Sergio Abreu: “El Mercosur tiene un problema de irrelevancia hacia afuera y de excesiva ideologización a la interna”

EN PANINI’S

Sergio Abreu, secretario general de Aladi


Han pasado más de 30 años de la fundación del Mercosur, pero hasta el momento no ha logrado “ningún tipo de vínculo profundo con los otros actores de la geopolítica”, lamentó el excanciller uruguayo. Dijo también que el proceso de integración necesita “sincerarse” y “tener voluntad política” para negociar acuerdos que contribuyan al desarrollo de la región, cuyo comercio se ha visto perjudicado por la pandemia. Además, aseguró que la ideologización dentro del bloque “ha hecho que importe más una elección que una estrategia de mediano plazo”.


El menú: En la cava de Panini’s, Abreu degustó ravioles de masa verde rellenos de espinaca, muzzarella y nueces, con salsa fileto y albahaca fresca, menú que acompañó con limonada. A la hora del postre eligió helado artesanal de chocolate y frutilla. Para acompañar la sobremesa, optó por café.


Por Magdalena Raffo | @MaleRaffo

-¿Cómo recuerda el origen del Mercosur, hace ya 30 años? ¿En qué contexto se dio su conformación?

-El Mercosur es la historia de lo que yo llamo “la vieja trenza porteño-lusitana”, que tiene una larga historia en la cuenca del Plata, donde nosotros fuimos provincia de las Provincias Unidas y fuimos Estado Cisplatino brasilero. El acuerdo no podría haber sido una iniciativa de Uruguay o de Paraguay, sino que fue el entendimiento de Brasil y Argentina, porque decidieron plantearse una relación bilateral de menos rivalidad y acostumbrarse a trabajar en un comercio bilateral que era muy importante. Cuando empezó el Mercosur entre ellos dos, se produjeron los acercamientos de Uruguay y de Paraguay.

El bloque se hizo al impulso de nuestros vecinos y con mecanismos que fueron desgravando todo el tema arancelario. Ni Uruguay ni Paraguay son considerados países asimétricos –y el concepto de asimetría siempre estuvo en todos los acuerdos de integración-, de manera que se incorporaron sin tener un tratamiento diferencial, que es parte de la vieja historia.

Se creía que se iba a conformar un Mercosur parecido a lo que era la Unión Europea (UE), que empezó teniendo un proceso de integración ya con un 40% de relación comercial, y después llegó a una organización supranacional –tiene un gobierno con sede en Bruselas por encima de los Estados-.

-¿Era descabellado tener ese anhelo para el bloque?

-Era una utopía pensar que podíamos acompañar el proceso europeo, primero porque ellos lo hicieron por la paz, porque venían de la guerra mundial. En segundo lugar, porque Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay son países en desarrollo, no son como los países industrializados de aquella época. Entonces, llegó el Protocolo de Ouro Preto, se plantearon algunas líneas, y ahí fue donde fracasó el proyecto inicial, que era de un mercado común. Hoy es una zona de libre comercio incompleta.

El objetivo era irrealizable desde el punto de vista institucional. El Mercosur, que iba a ser una unión aduanera –y hay quienes dicen que lo es-, en realidad, lo único que tiene de cierta referencia a ese modelo es el Arancel Externo Común, pero está perforado y todavía no se ha podido cobrar en un solo país, se paga dos veces.

El Mercosur quedó en el camino con políticas comunes comerciales, tributarias o de inversiones, que no tiene, y no tiene política de tipo de cambio, como tuvo Europa. Así que cuando Brasil y Argentina devalúan, por ser economías mucho más grandes, el impacto sobre Uruguay y Paraguay es muy importante, desvían el comercio. Eso sucedió ya en 1995, con la primera devaluación brasilera.

-¿Cuáles son las mayores dificultades del bloque actualmente?

-El Mercosur es un proceso de integración que necesita sincerarse, analizar los instrumentos que se van a aplicar y tener voluntad política; porque Brasil y Argentina, desde el punto de vista geopolítico, no ideológico, están condenados a entenderse, porque la geografía, como decía Napoleón, es la madre de la historia.

¿De qué sufre el Mercosur hoy? De una irrelevancia dramática. El Mercosur es irrelevante, porque no ha realizado ningún tratado con grandes economías, ni siquiera con Estados Unidos, menos con Europa, mientras que el resto de los países de América tienen zona de libre comercio, en general, con ambos, y hay otros que están yendo hacia el Pacífico con todos los tratados que hay.

¿Qué es lo que genera ese estancamiento, esa poca capacidad que ha tenido para concretar tratados?

-La falta de voluntad política y de visión estratégica; la polarización ideológica, donde internamente cada país está viendo al otro sector, sea gobierno u oposición, como el enemigo. Eso afecta enormemente la estabilidad y el relacionamiento político. Por ejemplo, la Unasur (Unión de Naciones Suramericanas) fue un mensaje de carácter político-ideológico, y cuando se debilitó ese tipo de sociedad, desapareció.

El Mercosur no tiene ningún tipo de vínculo profundo con los otros actores de la geopolítica. Con la UE yo firmé hace 25 años un tratado que tenía tres aristas: la colaboración política, el comercio y la cooperación, y todavía no se ha avanzado y está absolutamente en el congelador.

Después vino el ALCA (Área de Libre Comercio de las Américas). Fue un error histórico no haber avanzado en una negociación colectiva, porque al fracasar el ALCA, Estados Unidos celebró Tratado de Libre Comercio (TLC) con Centroamérica, Panamá, Costa Rica, Colombia, Perú, Chile, e impuso en las negociaciones aspectos que quizá no podría haber impuesto si todo el bloque de Sudamérica hubiera trabajado.

-¿Cómo afectan al Mercosur las tendencias proteccionistas a nivel mundial?

-El 85% de las exportaciones de la región son agroindustriales, es decir, somos la reserva alimentaria casi del mundo, y del agua dulce, y toda apertura que se puede producir en materia comercial va a pasar por la demanda de nuestros alimentos. En ese sentido hay tendencias proteccionistas que siempre estuvieron en Europa. Yo fui presidente de la Ronda Uruguay del GATT, que no salió hasta que en el acuerdo de Blair House Agreement, Estados Unidos y Europa acordaron el tema agrícola. Y los asuntos que se incluyeron en esa agenda del GATT, tampoco se han cumplido.

Entonces, la irrelevancia del Mercosur está… le falta iniciativa política para tratar de negociar en forma importante la nueva realidad geopolítica y sobre todo las cadenas de producción, sumado a que hay un proteccionismo que pervive en Europa en particular.

-Sobre lo que mencionaba de la importancia de un sinceramiento, ¿hacia dónde debería apuntar?

-Un sinceramiento es un avance no ideológico moderno. Hay dos o tres aspectos que son clave. Uno tiene que ver con la cadena agroindustrial, que estoy trabajando en eso en Aladi, para tratar de que las normas vayan convergiendo de los países, porque antes la principal barrera de protección que tenían eran los aranceles, pero hoy son las normas, que dicen: “Yo no quiero importar tal producto de Brasil, por ejemplo, por el tema ambiental, por el metano o por la deforestación”. Es decir, hay una cantidad de elementos normativos que hoy son los principales obstáculos para el comercio.

Como decía, el Mercosur tiene ese problema de irrelevancia hacia afuera, de sinceramiento hacia adentro y de excesiva ideologización a la interna, que lo tiene también todo el continente.

-¿Le ve solución a eso? Hoy remarcaba que la voluntad política es clave.

-La voluntad política es clave. Además, después de la pandemia se perdieron más de 30 millones de puestos de trabajo, entonces, si tenemos, como en el caso de los países de la Aladi, el registro mínimo histórico de comercio intrarregión, quiere decir que algo está pasando en la integración.

A esto agregale que el principal socio de Brasil, de Uruguay, de Argentina, de Chile, es China. Por tanto, todos esos productos de China, que son de una enorme diversidad, no necesitan ni preferencias arancelarias, entran solos. Eso demuestra que cambió el comercio mundial. Y Europa, que antes era el principal socio que tenía el Mercosur, quizás no se dé cuenta, quizás no le importe, pero geopolíticamente va camino a perder al Mercosur como socio privilegiado. Mientras tanto, el bloque no tiene ningún tratado como tienen otros países, y eso es lo que tiene que sincerarse, ver cómo se inserta.

-Pero, dada la situación política en los respectivos países miembros, ¿cree que es posible en el contexto actual una desideologización interna del Mercosur?

-Más que desideologización, creo que no hay puntos en común en materia de intereses comerciales que los impulsen. La inversión trae comercio, el comercio trae empleo y el empleo la paz social. Tú mirás el continente más desigual del planeta, el efecto de la pandemia y el mercado del Mercosur con dificultades, y te das cuenta de que la culpa la tienen los países, que siguen arrastrando antiguos nacionalismos y atávicos pensamientos de corto plazo.

Y la ideologización, lo que ha hecho de un lado y de otro es que en los aspectos político-electorales importe más una elección que una estrategia de mediano plazo. Antes te podías dar el lujo de esperar un tiempo, pero como viene la cosa, y todo el sistema digital, el comercio, es para preocuparse. La gran crisis del comercio internacional es que no funciona la gobernanza de la OMC (Organización Mundial del Comercio), cada uno va por su lado.

-¿Cuál diría que es el gran problema del Mercosur en términos de competitividad?

-Es la infraestructura. Yo, hace 25 años, firmé el dragado del Canal Martín García, y todavía estamos en eso. Después, Uruguay tuvo el problema del bloqueo de los puentes durante cuatro años. Menos mal que eran países amigos. ¿Y la respuesta de Brasil cuál fue? “Esto es asunto bilateral”. No. Era un asunto del Mercosur.

La semana pasada cumplió 60 años el planteo geopolítico de la hidrovía de la cuenca de la Laguna Merín, y no tenemos ni puerto ni dragado ni salida de productos. Si no tenés costos competitivos para sacar un producto por un puerto con requerimientos importantes, los demás países que compiten con tus productos más cerca, como puede ser la demanda china, te sacan del mercado.

La variable de ajuste en este tema es la mipyme, el tejido social de toda esta región, que ha sufrido y que parece que la voluntad política no entra en sintonía con esto. El Mercosur… el sistema de integración así planteado, es una mascarada, porque no tiene resultados concretos.


Los pasos a seguir para aumentar el comercio en la región

-El comercio intrarregional de América Latina es del 12% y de Aladi el 11%, frente al 50% de Europa y al 40% de Asia. ¿Qué propone para aumentar el comercio y el empleo en ese marco?

-Los instrumentos los tienen todos, incluso en el ámbito de la Aladi, tienen los tratados de alcance parcial –el Mercosur es uno-, los acuerdos bilaterales, más de ciento y pico de tratados entre todos los países. Y en forma inteligente desarrollaron el principio de la convergencia, es decir, tenés un acuerdo y lo abrís, y ahí vas abriendo más el comercio.

Ahora, para aumentar el comercio se necesita no solo voluntad política, sino también asumir geográficamente el tema de la estructura productiva. Por ejemplo, el Aladi-México tiene el 90% de su comercio con Estados Unidos, Paraguay tiene casi el 50% con el Mercosur o con la región, Chile ahora está teniendo acuerdos con el Pacífico, y está el tema de China.

-Entonces, ¿cuál sería la solución?

-Para mí, la solución es tratar de abrir el comercio bien, fomentar al pequeño y mediano empresario, ese que se cayó, el que está con dificultades, pero darle la posibilidad de que tenga un acceso al mercado. ¿Cuál es el tema más serio de la región? No son los aranceles, son las normas, como decía, y yo estoy trabajando en una convergencia normativa, sobre todo en materia agrícola.

-¿Con qué objetivo?

-Con el objetivo de que todos podamos tener las mismas normas y no una distinta de la otra, porque esas después terminan siendo las barreras de comercio que de afuera te van imponiendo o invocando un tema ambiental, entonces, hay que buscar esa convergencia normativa en particular.