Javier de Haedo: “Hay un denominador común en el sistema político de que con ciertas cosas no se debe jorobar”

Falta > Mayor inversión en infraestructura pública para atacar la crisis

En diálogo con CRÓNICAS, el economista Javier de Haedo analizó la coyuntura nacional e internacional, y afirmó que los principales riesgos para Uruguay vienen de la mano de Argentina y Brasil. Además, el director del Observatorio de la Coyuntura Económica de la Universidad Católica (UCU) sostuvo que “es una ventaja” que los principales partidos políticos hayan pasado por el Gobierno del país, y subrayó que “hay un denominador común en el sistema político de que con ciertas cosas no se debe jorobar”. Entre ellos mencionó la mantención del orden macroeconómico, el fomento de la inversión, o el ver a la inflación y el déficit fiscal como problemas a solucionar.

Por Ignacio Palumbo | @ignacio_palumbo

– ¿Qué análisis hace de la coyuntura económica de Uruguay hoy? ¿Cuáles son las principales fortalezas y debilidades?

– La fortaleza más grande que tenemos es la institucionalidad de Uruguay y la reputación que eso le genera. También tiene como fortaleza un equipo económico con experiencia en el manejo de las políticas públicas y, ante la crisis sanitaria, de nuevo aparece como punto fuerte la institucionalidad que Uruguay fue construyendo con el paso de los años, tanto en materia de salud como de desarrollo de políticas sociales.

Las debilidades están en una situación fiscal que condiciona evidentemente la capacidad de respuesta del Gobierno ante la crisis, porque esta administración, a su vez, es cautelosa y cuidadosa de los equilibrios. Por definición, lo hace consciente de las restricciones presupuestarias que a veces otros gobiernos no tienen y entonces aparecen dando lo que no deben o lo que no están en condiciones de dar, y eso es pan para hoy y hambre para mañana, porque estas situaciones son intertemporales, no son coyunturales.

– ¿Cuáles son los principales riesgos del contexto internacional para Uruguay?

– El contexto internacional es muy favorable en el marco de las políticas expansivas de las principales economías del mundo. Tenemos un escenario con un dólar débil, tasas muy bajas, que permiten a su vez colocar deuda relativamente barata. Precios de materias primas volando, alcanzando los máximos de hace unos cuantos años.

El escenario de base es muy bueno, excepto por nuestros vecinos que no la están pasando bien hace mucho tiempo, que crecen muy poco, y a su vez Argentina con desequilibrios enormes y políticas totalmente a contramano del mundo, como esta ridiculez absurda y suicida de prohibir las exportaciones de carne.

Por lo tanto, los riesgos son, a nivel global, que el desarrollo de la película sea más rápido del esperado y entonces la inflación -que parece estar acelerándose- se acelere todavía más y las políticas expansivas se vuelvan menos expansivas un poco antes, generando un aumento de tasas, una salida de capitales de los emergentes hacia el hemisferio norte y, posiblemente, en tal caso, depreciaciones de las monedas emergentes. Por otro lado, en el caso nuestro en particular, el vecindario; hoy tenemos a los vecinos muy baratos en dólares, pero eso no nos pega porque tenemos las fronteras cerradas. El día que se abran nos vamos a encontrarnos -si la situación actual se mantiene- con vecinos muy baratos y ahí sí nos va a impactar en una salida no tan vigorosa como uno desearía, porque una cosa es salir de esto con vecinos ordenados y relativamente alineados con nosotros en precio, y otra es hacerlo con vecinos que están muy desalineados y que la tentación de ir a comprar allá va a ser muy alta y la posibilidad de que ellos vengan acá va a ser más baja. Entonces, esa salida no sería tan vigorosa como en el otro escenario.

– ¿Qué puede hacer Uruguay para sortear estos problemas que menciona? ¿Qué margen de acción tiene?

– No tiene mucho margen de acción, porque no tiene sentido que sigamos el ritmo de vecinos que -como es el caso de Argentina- están a contramano del mundo cuando nosotros no coincidimos con esas políticas y sabemos lo perjudiciales que pueden ser. Entonces, en esos casos lo que hay que hacer es aguantar la situación. Por supuesto que ante una situación así es posible que el tipo de cambio en Uruguay suba un poquito más, pero no mucho más que eso.

Lo otro que se puede hacer, pero no es para el corto plazo, es lo que el Gobierno quiere hacer de reinsertar al país en el mundo de modo tal que nuestro anclaje sea con el mundo en su conjunto y no solamente con un vecino tan inestable. No obstante, esa es una respuesta de política que, aún si se diera como el Gobierno sueña, no genera soluciones en el muy corto plazo. 

– ¿Cuáles deberían ser los principales objetivos a nivel económico hoy para Uruguay?

– En el futuro inmediato, claramente seguir atendiendo la pandemia del modo en que se ha estado haciendo, volcando la mayor cantidad de recursos posibles. Al mismo tiempo, siendo cuidadosos de que hay un mañana en el cual nos vamos a encontrar con un escenario externo no tan favorable y todavía con un déficit alto y una deuda más alta que antes de haber entrado en esta crisis actual. Entonces, ese equilibrio entre salud y economía creo que el Gobierno lo ha ido manejando bastante bien. Quizá le falta una pata de una mayor inversión en infraestructura pública que no necesariamente debe realizarse con recursos públicos; es más, yo diría que no debe realizarse con recursos públicos, sino con formas de participación conjunta entre el sector público y el sector privado con un financiamiento a cargo del sector privado mediante concesiones. Eso quizás es lo que está faltando, y eso le daría algún puntito más de crecimiento a la economía y algunos miles más de puestos de trabajo genuinos.

En el corto plazo, el otro hito que tenemos por delante es el final del año puente en materia salarial y las nuevas convocatorias a Consejos de Salarios y las negociaciones que allí se lleven adelante. Ahí la clave es que se pueda evitar caer de nuevo en la indexación, y eso va a hacer un parteaguas entre los escenarios de mantener la inflación más o menos como hasta ahora o poder ir más abajo como quieren las autoridades.

– El Banco Central (BCU) ha mostrado compromiso en priorizar el combate a la inflación. ¿Cree que es factible conseguir el objetivo de bajar este indicador a niveles al menos cercanos al centro del rango objetivo?

– Más que lo que hace el BCU, me importa mirar lo que pase con las negociaciones salariales que hablábamos recién. Mis expectativas de inflación podrán bajar básicamente en función de lo que pase en esas negociaciones, si se vuelve a la indexación o no. Creo que bajar la inflación es un objetivo importante para Uruguay; tenemos una inflación alta en términos internacionales y eso nos genera muchos perjuicios. Pero no es solo tarea del BCU, es también de otras políticas económicas que tienen que ser todas consistentes entre sí -la política fiscal, la política salarial- y no sólo la política monetaria-cambiaria. Es más, si solo se pone énfasis en la política monetaria-cambiaria y no se trabaja en las otras, se podrá bajar la inflación forzadamente, pero con daños colaterales, como ya vivimos en el pasado muchas veces.

– ¿La política salarial debería procurar desindexar los ajustes de salarios?

– Lo ideal sería que sí, que para ir a una inflación más baja, una indexación que fija los salarios al pasado no ayudaría nada.

La creación de un “GACH económico” implica “tratar de que gobiernen las corporaciones”, sostuvo De Haedo.

– La semana pasada, el Gobierno emitió una deuda en bonos por un total de US$ 1.750 millones. ¿Cómo debería analizarse este hecho?

– Siempre que Uruguay emite deuda hay dos sensaciones encontradas: por un lado, suele hacerlo muy bien, como esta vez, y entonces eso recoge elogios por parte de los que seguimos estos temas. Pero al mismo tiempo, hay que reconocer que si se tiene que salir de emitir deuda es porque hay un déficit que hay que financiar, aparte de que hay otras deudas que van venciendo y hay que amortizarlas. O sea que de esos US$ 1.750 millones, una parte es para cancelar deudas que van venciendo; en particular algunas se cancelaron en la misma operación, con un canje de deuda, y una parte también es para financiar el desequilibrio fiscal.

Esta última parte es la que uno diría que preocupa. No es incompatible con elogiar la muy buena gestión de la deuda. Hoy estamos en una coyuntura muy particular, con un déficit alto en parte por la asistencia para enfrentar la crisis, pero aún sacando esos efectos, tenemos un déficit importante, mayor al que deberíamos tener, y que da lugar a seguir aguantando la deuda.

Esto es lo que el Gobierno tiene que seguir perseverando, incluso en estos momentos durante el desarrollo de la pandemia, porque es muy claro que el Gobierno al mismo tiempo ha ido tratando de enfrentar el gasto estructural del Estado sin que eso impida la asistencia a enfrentar la pandemia con recursos fiscales (a través del Fondo Covid). 

Creo que eso es también una fortaleza del Gobierno en este momento, que encapsuló en el Fondo Covid todo lo que tiene que ver con el enfrentamiento de la pandemia, de modo que todos podamos ver qué parte del déficit se debe a eso y por lo tanto es transitorio. De esta manera, el día que la pandemia pase, ya no estará en el déficit.

Sin embargo, aún sacando eso, tenemos un déficit demasiado alto y la deuda en este sentido va a seguir creciendo si ese déficit no baja.

-Mantener el déficit fiscal, fomentar la inversión, ver la inflación y el déficit fiscal como problemas que se deben solucionar, etc. ¿Puede decirse que independientemente del color del Gobierno, existe una «política de Estado» en materia económica?

– Que todos los partidos más importantes hayan pasado por el Gobierno de un modo u otro es una gran ventaja para un país, porque cuando uno está ahí si hace tonterías las paga carísimo. En ese sentido, creo que sí, hay un denominador común en el sistema político de que con ciertas cosas no se debe jorobar, como la mantención del orden macroeconómico, el fomento de la inversión o el ver la inflación y el déficit fiscal como problemas que se deben solucionar.

Si hay un activo para el país, es ese tipo de cosas que cuando la calificadora de riesgo evalúa, lo pone en el lado del haber en el balance.

Por ejemplo, el exministro de Economía Danilo Astori elogiando la exitosa colocación de deuda del Gobierno; esa imagen es la mejor respuesta a tu pregunta.

– El senador de Cabildo Abierto, Guido Manini Ríos, le propuso al presidente Luis Lacalle Pou crear un “Grupo Asesor Científico Honorario (GACH) económico”. ¿Cree que es una opción para generar políticas de Estado?

– No, me opongo totalmente a eso. Eso es tratar de que gobiernen las corporaciones. Votamos al Gobierno para que gobierne. Lo del GACH en el tema de la salud y la pandemia es un caso excepcional porque se buscaron los talentos de todos los ámbitos y se formó ese grupo espectacular. Pero en economía, para políticas económicas, uno elige un Gobierno. Tenemos un equipo económico competente -en Uruguay tenemos habitualmente equipos económicos competentes desde el punto de vista técnico-, y hayamos votado o no al Gobierno de turno, yo creo que es este el que tiene que tomar decisiones y arbitrar en la sociedad entre los intereses de los diversos agentes. Pero sentarlos a esos agentes a la mesa de la sugerencia de políticas económicas yo creo que no es conveniente e, incluso, es peligroso.


Economía ATP

– ¿Cómo encontró su nuevo puesto al frente del Observatorio de Coyuntura Económica de la UCU?

– La decana de la Facultad de Ciencias Empresariales, Isabel Chaquiriand, me invitó a charlar sobre qué se podía hacer allí, algo diferente a lo que ya estaba institucionalizado. De esas conversaciones surgió la posibilidad de hacer este Observatorio de la Coyuntura Económica, aparte de tareas docentes que asumiré más adelante.

Me entusiasma mucho, a nivel dentro de una universidad, con un sentido didáctico, de difusión de llevar la economía a todo público y que en esos monitores semanales que salen los martes se den algunos datos, pero fundamentalmente se busque definir los conceptos y hacerlos entendibles.

Ese es el sentido que le damos: difusión, ser didácticos, contribuir a la discusión de los temas de coyuntura agregando valor, porque estamos en un medio donde hay mucha oferta de productos de coyuntura por parte de todos los economistas, consultores, empresas, medios de prensa… Meterse en eso necesariamente tiene que ser agregando valor para no dar más de lo mismo.