Entrevista
Marcos Soto, contador y decano de la UCU Business School
“Tenemos que crear las condiciones para que la inversión privada se fortalezca, produzca y genere empleo”
Aunque el mercado de trabajo se mantiene firme y la inflación sigue dentro del rango meta, la economía uruguaya atraviesa una fase de desaceleración que tensiona el dólar, la tasa de interés y la política del Banco Central. En entrevista con CRÓNICAS, Marcos Soto, decano de la UCU Business School, plantea fortalecer la inversión y consolidar verticales productivas competitivas en un país tomador de condiciones y expuesto a shocks externos. A su vez, remarca que hacia 2026 la clave estará en mejorar la productividad.
Fecha de publicación: 09/01/2026
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Por:
Redacción

¿Cómo describiría el estado de la economía uruguaya en términos de crecimiento, empleo e inflación? 

La economía uruguaya está en una fase de desaceleración, y encontrar una senda de crecimiento más acelerada es uno de los grandes desafíos que tiene para el 2026. A pesar de este dinamismo en la actividad económica, el mercado de trabajo se muestra firme, tenemos la tasa de empleo más alta de la última década, al igual que la cantidad de cotizantes en el BPS, que está en máximos históricos. Eso muestra la salud del mercado de trabajo, que además también remunera por encima de la inflación, es decir, el salario real volvió a crecer. En cuanto a la inflación, se mantiene dentro del rango meta, que es uno de los objetivos de la política monetaria. Y esto también es una buena noticia para la economía, que muestra estabilidad de precios y empieza a descender su tasa de interés.

¿Qué desafíos enfrenta la política monetaria del Banco Central en el contexto actual?

Uno de los desafíos es que la inflación se mantenga dentro del rango meta y no disminuya, un desafío que ahora está cada vez más latente. Si bien la tasa de interés ha disminuido, en el último semestre el dólar no ha respondido, lo que va a presionar a la baja a la inflación de tipo transable. Por otro lado, se necesita tener una tasa de política monetaria que favorezca e incentive la actividad económica. Una tasa de interés razonablemente baja, lo que debería provocar es que las empresas puedan tomar más crédito y que las personas, las familias, los hogares, puedan volver al mercado de crédito para consumir. Una tasa de interés más disminuida también quita incentivos a las aplicaciones financieras porque baja el rendimiento. Esa brecha es la tasa de interés y cuando está baja, los incentivos a consumir en el futuro caen en pro de un consumo más actual, lo que provoca, o debería provocar, mayores niveles de actividad.

¿El tipo de cambio real actual es consistente con lo que precisa hoy el país?

En la medida que haya mayor oferta de dólares que de pesos, y mayor oferta que demanda de dólares, podemos estar hablando de que es algo saludable. Lo que tenemos que pensar es en la competitividad más allá del tipo de cambio. ¿Qué otras cosas hacen a la competitividad que exceden largo el tipo de cambio? Ahí sí es donde aparece la agenda de transformaciones que tiene que hacer Uruguay, es decir,  la agenda de trabajo que tiene por delante para hacer más competitiva nuestra producción, con independencia de cuánto valga el dólar. Cada vez que exportamos recibimos dólares y tenemos que convertirlos en pesos para afrontar los costos, pero es solo una de las variables del sector productivo. Hay un montón de variables que entran en juego a la hora de producir en Uruguay; eso es lo que está por delante y lo que debemos, de algún modo, repensar permanentemente.

¿Qué tan vulnerable es Uruguay a shocks externos dada su estructura exportadora y financiera?

El sector exportador se mostró con crecimiento empujado por exportaciones de tipo tradicional. Esto marca la relevancia de tener una estructura productiva diversificada. Todos los productos que exporta Uruguay son commodities o commoditizables y, por tanto, sustituibles fácilmente por otros. Uruguay no puede volcarse únicamente a un tipo de producción, sino que debe seguir apostando a una producción diversificada, y en este desafío de la competitividad debemos pensarnos en clave de verticales productivas. Debido a eso, y dado sus volúmenes de producción y su materialidad, es tomador de condiciones, de volúmenes y de precios. Es decir, nosotros no podemos, en general, marcar nuestras condiciones para acceder a las exportaciones. Y en ese marco es vulnerable a shocks externos. Sin embargo, en un mundo incierto, volátil, donde empiezan a aparecer diferentes conflictos con diferentes objetivos, Uruguay, por sus dimensiones, pasa debajo del radar y consigue, a veces, mejores condiciones que la media. Sucedió cuando Estados Unidos colocó sus sobreimpuestos, donde Uruguay fue de los menos perjudicados, lo que no quiere decir que logre sortear los shocks externos con éxito. De hecho, nuestros precios de exportación han ido cayendo y eso es un problema en sí mismo. 

¿La dependencia de mercados como China representa más una oportunidad o un riesgo?

Siempre la concentración es un riesgo. La forma de mitigar los riesgos es diversificando. Cuando tenés un mercado que se lleva, cómo se llevaba China, el 60% de la carne, y por alguna razón deja de comprarte, te genera un problema. Por eso, siempre cuando hablamos de riesgos, lo más aconsejable es la diversificación y la búsqueda incesante de nuevos mercados, de nuevas oportunidades que generen diversificación. 

¿Cómo ve el nivel de inversión en Uruguay hoy, tanto local como extranjera, y qué factores pesan a la hora de invertir en el país?

El nivel de inversión es bajo. Nosotros desearíamos un porcentaje sobre el PIB de inversión mayor.  Si estamos buscando motores de crecimiento, tendemos a analizar el consumo privado, las exportaciones netas, las inversiones de las empresas y el gasto público. Cuando uno va de atrás para adelante y analiza el gasto público, sabemos que los recursos son acotados y no puede seguir incrementándose. Esta variable tenemos que tacharla como un motor de crecimiento y nos van quedando tres: inversiones, exportaciones netas y consumo privado de los hogares. Ahí empezamos a entender la relevancia que tiene que en Uruguay existan las condiciones para que la inversión llegue, produzca y desarrolle. Porque las exportaciones netas, al ser tomadores de condiciones, se vuelven una variable débil desde el punto de vista administrativo. En ese marco tenemos que crear las condiciones para que la inversión privada se fortalezca, produzca y genere empleo. 

¿Cuáles son los principales desafíos que el país debería resolver para crecer a tasas mayores a lo que lo hace hoy?

En primer lugar, buscar la competitividad de los sectores con el fin de diseñar verticales productivas competitivas. En segundo lugar, generar las condiciones, con reglas claras, para que la inversión se instale en el país. Es algo que Uruguay mantiene, pero hay que fortalecerlo, hay que ser consistentes y firmes con los mensajes que se dan, sobre todo hacia el exterior. Un tercer desafío es entender cómo la inteligencia artificial atraviesa horizontalmente el mercado laboral. Vinculado a esto, un cuarto desafío es dar un salto en nuestras capacidades de conocimiento para que los uruguayos consigan realizarse y luego insertarse en el mundo laboral. Una de nuestras grandes paradojas es que tenemos sectores que no logran crecer en Uruguay porque no consiguen recursos capacitados. Sin embargo, tenemos más de 100 mil desocupados, es decir, en Uruguay hay demanda elevada de mano de obra calificada, porque tenemos condiciones para producir valor agregado en diversos sectores y por otro lado no conseguimos al capital humano.

“El gobierno blanqueó que el déficit fiscal del Uruguay es el más alto en los últimos 35 años, y sobre eso hay que actuar”

¿Cómo evalúa la situación fiscal del país? ¿Hay señales que deberían preocupar?

El gobierno, desde el comienzo, blanqueó que el déficit fiscal del Uruguay es el más alto en los últimos 35 años, y sobre eso hay que actuar. Si bien decidieron cambiar la regla fiscal, y ahora pasa a simplificarse y tenemos como objetivo límites de deuda pública, siempre la deuda es la contrapartida del déficit en economías donde la emisión monetaria es acotada. Creo que hay ciertos límites que se están alcanzando. Entonces sí, el déficit tiene una contracarta, una doble moneda, que es el incremento de la deuda pública, y eso es uno de los grandes desafíos que tiene Uruguay, porque tiene múltiples demandas frente a recursos acotados. Uno de los roles que tiene la política hoy es asignar recursos que son escasos, y lo que se está haciendo es colocando recursos en un lugar para disminuirlos en otro. Esas son las tensiones que el gobierno manejó durante la discusión del presupuesto y que se van a empezar a visualizar ahora en el 2026, cuando ese presupuesto entre en ejecución.

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Marcos Soto
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