“La palabra de Mujica dentro del MPP ya no es palabra santa”

Jorge Lanzaro, politólogo, investigador del Instituto de Ciencia Política de la UdelaR


A pesar de que los tres principales líderes del Frente Amplio (FA) apoyan el TLC con Chile, hay fuerzas internas que lo frenan. Entre ellas, parte de su sector mayoritario: el MPP. ¿A qué se debe? Para el politólogo Jorge Lanzaro, a que Mujica ya no tiene la misma incidencia sobre su grupo que hace unos años, y dentro del mismo han surgido corrientes renovadoras. En entrevista con CRÓNICAS, el doctor en Ciencia Política realizó un análisis de las administraciones frenteamplistas, señaló que probablemente el caso Sendic genere una pérdida de votantes de izquierda, y explicó por qué a la oposición le cuesta construir liderazgos.

Por Magdalena Raffo | @MaleRaffo

-Antes de que Tabaré Vázquez asumiera su segundo gobierno, analistas decían que el mandato lo encabezarían dos figuras: él y José Mujica. ¿Eso se dio?

-En su primer gobierno, Vázquez era el jefe unitario del partido y una figura por encima de los distintos sectores del FA, con una pertenencia socialista remota. El gobierno lo construyó con ese perfil, es decir, puso cuatro o cinco ministros de su cerno y prácticamente todos los jefes de sector del FA, con la condición específica de cierto mayorazgo de Astori en el Ministerio de Economía.

Eso con Mujica no se dio, porque era más el referente de un sector del FA que una figura de perfil generalista como Vázquez. Mujica buscó la asociación con Astori, que ha sido en estos tres gobiernos del FA una figura absolutamente central, quizás el dirigente que más rumbo parecía marcar, y pactó con él una suerte de división de tareas.

Cuando llegamos al segundo gobierno de Vázquez, el esquema era muy distinto del primero: Mujica era la otra gran cabeza. Vázquez volvió a colocar a Astori en el comando de la política económica, y a otro conjunto de figuras ministeriales de su confianza. Puso gente de todos los sectores, pero no armó el gabinete en una conversación con Mujica, sino que él se enteró por el diario. Lo único por lo que Mujica saltó fue para quedarse con el Codicen, que generó lo que después vimos en materia de políticas educativas.

-¿Cómo evalúa esa relación?

-Un escenario posible era que Vázquez se entendiera con Mujica en cierto tipo de cosas, pero eso no parece haber ocurrido. Vázquez estaba en el gobierno y Mujica actuaba como en off, viajando, en apariciones fuera del país muy resonantes.

Por otro lado, Vázquez buscó algo que no hacía tanto en el primer gobierno, que es su salida al público y utilizar la Presidencia como púlpito para prédicas. Mujica la utilizó hasta el cansancio. Esta estrategia es muy importante para la construcción de liderazgo, siempre y cuando tengas una política que ofrecer, porque Mujica podía usarla mucho, pero no necesariamente se traducía en productos políticos contundentes, salvo el caso de la marihuana.

-¿Y para qué la usaba?

-Para estar en el candelero y mantenerse en vilo, pero no en términos de hilado. Los presidentes usan ese tipo de estrategias para vencer resistencias y ganar adeptos en el público. Hay ejemplos históricos, como Roosevelt en los Estados Unidos, o Lula en América Latina, que tenían esa capacidad enorme de comunicación, pero con una agenda, con un propósito político determinado.

-¿A Mujica le faltó esa agenda?

-Con Mujica uno no sabía si lo más importante en su agenda de gobierno era la educación o las dunas del Polonio, porque todo andaba más o menos en el mismo rango de prioridades. De hecho, tuvo algún efecto importante en algunos temas, y en otros era una especie de gimnasia permanente que lo mantenía en vilo, pero que no se traducía en productos políticos.

-¿Y Vázquez?

-Vázquez en este gobierno salió un poco más al público, no solo en los Consejos de Ministros abiertos, sino en más salidas públicas, más contacto con la prensa, cultivando su propio perfil bien distinto al de Mujica, de ser un profesional, un médico, un combatiente de la salud y de los problemas específicos –el tabaco, el alcohol-.

“Con Mujica uno no sabía si lo más importante en su agenda de gobierno era la educación o las dunas del Polonio”

-Quizás porque la estrategia que mantuvo en el primer gobierno no le serviría en este.

-Sin embargo, lo que sí mantuvo, y eso es importante, fue el Consejo de Ministros, que es un organismo efectivo; lo fue en su primer gobierno y fue una novedad, porque antes se reunía una vez cada muerte de un obispo. En cambio, en el gobierno de Vázquez, se juntaban todos los lunes religiosamente como mecanismo de decisión, intercambio y resolución de conflictos entre distintos enfoques y roces en algunos temas. En este gobierno lo repite, con un gabinete con una composición un poco distinta, porque no son los jefes del FA.

-¿Es representativo del Parlamento?

-El gabinete refleja relativamente la composición parlamentaria, quizás el primero la reflejaba mucho más puntillosamente porque estaban todos los jefes formalmente. Este no tanto, y las figuras del MPP o del Partido Socialista, por ejemplo, no tienen el anclaje representativo…

-Hay muchos ministros independientes.

-Hay hombres y mujeres del presidente que responden a su confianza, otros tienen pertenencias partidarias, pero no tienen aquel reflejo que llevaba a que el hecho de tener determinadas figuras en el gabinete tenía una repercusión importante a nivel de las bancadas. Además, Vázquez se encuentra con una situación bastante distinta en el sentido de que el MPP tiene la mayoría de los legisladores, es realmente una fuerza importante, y ese trato jefe a jefe que uno podía ver en las conversaciones Lacalle-Sanguinetti-Batlle no formales, no pareció ocurrir como mecanismo hábil de gestión política.

De golpe Mujica dejó esa figuración internacional tan activa y empezó a estar mucho más tiempo en el país. Pero, por ejemplo, ¿por qué no se termina de resolver el TLC con Chile, cuando Mujica ha dicho varias veces que lo apoya? Si dos jefes tan importantes, y ni hablar Astori, están a favor de la aprobación del tratado, quizás sea porque la palabra de Mujica dentro del MPP ya no es palabra santa; hay corrientes de renovación, de gente más joven.

lanzaro2-¿Ha perdido liderazgo?

-Mantiene el liderazgo porque mantiene la expectativa; nunca termina de decir que no ni que sí a la candidatura presidencial. Si realmente se supiera que su carrera política va a terminar en marzo del 2019, entonces su peso político bajaría. Al mismo tiempo, muchos saben que los votos del MPP son votos de Mujica. Ahí hay una situación complicada: el sector mayoritario del FA, que debería oponerse o apoyar determinados productos políticos, no termina de definirse, y eso genera cierto debilitamiento del gobierno.

-¿Ese debilitamiento tiene que ver con que la desaprobación de la gestión por parte de la opinión pública sea mayor que la aprobación?

-Un tercer período de gobierno al hilo genera desgastes, sobre todo en un ciclo económico que ya no es de las vacas gordas. Y ha habido conflictos desgastantes y aburridores. El tema Sendic cansó a la ciudadanía uruguaya de una manera ferviente. Se demoró mucho en resolver, y se resolvió en forma razonable porque se hizo en la interna del partido, pero fue después de un período de desgaste público y un comportamiento personal de Sendic por momentos inexplicable. Lo del título, los temas de Ancap… eso no ha quedado claro para la ciudadanía, más bien ha quedado entreveradísimo.

-Sin embargo, Vázquez lo defendió luego de su renuncia.

-Vázquez tuvo dos momentos un poco distintos. El primero, cuando dijo: “Si fuera yo, renunciaría”… más claro echale agua. De todas maneras, la Vicepresidencia de Sendic no fue como la de Astori ni como la de Rodolfo Nin; era una figura del montón, es decir, no es una pérdida para el gobierno desde el punto de vista de la gestión política. El segundo, cuando se produjo la renuncia, Vázquez dijo que no había una crisis institucional, sino política. Es correcto que lo haya dicho, pero después como que tenía que hablar hacia adentro del FA por las amenazas que había del lado del grupo de Sendic, de algunos de los diputados, es decir, al tener que estar contando hasta el milímetro los votos, se permitió este segundo acento.

-¿Lo hizo para no perder el apoyo parlamentario de la 711?

-Y al mismo tiempo esto de jugar para adentro y para afuera; no era una cosa que tenía que hacer en el mismo momento.

-¿Y cómo quedó el FA después de ese episodio?

-El FA quedó relativamente desgastado, el trámite del asunto puso en jaque toda la maquinaria del FA y la bancada. Se podrían haber ahorrado lo del subsidio, no creo que pasara nada si Sendic cobraba el subsidio en el 2019, al término del mandato para el que fue electo, como dice la Constitución. Esa desprolijidad de Lucía Topolansky fue totalmente innecesaria, porque no es que estaba hablando para el grupito de Sendic, el FA había tenido suficientes contemplaciones con él.

“La desprolijidad de Topolansky con el subsidio de Sendic fue totalmente innecesaria, el FA había tenido suficientes contemplaciones con él”

-¿Puede tener costos políticos?

-Sin duda va a tener costos políticos todo el conjunto del desgaste, es decir, una menor fuerza en la agenda política. La agenda del primer gobierno del FA era muy potente en términos de productos que venían muy preparados para ser desarrollados como políticas, en un contexto económico muy favorable. Eso no pasó en el gobierno de Mujica, donde en la política energética sí había un liderazgo determinado de parte de Ramón Méndez y hubo un acuerdo interpartidario importante, pero en otros planos su agenda varió hacia productos como la marihuana, el matrimonio igualitario.

-La llamada agenda de derechos.

-La agenda de derechos, por una inclinación que no parecía ser la del propio Mujica, que él adoptó a falta de poder adoptar otras. Algunas cosas son propias, como la UTEC (Universidad Tecnológica del Uruguay), la descentralización educativa.

Probablemente lo de Sendic tenga alguna incidencia de acá a las elecciones, capaz que el FA pierde algunos puntos, pero de todas maneras tiene un techo importante, sigue siendo una asociación potente para competir, para gobernar y para que sus cuadros estén asentados en el Estado. Hay muchos electores frentistas que hoy están alejados, pero que si el FA pudiera perder la elección, podrían perfectamente volver a votarlo.

-¿Cómo vio la asunción de Topolansky? Tras su llegada al Parlamento se reactivaron ciertos ámbitos de coordinación que estaban un poco paralizados. ¿Y su relación con Vázquez?

-Eso es interesante, precisamente, porque la función del vicepresidente es bifronte, forma parte del círculo del gabinete y al mismo tiempo es el jefe o el enlace del Senado y el conjunto del Parlamento. Eso Rodolfo Nin y Astori lo cumplieron en forma muy específica, ese era su trabajo, su responsabilidad.

-¿Algo que Sendic no estaba cumpliendo?

-Seguramente no.


lanzaro3“La oposición tiene un tema de construcción de liderazgos que es trabajosa”

-¿Cómo ve el rol de la oposición hoy?

-La oposición tiene un tema de construcción de liderazgos que es trabajosa. El Partido Nacional (PN) y el Partido Colorado (PC) se enfrentaron a una cosa a la que el FA se está enfrentando, y es que los liderazgos que llevaron la batuta a partir de la transición democrática –Batlle, Sanguinetti y Lacalle- cumplieron su ciclo, y producir un relevo de liderazgos en los partidos no es sencillo.

En el PN parecería que Larrañaga arrastra una dificultad permanente para figurar en términos de un liderazgo competitivo eficiente, con más dificultades últimamente dentro de sus propias filas, y Lacalle ha sido una sorpresa atractiva, pero tampoco se presenta como una gran figura. Si lo comparamos con su padre, con Luis Alberto Lacalle, es realmente una diferencia de liderazgo, de ideas y de fuerza política muy distinta, y esas cosas se pagan. Probablemente ha ido aprendiendo a moverse, ha trabajado, tiene equipos.

-¿Y al PC cómo lo ve?

-El PC es un enigma. Bordaberry era una referencia, Amorín lo es, pero no tiene un arrastre importante. Hay figuras importantes, pero que no han despegado. Es muy difícil porque el FA le comió el electorado sobre todo al PC, y el PN no llega a constituir dos grandes sectores potentes.