antes de la crisis ayudó a la recuperación. Una inflación baja a moderada, reservas internacionales holgadas, cuentas fiscales saneadas y un menor volumen de deuda aportaron el margen de política económica que muchos países necesitaban para adoptar políticas activas y combatir la recesión , comenta el informe. Detalla que en 2009, casi tres cuartas partes de los países de mercados emergentes y más de la mitad de los de bajo ingreso distendieron sus condiciones monetarias y financieras. Asimismo, cambió la situación fiscal, ya que el déficit fiscal se amplió en un promedio del 3% del PBI en estas economías, debido al doble efecto de menores ingresos públicos por el menor crecimiento económico, y de un mayor gasto público para responder activamente a la desaceleración económica.
Luego de la crisis en 2009 el efecto de las políticas anticíclicas se magnificó en 2010 en la mayoría de los países emergentes y de bajos ingresos, provocando un importante repunte de sus economías. El capital volvió a fluir, el crédito creció y en muchos mercados emergentes la producción industrial registró un gran aumento , aunque también creció el temor inflacionario, especialmente cuando la recuperación empezó a impulsar al alza el precio mundial de las materias primas . Sin embargo, en 2011 al reavivarse la turbulencia financiera y la desaceleración económica, el impacto volvió a sentirse en estos países, lo que remarca que pese a su mayor independencia respecto a las economías desarrolladas, aún dependen del crecimiento de éstas para lograr una expansión robusta y un desarrollo rápido.
Lo que resta por hacer
Pese a que lograron capear bien la crisis, los países emergentes y de bajo ingreso deben estar listos para afrontar una mayor volatilidad económica mundial . Desde principios de 2012 la zona del euro parece haber ingresado en una recesión leve, y otras economías avanzadas crecerían en forma débil e irregular lo que puede repercutir negativamente en las economías de mercados emergentes y moderar su crecimiento .
En primer lugar, a los emergentes les puede afectar un shock negativo de la oferta de petróleo o de un menor crecimiento potencial de los propios mercados emergentes, lo que también afectaría a los países de bajo ingreso debido a la intensificación de los lazos económicos entre ambos grupos . Se destaca que este grupo de países sigue siendo especialmente vulnerable a la oscilación del precio de las materias primas.
Los expertos del FMI aseguran que tanto los países emergentes como los de bajo ingreso deben aplicar políticas prudentes para reforzar su capacidad de resistencia . Respecto a las primeras, recomiendan pilotar hacia un aterrizaje suave al moderarse el crecimiento interno en un contexto de flujos de capital volátiles, posibles auges crediticios y deterioro de la coyuntura externa . En ese sentido, las circunstancias son diferentes según el país: en aquellos en que la presión inflacionaria va cediendo (como la mayoría de los países latinoamericanos), las políticas monetarias pueden distenderse para afrontar el riesgo de deterioro y, si es necesario, complementarse con una mejor supervisión financiera para evitar el sobrecalentamiento de sectores como el inmobiliario. En países con baja presión inflacionaria, una situación fiscal sólida y un cuantioso superávit externo, hay margen para aumentar el gasto, inclusive el gasto social. En otras economías, en particular de Oriente Medio y Norte de África, un tema fundamental es cómo fomentar un crecimiento sólido, sostenido y participativo, con un sector privado que genere suficiente empleo para absorber una mano de obra que se expande con rapidez, y desarrollar instituciones sólidas que garanticen el buen gobierno. En los países con menor margen de maniobra, por ejemplo, debido a la presión inflacionaria, la distensión debe abordarse con más cautela.
Por su parte, para los países de bajo ingreso el punto de equilibrio es más difícil de encontrar . En la mayoría de ellos, los márgenes de maniobra para aplicar políticas macroeconómicas son menores que en 2008. Durante la crisis, aumentó el déficit fiscal y la deuda, lo que reduce su capacidad para aplicar una respuesta fiscal anticíclica para paliar el efecto negativo de otro shock , asegura el artículo.
Por otra parte, los recursos usados para recomponer los márgenes de maniobra no pueden destinarse a inversiones que fomenten el crecimiento o satisfagan necesidades de desarrollo inmediatas. Pero los países de bajo ingreso tienen formas de resolver este dilema, como fortalecer los ingresos públicos internos y mejorar su gestión del gasto público .
Los expertos recomiendan implementar redes de protección social más flexibles y robustas para que, en caso de shock, las transferencias a los grupos vulnerables puedan encauzarse en forma rápida y económicamente eficaz . A más largo plazo, se pueden aplicar reformas para fomentar el ahorro interno y profundizar sus sistemas financieros . Por último, estiman que es necesario aumentar el volumen y la calidad de la inversión pública en infraestructura y la inversión en capital humano mediante políticas eficaces de salud y educación .
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