-Después de haber sido candidata a vicepresidenta, ¿qué entendió sobre el poder político que antes no veía desde fuera del sistema?
-Vengo de lo político, aunque no de la política partidaria, porque el movimiento sindical también lo es. Sin embargo, al entrar de lleno en una campaña nacional te encontrás con una realidad distinta: los enfrentamientos, los bloques y una mística que muchas veces no es como uno la imagina desde afuera.
El 2024 fue intenso y, en balance, muy positivo. Más allá de que el objetivo era ganar, me permitió conocer muchísima gente, recorrer el país y entender en poco tiempo cómo funciona la estructura del Partido Nacional. También fue un proceso de aprendizaje acelerado, porque desde que fui proclamada candidata tuve que profundizar en temas como economía, educación y otras áreas clave, apoyada en un equipo técnico muy sólido.
Al mismo tiempo, fue un año de choque con la realidad. La campaña me dejó en claro con quiénes sí y con quiénes nunca trabajaría, incluso dentro de mi propio partido. Hay formas de hacer política que no comparto, aunque tengo la fortaleza de no dejarme afectar por ciertos ataques o prácticas que a otros sí los llevan a alejarse definitivamente de la política.
-¿El paso por el movimiento sindical le dio el temple para atravesar esas situaciones?
-Sí. El sindicalismo también implica enfrentamientos, debates y corrientes distintas, y eso te prepara. Pero 2025 fue especialmente duro: fue el año de la autocrítica, de cosas muy injustas y de responsabilidades que muchos no asumieron. La derrota electoral no tiene un solo responsable, es el resultado de muchos factores.
A fin de año sentí la necesidad de expresar que, aunque uno aparezca firme en los debates públicos, es de carne y hueso y hay situaciones que duelen. No al punto de hacerme abandonar la política, pero sí lo suficiente como para entender con más claridad dónde quiero estar y con quién no. Confirmé que este es el partido que elegí, aunque también vi actitudes muy crueles y prácticas de poder que no comparto.
Nada de lo que logré fue un regalo; llegué por militancia, esfuerzo y resignando mucho de mi vida personal. Eso incomoda a algunos y explica parte de los ataques. Aun así, sigo convencida de que la visibilidad y el diálogo con la gente son fundamentales en política. Pero no tengo dudas que el 2025 fue uno de los años más difíciles que me tocó vivir.
-¿Se siente una figura de renovación en el Partido Nacional o una voz incómoda?
-Ambas cosas. En el Partido Nacional y en la política en general. Haber estado en el Frente Amplio me dio conocimiento, vínculos y una mirada sin odio; tengo amigos allí y mantengo el diálogo. Para un dirigente sindical, el camino fácil era quedarme en otro sector del Frente Amplio, pero entendí que mi lugar era este.
Creo que el Partido Nacional perdió, hace décadas, el vínculo con lo social y lo sindical. Esa desconexión hace que alguien como yo, que no se calla y plantea debates incómodos, desentone. No me identifico con discursos simplistas, digo lo que pienso, aunque no guste.
Muchas veces siento que la política discute temas muy alejados de las prioridades reales de la gente. Pasa con la política exterior y también con algunos debates internos en Uruguay. El día a día va por otro lado. Esa mirada, más cercana a lo social, es lo que incomoda. No es que el partido no tenga militantes con ese perfil, los tiene, pero no siempre ocupan espacios donde puedan ser escuchados. Ahí está, creo, la diferencia.
-¿El Partido Nacional está ejerciendo una oposición firme o está atrapado en disputas internas?
-Hay un poco de todo. Es sano que haya diferencias internas, pero no puede ser que en forma permanente estas se ventilen en la prensa o cuando algunos hacen de la crítica a sus propios compañeros su razón de ser. Ese autoflagelo constante no le gusta a la gente y transmite debilidad.
Hoy nos falta funcionar como un bloque sólido. Más allá de los personalismos y perfiles, la coalición debería mostrarse unida. En la campaña se notó una debilidad clara: se pasa de una fórmula partidaria a una coalición en muy poco tiempo, sin que exista un verdadero sentido de pertenencia.
En Uruguay hoy hay dos grandes bloques políticos. La izquierda, con todas sus diferencias, logra mostrarse más cohesionada. Nosotros todavía no. Eso confunde a la gente y debilita el rol opositor. El desafío de estos años es consolidar la coalición sin perder identidades partidarias, pero funcionando realmente como un bloque.
-¿Quién marca hoy el rumbo del Partido Nacional: los liderazgos históricos o las nuevas generaciones?
-El liderazgo indiscutido hoy es el de Luis Lacalle Pou. Todos esperamos que esté presente y marque la cancha, especialmente porque lideró el gobierno y también pensando en un posible regreso. Después existen liderazgos sectoriales, que siguen marcando líneas distintas dentro del partido.
El ala más wilsonista está muy debilitada, casi desaparecida. Hubo intentos de reconstrucción, pero no hay liderazgos claros detrás de los cuales el partido se alinee. Predominan figuras con perfil propio, muchas desde el Parlamento.
El Partido Nacional necesita fortalecer su pata social. Se restableció la Secretaría de Asuntos Sociales, creada en su momento por Wilson, y es un paso necesario. Si el partido no vuelve a estar en la base social y en los temas cotidianos de la gente, le va a ser muy difícil crecer.
Más allá de la figura de Lacalle Pou, el partido necesita solidez. Este año será clave para marcar perfiles y fortalecer ese vínculo social, que históricamente fue una de sus fortalezas y hoy es su mayor debilidad. La política real se juega en el día a día, cerca de la gente.
-¿Cómo evalúa la marcha del gobierno y del rumbo que toma el país bajo esta administración?
-Yo creo que tenemos un gobierno muy debilitado en cuanto a los liderazgos. A mí me preocupa mucho lo que pasa en Torre Ejecutiva. Tenemos un presidente que ha cometido muchos errores, que tiene muchas debilidades en la comunicación. Estoy convencida de que quien en realidad toma las decisiones no es el presidente de la República, sino que es el secretario de Presidencia (Alejandro Sánchez) y el prosecretario (Jorge Díaz), uno con un perfil político y el otro con el perfil más técnico. Creo que es ahí donde realmente se cocinan las decisiones. Me quedó claro con el caso Cardama… En mi opinión, el presidente salió mal y tuvo que ver con una decisión política desde ahí.
La verdad es que hasta ahora no veo decisiones importantes que vayan por el camino correcto. Yo creo que venimos de un de un primer año que, aunque no ha terminado todavía, es de muchos tropiezos. Lo mejor que le pasó sí al gobierno es la aprobación del presupuesto, aunque estaba claro que nadie iba a dejar sin presupuesto al país. Las expectativas que tiene el equipo económico me parece que son muy altas, y eso me preocupa. Es muy difícil que el país crezca a lo que prevé el equipo económico, con decisiones como la del Fonasa, por ejemplo, como tomadas entre gallos y medianoche, y que se comunican de la peor forma y en los peores momentos. Esas cosas están generando mucho malestar en mucha gente, sobre todo en el laburante que es el más castigado permanentemente y que esta decisión va por ese camino. Y además, sin conexión con la cabeza política de Torre Ejecutiva. Entonces, decisiones que pueda celebrar o felicitar de este gobierno hasta ahora no veo ninguna.
-Siempre se dice que el primer año de cualquier gobierno es complicado hasta que no se aclare lo del presupuesto.
-Sí, pero igualmente este gobierno no tenía un año complicado. Viene con un país que está creciendo, que tenía récord de empleo; la verdad es que venían con la Ferrari. Si vos mirás cómo asume este gobierno y cómo le tocó asumir a Lacalle Pou en su momento, hablamos de dos países totalmente diferentes. Aquel venía en caída libre y este, en realidad, venía en crecimiento permanente, con una inflación bajísima, o sea, todas las condiciones para que te vaya bárbaro. Creo que hasta la propia temporada que estamos viviendo lo demuestra. Hoy tenemos una temporada de verano que hacía 10 años no teníamos. Todo eso es resultado de lo que se trabajó en el periodo pasado.
-El equipo económico del Frente Amplio dijo que la cosa no era tan así como se decía y que habían recibido un país con problemas de caja.
-Eso depende de qué día y con quién hables, porque han tenido posiciones totalmente contrarias. El propio Oddone, que a veces intenta justificar decisiones del gobierno sobre todo en materia económica, ha tenido que reconocer de forma permanente que Uruguay estaba muy bien. Obviamente, Oddone está embretado porque también tiene que responder a la lógica de lo que le plantea el gobierno al Frente Amplio.
Pero creo que quedan en evidencia cosas en estos meses, como lo de plantear que el programa era imposible de cumplir, y lo dice el dos del Ministerio de Economía. Entonces, están empezando a salir a la luz promesas y mentiras que le dijeron a la gente en campaña electoral, porque todo valía para ganar. Hoy ves que el presupuesto se aprueba basado en el último año del presupuesto del periodo pasado, siendo que cuando asumieron dijeron que antes hubo un carnaval electoral, que se había gastado de más, y en realidad hiciste tu presupuesto para los cinco años basado en ese último año que cuestionaste el asumir, o en el que supuestamente habían quedado cosas para pagar. Son muchas las contradicciones que tienen y creo que Oddone intenta, de alguna forma, equilibrar esa balanza interna que está bastante complicada.
-¿Le da tranquilidad que Oddone sea el ministro de Economía?
-Era lo menos peor. O sea, creo que tiene en su pensamiento muchas cosas que van alineadas a planteos que nosotros hicimos, pero te sale con cosas como las del Fonasa, que obviamente no van en la línea de lo que uno espera de Oddone, sobre todo esto de mantenerlo oculto hasta fin de año. Si ya tenía esa idea, ¿por qué no estuvo en el debate del presupuesto? ¿Por qué no lo planteó cuando fue el Ministerio de Economía al Parlamento? No plantearon que esta era una forma también de recaudar. Todo lo que ha dicho la ministra de Salud Pública y lo que han intentado justificar desde el gobierno es mentira. Nada asegura que el dinero que van a recaudar por ahí termine volcado después al propio sistema de salud. No te aseguran que van a tener mayores prestaciones, no está planteado aumentarle lo que se le aporta a las mutualistas. Entonces, está claro que no vas a ver cambios significativos en la atención. Por lo tanto, es un fin recaudador y punto. Es el único fin que tenía esto.
Esas contradicciones, más allá de que dentro de todo lo que tiene el Frente Amplio en los ministerios el que te puede brindar mayor tranquilidad es Oddone, con este tipo de decisiones genera grandes dudas.
-¿Cree que el Frente Amplio cambió su forma de gobernar o sigue con viejas recetas?
-Creo que sigue muy condicionado por problemas internos. La muerte de Mujica dejó al partido sin un liderazgo claro que ordenara la interna. Hoy el presidente no representa a toda la fuerza y hay contradicciones incluso con lo que antes planteaba Mujica, como en el caso de Venezuela. Hay voces crecientes dentro del Frente Amplio que buscan un gobierno más radical, y la falta de liderazgo fuerte hace que muchas decisiones y declaraciones sean contradictorias o incompletas. Esto debilita al partido y afecta la toma de decisiones.
-¿Qué señales del gobierno le preocupan más: económicas, institucionales o culturales?
-Lo primero es lo económico: si el país no crece como está previsto, aumentará el déficit y la deuda, y eso limita todo lo demás.
La seguridad es otro punto crítico. No hay un plan claro y el ministro del Interior no transmite solidez. Mensajes como “la batalla contra el narcotráfico está perdida” son señales preocupantes para la ciudadanía.
En otros temas esenciales —discapacidad, agua, salud y educación— se ve poca planificación o inversión real. Muchas medidas del Frente Amplio parecen más simbólicas que efectivas y las trabas ideológicas dificultan políticas concretas.
En general, los problemas centrales para la gente no tienen soluciones claras y esto genera incertidumbre sobre el rumbo del país.
-¿Cómo ve la gestión municipal de Mario Bergara?
-Bergara asumió con la peor situación económica de todos los gobiernos departamentales. La gestión frenteamplista deja un déficit histórico y servicios municipales que no funcionan. La población de Montevideo, muy vinculada al Frente Amplio, sigue votando con el corazón más que con la razón.
En los barrios, los problemas son graves: falta de saneamiento, calles intransitables, servicios deficientes. El Partido Nacional aún no logra comunicarse ni conectarse con los montevideanos para presentarse como una alternativa real.
Bergara comenzó enfrentándose con los trabajadores, replicando errores del pasado, y sin un plan estratégico claro para resolver problemas de movilidad, saneamiento y servicios básicos. Montevideo necesita un cambio de gobierno y un proyecto que realmente funcione.
-¿Trabajará por un proyecto propio para Montevideo?
Sí, mi objetivo es fortalecer un perfil de cercanía y militancia mano a mano con la gente, mostrando que el Partido Nacional puede ser una alternativa seria. Hoy tenemos a Martín Lema como candidato, pero el proyecto necesita más conexión con los barrios para convertirse en opción real de cambio.
-¿Se ve como candidata a la intendencia en el futuro?
Hoy no es mi prioridad, pero no lo descarto. A mí me gusta el trabajo en Montevideo, de hecho, la elección pasada me había guardado para las municipales, para trabajar con Martín, y después todo eso cambió con la conformación de la fórmula presidencial.
Me interesa mucho la gestión municipal, conozco la ciudad y sus barrios. Sé quién es quién dentro de la intendencia, dónde está, qué hace, conozco a los funcionarios, el funcionamiento del sindicato, y esos son elementos muy importantes al momento de trabajar en un proyecto o de pensar en una candidatura. Si surge la oportunidad, podría ser candidata, pero primero debe consolidarse un proyecto sólido que la población apoye.
-Pasada la elección, ¿pensaba que iba a tener algún cargo político?
-Nunca pensé en asegurarme un cargo si perdíamos; mi prioridad no era ocupar un puesto, sino cumplir con los compromisos de campaña. Actualmente soy suplente del senador Carlos Moreira en la lista D Centro, y para asumir en el Parlamento tendría que renunciar a mi trabajo municipal, lo que implica una decisión personal importante. Quedó claro que mi objetivo no era buscar un cargo. La política para mí no es acomodarse, por eso nunca pedí un puesto a cambio. De hecho, yo tampoco me veo como directora de algún lugar inhibida de hacer campaña política. Soy una persona que constantemente opina; me gusta hacerlo y dar mi posición sobre las decisiones y la cotidianidad política del país.
-¿Pagó algún costo por ser candidata a la vicepresidencia?
-Mi decisión era muy arriesgada. Si yo hubiera ido al Frente Amplio, y no salía elegida en ningún cargo, podía volver al ámbito sindical, como han hecho otros dirigentes sindicales. Pero cuando venís a un partido como el Partido Nacional sabés que te fuiste del movimiento sindical para no volver. Entonces, era poner fin a la trayectoria sindical, a lo que había hecho antes.
En realidad, estar en la fórmula presidencial me dio la oportunidad de conocer quiénes eran algunas personas realmente, y por otro lado ver la crueldad de algunos a nivel político. Me refiero a actitudes absolutamente machistas. Es más, no dirían de un hombre ni le harían todas las cosas que me hicieron a mí durante el año pasado. Sí aprendí que hay gente con la que nunca voy a trabajar ni militar en mi vida; algunos de mi propio partido.
La crueldad de la gente la conocí en la campaña electoral. Hay quienes todavía piensan que la política no es para personas como yo, que tenés que tener cierto nivel económico o de vida, y que es para una casta. O sea, que para un trabajador o para una mujer que tuvo mi vida, no es correcto que estés ahí.
Durante la campaña me buscaron e incluso inventaron situaciones sobre mí y mi familia, pero como nunca ocupé un cargo con manejo de fondos públicos, no había nada real para cuestionar. Me buscaron absolutamente todo, me cuestionaron por tener un préstamo, que me lo descuentan del sueldo. Ahí te das cuenta que la crueldad de la gente ya pasa las diferencias políticas y roza lo personal. Tuve que bloquear a cientos de personas que le mandaron mensajes horribles a mi hijo porque él estaba contento de haber conocido a Lacalle Pou. En definitiva, tenés una lupa puesta y soportás la maldad de algunas personas que dicen cualquier cosa y tienen la impunidad para hacerlo. No tenés nunca más privacidad y tu vida no vuelve a ser la misma.
“Quedó claro que mi objetivo no era buscar un cargo político”
-Pasada la elección, ¿pensaba que iba a tener algún cargo político?
-Nunca pensé en asegurarme un cargo si perdíamos; mi prioridad no era ocupar un puesto, sino cumplir con los compromisos de campaña. Actualmente soy suplente del senador Carlos Moreira en la lista D Centro, y para asumir en el Parlamento tendría que renunciar a mi trabajo municipal, lo que implica una decisión personal importante. Quedó claro que mi objetivo no era buscar un cargo político. La política para mí no es acomodarse. Mi vida no cambió desde que llegué a la política, y nunca pedí un puesto a cambio. De hecho, tampoco me veía como directora de algún lugar, inhibiéndome de hacer campaña política, cuando soy una persona que constantemente opina. Me gusta opinar y dar mi posición sobre las decisiones y la cotidianidad política del país.