De la crisis, a la oportunidad

Por Carlos Varela Ubal (*) | @CarlosVarelaMVD

Cuando aceptamos escribir esta columna el mundo estaba cambiando, y nuestro país todavía no lo percibía; o si lo tenía en cuenta, parecía un escenario muy lejano.  

Hacía poco del cambio de mando en el Uruguay, todas las noticias estaban centradas allí. Las que no, eran de fútbol o ya previsualizando una campaña electoral de cara a las elecciones departamentales y municipales de mayo, que llevarían a la culminación del ciclo electoral iniciado en 2019.  

Un día sí y otro también, veíamos con preocupación que el dólar subía, y el impacto inmediato que ello tenía en los productos de consumo y en la baja del poder adquisitivo del salario. Además, del claro impacto para todos aquellos que estaban endeudados en dólares, confiados en una hasta entonces existente estabilidad y previsibilidad de la economía, características de las que hoy se carece.

A su vez, avanzaba desde la coalición de gobierno multicolor, un texto de ley con declaratoria de urgente consideración, un texto que más allá de su contenido variado y por tanto con unos pocos artículos compartibles, otros mejorables y tantos otros desechables, claramente lesionaba la separación de poderes y con ello desmejoraba nuestra calidad democrática. 

A este escenario ya complejo que se instalaba en el país a pocos días de asumir el nuevo gobierno, debemos agregar un ajuste fiscal (o como se le intente llamar) aumentando las tarifas de los servicios públicos y recortando beneficios para quienes utilizan su salario para consumir, o sea, la mayor parte del pueblo uruguayo. Se hizo apostando nuevamente a viejas recetas del pasado, retirando la exoneración del IVA existente, apelando así al impuesto más fácil de cobrar pero al más regresivo. 

La pandemia, una realidad a superar

En esa difícil coyuntura que como país comenzábamos a atravesar, se le sumaba de forma inesperada el ingreso del COVID-19, la pandemia del Coronavirus. A partir de allí, el eje de la discusión y sin duda de las preocupaciones, cambió. Citando al ex Presidente Vázquez en una reciente entrevista periodística, en este escenario “lo que hay que privilegiar es cortar esta pandemia”, porque como él mismo agregaba “las enfermedades son problema para los médicos, pero la salud pública es un problema para toda la sociedad”. 

Es a partir de estas premisas que entendemos que aquí, cada uno en su rol, puede ayudar. Es algo que en otros órdenes de la vida hemos planteado, porque no hay temas de unos y otros. Hay temas que deben ser atendidos, hay asuntos que por su especificidad algunos son más útiles que otros para atenderlos; pero nunca hay temas en los que como sociedad no tengamos todas y todos algo para aportar. 

La actual preocupación de no aumentar el número de casos de contagio claramente responde a la capacidad del sistema para atender todas las situaciones, sin colapsar; ejemplo de lo que ha pasado en otros países, al extremo de tener que elegir a quienes atender desde una perspectiva de probabilidades a futuro. 

En ese marco, destacar la importante tarea de quienes están vinculados al sistema de salud (profesionales de la salud, funcionarios no médicos, y todos y todas quienes participan de la tarea sanitaria). A ellos le debemos ese mimo al alma que representa el aplauso que cada noche a las 21 hs. retumba en el silencio de una ciudad que está como apagada. 

La paradoja es que de nada servirá todo el esfuerzo realizado por estos, o quienes realizan otras tareas que han sido definidas como prioritarias (por ej. limpieza, comercio alimentario y sanitario, o transporte) si quienes pudiendo estar en nuestros hogares no asumimos la alta responsabilidad que tenemos. 

El #YoMeQuedoEnCasa no es un eslogan vacío, ni un presagio de vacaciones anticipadas e imprevistas, es una consiga que representa una medida sanitaria basada en la solidaridad y el compromiso social para evitar el contagio. 

Esta situación que hoy enfrentamos como país, en la medida que no nos cueste vidas, va a pasar y será una historia más para contar a nuestros hijos o nietos. Sin embargo, el dolor y la incertidumbre que está generando hoy, y los seguros impactos al futuro cercano son difíciles de imaginar. 

La crisis no la puede pagar quien menos tiene

Lamentablemente, en un sistema capitalista, siempre los que menos tienen son quienes más sufren las crisis. Allí, es donde importa más que nunca el papel del Estado como protector de los más humildes. Es central que todos lo visualicemos, y que el Gobierno de turno asuma esta realidad con responsabilidad a través de sus políticas; no en lo discursivo sino en acciones reales y concretas. 

Con esto no estamos diciendo que no se están asumiendo, pero pensamos que se pueden focalizar aún más, en quienes se verán más afectados: en los pequeños emprendedores que visualizan que su futuro es incierto, en los asalariados que tal vez no pierdan su salario base, pero si otros ingresos propios de la actividad (ej. propinas), ni que hablar quienes ya están en el seguro de paro con la incertidumbre de saber si su fuente laboral se mantiene o no al culminar esta pandemia, y por supuesto, las poblaciones más vulneradas, aquellos compatriotas que viven del trabajo zafral, de las “changas” o quienes directamente hoy no tienen ingresos.  

 

Un aprendizaje colectivo

Este panorama complejo nos ha permitido visualizar en nuestro país la fortaleza de un sistema integrado de salud que fue fijado como prioritario en los pasados quince años de gobierno, y que hoy nos permite que la situación no sea aún más compleja. 

Asimismo, la situación de dificultad nos ha demostrado nuevamente el papel comprometido con la sociedad de nuestra Universidad de la República. Desde la Facultad de Ciencia, en conjunto con el Instituto Pasteur han logrado exitosamente el desarrollo del test que permitirá la detención oportuna del virus, profundizando nuestra soberanía en un mundo de patentes donde la salud es una mercancía.   

La comunidad organizada ha comenzado, con lo cuidados sanitarios necesarios, a desarrollar estrategias colaborativas para quienes menos tienen y más necesitan, aflorando esa solidaridad que nos caracteriza como sociedad. 

También, desde los desarrolladores de TICs, coordinando con el Gobierno, han desarrollado una plataforma que permite racionalizar las consultas presenciales iniciando pasos de telemedicina.

Por su parte, a nivel mundial, se nota una disminución sustantiva del nivel de contaminación del aire, un hecho que nos debe interpelar con referencia a nuestros hábitos y las formas en como nos relacionamos con el ambiente. 

Debemos aprender de esto. Porque más allá de la imprudencia de algunas personas, por suerte los menos, en una actitud propia de una visión individualista de la vida; podemos decir que la conducta colectiva ha sido de tomar el tema con responsabilidad. La pregunta sin respuesta que nos sigue quedando es, ¿qué pasará luego de esta crisis global sanitaria? 

Y la respuesta estará nuevamente en esa oportunidad del aprendizaje colectivo. Si cuando esto termine aprendimos a convivir en familia, si aprendimos a apreciar las libertades, si aprendimos a compartir más tiempo con los afectos, si logramos preocuparnos más por cómo estamos y no por cuánto tenemos; de la crisis sacaremos aprendizajes; si no es así, estaremos condenados a repetir el flagelo. 

#AlCoronavirusLeGanamosEntreTodos

 

(*) Alcalde del Municipio B – Asamblea Uruguay – Frente Amplio