A los 89 años fallece notable intérprete que fuera dirigida por los más grandes, deja 145 películas

Jeanne Moreau > MIRADA MONTEVIDEANA

Por A. Sanjurjo Toucon

Los años cincuenta fueron especialmente particulares para los uruguayos. Para bien o para mal, en 1950  Maracaná queda a los pies del fútbol uruguayo. Luego el fútbol uruguayo fue colocado a los pies de otros. En 1958 se celebran elecciones nacionales. Por la tarde del 30 de noviembre, los colorados, gobierno desde los inicios de la patria comprobaban que las urnas comenzaban a serle esquivas. La noche de ese domingo la agrupación del Partido Nacional, UBD (Unión Blanca Democrática), celebraba la victoria.

Los sueños de la UBD (“O gana la UBD o todo sigue como está” era su eslogan), lo fueron de  una sola noche;  al despertar comenzó la pesadilla. Una habilidosa jugada política: la alianza del Herrerismo con Chico Tazo (Benito Nardone, un peculiar caudillo del Ruralismo, de   origen colorado) con los votos recibidos del Interior, fueron finalmente los vencedores.

Esa década vio también al Gral. Dwight D. Eisenhower, héroe de la Segunda Guerra   Mundial, llegar al Uruguay en visita fraterna (en realidad una inspección de empresas norteamericanas en el Uruguay).

La llegada de TV, el florecimiento de las exhibiciones cinematográficas, que a comienzos de la década superaran los veinte millones de espectadores, conmocionaron a la industria del ocio.

Esos fueron los años en que en Punta del Este se realizaron los fastuosos festivales cinematográficos de 1951 y 1952. El resto es silencio. No obstante, algunas cinematografías europeas, deseando competir con  el monopólico Hollywood, iniciaron la moda (que dura  hasta hoy) de realizar “Semanas” de tal o cual cinematografía. Las mismas continuaron (también hasta hoy) en el vetusto cine Cantegril, la sede de los Festivales.

En marzo de 1958, el balneario puntaesteño asistió a una Muestra de cine Europeo, que fuera presentada por diversos actores y actrices visitantes. Aunque no conocemos el informe meteorológico de esas jornadas es de suponer era cálido. Al menos eso era lo que reflejaba desde su  bikini, la actriz francesa Jeanne Moreau (1928-2017) en las arenas de la Brava. Había llegado para presentar el film en que actuaba: “Ascensor para el cadalso” del notable Louis Malle, joven director de 26 años, que sería amante de la actriz (los términos compañero o pareja aún tenían connotaciones pecaminosas).

Con más de 140 films de numerosísimos realizadores, Moreau impuso su sello de manera impresionante. Moreau era sus personajes. Su  condición de mujer libre y desprejuiciada, puede verse hoy como la “avant-garde” de los feminismos actuales. Curiosamente, o no tanto, los personajes que representara, parecen encerrar siempre un cierto aire factible de la Moreau mujer, esa que se refleja nítidamente en sus declaraciones y corroboran justamente actores y directores con los que trabajara.

Entre tantas adjetivaciones acerca de Moreau, puede decirse que era sensual, con una carga erótica que supo dosificar. Más allá de su boca con gesto duro, retorciéndose limitada por un poderoso mentón, se halla la “mujer fatal” con un sentido buñuelesco.

Su vida sentimental no parece haber sido turbulenta pero sí amplia, según su  propia valoración de la misma. Una nómina en que se hallan François Truffaut, Pierre Cardin, Tony Richardson, Miles Davis, y un lustroso etcétera. Al respecto dijo:

“He seducido a muchos hombres. Siempre me  incliné por hombres con talento. No tuve amantes por tenerlos.