“Ninguna lógica razonable de asignación de recursos puede derivar en otorgar casi un punto del PIB a deudores del BHU, cuando el país tiene un 20% de pobreza infantil”

Agustín Iturralde, director ejecutivo del Centro de Estudios para el Desarrollo (CED)

Para abordar los principales temas de coyuntura y situar el foco de la discusión es necesario hablar de las miradas a largo plazo y pensar en clave de desarrollo, y para ello, la opinión de Agustín Iturralde resulta fundamental. En entrevista con CRÓNICAS, el especialista en economía política dijo que Uruguay puede convertirse en el primer país desarrollado de la región y denunció que muchas de las medidas que se toman están “sujetas al interés de alguna corporación y no al interés general”.

-¿Qué evaluación realiza de la actualidad económica?

-Estamos cerrando un año muy nítido de datos mixtos. El dato del Producto Interno Bruto (PIB) va a cerrar en el entorno del 0,3%, pero al mismo tiempo, si se miran otras variables económicas relevantes para el bienestar material de la sociedad uruguaya como el mercado laboral, que está a niveles máximos y la masa salarial está en niveles récord, y con una inflación que cierra dentro del rango meta, las conclusiones son buenas. Creo que el dato del PIB es engañoso, de la misma forma que será engañoso el del próximo año. A fin de cuentas, si sacamos la sequía y otros eventos coyunturales, el dato es que el país crece en el entorno del 2%, que comparado al quinquenio anterior es ligeramente mejor. La economía uruguaya está bien, pero tiene algunos ruidos.

-Usted menciona al mercado laboral como uno de los factores positivos de la actualidad, justamente un apartado donde surgen propuestas de reducir la jornada laboral. ¿Cómo se ven estas discusiones desde el punto de vista del desarrollo?

-Son discusiones muy relevantes que se vienen y hay que darlas con la cabeza del mercado laboral actual y no del que teníamos en 1940, como las leyes que tenemos hoy en día. Es posible tener una jornada laboral reducida y trabajar menos horas, que de hecho, en promedio, ya trabajamos menos que las generaciones anteriores. Pero esto no pasa por la existencia de una ley, porque al fin y al cabo una ley acompaña procesos más duros. Este avance se debe mirar desde una perspectiva de abordar todas las discusiones necesarias y pensar en cómo tener un mercado laboral moderno y aggiornado a la realidad, con regulaciones que atiendan mejor a la lógica actual. Creo que en lo laboral si hemos avanzado fuerte es porque nos empujó la pandemia. En conclusión, no vale querer bajar la jornada laboral pero seguir con las mismas categorías de los consejos de salarios y los mismos procesos engorrosos de descuelgue. Si queremos dar esta discusión de una forma que sea provechosa y que no sea dañina, hay que mirar integralmente el mercado laboral y buscar aspectos que aporten. Podemos trabajar menos horas, en la medida que soltemos distintas regulaciones y costumbres que vienen del siglo XX.

-A su vez, en la actualidad se libran discusiones sobre temas trascendentes como lo son la educación y la seguridad social, para los que son necesarios los acuerdos políticos pero que de cierta forma se han transformado en una polarización. ¿Cómo afecta esta falta de acuerdos si se piensa con una mirada largoplacista?

-A mí no me asusta tanto. Ninguna de las cosas importantes que se hicieron en Uruguay desde la vuelta a la democracia fue por consenso. Por supuesto que sería mucho mejor que nos pongamos de acuerdo en cuál es la reforma educativa que necesitamos, por ejemplo. Pero pensemos en cómo se dio la Ley de Puertos en los años 90 y en cómo se hizo la reforma del 96 para las AFAP. Los grandes consensos en Uruguay llegaron por alguien que le tocó gobernar, que tuvo ideas claras y coraje político y triunfaron sus ideas. A mí lo que me asusta más que el hecho de que no haya acuerdos es que al que le toque gobernar no tenga ideas. El primer gobierno de Tabaré Vázquez tuvo agenda, hizo una reforma tributaria, una reforma en la salud, implementó el Plan Ceibal y llevó a cabo la política antitabaco. El segundo gobierno de Vázquez tuvo la inclusión financiera y el Plan Nacional de Cuidados, que ninguno es un eje de gobierno. Me preocupa más que lleguen gobiernos sin ideas claras y sin agenda, antes de que no haya acuerdos en temas importantes. Uruguay no puede flotar, tiene una oportunidad grande de dar el salto, pero también puede caerse para atrás rápidamente.

-Dentro de esto que usted menciona, ¿cómo se configura el perdón a deudores del Banco Hipotecario del Uruguay (BHU) en Unidades Reajustables? ¿Por qué lado pasa esta decisión?

-Muchas de las medidas que Uruguay toma están sujetas al interés de alguna corporación y no al interés general. Esto es un problema típico de economía política, sobre lo que Mancur Olson decía que, en una sociedad, pocos y muy bien organizados le doblan el poder a muchos dispersos. Entonces, cuando una decisión favorece el interés de unos pocos, pero a esos pocos les cambia la vida y a los muchos los perjudica, pero en una magnitud casi insignificante, los pocos encuentran el sentido de organizarse y movilizarse, y nadie va a ir a hacer lobby. Esto, de forma acumulada, deriva en lo que está pasando en Argentina, pero nosotros no somos Argentina. Uruguay debe tener un avance en este sentido y creo que en materia de competencia es donde se ven estos problemas; el tema de los deudores del BHU es un ejemplo de ello, más allá de que existieran situaciones atendibles y personas de buena fe. La solución que se dio, que se trata de un perdón general a 25.000 deudores, que en muchos casos son personas de una situación económica muy acomodada, no es algo que se pueda decidir de la forma en que se decidió, con el costo fiscal que eso tiene. Ninguna lógica razonable de asignación de recursos puede derivar en otorgar casi un punto del PIB a estos deudores, cuando el país tiene un 20% de pobreza infantil.

-Una discusión similar está librándose en el apartado del mercado crediticio, donde Cabildo Abierto (CA) propone un proyecto sobre deudores. ¿Cree que lo que plantean es la forma de solucionar el problema?

-No. Reconoce un problema y tiene los buenos reflejos políticos de atender los problemas existentes, pero me parece que este tipo de solución es inconveniente. Con las tasas que se marca en la propuesta, básicamente se va a hacer inviable el crédito al consumo a la enorme mayoría de uruguayos y eso va a derivar o en una salida del crédito de todas esas personas o en la informalidad. El crédito al consumo de por sí es riesgoso, y lo es más cuando se trata de sectores populares. Este tipo de propuestas no acierta en ninguno de estos aspectos, porque tiene una capacidad de hacer daño al sistema formal que existe y tampoco se ataca el fondo del problema. La solución va por un lado más complejo, que trabaje la educación financiera y que las personas entiendan en profundidad los créditos.

-¿Considera que los decretos y cambios regulatorios que se están implementando en Argentina pueden fomentar en Uruguay nuevas discusiones sobre regulaciones de mercados y que lleve a pensar con otra lógica determinados aspectos de la actualidad?

-Es interesante verlo y obtener aprendizajes de ello. Creo que Uruguay tiene, a su forma y de manera menos problemática que Argentina, algunos problemas regulatorios que pueden ayudar a dar esa discusión. Uruguay es caro porque tiene un mercado con regulaciones que no facilitan la competencia. El combustible es un ejemplo claro donde no hay competencia en la comercialización y también lo es el mercado de alimentos, donde existen prohibiciones a la importación de pollo, un alimento que es la proteína animal de los pobres en todo el mundo y en Uruguay no es así porque es caro. Para las grandes empresas avícolas es favorable la prohibición a la importación, pero no lo es para el interés general. Aun así, creo que no tenemos el nivel de distorsión que tiene Argentina, que terminó creando una ley de alquileres que generó que muchas viviendas salieran del mercado. No se trata de desregular, sino de volver a regular, y un ejemplo claro que se hizo en este gobierno es la portabilidad numérica, que fue una regulación pro competencia en diferencia de las regulaciones anti competencia. Ojalá que si a Milei le sale bien este paquete de medidas, ajustes y regulaciones, tengamos un contagio en Uruguay y se discutan estos aspectos.

-Con el CED presentaron el documento «Un salto para el desarrollo: Agenda 2025-2030» a los distintos partidos políticos. ¿Cuáles son los pilares fundamentales que se proponen en el mismo?

-La preocupación principal que tenemos hoy en día es un próximo gobierno sin agenda y que no tenga claro qué hacer. Este gobierno es parecido al primer mandato de Vázquez. Gustará más o menos, pero tuvo determinados aspectos que, de antemano, ya tenía claro qué quería implementar. Ordenó el tema fiscal, recuperó el clima de negocios e hizo dos reformas importantes como lo fueron la de seguridad social y la educativa. Se puede discutir su implementación y su contenido, pero nadie puede decir que no tuvo agenda este gobierno. Gane el FA o gane la coalición, ¿cuál es el centro de lo que buscan aportar? Para ello es lo que busca aportar ideas este documento. Nosotros creemos que para que a Uruguay le vaya bien necesitamos ideas claras, decisión y coraje político. La visión que tenemos es que Uruguay puede convertirse en el primer país desarrollado de América Latina, dado que tiene algunas características que le permite aspirar a eso, como la institucionalidad política. Pero si se mira la institucionalidad económica y social, estamos a mitad de tabla. La libertad económica, la facilidad para hacer negocios, los índices de competitividad, son aspectos que aún restan por trabajar. 


“Es importante que en 2024 tengamos una campaña con ideas y conceptos, más allá de propuestas y polarizar en el buen sentido”

-¿Qué desafíos visualiza para el crecimiento y desarrollo del país en el mediano y largo plazo?

-No me imagino que Uruguay tenga una caída económica como la que han tenido otros países. Creo que el riesgo es el estancamiento, el crecimiento magro y el peligro de entrar en un proceso como el que entró Chile, de frustración de expectativas, falta de crecimiento y reformas imposibles. En el corto plazo, el año que viene va a ser mejor que el 2023 en todo sentido. Hay algunos aspectos positivos, vamos a tener un mejor primer semestre, China va a estar comprando más que todo lo que compró este año y las problemáticas que existen con Argentina probablemente se moderen. Lo que está haciendo Milei implica el encarecimiento de Argentina y la clase media argentina seguirá sin venir por un tiempo, pero el turismo de compras que este año se desbordó, junto a otras cosas, se moderará. Pero más allá del corto plazo, hay que posar la mirada en el largo plazo y mirar más allá. Para los próximos cinco años no vamos a tener una coyuntura económica favorable. Es importante que en 2024 tengamos una campaña con ideas y conceptos, más allá de propuestas y polarizar en el buen sentido. Ojalá podamos tener una campaña sustantiva en ideas, que derive en un gobierno más claro. Los gobiernos muchas veces son hijos de las campañas y si llegaron prometiendo tonterías, es muy probable que lleguen y no tengan idea de cómo arrancar o terminen haciendo las tonterías.