“Hoy la región vive una turbulencia generalizada y Uruguay no está en ella, afortunadamente”

ENTREVISTA

Didier Opertti, excanciller y exministro del Interior

La visión de quien ocupó cargos de trascendencia en gobiernos anteriores y representó a Uruguay en organismos internacionales, resulta fundamental a la hora de hacer un balance sobre temas de actualidad. En entrevista con CRÓNICAS, Didier Opertti destacó que este gobierno tiene posiciones “un poco ambiguas” en cuanto a una postura internacional “identificable” y que hoy la región vive una “turbulencia generalizada” de la que Uruguay no es parte. En cuanto al plano global, subrayó que hay un “uso y abuso” de la mención de la guerra nuclear como un factor de administración.

-¿Cómo evalúa los movimientos en materia internacional de este gobierno?

-La primera idea es que la política exterior debe tener una permanencia y una identificación que en el mundo internacional permita saber o prever cuáles serían las decisiones que cada uno de los Estados puede tomar. Política de Estado no significa que el gobierno que suplanta o sustituye mediante un proceso electoral libre a otro, tenga una política exterior idéntica. Hay algunas cosas del Estado que tienen una continuidad en el tiempo que la colocan por fuera y por encima de los gobiernos. Hay algunos aspectos en los que, en mi modesta opinión, se ha mezclado lo ideológico con la política exterior. Entiendo perfectamente que la ideología del partido político que hoy tiene el gobierno es diferente, en muchos de sus principios, a lo que primaba en el gobierno anterior. Sin embargo, creo, y esto tiene rango constitucional, que se ha autolimitado en su orden político, social e institucional, de forma libre, mediante la Constitución y leyes competentes. Lo ha hecho luego de un proceso traumático, que tuvo sus etapas de turbulencias y grandes confrontaciones, pero hoy el país está en otra etapa y tiene otra rotación en el ejercicio del poder, que es muy sano para la democracia. Y allí es donde aparece ese relacionamiento externo que yo señalo. 

-¿Cuál cree que es el lugar que tiene Uruguay en este mundo convulsionado?

-Uruguay apostó siempre a la solución pacífica de las controversias. Ese compromiso persiste y el país debe abogar en favor de ello. Mientras nosotros hablamos pacíficamente, hay gente muriendo y localidades destrozándose, en pleno siglo XXI, cuando pareciera que la modernidad nos ha envuelto a todos. Y en todo esto, aparece la globalización. En definitiva, es un fenómeno que no se puede simplificar diciendo que es puramente tecnológico. Lo que sucede es que en el tiempo de la Guerra Fría había una ideología capitalista de un lado y una ideología definida como comunista del otro. En la globalización, los Estados aparecen con vínculos que no son solo ideológicos, sino que tienen mucha profundidad y alcance en el terreno del comercio y la cooperación. Y ahí el discurso ideológico pierde rigor. Ya no importa tanto saber si un Estado es autoritario o no. En este nuevo cuadro de situación, Uruguay debe tener una guía.

-¿Y cuál es esa guía?

-Desde mi punto de vista, Uruguay tiene una guía que está fijada por la Constitución. Somos una república democrática y representativa, con algunos instrumentos de ejercicio directo de la democracia. Por lo tanto, Uruguay no puede dejar de expresar su rechazo a lo que puede constituir la violación de los principios fundamentales en materia de derechos humanos. Uruguay no puede dar muestras de que su relación internacional puede extenderse de tal manera, que en ella quepan países que no están próximos a esos principios. Hoy la región vive una turbulencia generalizada y Uruguay no está en ella, afortunadamente. 

-¿Y hacia dónde debe dirigirse Uruguay en sus relaciones internacionales, además de esos aspectos que menciona?

-Los próximos movimientos de Uruguay deben ser muy claros en el sentido de su pertenencia al sistema occidental, con sus valores y principios, separando convenientemente lo que son los intereses del comercio de lo que son los intereses políticos. El comercio lo hacen los particulares y transita por una vía diferente a la vía de las relaciones internacionales. El gobierno actual está a veces en posiciones un poco ambiguas en cuanto a una postura internacional claramente identificable. El mundo internacional hoy tiene grandes cambios, con Donald Trump en Estados Unidos que rompe muchos códigos políticos, que en muchos casos no responde estrictamente a su sistema constitucional, que toma decisiones en el plano interno e internacional que no son propias de un país que ha liderado una gran parte del mundo. Y eso influye en el discurso de los países, como influye el conflicto de Hamas e Israel o de Israel e Irán. Es natural que la opinión sobre esos fenómenos haga una sumatoria y que las personas miren el mundo y se pregunten dónde está el liderazgo.

-¿Qué cree que hay detrás de los movimientos y la postura de Donald Trump? Uno podría pensar, referido a las medidas arancelarias, que se trata de una intención de destruir la tasa de interés y así generar un equilibrio fiscal, teniendo en cuenta el alto nivel de deuda que tiene Estados Unidos.

-Hay un nacionalismo exacerbado que toma forma de medidas económicas usando el arancel externo como un mecanismo de presión política, lo que es un fenómeno inédito. El arancel siempre ha tenido un rol muy protagonista en las relaciones económicas de los Estados, pero ha sido manejado dentro de los cánones de la economía y el comercio internacional con sus normas. Observo en esta situación que Estados Unidos ha aplicado la política de el que pega primero, pega dos veces. Y lo hace dentro de un clima internacional cuya fragilidad se pone de relieve, cuando se habla incluso de la posibilidad de una guerra nuclear. Hay un uso y abuso de la mención de la guerra nuclear como un factor de administración, cuando la guerra nuclear es un factor de destrucción. Uruguay no tiene por qué alejarse de Estados Unidos en función de su gobierno, pero tiene que defender permanentemente el principio de intervención, de integridad territorial y el de libertad democrática, entre otros. No tiene por qué renunciar a ninguna de las posibilidades. Uruguay debe tener la conciencia de que no es un protagonista en el mundo del poder, pero sí lo es en el mundo de la democracia. Y esa diferenciación hay que tenerla presente.

-¿Qué opina del argumento que se ha utilizado en contra del Mercosur, de que funciona como una suerte de corsé para Uruguay a la hora de insertarse internacionalmente?

-Pienso que eso es parcialmente cierto. El arancel externo común, propio de la unión aduanera… no ha logrado el Mercosur consolidar esa etapa y aún restan algunos resabios de una unión de libre comercio imperfecta. Eso depende de la voluntad que los Estados tengan de ponerse de acuerdo en una media docena de cosas fundamentales, como flexibilizar la decisión 32 y declarar que ella no impide la negociación de acuerdos para luego hacer partícipe de la negociación a todos los demás. Lo de las dos velocidades en la negociación, que el caso más ejemplar es el de China, pero China hoy ha cambiado… Ellos niegan la existencia de una nueva Guerra Fría y así se han manifestado.

-¿Usted cree que hay una Guerra Fría hoy?

-Actualmente se están dando algunos elementos propios de la Guerra Fría.

-¿Como cuáles?

-El alineamiento silencioso y los grupos de Estados. Hay cambios. Rusia ya no es la de la URSS y Estados Unidos no es el aliado natural de la Unión Europea (UE). Entonces, hay una cantidad de revulsivos y es como si la comunidad internacional se hubiera puesto de acuerdo en mover todas las fichas al mismo tiempo. Hoy hay un mundo imprevisto y todos los días hay un elemento nuevo y perturbador. No estamos viviendo en un mundo de comunidad internacional organizada.

-En ese contexto que menciona, ¿no cree que las relaciones internacionales y comerciales están permeadas por cuestiones ideológicas? ¿Uruguay puede relacionarse libremente y acercarse a Brasil, cuando Trump ha anunciado medidas arancelarias en contra del gobierno de Lula?

-Yo creo que Uruguay puede y debe seguir relacionándose comercialmente con Brasil. Es su vecino y su socio territorial, junto con Argentina. Ese es el camino, la integración. El mundo ha ido hacia un terreno de banalización de la política, pero sin la política, no hay funcionamiento de ninguna sociedad.


El rol de Francia en la negociación sobre el acuerdo Mercosur-UE

-Bruselas retrasó recientemente el acuerdo entre el Mercosur y la UE. ¿Se aleja nuevamente la posibilidad de su concreción?

-Hay un nacionalismo exacerbado de Francia en esto. Recorriendo Francia, uno se encuentra con que es como un jardín: los establecimientos son pequeños, no hay grandes extensiones de tierra de un solo propietario y hay una protección directa que subsidia esa producción y la permanencia de esa gente en el campo. Si se le demuestra a Francia que la apertura del libre comercio con el Mercosur no va a interferir en su posibilidad de aplicar recursos a la protección de sus agricultores, porque va a recaudar recursos fiscales aumentando su comercio con el Mercosur, tiene que haber acuerdo. Esa línea de negociación es la que ha seguido la subsecretaria Valeria Csukasi, que es una persona muy bien preparada y que tuvo un papel fundamental en la negociación, que llevó a la firma del acuerdo preliminar firmado.

-¿Vislumbra una concreción de este acuerdo a la brevedad o, por ejemplo, en los próximos cinco años?

-Es muy difícil decirlo cuando no tengo a cabalidad una puesta a punto de los argumentos opuestos que hoy están sobre la mesa, porque este es un tema de negociación diplomática y política y yo no estoy en el gobierno ni tengo acceso a información de circulación restringida. Entonces, contestar eso sería un acto de ligereza. Yo tengo la esperanza de que pueda encontrarse un camino intermedio.


“La palabra supranacionalidad acá ha sido mala palabra y eso es un absurdo”

-¿Cómo ve al Mercosur en la actualidad?

-El Mercosur adolece de un sistema efectivo que funcione para, de alguna manera, pasarles aviso a los países de que hay cosas que no pueden hacer en detrimento de otros y que no pueden decidir unilateralmente cosas que hacen al conjunto. Eso no se ha logrado porque la palabra supranacionalidad acá ha sido mala palabra y eso es un absurdo. Todas las instituciones internacionales fuertes como la UE tienen supranacionalidad. Mientras no haya algún mecanismo que permita los controles suficientes, con una dosis de imperatividad que no tiene el Mercosur, va a seguir siempre en el limbo jurídico y económico. Cuando me dicen que nos tenemos que ir del Mercosur, yo les digo: ¿a dónde vamos? Los países hoy en día tienden a unirse y a aumentar el poder negociador. No es lo mismo que Uruguay negocie solo a que negocie acompañado.