Cincuenta años haciendo que las cosas sucedan: la trayectoria de Teresa Aishemberg

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“Viejo barrio, perdoná si al evocarte se me pianta un lagrimón (…) es un beso prolongao que te da mi corazón”. Con esas palabras, entonadas en el tango Melodía de Arrabal de Carlos Gardel, Teresa Aishemberg se despidió, tras 50 años de trabajo, de la Unión de Exportadores del Uruguay (UEU). Sobre su primer y último día formando parte de esta institución, su trayectoria, y el futuro del sector habló con Empresas & Negocios la ahora exgerente general de la gremial de exportadores e integrante activa del consejo editorial de esta revista.

Por Naara Pérez Carrere | @NaaraPerez3

¿Cómo recuerda su primer día de trabajo en la Unión de Exportadores?

Lo recuerdo con muchas incertidumbres y mucho miedo. Tenía 18 años y todo era nuevo para mí. Tuve que aceptar los desafíos de aprender y equivocarme. Realmente fue como descubrir un mundo distinto y crecer ahí adentro. Las cosas nuevas generan miedos, pero está en uno avanzar para aprender. Hay que hacer que las cosas sucedan.

¿Y de ahí a llegar a la gerencia?

Empezar tan joven en una institución que hacía cinco años que se había fundado era ser parte de esa construcción. Empecé a ver de qué se trataba, a quién le daba servicios, pero además tuve un coach que fue muy importante para mí: Milton Reyes. Él era didáctico, además de saber de exportaciones. Yo fui recepcionista, telefonista, cadete, después seguí de secretaria, puesto en el que estuve años, hasta que me di cuenta que quería llegar a la gerencia. Una estrategia con un objetivo claro. Entonces me dediqué a prestar atención, a volcar lo que había aprendido con los exportadores cuando la gerencia estaba de viaje, y así fui creciendo y tomando decisiones más audaces, como por ejemplo salir a una misión. Cada vez que había una yo siempre levantaba la mano. Siempre trabajé con foco en los exportadores, para los exportadores, y me especialicé; fui haciendo la carrera ahí adentro. Hice cursos nocturnos para poder entender lo que hablaban los economistas, para traducirlo a los empresarios.

¿Qué momentos difíciles le tocó vivir durante su trayectoria?

Las distintas crisis que pasamos como país se reflejaban en el ánimo de todos los empresarios. En estas circunstancias los exportadores reducían los costos de su empresa, hasta el punto de desafiliarse de las instituciones. Por lo tanto, financieramente, la UEU quedaba reducida a lo mínimo. Pudimos pasar las distintas etapas de las crisis, levantarnos y recuperarnos. Cuando las crisis llegan, los ánimos se vienen al piso, y yo siempre fui de carácter positivo.

¿Se considera una mujer referente?

Sí, porque durante muchos años estuve muy sola, no había más mujeres en las reuniones, pero me sentía cómoda porque yo ya venía de un ambiente familiar rodeada de hermanos varones y mi padre, y había temas que había escuchado conversar en algún momento a mi abuelo o mi padre, relacionados con el comercio o la industria.

En el año 1991 empezaron a aparecer más mujeres en algunos ámbitos; había algunas políticas importantes de distintos partidos, pero pocas. Lo que fuimos haciendo con los distintos presidentes de la UEU fue justamente integrar más mujeres al directorio y poder designar una mujer como presidente. Y eso fueron todas construcciones que fui haciendo, desde mi punto de vista como mujer, pero además los empresarios lo veían positivo, porque trabajamos muy bien.

¿Cuáles cree que fueron sus aportes a la cultura de la institución?

Creo que impulsé la cultura de la ética y la transparencia. Esos son los valores que tenemos como foco. Todos los que trabajan en el equipo que formé tienen esa cultura y eso es lo que uno aspira para el futuro. Uno se va con la paz espiritual de haber formado un equipo con esos valores.

¿Cómo imagina el futuro del sector exportador en Uruguay?

En los últimos meses ha habido una baja importante. Son cíclicas las exportaciones y el mundo y las incertidumbres impactan sobre los mercados, por lo tanto hay que ir buscando los caminos; el exportador es muy buscador y ha aprendido mucho durante estos 50 años.

El futuro tiene que ser exportar más. El 80% de nuestras exportaciones vienen del agro, y como decía el ministro de agricultura Tabaré Aguerre en su momento, hoy estamos exportando para 26 millones de consumidores y Uruguay puede duplicar esa exportación. Por lo tanto el mercado está, dependiendo de en qué momento están esos consumidores podremos hacerlo. El país está preparado, tiene todas las tecnologías, está siguiendo todas las normas, lo que viene ahora es mantener al país sostenible. El futuro es la sostenibilidad, y Uruguay está bien posicionado en ese sentido, solo tiene que marketinearlo más, y mostrarle al mundo todo lo que ha hecho. Justamente, la UEU tiene una unidad verde que está ayudando a las pequeñas empresas, con el LATU, a ir por ese camino.

¿Hay proyectos que dejó pendientes en estos años al servicio de la UEU que le gustaría retomar ahora?

Quiero dedicarle mucho tiempo a mi empresa familiar, que tiene que ver con la ganadería, combinado también con una posada de turismo rural. Tenemos además caballos criollos, que están a disposición para paseos y recorrer las sierras. Estoy ya trabajando en capacitarme para coachear terapias asistidas con los caballos y desarrollar, alrededor de la posada, todo lo que tiene que ver con los servicios de calidad de la zona.

Por otra parte, estoy avanzando en un libro. Este arranca contando un poco de mis primeros años, el contacto con la tierra, y después aborda 50 años de exportación, 50 años del país, 50 años míos ahí adentro.

Le preguntaba al inicio de la entrevista por su primer día en la UEU… ¿Y el último? ¿Qué sensaciones se llevó?

Fue maravilloso, porque terminó con el evento del Día de la Exportación y yo no sabía cómo lo iban a organizar, así que me llevé muchas sorpresas.

Fue increíble escuchar los testimonios de todas las personas con las que trabajé. Implicó cerrar con una gran fiesta y reconocimiento este camino.

No sé si alguien se enteró que yo canté un tango al final, porque venía al caso, el tango Melodía de Arrabal, que dice: “Viejo barrio, perdoná si al evocarte se me pianta un lagrimón (…) es un beso prolongao que te da mi corazón”. Eso representa todo lo que yo viví.