Tenemos un problema

El 13 de Abril de 1970 se pronunció, desde el Apolo 13 -a raíz de un desperfecto técnico en los tanques de oxígeno de la nave espacial-,  una frase  que pasó a la historia: “Houston tenemos un problema….” (“Houston, we have a problem”).

Por Alejandro Weinstein

Cincuenta años después (2020), esa misma frase –cambiando “Houston” por “Humanidad”- define con precisión la situación que  se vive hoy en el planeta a raíz del Covid-19.

Sin dudas, el mundo ya no será el mismo el día después. Se experimentarán cambios cuya magnitud hoy no podemos estimar. Esos cambios van a afectar nuestra forma de consumir y, a la vez, van a definir en forma momentánea o permanente nuestro comportamiento a futuro.

Sin embargo, a cuenta de información que hoy no estamos en condiciones de manejar en forma predecible, de acuerdo a las informaciones que poseemos, no estamos en condiciones de manejar la situación en forma previsible. La historia es, de hecho, un rutizador ante situaciones que sociedad, países y el mundo han vivido. 

En 1942, en plena Segunda Guerra Mundial, Sir Winston Churchill, primer ministro británico, tuvo una idea brillante para paliar en parte el efecto devastador de la guerra en la población, principalmente en las mujeres. 

El mismo Sir W. Churchill exhortó a las mujeres británicas a que usaran “lápiz labial” en forma diaria o frecuente. Dicho comportamiento social, en un momento límite para el país y el mundo, no solo lograría efectos impensables, sino que el mismo, a través del tiempo, adquiriría distintos sentidos.

Se estudió y se dedujo que este comportamiento elevaba la “autoestima” y provocaba el “empoderamiento de una parte de la sociedad, cuyas vidas ordinarias resultaban impactadas por eventos extraordinarios”.

“Ningún labial va a ganar la guerra, pero simboliza el preciado derecho de las mujeres a lucir femeninas y hermosas en cualquier circunstancia”, sostenía Elizabeth Arden.

Rachel  Felder, psicóloga y escritora norteamericana, sostiene que “el pintalabios sube la moral, pero es mucho más que eso, en tiempos de crisis“.

En estos días en los que la gente está luchando con el estrés, el confinamiento, el desasosiego y la pérdida de seres queridos, entre otros, mostrar pequeños detalles como el de estar arreglados, más allá de estar en la casa o hacer mandados, nos hace sentir normales y distintos a la vez, más fuertes y con nuestra estima en alza.

El simbolismo de pintarse los labios es tal que a principios de este siglo, Leonard Lauder, por entonces consejero delegado de Estée Lauder, acuñó el término “efecto pintalabios”.

En estas crisis los consumidores dan prioridad a lujos “asequibles” en lugar de grandes inversiones.

Tanto después de la Segunda Guerra Mundial, como en Nueva York post 11S, o durante la recesión económica del 2008, las ventas de cosméticos florecieron. La cuestión es saber si el “lápiz labial” volverá a ser un barómetro útil de la situación financiera tras la crisis del Covid-19. Felder sostiene: “Creo que una vez que las tiendas físicas vuelvan a abrir, subirán las ventas de maquillaje, en especial los labiales, porque suponen una expresión firme de presencia”.

Parte de esto se debe a que en tiempos extraordinarios, la gente siente el deseo de “arreglarse”, mimarse, lucir lo mejor que pueda, como una forma de premio y recompensa.