Mir: “El mayor error del FA fue no haber sido consciente de la crisis estructural del sistema educativo”

Juan Pedro Mir, exdirector de Educación

La transformación educativa se ha convertido, durante distintos momentos, en un tema central del gobierno. Las posiciones encontradas plantearon un escenario polarizado, donde desde el oficialismo el liderazgo de Robert Silva se hizo fuerte; como contraparte, los sindicatos de la educación y algunos actores del Frente Amplio (FA) mostraron su descontento. En su rol de especialista, Mir se vio más cerca de la postura reformista, lo que, sumado a otros elementos de discordancia, generó su salida de la coalición de izquierda para incorporarse al Partido Independiente (PI).

Por Matías Kapek | @matias_kb

-Anunció hace algunas semanas que pasará a formar parte del PI. ¿Cómo explica ese cambio? ¿Por qué en este momento?

-Fue un proceso largo, dejé de militar activamente en política en el 2015, cuando salí del Ministerio de Educación y Cultura. Posteriormente, seguí siendo votante y adherente del FA hasta comienzos de este año, aunque indudablemente el vínculo tanto afectivo como político se fue desgastando. De cara al próximo proceso electoral me he dado cuenta de que había algunos aspectos ideológicos y programáticos que hacían que no me sintiera cómodo, y así se dio un proceso natural de acercamiento a este espacio de centroizquierda, el PI.


-¿Cómo lo recibió el PI?

-He sido recibido con mucha fraternidad. Se trata de un espacio para producir y acompañar ideas en función de las necesidades del país, que tiene enormes desafíos por delante. Hay que trabajar en la mejora de la justicia social, la transparencia en los procesos estatales, el crecimiento económico, la mejora la convivencia, la atención a los sectores desfavorecidos, el desarrollo científico y tecnológico y, por supuesto, también en la profundización de las transformaciones educativas.


-El hecho de cambiar de filas por no sentirse cómodo, ¿tiene que ver con un cambio en sus ideas o con un cambio en el FA?

-Un poco y un poco. Vengo de una familia de fuerte tradición frenteamplista, mi padre fue fundador, pero uno ha cambiado hacia posturas más de centroizquierda, más de carácter socialdemócrata; las mismas plantean la agenda desde visiones políticas que pueden mostrar, siendo de izquierda, una visión de sensibilidad social, pero a su vez, centrada en principios democráticos y en el afianzamiento de la libertad. En ese sentido, algunas posturas que el FA ha tomado me hicieron sentir un poco lejano, a veces es mejor poner un punto y aparte.

-¿Cree que estará cómodo en un bloque político con algunas corrientes notoriamente de derecha?

-Debe recordarse que antes pertenecía al FA, donde conviví con sectores ultrarradicales y no por eso dejé de pertenecer a una forma ideológica de ver el mundo. Estoy muy lejano de las posturas de Cabildo Abierto (CA) y no voy a responder por él, respondo solo por el PI y las eventuales autoridades electorales que sostendrá y mantendrá en el futuro.

-Pasó de un bloque electoral al otro. En general, ¿ve al país dividido?

-Formo parte de esos uruguayos que no ven al país dividido en dos bloques, esa división parte de una visión que, en parte, anula la posibilidad de acuerdos. Los extremos del arco político son los que plantean la construcción de dos bloques, pero en Uruguay se necesita de nuevas posturas que tiren puentes entre actores que aparentemente están en lugares distintos. Más que sentir que paso de un bloque a otro, siento que me incorporo a una fuerza política que crea puentes.

-¿Cuáles son los puntos más positivos de la gestión de este gobierno?

-A pesar de una pandemia que ha tirado abajo los mejores indicadores de vida y bienestar social, veo que el gobierno ha logrado sostener al país. La reforma de la seguridad social es un avance positivo, una necesidad imprescindible para el país, y de hecho fue uno de los ejes que me hizo ser consciente de la necesidad de abandonar el FA. La transformación educativa es otro elemento positivo, así como la construcción de pautas salariales negociadas en un país que necesita de esos acuerdos.

-¿Y cuáles entiende como los principales debes?

-Hay debes grandes, por ejemplo, en seguridad. Todavía no somos conscientes del peligro que genera el narcotráfico, no lo pudo resolver el gobierno anterior y no lo resolvió este. Otro elemento a repensar es el proceso de transparencia del Estado y lo que tiene que ver con la contratación de funcionarios en las intendencias del interior. Después, ni hablar de los niveles de pobreza infantil, donde hay un círculo muy tortuoso de exclusión que debe ser abordado de forma inmediata en el próximo período.

-¿Dónde se imagina en un eventual gobierno de coalición? ¿Cree que está capacitado para un cargo de importancia dentro del campo de la educación?

-En mi cortísimo paso por la vida política aprendí que son lugares muy sacrificados, que para quienes vivimos de nuestra profesión, implica saltos al vacío muy complejos; por eso me siento cómodo aportando con la militancia desde el llano y con el debate de ideas. En un posible gobierno de coalición me imagino como un ciudadano que sigue haciendo sus actividades de docencia, investigación y formación; un cargo político no es algo que me seduzca ni que lo ponga arriba de la mesa.

-Fue director nacional de Educación durante el segundo mandato de Tabaré Vázquez. ¿Cuáles cree que fueron los errores que cometió la fuerza política en esa área durante los tres períodos de gobierno?

-Creo que el mayor error fue no haber sido consciente de la crisis estructural del sistema y, por ende, no haber encarado un proceso de transformación estructural. De cierta manera, en estos cinco años de gobierno de coalición, en algunos aspectos, se vio que es muy difícil la transformación educativa; todavía el país debe identificar la necesidad de una transformación más estructural de la organización educativa.

-¿Y cuáles fueron los aciertos de esos 15 años?

-En algunas líneas hubo aciertos interesantes, por ejemplo, la UTEC, la expansión de la educación inicial, el Plan Ceibal, la descentralización universitaria y la inversión en educación. Paralelamente, no hubo un proceso de cambio en la educación que permitiera, por ejemplo, mejorar los terribles índices de egreso en enseñanza media superior, los altísimos niveles de ausentismo escolar y los bajos niveles de aprendizaje de los sectores populares. Quedó en evidencia la necesidad de centros educativos potentes, con proyectos educativos integrados en el territorio. Más allá de cambios en la legislación, no hubo cambios en la institucionalidad, lo que hace muy difícil que se hagan concretas las reformas educativas.


-Si el próximo gobierno fuera del FA, ¿cree que se seguiría el camino de reforma educativa?

-No tengo muchas herramientas para decir qué podría pasar, no conozco la interna del FA. Algunas declaraciones me llamaron un poco la atención y fueron un punto de aceleración para mi acercamiento al PI. Escuché decir a algunos referentes del FA que se venía una contrarreforma educativa; eso no quiere decir que sea una postura general, ya que sobre temas medulares de la transformación educativa no se ha expedido. Estos temas serán parte de la discusión electoral y ojalá que esta se dé con las evidencias y la madurez necesarias para que la gente pueda tomar la decisión que crea correcta. 

-¿Cómo vio el papel de los sindicatos de la educación en la presente reforma educativa?

-No ha sido fácil el diálogo con algunos sindicatos de la educación, recordemos lo que pasó durante los gobiernos del FA: la conflictividad fue muy alta durante los tres períodos y en su momento el presidente Tabaré Vázquez decretó la esencialidad. De todas formas, nunca posiciono a los sindicatos como parte del problema, sino de la solución. Es un error adjudicarles los problemas, en todo caso estos han sido producto de, entre otras cosas, la falta de visión de los actores políticos.

-Entrando específicamente en la reforma, ¿cuáles ve como sus fortalezas?

-Lo más interesante es la intención de ver la transformación curricular como un continuo desde inicial hasta bachillerato. Otro elemento potente es la intención de transformar la formación docente, que es fundamental que sea integral y permanente. También es valioso el fortalecimiento del Plan Ceibal como parte del laboratorio educativo en colaboración con ANEP y la formación de los Centros María Espínola.


-¿Y sus desafíos?

-Es importante que el sistema se consolide más allá de los subsistemas, que haya un diálogo real entre primaria, secundaria, UTU y formación docente. Otro de los puntos más difíciles es la falta de recursos económicos, una transformación educativa necesita recursos para promover la formación docente, para mejorar el ratio alumno-docente y las condiciones en las que se lleva adelante el proceso educativo. Además, faltó la extensión de tiempo pedagógico, se detuvo en función de escuelas y jardines de tiempo completo, que es algo que también tiene que ver con la musculatura económica.


-¿Se deben seguir extendiendo esas transformaciones?

-Las transformaciones en educación no se dan con la profundidad que uno pretendería. En bachillerato, por ejemplo, las propuestas planteadas se parecen demasiado a lo que había anteriormente. El 60% de los jóvenes y adultos uruguayos no han logrado egresar de la enseñanza media superior, ese es el gran problema nacional, y por eso hay mucha tela para cortar todavía. Por otra parte, sigue habiendo una enorme falta de coordinación entre los proyectos educativos formales y la llamada educación no formal, hay dos sistemas diferentes que no trazan puentes entre sí, ese es otro problema.


La reforma y el papel de Robert Silva


-Se habla de un proceso de largo aliento. ¿Cree que sería bueno que Robert Silva lo siga liderando?

-A un país le hace mucho bien que los actores educativos tengan estabilidad. Él ha tenido una gran presencia políticamente hablando. También la ha tenido el director de UTU, institución que ha sido un formidable motor de la transformación. Por su parte, otros subsistemas hubieran merecido mayor atención y protagonismo de determinados actores. Vi muy solo a Robert Silva en la transformación educativa, eso no permitió que algunos aspectos se hicieran carne en la sociedad.



Una foto de la situación educativa


-¿Cuál es el diagnóstico general de la situación de la educación?

-Uno de los grandes desafíos es el fortalecimiento de las instituciones educativas como lugares de enseñanza, lo que en la vieja aspiración vareliana era un lugar de encuentro republicano y de conocimiento. Veo con cierta preocupación cómo los procesos educativos han perdido esa intención de mejora cultural; se necesitan escuelas y liceos que enseñen, que sean potentes actores culturales, que hagan valorar el conocimiento técnico, artístico, científico, matemático y ciudadano. Por último, también se deben revisar procesos de enseñanza que no han sido exitosos, sobre todo en el área de lengua y matemáticas.