Facilitación de comercio y la competitividad: dos conceptos necesariamente complementarios

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Por: Dr. Pablo Labandera, experto en comercio internacional y Derecho Aduanero

pablo@labandera.com.uy


En el presente trabajo pretendemos, de manera epidérmica, claro está, abordar dos conceptos que –necesariamente, por imperio de las circunstancias– deben ser sinérgicos y complementarios, a saber: la facilitación de comercio y la competitividad. Y a los efectos de precisar claramente ambas nociones, nos  auxiliaremos en las definición que de ellos nos brindan la “Organización Mundial del Comercio” (OMC) y el “Foro Económico Mundial”  (“World Economic Forum” / WEF), respectivamente.

Avance conceptual

Así, según la OMC, la facilitación del comercio es la simplificación y armonización de los distintos procedimientos que rigen el comercio internacional, contemplando por tanto las acciones, prácticas y formalidades necesarias para presentar, comunicar y procesar la información necesaria para la existencia del comercio exterior.

Por su parte, el WEF, define a la competitividad, como la serie de instituciones, políticas y factores que determinan el nivel de productividad de un país.

Ahora bien, delineados ambos términos, seguidamente nos ocuparemos de repasar brevemente cuál es el contexto a nivel del comercio internacional en relación a estos dos temas para, de ese modo, poder explicitar nuestra tesis al respecto. Esto es, que para mejorar las condiciones de desarrollo de un país, debe existir una sinergia entre facilitación y competitividad, pero con una limitante conceptual, a saber, que un excesivo énfasis de uno de estos aspectos, le puede restar efectividad al otro componente y con ello, afectar la “competitividad general” de la economía. 

A modo de introducción

En las últimas décadas, el importante crecimiento registrado en los volúmenes de comercio a nivel mundial, en América Latina y en nuestro país, particularmente,  se ha debido a múltiples causas. Entre estas cuentan condiciones macroeconómicas favorables, el incremento de los estándares de calidad y eficiencia, así como los esfuerzos regionales de integración que motivaron una marcada minoración de los aranceles aduaneros. 

Es en este contexto –y centrándonos ahora en nuestro comercio exterior– parecería necesario que nuestro país, por un lado, intente saldar su déficit de infraestructura y, por otro lado –amparado en sus servicios logísticos de calidad– redoble esfuerzos institucionales para dar una respuesta eficiente, definitiva e integral a los problemas existentes, sin lo cual, ineluctablemente se incrementarán los costos logísticos y nuestros operadores serán cada vez menos “competitivos”. Aquí es donde queda en evidencia el necesario binomio facilitación / competitividad, como instrumento de desarrollo comercial.

Facilitación y competitividad. Las TIC como catalizador de los procesos de facilitación

Es indudable que los procesos de facilitación mejoran sustancialmente el desarrollo del comercio internacional, y pueden aportar beneficios importantes para la comunidad internacional y consiguientemente, para nuestro país, al favorecer la reducción de los “costos de cruce de frontera”, propiciando –con ello– un mayor intercambio comercial.

El impacto de las medidas de facilitación sobre la competitividad es un tema extensamente investigado por la literatura especializada. Algunos de los resultados vinculados a la realidad latinoamericana muestran que la demora en los “cruces de frontera” puede representar entre un 4% y un 12% de “sobrecosto logístico”.  De igual modo, otros “estudios” precisaron ya hace unos años, en porcentajes, que al día de hoy perviven sustancialmente incambiados, que si –por ejemplo– se redujera en cuatro días el “tiempo de despacho” en el puerto de Santos,  los  “costos logísticos”  de Brasil, se podrían reducir hasta en un 16%.

A modo de conclusión

Pese a su fuerte crecimiento económico de los últimos años, Latinoamérica exhibe niveles de competitividad bajos, que, tras una ligera mejoría, se han vuelto a estancar incluso antes de la pandemia del covid- 19. Y nuestro país no ha escapado a dicha tendencia.

En dicho sentido se han señalado como principales dificultades de la región (mutatis mutandi, de nuestro país), las siguientes: un funcionamiento débil de las instituciones, unas infraestructuras deficientes y la ineficacia en la asignación de factores de producción. Esas “deficiencias”, que acusan el conjunto de las economías latinoamericanas, son el resultado de una competencia insuficiente y de una brecha en materia de formación, tecnología e innovación que impide a muchas compañías y naciones avanzar hacia actividades de mayor valor añadido.

Así, cabe recordar que, tras una década de constante progreso económico, sustentado en el alto precio de las materias primas y en la aplicación de firmes políticas macroeconómicas, los últimos datos revelan que la mayoría de los países de la región sufren un estancamiento en su desempeño competitivo, que –incluso el inesperado crecimiento en la demanda y el precio de algunos commodities–  no ha logrado cambiar. 

Es por ello que deben no solamente renovarse, sino también complementarse –o a lo menos intentar que se complementen– las políticas y factores que determinan la productividad de nuestra economía. De esta manera, se incrementará también el potencial de crecimiento y prosperidad de nuestro país.

Y ello porque, a pesar de las “debilidades” señaladas, tanto a nivel regional como nacional, puede afirmarse que Uruguay continúa aprovechando su marco institucional sólido y transparente, y su alto grado de conectividad digital gracias a los continuos esfuerzos para reducir la brecha digital con las economías avanzadas.

¿Cuál parece ser el camino a recorrer de ahora en más?

Sin duda alguna, poner el acento en el tema educativo, en todas sus áreas y niveles. La educación, la preparación tecnológica y la innovación, son el “trípode conceptual” sobre el cual edificar un país más competitivo, tanto a nivel regional como global. 

El futuro dirá.