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MARILYN MONROE A 50 AÑOS DE SU MUERTE
Anonimato, fama, glorias, amores y tormento de un símbolo de los años sesenta 
| 30.07.2012 00:00
Por A. Sanjurjo Toucon

Marilyn Monroe tenía 36 años cuando, el 5 de agosto de 1962, apareció sin vida en su casa. Fue un ícono de su tiempo. Es difícil saber cuánto representa su nombre para los jóvenes de hoy. Es fácil suponer que genera un alud de recuerdos en quienes eran jóvenes entonces. Al aproximarse el cincuentenario de su trágica y nunca debidamente aclarada muerte, vaya este intento por retratar amores y desamores que pergeñaran a una criatura ubicada entre la leyenda y la inasible realidad.
Gladys Monroe, oscura trabajadora de la industria cinematográfica, cortaba negativos. La locura era herencia familiar: suicidios y manicomios abundaban. La vida sexual le atraía compulsivamente, tuvo muchos amantes y dos maridos: un señor Baker y un señor Mortenson.
El 1 de junio de 1926, Gladys dio a luz una niña: Norma Jean. No era hija ni de Baker ni de Mortenson, sino presumiblemente de C. Stanley Gifford, un compañero de trabajo. La niña fue alternadamente Norma Jean Baker o Norma Jean Mortenson; el mundo la conoció como Marilyn Monroe, nombre que le eligieran los estudios de Hollywood para sus primeras incursiones en la pantalla.
La esquizofrenia y la paranoia condujeron a mamá Gladys al manicomio. A la pequeña Norma Jean la llevaron al asilo y de allí a convivir con sucesivas familias. En esos hogares la soterraron bajo el puritanismo, la sometieron a rígidas conductas, no le brindaron afecto y también le hicieron conocer el sexo tempranamente: a los nueve años fue violada. Era solamente el comienzo.
Fantasías surgidas en la oscuridad de los cines, le otorgan un padre. Norma Jean afirma ser la hija oculta de Clark Gable. Años después, cuando la fama era parte de su vida, protagonizará, junto a Gable, Los inadaptados (196l, con dirección de John Huston). Durante la filmación hizo la vida imposible al actor, que moriría luego del rodaje.
De Norma Jean a Marilyn
Sin madre y en perpetua búsqueda de la figura paterna, la adolescente Norma Jean decide casarse con un muchachote algo mayor que ella: un obrero llamado Jim Dougherty, quien aseguró que Marilyn había llegado virgen a la boda. El matrimonio no duró demasiado.
Con Jim en las Fuerzas Armadas y el mundo en medio de la Segunda Guerra Mundial, Norma Jean comenzó su trayectoria como modelo. No ganaba demasiado, y la urgencia por pagar una cuota de 50 dólares la empujó a posar desnuda para una fotografía de almanaque. Años después, esos almanaques se cotizarían en miles de dólares.
Quería ingresar a la industria del cine. No para ocupar un anónimo sitial lejos de la pantalla, como su madre, sino todo por lo alto, imponiendo su nombre en las rutilantes carteleras.
Tenía varias de las condiciones indispensables. Para empezar, un agente (que por ella casi abandona esposa y varias hijas), responsable de una cirugía plástica que corrigió su mentón. Se le enseñó a sonreír sin abrir demasiado los labios, pues sus encías eran por demás altas. Y así fue creándose ese prototipo con voluptuosa boca entreabierta, ojos prometedores, y una silueta que se convirtió en portentoso símbolo sexual. Su cimbreante modo de andar aportó lo suyo.
Finalmente logró acceder a la pantalla. Era una de esas muy deseables rubias bobas que siempre aparecen en el cine norteamericano. La trayectoria inicial le ubicó como figura de tercera o cuarta línea en filmes olvidados y en otros más importantes ligados a nombres famosos. Esos primeros pasos la acercaron a realizadores como John Huston y Joseph L. Mankiewicz, y a una lista de intérpretes integrada por los Hermanos Marx, Bette Davis, Claudette Colbert, Barbara Stanwyck, Richard Widmark, Anne Bancroft, Ginger Rogers, Charles Laughton y Cary Grant, entre otros.
Aunque perdida en la larga nómina de los actores de reparto, la impuesta identidad de Marilyn Monroe irrumpió en la pantalla. Norma Jean había desaparecido, o quizás no.
Con Torrente pasional (Niagara, 1953), se produce su ascenso al estrellato. Luego vendrán sus títulos más famosos: Los caballeros las prefieren rubias , La picazón del séptimo año , El príncipe y la corista , Una Eva y dos Adanes y Los inadaptados , etc. Fue en estos dos últimos filmes en los que pudo verse a una actriz y no solamente un cuerpo atractivo. Billy Wilder la convirtió en comediante y Huston hizo aflorar condiciones dramáticas.


Una Eva y varios Adanes
En pleno ascenso, habíase reincorporado al matrimonio. Joe Di Maggio, superestrella ya retirada del beisbol estadounidense, fue el nuevo cónyuge. El matrimonio duraría exactamente nueve meses. Una infidelidad de Di Maggio, cuya característica era pasar las noches ante el televisor, provocó un intento de suicidio. No era el primero, el heredado hábito autodestructivo de los Monroe mantenía su vigor.
Deseosa de recubrirse de intelectualismo, Marilyn gustaba llevar bajo el brazo libros que no leía. Complementando esa actitud, proclamaba su deseo de personificar a la dostoievskiana Grushenka. También decía adorar a Beethoven, aunque era incapaz de citar una sola obra del compositor.
La monumental rubia tonta, vuelve a casarse en 1956; ahora con uno de los máximos representantes de la intelectualidad norteamericana: el dramaturgo Arthur Miller. Rita Hayworth, unos años antes se convirtió en esposa de Orson Welles; todo un precedente.
Miller era judío. Marilyn se hizo judía. Miller había sido comunista. Marilyn asumió actitudes rebeldes frente al Comité de Actividades Antiamericanas, y cosechó elogios de algunas destacadas víctimas de la caza de brujas. Alvah Bessie posteriormente convirtió a Marilyn en una especie de víctima del capitalismo norteamericano.
Pródiga en el amor, Marilyn también lo fue en lo ideológico. Participó en espectáculos dedicados a los soldados que combatían en la guerra de Corea, contra los comunistas. Bailaba y cantaba. Su silueta, generosa, ondulándose dentro de un vestido negro sin hombros, sujeto por delgados breteles que permanentemente amenazaban con caerse, enardecía a la tropa. El matrimonio con Miller concluyó en 1961.
Quiso ser la amante de actores famosos con los que actuara: habría fracasado con Laurence Oliver, al que compró para que participase con ella en El príncipe y la corista , no aconteció lo mismo con Yves Montand. Ella creyó en el romance, pero no sabía que Yves, a su manera, permanecía fiel a la ya marchita Simone Signoret.

Cuesta abajo
Rica y famosa, Marilyn continuó torturada por la soledad.
Insegura en lo profesional y en lo personal, acudió a asesoras artísticas que contribuyeron a incrementar sus conflictos con los estudios. Asistió al Actor s Studio procurando convertirse en la intérprete que apenas pudo ser. Deseaba que la considerasen por sus condiciones histriónicas y no por su físico. Su ingenuidad, si es que era tal, parecía ilimitada. También logró apoyo de médicos que le recetaran psicofármacos.
En cierta ocasión en que el presidente John Kennedy festejaba su cumpleaños, entre los regalos se incluyó a Marilyn cantando, con voz por demás insinuante, "Happy birthday, Mister President". Al parecer ese gesto colocó en primer plano el rumor sobre los amores de la reina sexy con el sonriente y apuesto primer mandatario. Luego sería suplantado por su hermano Bob.
Su carácter se tornó más insoportable de lo permitido a una diva de su especie. Aparecía por la tarde en el estudio, mientras todo el equipo de rodaje le aguardaba desde horas de la mañana. Sus deseos de asumir papeles serios se estrellaban contra los intereses de Hollywood, y los barbitúricos habían pasado a integrar su dieta alimenticia.
En medio de esa crisis, acaso por una acción deliberada, o tal vez por error, ingirió una dosis letal de las pastillas que noche a noche le ayudaban a huir hacia el mundo de los sueños.
Apareció muerta en la desordenada y poco acogedora habitación de su casa. Era el 5 de agosto de 1962.
Se detectaron algunas quemaduras internas producidas por un veneno. Los agentes del FBI se llevaron los registros telefónicos donde constaba que Marilyn, horas antes de su deceso, trató de comunicarse con importantes figuras de gobierno.
Se determinó muerte por suicidio. < Marilyn Monroe tenía 36 años cuando, el 5 de agosto de 1962, apareció sin vida en su casa. Fue un ícono de su tiempo. Es difícil saber cuánto representa su nombre para los jóvenes de hoy. Es fácil suponer que genera un alud de recuerdos en quienes eran jóvenes entonces. Al aproximarse el cincuentenario de su trágica y nunca debidamente aclarada muerte, vaya este intento por retratar amores y desamores que pergeñaran a una criatura ubicada entre la leyenda y la inasible realidad.
Gladys Monroe, oscura trabajadora de la industria cinematográfica, cortaba negativos. La locura era herencia familiar: suicidios y manicomios abundaban. La vida sexual le atraía compulsivamente, tuvo muchos amantes y dos maridos: un señor Baker y un señor Mortenson.
El 1 de junio de 1926, Gladys dio a luz una niña: Norma Jean. No era hija ni de Baker ni de Mortenson, sino presumiblemente de C. Stanley Gifford, un compañero de trabajo. La niña fue alternadamente Norma Jean Baker o Norma Jean Mortenson; el mundo la conoció como Marilyn Monroe, nombre que le eligieran los estudios de Hollywood para sus primeras incursiones en la pantalla.
La esquizofrenia y la paranoia condujeron a mamá Gladys al manicomio. A la pequeña Norma Jean la llevaron al asilo y de allí a convivir con sucesivas familias. En esos hogares la soterraron bajo el puritanismo, la sometieron a rígidas conductas, no le brindaron afecto y también le hicieron conocer el sexo tempranamente: a los nueve años fue violada. Era solamente el comienzo.
Fantasías surgidas en la oscuridad de los cines, le otorgan un padre. Norma Jean afirma ser la hija oculta de Clark Gable. Años después, cuando la fama era parte de su vida, protagonizará, junto a Gable, Los inadaptados (196l, con dirección de John Huston). Durante la filmación hizo la vida imposible al actor, que moriría luego del rodaje.
De Norma Jean a Marilyn
Sin madre y en perpetua búsqueda de la figura paterna, la adolescente Norma Jean decide casarse con un muchachote algo mayor que ella: un obrero llamado Jim Dougherty, quien aseguró que Marilyn había llegado virgen a la boda. El matrimonio no duró demasiado.
Con Jim en las Fuerzas Armadas y el mundo en medio de la Segunda Guerra Mundial, Norma Jean comenzó su trayectoria como modelo. No ganaba demasiado, y la urgencia por pagar una cuota de 50 dólares la empujó a posar desnuda para una fotografía de almanaque. Años después, esos almanaques se cotizarían en miles de dólares.
Quería ingresar a la industria del cine. No para ocupar un anónimo sitial lejos de la pantalla, como su madre, sino todo por lo alto, imponiendo su nombre en las rutilantes carteleras.
Tenía varias de las condiciones indispensables. Para empezar, un agente (que por ella casi abandona esposa y varias hijas), responsable de una cirugía plástica que corrigió su mentón. Se le enseñó a sonreír sin abrir demasiado los labios, pues sus encías eran por demás altas. Y así fue creándose ese prototipo con voluptuosa boca entreabierta, ojos prometedores, y una silueta que se convirtió en portentoso símbolo sexual. Su cimbreante modo de andar aportó lo suyo.
Finalmente logró acceder a la pantalla. Era una de esas muy deseables rubias bobas que siempre aparecen en el cine norteamericano. La trayectoria inicial le ubicó como figura de tercera o cuarta línea en filmes olvidados y en otros más importantes ligados a nombres famosos. Esos primeros pasos la acercaron a realizadores como John Huston y Joseph L. Mankiewicz, y a una lista de intérpretes integrada por los Hermanos Marx, Bette Davis, Claudette Colbert, Barbara Stanwyck, Richard Widmark, Anne Bancroft, Ginger Rogers, Charles Laughton y Cary Grant, entre otros.
Aunque perdida en la larga nómina de los actores de reparto, la impuesta identidad de Marilyn Monroe irrumpió en la pantalla. Norma Jean había desaparecido, o quizás no.
Con Torrente pasional (Niagara, 1953), se produce su ascenso al estrellato. Luego vendrán sus títulos más famosos: Los caballeros las prefieren rubias , La picazón del séptimo año , El príncipe y la corista , Una Eva y dos Adanes y Los inadaptados , etc. Fue en estos dos últimos filmes en los que pudo verse a una actriz y no solamente un cuerpo atractivo. Billy Wilder la convirtió en comediante y Huston hizo aflorar condiciones dramáticas.


Una Eva y varios Adanes
En pleno ascenso, habíase reincorporado al matrimonio. Joe Di Maggio, superestrella ya retirada del beisbol estadounidense, fue el nuevo cónyuge. El matrimonio duraría exactamente nueve meses. Una infidelidad de Di Maggio, cuya característica era pasar las noches ante el televisor, provocó un intento de suicidio. No era el primero, el heredado hábito autodestructivo de los Monroe mantenía su vigor.
Deseosa de recubrirse de intelectualismo, Marilyn gustaba llevar bajo el brazo libros que no leía. Complementando esa actitud, proclamaba su deseo de personificar a la dostoievskiana Grushenka. También decía adorar a Beethoven, aunque era incapaz de citar una sola obra del compositor.
La monumental rubia tonta, vuelve a casarse en 1956; ahora con uno de los máximos representantes de la intelectualidad norteamericana: el dramaturgo Arthur Miller. Rita Hayworth, unos años antes se convirtió en esposa de Orson Welles; todo un precedente.
Miller era judío. Marilyn se hizo judía. Miller había sido comunista. Marilyn asumió actitudes rebeldes frente al Comité de Actividades Antiamericanas, y cosechó elogios de algunas destacadas víctimas de la caza de brujas. Alvah Bessie posteriormente convirtió a Marilyn en una especie de víctima del capitalismo norteamericano.
Pródiga en el amor, Marilyn también lo fue en lo ideológico. Participó en espectáculos dedicados a los soldados que combatían en la guerra de Corea, contra los comunistas. Bailaba y cantaba. Su silueta, generosa, ondulándose dentro de un vestido negro sin hombros, sujeto por delgados breteles que permanentemente amenazaban con caerse, enardecía a la tropa. El matrimonio con Miller concluyó en 1961.
Quiso ser la amante de actores famosos con los que actuara: habría fracasado con Laurence Oliver, al que compró para que participase con ella en El príncipe y la corista , no aconteció lo mismo con Yves Montand. Ella creyó en el romance, pero no sabía que Yves, a su manera, permanecía fiel a la ya marchita Simone Signoret.

Cuesta abajo
Rica y famosa, Marilyn continuó torturada por la soledad.
Insegura en lo profesional y en lo personal, acudió a asesoras artísticas que contribuyeron a incrementar sus conflictos con los estudios. Asistió al Actor s Studio procurando convertirse en la intérprete que apenas pudo ser. Deseaba que la considerasen por sus condiciones histriónicas y no por su físico. Su ingenuidad, si es que era tal, parecía ilimitada. También logró apoyo de médicos que le recetaran psicofármacos.
En cierta ocasión en que el presidente John Kennedy festejaba su cumpleaños, entre los regalos se incluyó a Marilyn cantando, con voz por demás insinuante, "Happy birthday, Mister President". Al parecer ese gesto colocó en primer plano el rumor sobre los amores de la reina sexy con el sonriente y apuesto primer mandatario. Luego sería suplantado por su hermano Bob.
Su carácter se tornó más insoportable de lo permitido a una diva de su especie. Aparecía por la tarde en el estudio, mientras todo el equipo de rodaje le aguardaba desde horas de la mañana. Sus deseos de asumir papeles serios se estrellaban contra los intereses de Hollywood, y los barbitúricos habían pasado a integrar su dieta alimenticia.
En medio de esa crisis, acaso por una acción deliberada, o tal vez por error, ingirió una dosis letal de las pastillas que noche a noche le ayudaban a huir hacia el mundo de los sueños.
Apareció muerta en la desordenada y poco acogedora habitación de su casa. Era el 5 de agosto de 1962.
Se detectaron algunas quemaduras internas producidas por un veneno. Los agentes del FBI se llevaron los registros telefónicos donde constaba que Marilyn, horas antes de su deceso, trató de comunicarse con importantes figuras de gobierno.
Se determinó muerte por suicidio. <





 

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