Empresas & Negocios
Petros Mavromichalis, Embajador de la Unión Europea en Uruguay
“Espero poder contribuir a que haya más Europa en Uruguay y también más Uruguay en Europa”
El representante de la Unión Europea analiza el acuerdo con el Mercosur como una oportunidad estratégica para fortalecer el comercio, la inversión y la cooperación regional en un contexto global marcado por tensiones geopolíticas. Destaca a Uruguay como un país estable y previsible, capaz de funcionar como hub logístico y financiero dentro del bloque, y subraya sectores de alto atractivo para inversiones europeas, como energías renovables, transporte, telecomunicaciones y servicios financieros. Señala que el acuerdo permitirá un crecimiento ganar-ganar, con apertura gradual en sectores sensibles como la carne bovina y el lácteo, acompañada de cláusulas de salvaguardia y apoyo financiero. Además, resalta la importancia de la cooperación ambiental y la previsibilidad regulatoria como factores clave para atraer inversores. Según su visión, la relación se basa en valores compartidos, historia común y estabilidad democrática, ofreciendo oportunidades concretas para empresas y capitales europeos en América del Sur.
Fecha de publicación: 27/02/2026
Compartí esta nota
Petros Mavromichalis, Embajador de la Unión Europea en Uruguay.
Por:
Oscar Cestau

¿Qué significado estratégico tiene para la Unión Europea un acuerdo con el Mercosur, en un contexto global que hoy está marcado por tensiones geopolíticas y la reconfiguración de cadenas de valor?

Yo creo que la Unión Europea, como cada país o cada región, para alcanzar sus objetivos, donde uno de ellos es la prosperidad de su población, necesita aliados, necesita amigos. Y para nosotros, y creo que para el Mercosur también, la región es un socio evidente, un amigo y aliado natural; compartimos historia, idiomas, cultura, valores.

Yo aquí en Uruguay me siento como si estuviera en casa o como me sentía en Suiza, que fue mi destino anterior. Entonces, este acuerdo nos da la posibilidad de hacer más juntos, no solo en comercio, donde espero que haya, después de un tiempo, más productos europeos aquí y también más productos uruguayos en Europa. Pero también nos da una herramienta para cooperar en temas como la protección del medio ambiente, la lucha contra la deforestación, el cambio climático, los derechos laborales, los derechos humanos, todo eso. Estoy convencido de que no hay ningún desafío, de los más importantes a los que se enfrenta la humanidad, que pueda resolverse solo; ningún país puede hacerlo por sí solo, necesitamos colaborar.

 

¿Qué cambió, si es que cambió algo en Europa y América del Sur, para que este acuerdo volviera a ganar impulso después de tantos años de negociación?

La respuesta más sencilla es que en algún momento tenía que concluir. Todas las negociaciones tienen un final, pero además el contexto internacional cambió: la cooperación y el libre comercio están cada vez más cuestionados. Eso ocurre con otros socios de la UE, y no es solo un problema nuestro, sino una tendencia global que nos obliga a buscar alternativas.

Si el mercado de Estados Unidos, por ejemplo, está más cerrado, o el de China, o el de Rusia, con quien tenemos otro tipo de problemas, entonces debemos buscar alternativas.

 

El bloque europeo es diverso, con sensibilidades distintas frente al acuerdo. Hay voces que no están del todo convencidas. ¿Dónde percibe la UE los principales desafíos internos para avanzar definitivamente y que no haya reclamos de algunos sectores productivos?

El problema principal, yo diría casi el único, son los agricultores y los productores de carne bovina, que son quienes más temen verse perjudicados. Entonces, la Comisión Europea (órgano ejecutivo de la UE) ha hecho grandes esfuerzos para aliviar esos temores. Ha propuesto ahora una cláusula de salvaguardia, que ya estaba prevista en el acuerdo, pero para demostrar que puede aplicarse seriamente. Si hay problemas en el mercado —ya sea caída de precios o un aumento abrupto de las importaciones— se podrán tomar medidas para ayudar a los agricultores. También ha destinado recursos financieros para apoyar a los sectores que quizás sufran con la entrada en vigor del acuerdo.

Eso permitió que consiguiéramos una mayoría calificada en el Consejo de Ministros, que necesitábamos para aprobarlo. La mayoría calificada es el 55% de los Estados miembros, que representen al menos el 65% de la población. Eso no lo teníamos todavía en diciembre, porque un Estado miembro con una población importante aún tenía dudas, y eso cambió en ese período gracias a los esfuerzos de convicción que emprendimos, lo que nos permitió alcanzar la mayoría calificada. Con 27 Estados miembros y con intereses diversos, lograr la unanimidad y convencer a todos es casi imposible. Por eso, en las políticas que requieren unanimidad, es mucho más difícil avanzar.

 

¿Cómo impacta, por ejemplo, el contexto internacional actual en la búsqueda de este acuerdo? ¿Hay un empujón importante, teniendo en cuenta la realidad existente para que el acuerdo saliera?

Claro. Todos los que creemos en el libre comercio, que consideramos que nuestros países y nuestras sociedades se benefician de una mayor apertura, nos estamos apurando a concluir acuerdos. Como ya mencioné, estuve destinado en Suiza y concluimos con ese país una actualización, una modernización de nuestros acuerdos existentes. Ahora con el Mercosur estamos avanzando, pero también estamos cerca de concluir con India y con Australia.

Tenemos muchas negociaciones en curso con todos los que quieren negociar con nosotros y que comparten nuestros valores. Estamos abiertos.

 

¿Qué sectores ve con mayor atractivo en nuestro país para las inversiones europeas?

Las energías renovables es un sector muy atractivo para Europa. Es más, hemos firmado recientemente un proyecto sobre hidrógeno verde. También podríamos invertir en transportes. El puerto de contenedores de Montevideo está gestionado por una empresa europea. Luego se dio la inversión finlandesa en la papelera. Esto es una muestra.

Yo veo aquí que puede haber inversión de bancos, pero también en telecomunicaciones sería posible. La importancia del acuerdo es que abre más posibilidades en diversos sectores.

 

Siempre se mira más en estos tiempos, con la aparición de la inteligencia artificial, que a veces corre riesgo el empleo. ¿El acuerdo trae algún inconveniente para el empleo de los dos bloques?

Yo creo que en su globalidad este va a ser un acuerdo ganar-ganar, como se dice. Globalmente habrá más comercio, más crecimiento, más beneficios. Pero dentro de esto puede que haya sectores que pierden. Acabo de mencionar la carne bovina. En Uruguay quizás el sector lácteo o el sector de los vinos podría ser, de cierta manera, perjudicado. Y es por eso que en estos sectores la apertura es progresiva, gradual en un cierto plazo. Los aranceles no van a cero, hay cuotas. Por ejemplo, la carne bovina que podría ser importada en Europa con un arancel más bajo representa un entrecot por consumidor por año. La cantidad de queso que se podrá importar desde Europa aquí representa un poco más de 100 gramos por año por consumidor. No estamos hablando de algo enorme.

 

La cuestión ambiental ha sido uno de los puntos más controvertidos. ¿Cómo imagina un esquema creíble de compromisos ambientales que sea aceptado tanto para la UE como para los países del Mercosur?

Hemos acordado el principio de que este acuerdo debe contribuir a la protección del medioambiente. Ambas partes se han comprometido con eso y vamos a mantener diálogos sobre el tema para asegurarnos de que así sea. No es una imposición europea al Mercosur, es, a mi juicio, un interés compartido. La protección del medioambiente es, por su naturaleza, un tema que solo podemos abordar cooperando entre todos.

 

¿Cuán importante es desde la mirada europea la previsibilidad regulatoria y la estabilidad macroeconómica del Mercosur como bloque para atraer inversiones?

Yo diría que es trascendental. Un país como Uruguay, que es estable, democrático, donde la transición de poder entre partidos o bloques se realiza de forma pacífica, y donde cada gobierno no intenta deshacer lo que hizo el anterior, ofrece un marco de seguridad jurídica e institucional. La ley se respeta, los tribunales son profesionales y protegen tanto a los inversores como a los ciudadanos. Todo esto genera confianza y previsibilidad, elementos clave para que los inversores europeos consideren el país como un destino confiable para sus inversiones.

 

Teniendo en cuenta lo que ha mencionado sobre Uruguay, ¿qué rol específico puede desempeñar el país en la relación con la Unión Europea? ¿Cree que puede posicionarse como un hub logístico y financiero de servicios dentro del Mercosur?

Yo creo que sí, porque está bien ubicado, en el corazón del Mercosur. Cuenta con buena infraestructura portuaria, ferroviaria y aérea, y, como he dicho, es un país muy estable.

Ahora, el desafío de Uruguay es que su mercado es pequeño. Por eso, para funcionar como hub, es fundamental que las conexiones y el acceso estén libres de trabas y controles. La entrada en vigor de este acuerdo también va a dar un empujón a la integración regional del Mercosur.

 

Brasil y Argentina tienen hoy liderazgos con visiones políticas y económicas muy distintas. Desde la perspectiva europea, ¿cómo afecta esa heterogeneidad a la previsibilidad del Mercosur como socio estratégico?

Eso no debería ser un obstáculo. Nosotros tenemos 27 Estados miembros, cada uno con sus debates nacionales y gobiernos que rara vez están completamente alineados. La integración europea avanzó durante muchos años gracias a la sintonía, especialmente entre Francia y Alemania, que han sido tradicionalmente el motor de la integración.

Recuerdo que durante años Alemania tuvo un canciller socialdemócrata y Francia un presidente de derecha, liberal; luego Alemania tuvo un canciller cristianodemócrata y Francia un presidente socialdemócrata. Y eso no impidió la buena colaboración. Simplemente, no todos “pescan en las mismas aguas”; somos de partidos diferentes, pero nuestro campo es diverso. Por eso, esta heterogeneidad no debería ser un obstáculo para la cooperación.

 

Si usted fuera un inversor europeo, ¿por qué elegiría el Mercosur en lugar de México, Europa del Este o el Sudeste Asiático?

No se trata necesariamente de elegir entre Mercosur o el Sudeste Asiático; uno puede exportar e invertir en ambas regiones. Pero los puntos fuertes del Mercosur son, como he dicho, que es una región con la que compartimos valores, idiomas, amistad, historia y estabilidad. Son democracias, Estados de Derecho, con tribunales que funcionan correctamente. A mí no me costó nada acostumbrarme a Uruguay porque podemos hablar el mismo idioma. En el Sudeste Asiático la comunicación requerirá usar inglés, que es un poco más complicado. Además, no todos hablan inglés allí. Por eso, la historia común y estas raíces culturales nos facilitan mucho la relación.

 

En lo personal, ¿qué significa para usted estar en este momento en Uruguay, y en un país del Mercosur, y que el acuerdo se celebre o se cierre estando usted aquí?

Es una gran oportunidad y una verdadera alegría, porque es un proyecto positivo. Veo que aquí la gente está muy ilusionada con esto, y eso me da una enorme satisfacción. Espero poder contribuir a difundir las ventajas del acuerdo, logrando que haya más Europa en Uruguay y también más Uruguay en Europa.

 

¿Qué significado estratégico tiene para la Unión Europea un acuerdo con el Mercosur, en un contexto global que hoy está marcado por tensiones geopolíticas y la reconfiguración de cadenas de valor?

Yo creo que la Unión Europea, como cada país o cada región, para alcanzar sus objetivos, donde uno de ellos es la prosperidad de su población, necesita aliados, necesita amigos. Y para nosotros, y creo que para el Mercosur también, la región es un socio evidente, un amigo y aliado natural; compartimos historia, idiomas, cultura, valores.

Yo aquí en Uruguay me siento como si estuviera en casa o como me sentía en Suiza, que fue mi destino anterior. Entonces, este acuerdo nos da la posibilidad de hacer más juntos, no solo en comercio, donde espero que haya, después de un tiempo, más productos europeos aquí y también más productos uruguayos en Europa. Pero también nos da una herramienta para cooperar en temas como la protección del medio ambiente, la lucha contra la deforestación, el cambio climático, los derechos laborales, los derechos humanos, todo eso. Estoy convencido de que no hay ningún desafío, de los más importantes a los que se enfrenta la humanidad, que pueda resolverse solo; ningún país puede hacerlo por sí solo, necesitamos colaborar.

 

¿Qué cambió, si es que cambió algo en Europa y América del Sur, para que este acuerdo volviera a ganar impulso después de tantos años de negociación?

La respuesta más sencilla es que en algún momento tenía que concluir. Todas las negociaciones tienen un final, pero además el contexto internacional cambió: la cooperación y el libre comercio están cada vez más cuestionados. Eso ocurre con otros socios de la UE, y no es solo un problema nuestro, sino una tendencia global que nos obliga a buscar alternativas.

Si el mercado de Estados Unidos, por ejemplo, está más cerrado, o el de China, o el de Rusia, con quien tenemos otro tipo de problemas, entonces debemos buscar alternativas.

 

El bloque europeo es diverso, con sensibilidades distintas frente al acuerdo. Hay voces que no están del todo convencidas. ¿Dónde percibe la UE los principales desafíos internos para avanzar definitivamente y que no haya reclamos de algunos sectores productivos?

El problema principal, yo diría casi el único, son los agricultores y los productores de carne bovina, que son quienes más temen verse perjudicados. Entonces, la Comisión Europea (órgano ejecutivo de la UE) ha hecho grandes esfuerzos para aliviar esos temores. Ha propuesto ahora una cláusula de salvaguardia, que ya estaba prevista en el acuerdo, pero para demostrar que puede aplicarse seriamente. Si hay problemas en el mercado —ya sea caída de precios o un aumento abrupto de las importaciones— se podrán tomar medidas para ayudar a los agricultores. También ha destinado recursos financieros para apoyar a los sectores que quizás sufran con la entrada en vigor del acuerdo.

Eso permitió que consiguiéramos una mayoría calificada en el Consejo de Ministros, que necesitábamos para aprobarlo. La mayoría calificada es el 55% de los Estados miembros, que representen al menos el 65% de la población. Eso no lo teníamos todavía en diciembre, porque un Estado miembro con una población importante aún tenía dudas, y eso cambió en ese período gracias a los esfuerzos de convicción que emprendimos, lo que nos permitió alcanzar la mayoría calificada. Con 27 Estados miembros y con intereses diversos, lograr la unanimidad y convencer a todos es casi imposible. Por eso, en las políticas que requieren unanimidad, es mucho más difícil avanzar.

 

¿Cómo impacta, por ejemplo, el contexto internacional actual en la búsqueda de este acuerdo? ¿Hay un empujón importante, teniendo en cuenta la realidad existente para que el acuerdo saliera?

Claro. Todos los que creemos en el libre comercio, que consideramos que nuestros países y nuestras sociedades se benefician de una mayor apertura, nos estamos apurando a concluir acuerdos. Como ya mencioné, estuve destinado en Suiza y concluimos con ese país una actualización, una modernización de nuestros acuerdos existentes. Ahora con el Mercosur estamos avanzando, pero también estamos cerca de concluir con India y con Australia.

Tenemos muchas negociaciones en curso con todos los que quieren negociar con nosotros y que comparten nuestros valores. Estamos abiertos.

 

¿Qué sectores ve con mayor atractivo en nuestro país para las inversiones europeas?

Las energías renovables es un sector muy atractivo para Europa. Es más, hemos firmado recientemente un proyecto sobre hidrógeno verde. También podríamos invertir en transportes. El puerto de contenedores de Montevideo está gestionado por una empresa europea. Luego se dio la inversión finlandesa en la papelera. Esto es una muestra.

Yo veo aquí que puede haber inversión de bancos, pero también en telecomunicaciones sería posible. La importancia del acuerdo es que abre más posibilidades en diversos sectores.

 

Siempre se mira más en estos tiempos, con la aparición de la inteligencia artificial, que a veces corre riesgo el empleo. ¿El acuerdo trae algún inconveniente para el empleo de los dos bloques?

Yo creo que en su globalidad este va a ser un acuerdo ganar-ganar, como se dice. Globalmente habrá más comercio, más crecimiento, más beneficios. Pero dentro de esto puede que haya sectores que pierden. Acabo de mencionar la carne bovina. En Uruguay quizás el sector lácteo o el sector de los vinos podría ser, de cierta manera, perjudicado. Y es por eso que en estos sectores la apertura es progresiva, gradual en un cierto plazo. Los aranceles no van a cero, hay cuotas. Por ejemplo, la carne bovina que podría ser importada en Europa con un arancel más bajo representa un entrecot por consumidor por año. La cantidad de queso que se podrá importar desde Europa aquí representa un poco más de 100 gramos por año por consumidor. No estamos hablando de algo enorme.

 

La cuestión ambiental ha sido uno de los puntos más controvertidos. ¿Cómo imagina un esquema creíble de compromisos ambientales que sea aceptado tanto para la UE como para los países del Mercosur?

Hemos acordado el principio de que este acuerdo debe contribuir a la protección del medioambiente. Ambas partes se han comprometido con eso y vamos a mantener diálogos sobre el tema para asegurarnos de que así sea. No es una imposición europea al Mercosur, es, a mi juicio, un interés compartido. La protección del medioambiente es, por su naturaleza, un tema que solo podemos abordar cooperando entre todos.

 

¿Cuán importante es desde la mirada europea la previsibilidad regulatoria y la estabilidad macroeconómica del Mercosur como bloque para atraer inversiones?

Yo diría que es trascendental. Un país como Uruguay, que es estable, democrático, donde la transición de poder entre partidos o bloques se realiza de forma pacífica, y donde cada gobierno no intenta deshacer lo que hizo el anterior, ofrece un marco de seguridad jurídica e institucional. La ley se respeta, los tribunales son profesionales y protegen tanto a los inversores como a los ciudadanos. Todo esto genera confianza y previsibilidad, elementos clave para que los inversores europeos consideren el país como un destino confiable para sus inversiones.

 

Teniendo en cuenta lo que ha mencionado sobre Uruguay, ¿qué rol específico puede desempeñar el país en la relación con la Unión Europea? ¿Cree que puede posicionarse como un hub logístico y financiero de servicios dentro del Mercosur?

Yo creo que sí, porque está bien ubicado, en el corazón del Mercosur. Cuenta con buena infraestructura portuaria, ferroviaria y aérea, y, como he dicho, es un país muy estable.

Ahora, el desafío de Uruguay es que su mercado es pequeño. Por eso, para funcionar como hub, es fundamental que las conexiones y el acceso estén libres de trabas y controles. La entrada en vigor de este acuerdo también va a dar un empujón a la integración regional del Mercosur.

 

Brasil y Argentina tienen hoy liderazgos con visiones políticas y económicas muy distintas. Desde la perspectiva europea, ¿cómo afecta esa heterogeneidad a la previsibilidad del Mercosur como socio estratégico?

Eso no debería ser un obstáculo. Nosotros tenemos 27 Estados miembros, cada uno con sus debates nacionales y gobiernos que rara vez están completamente alineados. La integración europea avanzó durante muchos años gracias a la sintonía, especialmente entre Francia y Alemania, que han sido tradicionalmente el motor de la integración.

Recuerdo que durante años Alemania tuvo un canciller socialdemócrata y Francia un presidente de derecha, liberal; luego Alemania tuvo un canciller cristianodemócrata y Francia un presidente socialdemócrata. Y eso no impidió la buena colaboración. Simplemente, no todos “pescan en las mismas aguas”; somos de partidos diferentes, pero nuestro campo es diverso. Por eso, esta heterogeneidad no debería ser un obstáculo para la cooperación.

 

Si usted fuera un inversor europeo, ¿por qué elegiría el Mercosur en lugar de México, Europa del Este o el Sudeste Asiático?

No se trata necesariamente de elegir entre Mercosur o el Sudeste Asiático; uno puede exportar e invertir en ambas regiones. Pero los puntos fuertes del Mercosur son, como he dicho, que es una región con la que compartimos valores, idiomas, amistad, historia y estabilidad. Son democracias, Estados de Derecho, con tribunales que funcionan correctamente. A mí no me costó nada acostumbrarme a Uruguay porque podemos hablar el mismo idioma. En el Sudeste Asiático la comunicación requerirá usar inglés, que es un poco más complicado. Además, no todos hablan inglés allí. Por eso, la historia común y estas raíces culturales nos facilitan mucho la relación.

 

En lo personal, ¿qué significa para usted estar en este momento en Uruguay, y en un país del Mercosur, y que el acuerdo se celebre o se cierre estando usted aquí?

Es una gran oportunidad y una verdadera alegría, porque es un proyecto positivo. Veo que aquí la gente está muy ilusionada con esto, y eso me da una enorme satisfacción. Espero poder contribuir a difundir las ventajas del acuerdo, logrando que haya más Europa en Uruguay y también más Uruguay en Europa. 

Perfil

Petros Mavromichalis es de origen griego, nacido en Atenas. Tiene formación académica en derecho internacional y europeo. Obtuvo una maestría en Derecho Internacional y Derecho Europeo por la London School of Economics y otra maestría en Derecho Empresarial y Derecho Internacional Público por la Université de Strasbourg.

Comenzó su carrera en instituciones comunitarias en 1994, trabajando en diversos puestos para la Comisión Europea. Desde 2012 integra el Servicio Europeo de Acción Exterior (SEAE), el cuerpo diplomático de la UE.

Antes de asumir en Montevideo, fue Embajador de la Unión Europea en Suiza y Liechtenstein entre 2020 y 2025.

En su carrera también se desempeñó como jefe de unidad en áreas clave del SEAE, incluyendo relaciones con México y América Central, así como en inteligencia de fuentes abiertas y el centro de crisis de la UE, lo que muestra su experiencia tanto en análisis político como en gestión estratégica de relaciones internacionales.

Mavromichalis llegó a Uruguay para asumir como Embajador de la UE, presentando sus cartas credenciales al presidente Yamandú Orsi el 1° de octubre de 2025, marcando el inicio oficial de su mandato en Montevideo.





De estos temas se habla en esta nota
Entrevista
Estos personajes aparecen en esta nota
Petros Mavromichalis
Buenos Aires 484, CP 11000, Montevideo, Uruguay
Copyright (c) 2026 Crónicas Económicas. Todos los derechos reservados.