La viuda alegre: entre la nostalgia de un pañuelo rojo y el vértigo del amor

Foto: Carlos Villamayor

El Ballet Nacional del Sodre presentó del 14 al 28 de setiembre La viuda alegre, bajo la dirección de María Noel Riccetto, con una coreografía de Ronald Hynd y la música de Franz Lehár, representada por la Orquesta Sinfónica Nacional del Sodre, dirigida por Nicolas Rauss. 

Por Mateo Castells

Un foco ilumina a Nicolas Rauss que sostiene con su palma derecha la batuta y con un fino movimiento marca el inicio del primer compás de la música y el telón se abre.

En el tinglado baldío hay un mueble en el centro, estatuas de mármol con banderas que se cuelgan a sus lados y dos candelabros que inducen al espectador en la atmósfera parisina de principios del siglo XX. Mientras las flautas dulces de la orquesta sobresalen, dos parejas de baile danzan serenas y cómplices y dan pie al inicio del argumento de La viuda alegre.

En la embajada de Pontevedro con sede en París, un baile tendrá lugar para conmemorar el cumpleaños del gran duque, al que asistirá la viuda más rica de Pontevedro, Hanna Glawari. Ante la inminente bancarrota de Pontevedro, las autoridades se plantean la siguiente solución: casar al conde Danilo Danilovitsch con la viuda.

En las vísperas del baile y a pesar de los malos augurios económicos, se desata una jarana y una algarabía que se representa en un baile histriónico que, con ademanes marcados al inicio de cada compás y con pantomimas que logran representar una borrachera, los cuatro bailarines expresan sobre las tablas una sensación de desorden.

El telón secundario que divide el tinglado en dos se abre y en los 23 metros de profundidad del escenario de la sala Eduardo Fabini, junto a las torres de mármol y las banderas, una escalera profunda que da al salón de baile y un vitral que mira la noche de París, iluminada por las farolas desparramadas por las calles, terminan de situar al espectador en el lugar necesario para comenzar a contar la historia.

El festejo comienza y los invitados llegan en parejas. Cuando la viuda aparece en escena, vestida de negro y sin tutú, genera una efervescencia en los concurrentes y es presentada al conde Danilo. Se produce una tensión que es explicitada por la música de la orquesta y mientras las 12 parejas bailan un vals pausado, la viuda y Danilo se sumergen en su trama, luego de que la bailarina con sus ropajes negros y una gracia sutil, danzara al frente del cuerpo de baile.

La tensión se retoma nuevamente. Lo que dicta el argumento es que Hannah y Danilo habían tenido un amorío previo a que Hannah enviudara, que había sido truncado por la negación de su tío aristócrata por el poco poderío económico de la mujer. 

En escena, Danilo se seca el rostro con un pañuelo rojo que la misma viuda le había dado tiempo atrás. La mujer se lo arrebata y se escapa por la escalera, despavorida. Tras su rechazo, Danilo, solo en el escenario, recuerda cómo era ella antes y, en una mímesis de su memoria, ingresa a las tablas, danzando con tintes de alegría y sin pudor, Hannah.

Ella aparece con un vestido mostaza perlado de una pieza y con un volante con ribetes. La pareja danza, libre y liviana, hasta que la viuda reingresa vestida de negro y reemplaza a la bailarina de vestido alegre.

Danilo y Hannah terminan el acto bailando juntos, justo cuando la música en compases de tres cuartos adopta un sesgo militar y los redoblantes sobresalen en el espectro sonoro.

De la embajada a los jardines de una villa parisina

La escena se traslada a los jardines de la periferia de la capital francesa, donde un recurrido baile se desarrolla nuevamente en honor al cumpleaños del gran duque.

La viuda, anfitriona de la velada, viste un vestido rojo incandescente y esmirriado. Nuevamente la jarana es representada con bailes con sobresaltos y puntillosidades en la música que exhalan alegría.

El clímax del acto se alcanza cuando 12 bailarines se coordinan y Danilo baila desplegando su figura con saltos que dan la impresión de que el hombre baila sobre algodones. Mientras sus pies se despegan del suelo dando la impresión de que cada contacto con las tablas será estridente, la suavidad de sus pasos mezclada con la vehemencia de su danza, hace que el público se deshaga en aplausos.

Con un ambiente distendido, la pareja principal se vuelve a encontrar. Hannah devuelve el pañuelo rojo a su pretendiente tras atárselo al cuello, en un mimo reconciliador y romántico, mientras la música deja atrás el estupor y sumerge al oyente en un ámbito de tranquilidad.

Pero Hannah, que tiene un amorío con Camille, el conde de Rosillon, se ve entre la espada y la pared tras ser descubierto por su aletargado pretendiente. Hay quienes dicen que entre la espada y la pared siempre se puede elegir la espada.

Todo cae por su propio peso

La escena se traslada a un restaurante que es representado con detalles cuidados y solemnes. De fondo, la torre Eiffel se yergue espléndida. Las parejas con su formalidad precoz danzan y entre las líneas de los pares que se intercalan al compás de la música estridente, los hilos del cómico desenlace que tiene el triángulo amoroso se terminan de tejer.

A través de bailes donde se intercambian parejas y violines que dan la pauta con notas agudas de la tensión que se representa en las tablas, el nudo se desata. La viuda queda sola en escena. Danilo aparece y ella lo recibe atónita. La pareja danza un vals parejo y tranquilo cuando el telón se cae y el público aplaude.

La compañía de ballet del Sodre representa La viuda alegre a través de la comedia y de forma tal que la obra tiende a un encuadre exagerado de ciertas situaciones que han sido un factor común a lo largo de la historia de la humanidad.

En las tablas se representa el desdén que suele tener el amor, con sus idas y vueltas, con sus altos y sus bajos y con sus blancos y negros, que llega a través de saludables shocks al espectador, que logran atrapar a quien escribe y a su cálida compañía, en una historia que no se desliga en ningún punto del argumento central de la obra. 


En primera fila: escuelas rurales al auditorio

Ayer jueves, día de la última función de La viuda alegre, 1.200 escolares con sus referentes y maestros visitaron la sala Eduardo Fabini para ver La viuda alegre.

La iniciativa es llevada a cabo bajo la consigna de un programa realizado por el Sodre en conjunto con el Ministerio de Educación y Cultura, a través de la Dirección de Educación, la Dirección de Cooperación Internacional y Proyectos, la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP) y la Asociación Uruguaya de Cooperación Internacional (AUCI).