Schmidt Premoldeados se convirtió en una empresa innovadora desde el momento mismo en que se forjó. Después de 30 años, sigue estando a la vanguardia en el sector de la construcción. Mano a mano con Empresas & Negocios su fundador, Oscar Schmidt, repasa los hitos de la compañía a lo largo del tiempo, establece cómo evolucionó el negocio y cuáles son las líneas de con mayor desarrollo.
Oscar Schmidt, fundador de la empresa y la mente detrás de todo el desarrollo, no es ingeniero civil. Es que el lector podría pensar que quien está detrás de una empresa que se especializa en prefabricados de hormigón para obras, cuenta con esa especialización. Pero no es así. Quién está al frente de la dirección de la empresa es ingeniero industrial mecánico, y la idea que originó lo que hoy es Schmidt Premoldeados surgió a principios de los años 90, cuando se encontraba trabajando para una curtiembre. Cuando Oscar armaba los cronogramas de trabajo, coordinaba la llegada de maquinarias y su instalación en lugares adecuados, entre otras actividades, se dio cuenta que la construcción en ese momento era “nefasta”, y que los tiempos de obra eran eternos.
A raíz de su observación, se planteó cambiar la construcción. Se dispuso a estudiar el rubro, a averiguar qué es lo que había en el mundo que fuera innovador y fue así que llegó a los prefabricados en hormigón, un invento de los alemanes que surgió después de la segunda guerra mundial, cuando tuvieron que reconstruir el país sin dinero, sin gente y sin mano de obra.
“Plata, mano de obra y tiempo”, esas son las claves del trabajo y la tecnología que conforman el ABC de la empresa, según su fundador. En aquel entonces, se contactó con el Ministerio de Relaciones Exteriores y llegó a Italia, a la zona de Milán, Torino y Piemonte, donde el premoldeado estaba desarrollado y concretó una alianza con una empresa italiana. Así comenzó.
Schmidt Premoldeados fue pionero en Uruguay, no solo en montar una planta de hormigón premoldeado, sino en el hecho de tener ingenieria italiana de primer nivel, cuando en la región ese tipo de tecnología solo se podía encontrar en Córdoba, Argentina. Sin embargo, el principal y primer desafío que tuvo la empresa fue adaptar la forma de trabajar de los ingenieros uruguayos. “Era una sistema en el que no creían y no los convencía”, cuenta hoy Oscar Schmidt. Un cambio de esa magnitud, en una sociedad conservadora como la uruguaya, fue un trabajo muy duro, reflexiona hoy con el diario del lunes y la historia ya conocida.
Los inicios
La empresa tuvo su arranque en 1996, pero se empezó a trabajar en obra recién en 1997, aunque enseguida estalló la crisis en el país. Fue a partir del 2003 cuando la actividad empezó a tener otro dinamismo. Ese, podría decirse, fue el año del “clic”. Fue cuando la economía empezó a dinamizarse, junto con el sector exportador. Sus principales clientes estaban, precisamente, en ese sector y en los frigoríficos, sobre todo para el desarrollo de plantas de desosado. Luego llegaron las plantas de armados de autos, la construcción de edificaciones para distintos hipermercados y parkings de shoppings, como así también edificios. En los inicios, la planta estaba instalada en la calle Servando Gómez, en Carrasco Norte, en un predio de tres hectáreas con una nave de 20 metros por 100. Hoy la empresa se erige en Camino Los Aromos, en Canelones, y cuenta con aproximadamente 120 empleados. En la planta de premoldeados trabajan unas 55 personas, que se enfocan directamente en la producción, con una cantidad baja de horas hombre por tonelada de hormigón producida.
La fábrica trabaja con mucha eficiencia desde el punto de vista de la sustentabilidad en la producción, con un enfoque importante en lo que refiere a los ahorros. Con la tecnología que aplican, es posible no esperar 20 días para desencofrar, como usualmente ocurre con los métodos tradicionales.
“Esto es como un Lego gigante”, define Oscar Schmidt al trabajo de montaje que realiza la empresa con sus premoldeados. De esa forma, con poca gente en la obra y con grúas, logran montar las piezas prehechas utilizando una grúa y posteriormente anclando unas con las otras. Es así que, desde que empieza el proceso de creación de una pieza hasta que está pronto, pasan ocho horas de fraguado y en total son 15 horas desde que se coloca el hormigón hasta que se desmolda.
Schmidt cuenta que sus ingenieros desarman las piezas que van a utilizar y luego esa ingeniería tiene toda una logística. Se determina qué pieza va primero y cuál va después, con cada segmento numerado. En forma posterior, cuando está pronto el terreno, se cargan camiones en la planta, van a la obra y las grúas las montan, a una velocidad “increíble”, según narra quien está detrás de cada paso.
Un proceso de constante adaptación
“Un golpe que nos hizo cambiar fue cuando liberaron la importación de galpones chinos, que terminaban costando menos de la mitad que lo que ofrecíamos nosotros, aunque la calidad era muy inferior. Eso nos impactó en el negocio de galpones”, reflexiona Schmidt. Sin embargo, reconoce que eso los hizo migrar hacia otros rubros y proponer a sus clientes estructuras de mejor calidad, como shoppings, parkings para autos y plantas de oficinas.
“Ahí desarrollamos otra línea de trabajo, relacionada con la estructura para edificios. Tenemos más de 500 obras hechas hoy en todo el territorio de Uruguay”, remata.
Para la fabricación de sus productos se utilizan insumos nacionales, incluso el hierro se adquiere a empresas locales. Sí se importan cables para pretensado desde Brasil e Italia.
Con una capacidad de 50.000 toneladas de hormigón premoldeado, que en breve la empresa incrementará a 60.000 con una ampliación en 2026, el lector podría pensar que en Uruguay no hay mercado para esa cantidad de producto. Pero sí lo hay. “En Uruguay hay mercado de sobra”, dice Schmidt, pero advierte que es necesario volcarse de lleno al mismo.
Con una plaza que presenta constantemente variaciones, la empresa debió adaptarse continuamente a las demandas a lo largo de estos años. Un claro ejemplo de ello fueron los primeros edificios sin columna ni viga del país, en los que la empresa participó y que llevó a Schmidt a tener un gran éxito en el segmento vivienda. “Trabajamos en evolución constante, no paramos y seguimos creciendo”, reflexiona al respecto su dueño.
“Hace 30 años que trabajamos y venimos a un ritmo importante en lo que estamos haciendo, con la tecnología que tenemos y con la posibilidad de crecer en productividad. En definitiva, hay que aumentar la calidad, la capacidad de producción y bajar los costos, para poder abrirse a otros mercados, como el de infraestructura urbana o lo que es el sistema de vivienda nacional”, concluye Schmidt.
La relación con el Estado
Schmidt Premoldeados trabaja junto al Estado en dos segmentos de vital importancia para el desarrollo del país: por un lado, vivienda, y por otro, obras de infraestructura. El ejecutivo cree, y está convencido, de que su empresa tiene la capacidad necesaria para atender al sector de la vivienda y las demandas que tenga la cartera especializada en ese ámbito. Ya han participado, y ganado licitaciones en varias administraciones del Ministerio de Vivienda. En ese sentido, y pensando en este rubro, la tecnología de mesas con equipo láser, una novedad que ha incorporado la empresa, para Schmidt será clave a la hora de brindar servicios a las obras públicas. Eso llevará a la compañía a ofrecer una cantidad de viviendas estables, con precios acordes y alta calidad en su producción. “Apostamos a poder llegar a 1.000 viviendas del orden de 50 metros cuadrados por año”, adelanta el ejecutivo.
En cuanto a las obras de infraestructura, ya se las que benefician al transporte como las de saneamiento, lo que muchas veces se puede ver en Europa o en los países más desarrollados de Asia, donde los trabajadores rellenan un hueco en una calle o se realizan intervenciones en la vía pública de manera ágil, el empresario considera que es viable hacerlo y poder replicarlo en Uruguay. Explica que es posible utilizar el método cut and cover (cortar y cubrir, en inglés) para realizar la obra con la mínima intervención en la vía pública. “Lo que se ve en el mundo a veces en videos, en China o Alemania, que abren y sacan una vía, un cruce, y en 20 horas pusieron un túnel por debajo, es viable acá en Uruguay”, remata el entrevistado.