Entrevista
Ana Claudia Caram, subsecretaria del Ministerio de Turismo
“Tenemos que plantearnos el desafío de generar zonas francas turísticas”
Con un cierre de 2025 positivo, marcado por un aumento del 8% en la llegada de visitantes y un crecimiento del 16% en el gasto turístico, la jerarca destaca el impacto del sector en la economía uruguaya. Se refiere al comienzo de temporada, a la que calificó como “muy buena”, y analiza los desafíos para sostener la actividad más allá de la temporada alta. Detalla, además, los incentivos en marcha para fortalecer a las pymes del sector, mejorar la conectividad y promover la inversión privada. A su vez, hace alusión a las zonas francas turísticas como una herramienta estratégica para atraer inversión internacional y desarrollar nuevos polos de atractivo en el país.
Fecha de publicación: 16/01/2026
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Ana Claudia Caram, subsecretaria del Ministerio de Turismo.
Por:
Oscar Cestau

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En Plantado Restaurante, de Hyatt Centric Montevideo, Ana Claudia Caram degustó tataki de atún. Para beber eligió limonada de maracuyá y de postre optó por un tiramisú de pistachos, delicia que acompañó con un café espresso. 

¿Cómo evalúa el desarrollo de la temporada turística hasta el momento?

La temporada viene siendo muy buena. Ya en noviembre y diciembre veíamos señales claras de que esa situación podía concretarse porque aumentaba el número de turistas argentinos y en el diálogo que teníamos con los operadores turísticos se percibía una buena receptividad. El ministerio hizo su trabajo, promoviendo a Uruguay como destino en varios mercados emisores

Hoy, con enero avanzado, podemos confirmarlo con datos. A la vez, cerramos un 2025 muy positivo, con un crecimiento del 8% en la cantidad de visitantes y, lo que es aún más relevante, un aumento del 16% en el nivel de gasto respecto a 2024. Si bien no alcanzamos los niveles del mejor año, que fue 2017, un incremento interanual de ese tamaño tiene un impacto muy significativo para la economía uruguaya.

Además, es un balance particularmente valioso porque se dio en un año complejo, marcado por un cambio de gobierno, que siempre es un momento bisagra e implica desafíos adicionales. Por eso hablamos de un cierre de año muy interesante y de un comienzo de temporada con perspectivas aún mejores.

El turismo suele analizarse desde la temporada alta. ¿Cuál es hoy el peso real del sector en la economía uruguaya y qué tan sostenible es ese aporte a lo largo del año?

En sus mejores años, el turismo llegó a representar alrededor del 8,5% del Producto Bruto Interno (PBI). Hoy estamos en un entorno del 6%, 6,5%, un nivel que se vio afectado por la pandemia y por el impacto que esta tuvo especialmente en pequeñas y medianas empresas, muchas de las cuales debieron reconvertirse o quedaron por el camino.

Aun así, estamos hablando de un peso muy relevante en la economía nacional. Por eso insistimos en que el turismo debe pensarse como un sector estratégico desde la política pública. A veces existe una percepción —tanto a nivel político como social— de que ese peso no se refleja en el presupuesto asignado ni en la evaluación de la gestión.

El turismo no es solo promoción. Es promoción, pero también planificación, incentivos, gestión y visión de largo plazo. Sin una política pública sólida y sostenida en el tiempo, es muy difícil que el sector tenga el impacto económico que realmente puede y debe tener.

Uruguay sigue teniendo una fuerte concentración turística en el verano. ¿Qué políticas concretas se están impulsando para fortalecer la actividad fuera de temporada?

Este es un eje central de nuestra propuesta, incluso desde la campaña previo a las elecciones. Una de las líneas principales es el turismo social, entendido como un derecho humano: el acceso de los uruguayos y uruguayas al ocio, al descanso y a la recreación. El Estado tiene que ser un soporte fuerte e importante en ese sentido.

Pero además, el turismo social es una herramienta clave para la desestacionalización. Generar movimiento en temporada baja, e incluso durante la semana —de lunes a jueves—, permite sostener la actividad y el empleo. Es una línea que el ministro Pablo Menoni está impulsando con fuerza, articulando con otros ministerios y comenzando también el trabajo con el sector privado para consolidar una plataforma donde oferta y demanda puedan encontrarse.

A eso se suma el desarrollo territorial y la regionalización. No se trata solo de crear regiones turísticas, sino de lograr que los departamentos dialoguen entre sí, que se implementen políticas en el territorio, articuladas con intendencias y municipios, y que se impulse la profesionalización, la capacitación y la consolidación de ofertas fuera de temporada, sin descuidar la costa, que concentra el 70% del aporte que el sector le hace al PBI.

¿Qué productos o segmentos considera que tienen mayor potencial para desestacionalizar la demanda?

Nuestra política tiene dos pilares fuertes: el patrimonio y la naturaleza. Uruguay tiene una enorme riqueza en ambos aspectos y creemos que la sustentabilidad debe ser la base de cualquier estrategia de desarrollo.

El turismo rural y de naturaleza tiene hoy un gran potencial, especialmente porque responde a una demanda creciente de experiencias auténticas. Estamos trabajando con organizaciones como Sutur (Sociedad Uruguaya de Turismo Rural y Natural) para fortalecer la asociatividad, mejorar la calidad y apoyar a los operadores, especialmente a las micro, pequeñas y medianas empresas.

También es clave avanzar en digitalización. En los próximos años habrá cambios muy profundos y no podemos permitir que parte del sector quede excluido. La inclusión también es inclusión digital.

Hoy el visitante busca experiencias: enoturismo, olivares, gastronomía, productos del mar, contacto con la identidad local. La costa sigue siendo nuestro producto estrella, pero estas propuestas complementarias son las que van a construir el Uruguay turístico del futuro.


 

En ese marco, ¿qué rol asigna al turismo MICE (meetings, incentives, conferences and exhibitions)?

Uruguay está muy bien posicionado en turismo MICE por su estabilidad política, su seguridad y su solidez institucional. Eso es un activo enorme. Mantener políticas de Estado en este segmento es clave, porque se trata de inversiones y esfuerzos de largo plazo. Cuando esas políticas se interrumpen, el costo para el país es muy alto. Fuimos muy críticos cuando políticas que nosotros considerábamos muy buenas no se mantuvieron, como, por ejemplo, no continuar con la propuesta del Corredor Pájaros Pintados por parte de la gestión anterior. Realmente fue muy complejo para el país no mantener esas políticas, porque son gastos que el Estado hace, donde se invierte durante mucho tiempo y realmente se pierde.

¿Qué incentivos se están diseñando para que el sector privado invierta y mantenga actividad durante los meses de menor demanda?

Estamos trabajando en varias líneas. Una de ellas son fondos no reembolsables destinados a empresas que ya tienen trayectoria y necesitan dar un salto en calidad, innovación, digitalización o gestión. Lo hacemos en coordinación con ANDE y otros organismos.

También apostamos fuerte a la profesionalización, a través de convenios con UTU, UTEC, Inefop, la Universidad de la República, el CURE (Centro Universitario Regional del Este), entre otras organizaciones, para llegar a todo el país. A esto se suman conversaciones sobre microcréditos y un proyecto piloto con el BID en Lavalleja para medir y mejorar el nivel de digitalización, con la idea de que luego sea replicable en otros destinos.

La conectividad ha sido históricamente uno de los principales cuellos de botella del turismo uruguayo. ¿Qué avances hay en ese sentido?

La conectividad es un desafío estructural que trasciende los períodos de gobierno. Se están impulsando acciones concretas para incentivar a las aerolíneas, trabajando con Aeropuertos Uruguay y analizando aportes por incremento de pasajeros.

En esta temporada se incrementaron significativamente los vuelos desde Buenos Aires a Punta del Este, se avanzó en conexiones con Brasil y se fortalecieron rutas internas como Salto y Rivera. Son pasos importantes, aunque todavía insuficientes para un cambio estructural.

En la anterior administración del Frente Amplio, el Ministerio de Turismo implementó incentivos específicos para algunas aerolíneas. ¿Se está analizando algo así?

Sí, se está analizando algo en ese sentido y ya hemos avanzado en varias líneas. En breve estaremos haciendo anuncios al respecto. Creemos que es necesario implementar este tipo de medidas, ya que son una forma efectiva de incentivar la conectividad.

¿Qué tan coordinado está el trabajo entre Turismo, Transporte y Economía en este tema?

Existe un buen nivel de coordinación. Estas decisiones se toman como parte de la estrategia país. Contamos con una mesa de trabajo conjunta con el Ministerio de Transporte y su oficina especializada, donde se tratan estos temas de manera coordinada.

Nuestro presidente ha puesto especial énfasis en la interministerialidad, evitando duplicar esfuerzos y aprendiendo de errores pasados, cuando se duplicaban conversaciones y recursos en la toma de decisiones. La idea es que las mesas colectivas permitan integrar los aportes de distintos ministerios y aprovechar sus capacidades.

En este caso, hay una mesa específica de trabajo en la que participa el ministro de Turismo en primera persona, asegurando un seguimiento directo y coordinado de estas políticas de Estado.

El turismo en Uruguay presenta altos niveles de informalidad. ¿Cree que esto se debe más a la falta de controles o a un diseño de políticas que no logra integrar a los pequeños operadores?

A nivel de políticas, hay claras posibilidades para registrarse y muchas facilidades pensadas para que los operadores puedan hacerlo. Contamos con registros para turismo aventura, viñedos turísticos y se han simplificado los requisitos para monotributistas, de manera que puedan gestionar sus costos operativos de forma más accesible.

No obstante, persisten algunos cuellos de botella. También hay operadores que solo funcionan en verano y, según la zona, abren a último momento sin registrarse, lo que genera conflicto con quienes cumplen todos los procesos de manera formal y responsable.

Desde el Ministerio de Turismo buscamos reforzar el apoyo a los operadores registrados y acompañar a quienes enfrentan dificultades para formalizarse. Para ello hemos implementado oficinas móviles en casi todos los departamentos, comenzando por la costa, donde cada 15 días se abre una ventanilla para consultas y registros. Además, trabajamos en coordinación con las intendencias, que también tienen exigencias propias en habilitaciones, para facilitar todo el proceso.

¿Qué desafíos observa para consolidar puestos de trabajo y fortalecer la cultura laboral en el sector?

El turismo genera más de 120.000 empleos directos en Uruguay, sin contar muchas otras fuentes laborales indirectas, y tiene un impacto muy positivo en la empleabilidad de jóvenes y mujeres. Me encantaría que ellas también lideraran emprendimientos y tomaran decisiones empresariales, porque ya tienen una impronta importante en la economía turística.

Pero para sostener este impacto en el tiempo, es fundamental acompañarlo con profesionalización y formación. No basta con ofrecer un empleo si los operadores turísticos no transmiten una cultura de hospitalidad y responsabilidad: atender bien a los clientes, cuidar la calidad del servicio, asociarse fuera de temporada y generar procesos de mejora continua son factores clave.

Si los dueños de establecimientos no comprenden que cada experiencia afecta al conjunto del territorio, será difícil mantener la calidad y consolidar los beneficios del turismo. Por eso, además de la formación técnica, es necesario un cambio cultural en la manera de gestionar y valorar el trabajo dentro del sector, entendiendo que el turismo forma parte de la matriz productiva del país y que su impacto trasciende cada emprendimiento individual.

¿Qué mensaje le daría a un inversor que evalúa desarrollar un proyecto turístico en Uruguay, especialmente fuera de los destinos tradicionales?

Uruguay es un país confiable para invertir. Goza de un grado inversor muy importante, tiene reglas claras, estabilidad política y seguridad jurídica. Los cambios en los regímenes de inversión se anuncian con tiempo y se comunican con transparencia, lo que da previsibilidad.

Desde el Ministerio de Turismo trabajamos para generar políticas estructurantes y de Estado que promuevan al turismo como un sector pujante, apoyado en nuestras bases naturales y culturales, y orientado a una buena calidad de vida, con estabilidad no solamente política y social, sino humana. Este es un país que necesita inversiones y que ofrece condiciones sólidas para desarrollarlas.

¿Qué cambios estructurales necesita el sector para dejar de depender de la coyuntura regional?

El gran desafío es mejorar la calidad del servicio. Nuestro diferencial no puede ser el precio, sino la calidad y la experiencia. Eso requiere profesionalización, adaptación a lo digital y una mirada estratégica.

También debemos animarnos a pensar en grandes proyectos, como parques temáticos, megaemprendimientos y zonas francas turísticas; todo acompañado por altos estándares de calidad. 

Recuerdo que con Danilo (Astori) hablábamos de la posibilidad del desarrollo de zonas francas turísticas. Yo creo que tenemos que plantearnos el desafío de la generación de zonas francas turísticas; puede ser una salida y un llamador potente. Por supuesto, ahí ya en una conversación mucho más amplia con otros ministerios, pero tenemos que explorar por ahí. Nosotros estamos yendo a China, a Japón, a Emiratos Árabes, a Estados Unidos, convocando a gente muy importante que puede estar pensando en Uruguay como un lugar donde se pueden desarrollar atractivos en lugares determinados como zonas francas turísticas.

“Cuando el turismo crece, impacta en todos los sectores”

Si tuviera que señalar una reforma clave pendiente en turismo, ¿cuál sería?

Es necesario revalorizar la estructura del propio Ministerio de Turismo, fortalecer su capacidad de planificación territorial y dotarlo de recursos humanos especializados. Si queremos un desarrollo turístico integral, necesitamos planificadores, gestores y una mirada estratégica que permita vender al Uruguay como un todo y no quedarnos solo en Punta del Este, Colonia y Montevideo. Pero también hay un cambio cultural pendiente: entender que el turismo es parte de la matriz productiva del país y de la vida cotidiana. Cuando el turismo crece, impacta en todos los sectores. Ese cambio de conciencia es, quizás, el desafío más profundo.

Estos personajes aparecen en esta nota
Ana Claudia Caram
Buenos Aires 484, CP 11000, Montevideo, Uruguay
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