Sociedad
Beckett vuelve al Solís en una versión internacional
Solarich: “Godot puede ser Dios, el amor, una utopía o lo que cada espectador quiera. Beckett nunca lo aclara”
El actor uruguayo Iván Solarich forma parte del elenco internacional que presenta “Esperando a Godot” en Montevideo, tras una extensa experiencia en Portugal. En diálogo con CRÓNICAS, reflexionó sobre una vida atravesada por el teatro, su formación autodidacta, la potencia del clásico de Samuel Beckett y el vínculo entre la escena, la espera y las preguntas existenciales que atraviesan al ser humano contemporáneo.
Fecha de publicación: 09/01/2026
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Por:
Redacción

Del 22 al 25 de enero, la Sala Zavala Muniz del Teatro Solís acogerá el estreno de “Á espera de | Esperando a Godot”, una producción internacional coproducida entre Portugal y Uruguay, dirigida por Flávia Gusmão, que se presentará en versiones bilingües con sobretítulos en español. La puesta tuvo un recorrido previo en Portugal, donde fue estrenada en una producción del Teatro Experimental de Cascais, y posteriormente se presentará en Maldonado, antes de llegar a Montevideo.

Enmarcada en la programación “Temporada Verano en la Zavala” del Solís, la obra escrita por Samuel Beckett representa uno de los primeros grandes títulos del año en la escena teatral local y convoca a públicos interesados en un clásico indispensable del repertorio universal. En este marco, el actor uruguayo Iván Solarich —integrante del elenco junto a colegas portugueses y extranjeros— reflexionó con CRÓNICAS sobre la experiencia de actuar en esta obra de Beckett y su relación personal con el teatro. 

Solarich situó a la obra como un texto que atraviesa épocas y circunstancias sin perder su fuerza original. “Esperando a Godot no admite muchas discusiones: es el texto del siglo XX”, afirmó, y subrayó que la llegada de la obra al Solís constituye una oportunidad singular para repensar la escena contemporánea.

Además, repasó su trayectoria personal y artística, marcada por giros inesperados. Explicó que su llegada al teatro fue “de casualidad total”. “Mi sueño era jugar al básquet y ser profesor de educación física”, recordó. Proveniente de una familia con historia de militancia y con experiencias de cárcel durante la dictadura, expresó que la escena teatral funcionó como un espacio de reconstrucción. “El teatro me dio todo: formación, economía y mundo. Fue mi escuela y mi casa”, dijo, poniendo en valor el oficio y la comunidad escénica como pilares de su vida.

Beckett, la espera y su persistencia

Al abordar el corazón del texto de Beckett, destacó que la noción de espera significa mucho más que un recurso dramático: era un modo de mirar la existencia. “Esperar algo o esperar a alguien es de una incertidumbre y una carga energética enorme. Parece que no pasa nada, pero está todo pasando”, señaló. Esta lectura, sostuvo, se vuelve especialmente pertinente para el público contemporáneo que acude a esta obra, en un momento en que las preguntas sobre futuro, cambio y sentido se instalan con fuerza.

Solarich explicó que la ambigüedad en torno a la figura de Godot —un personaje que nunca aparece ni se define— habilita lecturas múltiples. “Godot puede ser Dios, el amor, una utopía o lo que cada espectador quiera. Beckett nunca lo aclara”, explicó. Esa indeterminación, a su juicio, permite que la obra dialogue con diferentes experiencias de vida y con las búsquedas más personales de cada espectador en la sala.

El teatro como presencia

Solarich destacó la noción de presencia escénica como un elemento esencial de su práctica. Para él, el teatro no fue un gesto superficial ni una representación estática. “El teatro no es ser lindo ni posar: el teatro es presencia”, sostuvo, y añadió que incluso el silencio o la inacción aparente implican un tipo de actividad escénica profunda. “Aunque no hables, estás latiendo, pensando, asociando. Eso es una actividad tremenda”, explicó.

Al reflexionar sobre la vigencia del texto beckettiano, sostuvo que la obra se mantiene viva porque sigue articulando preguntas fundamentales. “¿Por qué un clásico es clásico? Porque algo de ese texto sigue siendo verdadero generación tras generación”, reflexionó.

Finalmente, el actor compartió su deseo con respecto a la recepción del público. “Yo quiero que la gente se entretenga, que se emocione y que algo le pase. Capaz que se ría y se da cuenta de que se está riendo del dolor. Eso también es teatro”, concluyó.



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Iván Solarich
Buenos Aires 484, CP 11000, Montevideo, Uruguay
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