El ministro de Ganadería realizó un taller sobre protocolo firmado con China sobre la soja

COSECHAS DE MAÍZ SON FAVORABLES PARA AMÉRICA DEL SUR

La reunión  entre el ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP), Tabaré Aguerre y quienes conforman la cadena de la soja (productores, acopiadores y empresas exportadoras), y las dos gremiales rurales (ARU -FRU)  -convocadas a participar a un taller- permitió aclarar los puntos que tenían nerviosos a los integrantes de dicha cadena.

El nuevo protocolo firmado con China para la exportación de soja causó malestar entre productores y empresas exportadoras, porque consideraban que las nuevas reglas fueron presentadas una vez que el cultivo había sido implantado sobre las nuevas exigencias por la presencia de malezas -que también quedaron instaladas- como el sorgo de alepo, revienta caballo y abrojo, entre otras.

Antes del taller, el ministro aseguró que la zafra no estaba en riesgo e indicó que los exportadores estaban en conocimiento porque se les había informado en varias reuniones el año pasado, pero los mismos “miraron para el costado”.

Al culminar la reunión, Aguerre dijo que “los asistentes a la misma reconocieron que no hay relación directa entre la firma del protocolo fitosanitario para la exportación con China y una caída en el precio”.

Otro de los puntos que había agitado los nervios de los integrantes de la cadena, estaba referido al artículo 8 del protocolo el que permite a las autoridades chinas paralizar embarques de soja uruguaya en sus puertos en caso de aparecer alguna de las ocho malezas cuarentenarias que el gigante asiático no admite. Los chinos pueden solicitar un tratamiento – en caso de poder hacerse-, a cargo del exportador o, en caso contrario, devolverlo o destruirlo.

Sobre el tema, el titular del MGAP indicó que antes del protocolo firmado con el país asiático a fines del año pasado regía el Decreto 177/16, que era más desventajoso para Uruguay, al permitir a las autoridades sanitarias chinas, eliminar el embarque “de forma unilateral”.

Sobre la supuesta desventaja de nuestro país ante Argentina y Brasil, que no firmaron un protocolo similar, aclaró que estos países se rigen por el Decreto 177/16. Agregó que desde la firma del protocolo, cuando se presente un inconveniente en un embarque con plagas cuarentenarias, el artículo 10 del mismo establece que “habrá un diálogo mediante el intercambio de técnicos de ambos países, en lugar de recibir una sanción unilateral” de China.

Aguerre dijo que “lo más destacable de la reunión fue el espíritu que predominó. Es una apuesta al diálogo y a superar todos juntos (el sector público y privado), los problemas que puedan presentarse”. Recalcó que nuestro país “sabía perfectamente lo que firmaba y que no hay ninguna norma autoimpuesta. Había problemas de inocuidad, como los granos colorados en los embarques o el sorgo de Alepo” que fueron rechazados por los chinos, cuantificado por el ministro en “seis o siete barcos en 10 años”.

El ministro finalizó diciendo que “es casi imposible que no se encuentre sorgo de Alepo en la soja, pero debemos trabajar para mitigar el problema. Tenemos que posicionar a Uruguay como un productor diferenciado, responsable y creíble, basado en la articulación público privada”.

Cosechas

De acuerdo a la FAO, las perspectivas de cosechas para el maíz en América del Sur en 2017 son favorables debido principalmente a la expansión de las siembras en Argentina y Brasil, los principales productores, en respuesta a mayores precios.

En el informe Perspectivas de cosechas y situación alimentaria recientemente divulgado, la FAO prevé que en Argentina, a pesar de las intensas precipitaciones al comienzo del período de siembra, la superficie plantada con maíz aumentó 5% desde el nivel récord del año anterior, alcanzando las 7,25 millones de hectáreas, como respuesta a los altos precios locales, como resultado de la exportación.

En Brasil, se prevé que la producción de este año se recuperará fuertemente con respecto al año pasado, pero menor debido a la sequía. Las estimaciones preliminares apuntan a un incremento -entre las de primera y segunda- de 3,4%, alcanzando las 16,6 millones de toneladas.