Autoridad del FMI analizó el escenario económico internacional y destacó el compromiso de Uruguay con la sustentabilidad

“Esperar lo mejor, pero prepararse para lo peor”

Ayer jueves 14 por la mañana, la sala Enrique V. Iglesias del Banco Central del Uruguay (BCU) funcionó como sede para una charla expositiva sobre la coyuntura económica internacional entre Diego Labat, presidente de la entidad, y la economista Antoinette Sayeh, subdirectora gerente del FMI, una de las máximas autoridades de la institución que se encuentra en una visita de dos días al país.

Antoinette Sayeh está en su puesto desde el año 2020, es graduada con honores en Economía y tiene un doctorado en Relaciones Económicas Internacionales. Antes de su ingreso al FMI trabajó en diferentes cargos del Banco Mundial (BM) durante 17 años y formó parte de todo tipo de instituciones, fondos y juntas económicas internacionales en un extenso prontuario que incluye su desempeño como Ministra de Finanzas en su país natal, Liberia, de 2006 a 2008.
El conversatorio, titulado “Uruguay y la economía global: desafíos y oportunidades para lograr un crecimiento sustentable”, hizo honor a su nombre y ambos oradores ofrecieron su perspectiva sobre el estado actual del comercio internacional.

Sayeh mostró una postura positiva en términos generales. Expresó que, tras la pandemia y algunos shocks, el escenario económico global finalmente trae “buenas noticias” y se recupera consistentemente. El FMI prevé un crecimiento del PIB mundial de 3,1% para este año, algo que si bien es bajo, sería el reflejo de “las tensiones y la fragmentación” que generan los conflictos a gran escala. En 2025 la economía mundial crecería 3,2%. 

Por su parte, Labat opinó que “a veces quiere ser optimista” pero el contexto global no siempre lo hace posible, junto a los desafíos propios de la región. Sin embargo, para Uruguay destacó una economía que creció de forma importante “en el último trimestre del año”, “con un mercado laboral en buenas condiciones” y con un “proceso en el que, mientras el mundo se encontraba con inflación alta, Uruguay logró mantenerla y reducirla”, conquistando el nivel “más bajo de inflación en 18 años”.
Sayeh celebró el progreso y exhortó a darle continuidad, pero insistió en que en momentos de éxito es importante que los hacedores de políticas no “quiten el pie del acelerador demasiado pronto cuando aún hay trabajo por hacer”, o se generan “enormes consecuencias”. La economista del FMI expresó que, en base a ejemplos reales, se sabe que “los efectos de la inflación” afectan adversamente a “aquellos con menores ingresos”. Además, opinó que la experiencia en Uruguay y otros países de la región demostraron cómo la inflación puede llevar a la “sustitución de la moneda” o la “dolarización”, algo que resta efectividad y dificulta las políticas monetarias necesarias para enfrentarla. Es por esto que, en sus palabras, desde el FMI invierten constantemente en colaboración técnica y análisis para apoyar la toma de decisiones de este talante.

Políticas fiscales y de impacto estructural
Otro tema en discusión fue el rumbo de las políticas fiscales que impulsa el FMI y, del lado local, las reformas que implementa el BCU en la economía uruguaya.
Por un lado, Sayeh indicó que en parte por los embates de la pandemia hay países con “un alto nivel de deuda” y, en consecuencia, un “espacio fiscal reducido”. Aún así, valoró que en países de bajos ingresos, es un buen momento para iniciar el proceso de «reconstruir los buffer» macroeconómicos, aprovechando que la presión de la inflación es menor, lo que permite que la política fiscal “haga su parte en no elevar las tasas de interés”.
Para la representante del FMI es menester “curvar la deuda pública” para crear espacio para nuevos gastos, teniendo la precaución suficiente -en la ruta hacia ello- de proteger la seguridad social para mitigar el impacto que esto puede tener en los más pobres: “Hay muchos shocks que pueden llegar, y cuánto más esperamos esta reconstrucción se vuelve más difícil”. La economista liberiana también recomendó que los países con deuda, espacio fiscal reducido, que luchan contra la inflación y cuyo crecimiento económico es deficiente inviertan en “implementar reformas estructurales críticas”.
Por otro lado, Labat se centró en las reformas que se llevan actualmente a cabo en el país, como la de la educación y la seguridad social, junto con el nuevo rumbo que dictaminó la actual administración del BCU, con él a la cabeza. Tildó estas políticas como “fundamentales para aumentar la confianza que genera el país en la región y el mundo” y explicó que el programa central del BCU, llamado “Hacia una moneda de calidad”, consta de cinco pilares fundamentales: dejar claro que la preocupación central es la inflación, tomar como instrumento la tasa de interés, realizar un enorme esfuerzo en comunicar a todos los públicos, el programa de desdolarización y la libre flotación.


Predecir el futuro
Otro gran bloque temático trató sobre los riesgos que aún resta enfrentar y están presentes en la economía mundial. En este punto hubo consenso en que las autoridades deben “esperar lo mejor, pero prepararse para lo peor”, planificado cuidadosamente y “reconstruyendo los colchones de conservación de capital” en tiempos de paz y estabilidad.
Como riesgos presentes en la economía mundial, la desaceleración en China, la fragmentación económica, la suba del precio de las commodities, las dificultades que genera el endeudamiento de los países y, por supuesto, la inflación, son riesgos latentes que en todo momento se presentan como una posibilidad y amenazan la estabilidad.
Sayeh, además, se enfocó en dos dificultades específicas. La primera fue el cambio climático que en los últimos años enfrenta el mundo e impacta significativamente en las economías con sequías, inundaciones y climas adversos para el agro, algo que según ella “esta región lo sufre bastante y lo sufrió con fuerza durante el último año”. La segunda tiene que ver con las tensiones geopolíticas internacionales como “la invasión rusa a Ucrania”, la situación en Medio Oriente y otros conflictos en países alrededor del mundo. Estos conflictos, aseguró, “generan fragmentación, cambian los patrones de intercambio” entre países que limitan y ven con incertidumbre las rutas de mercado y abastecimiento, además de los riesgos para la seguridad que deben enfrentar de forma constante.



“Cultura” verde para “hacer su parte con el planeta”

Durante su intervención, Sayeh reconoció enfáticamente el compromiso de Uruguay con “hacer su parte con el planeta” y dijo estar impresionada por los esfuerzos que el país lleva adelante en clave de sustentabilidad, posicionando al país “a la vanguardia en el tema”. Planteó que “es un tema existencial” que el FMI define como “macro crítico” y “prioridad total”, aunque es “caro de financiar”.
Labat planteó que un claro objetivo de la economía uruguaya es que “dentro de la política país” se busca que los principios de sustentabilidad ambientales, sociales y de gobernanza queden claros para que “los agentes económicos lo incorporen más rápido en sus decisiones de ahorro e inversión”. Para el BCU es importante presentar una “clara hoja de ruta” para “mostrar qué hacemos, y qué vamos a hacer” para que todos estén en conocimiento de “las reglas del juego” que dirigen al país.

Como dato a destacar, Labat recordó que el BCU ha sido uno de los primeros en la región en invertir parte de sus reservas en activos sustentables, además de trabajar en las “mesas de finanzas sostenibles”, educando y desarrollando políticas con el apoyo del Banco Interamericano de Desarrollo. Año a año, el Uruguay incorporó el tema “a su cultura”, según el presidente del BCU.