Una Big Mac. La hamburguesa ícono de la cadena McDonald’s a lo largo y ancho del mundo es la referencia utilizada desde 1986 por la revista The Economist para medir y comparar a nivel internacional qué monedas están “sobrevaloradas” o “subvaloradas” en comparación con el dólar estadounidense. ¿Por qué una Big Mac?, básicamente, porque es un producto uniforme (sus ingredientes y producción son prácticamente iguales en todo el mundo) y porque puede encontrarse en más de cien países. Si bien no se trata de un indicador científico preciso (ya que no considera todas las variables que inciden en el mercado), constituye una herramienta gráfica para visualizar el costo de vida relativo.
De acuerdo a este indicador, Uruguay es uno de los países con la moneda más sobrevalorada del mundo, ubicándose solo por detrás de Suiza, lo que significa que el dólar debería ser considerablemente más caro según este índice. El peso uruguayo estaría 43,1% sobrevaluado, solo detrás del franco suizo, con 48,4%. De acuerdo a esta comparación, el dólar debería valer unos 55 pesos. Además, ajustado por PIB (paridad de poder de compra), la Big Mac uruguaya queda como la más cara del mundo. El peso estaría un 83,9% sobrevaluado.
Una aproximación
Sin embargo, para Deborah Eilender, economista del CED, el índice Big Mac “no es el mejor indicador” para definir si una moneda es la más sobrevalorada del mundo o no. Explicó que “el indicador parte de la ley de un solo precio, que establece que dos bienes idénticos en todas partes del mundo deberían salir lo mismo”. Sin embargo, valoró que el problema es que las Big Mac en cada país tiene producción diferente, mano de obra con impuestos distintos, así como salarios y costos diferentes, por lo cual va más allá de los insumos que forman el producto. “Por eso creo que no es un gran indicador para poder comparar monedas, (…) vale más la pena tener una canasta mucho más completa del consumo antes que comparar un único bien”.
Por su parte, Pablo Moya de la consultora Oikos, comentó que “visualmente muchos agentes lo utilizan” y puede ser usado como “una aproximación”, pero coincidió en que “no es un índice con una metodología que esté correctamente elaborada”. “La paridad del poder de compra no es solo comparar cuánto vale, sino cuánto vale en función de los ingresos, (por eso) tiene alguna debilidad”, comentó. Aun así, valoró que “es un indicador que, haciendo esas salvedades, te puede decir qué tan caro o barato es en relación a otros países”.
Dólar débil
Moya reconoció que el peso uruguayo ha mostrado una apreciación respecto al dólar que ha sido mayor que la de otras monedas, pero valoró que ello se debe a múltiples factores. Por un lado, fundamentó que el peso se ha valorizado, en buena medida, por la pérdida de valor general del dólar. Por otro, también ha incidido el ingreso de capitales vía inversión o compra de deuda, que permitió que “un exceso de dólares esté presionando a la baja el valor del dólar”.
Eilender coincidió en que hay una debilidad del dólar, pero que es un factor que se está dando a nivel global. “El dólar pierde valor en todas partes del mundo, no necesariamente es que el peso uruguayo se fortalezca, sino que se debilita la moneda americana”, comentó. De todas formas, precisó que “hemos tenido algún movimiento puntual en Uruguay” donde el dólar bajó más que en otros países, pero por “factores propios de la economía uruguaya, como el pago de aguinaldos de diciembre y el ingreso de turistas en enero y febrero que alteran el tipo de cambio”. “Pero, más allá de eso, el tipo de cambio en el país se está moviendo a la par de la región”, concluyó.
El camino a la desdolarización
Al ser consultados respecto a si esta “sobrevaloración” del peso uruguayo a la que refiere el indicador de The Economist podría ayudar a Uruguay en su proceso de desdolarización de la economía, Eilender comentó que “puede ser”, especialmente luego de las medidas anunciadas por el Ministerio de Economía para fomentar instrumentos para el financiamiento en pesos uruguayos. “Eso creo que puede ayudar a desdolarizar a muchos sectores de la economía que están expuestos fuertemente a los vaivenes del tipo de cambio”, señaló. Entre ellos, mencionó el caso de la construcción, que tiene muchos de sus costos asociados a pesos, como la mano de obra o el pago de impuestos, pero cuyos precios se fijan en dólares, lo cual genera “un descalce financiero superimportante”.
Por su parte, Moya valoró que “el camino de la desdolarización no solo viene por el lado de la debilidad del dólar (…), sino en los estímulos que tienen para que otras monedas sean el refugio de valor”. “Me parece que (hay que) generar una mayor profundidad del mercado de valores con instrumentos en pesos, en UI, y fomentar todo eso a través del BCU y la banca comercial, para que el inversor visualice que hacer una inversión en otras monedas tiene un mejor retorno que el dólar”, concluyó.