ENTREVISTA
Marcelo Sibille, economista y gerente de consultoría económica de KPMG
-¿Qué dejó el 2025 en materia económica?
-Hay tres variables fundamentales a nivel de la macroeconomía, que son la inflación, el desempleo y el crecimiento. De esas tres variables, hubo dos que en el 2025 podríamos decir que tuvieron un buen desempeño, porque el desempleo bajó y cerró cerca del 7%, perforando el piso duro del 8% que tanto sufrimos durante años, lo que fue de la mano del aumento de la demanda de empleo, porque la tasa subió a niveles próximos al 60%, que es lo que tenemos hoy. Luego, la inflación bajó y por tercer año consecutivo se cumplió la meta del Banco Central del Uruguay (BCU), incluso cerrando por debajo de la meta puntual pero dentro del rango de tolerancia. Y lo más importante que yo resalto es que no solo se cumplió la meta del BCU, sino que hubo una convergencia de las expectativas hacia la meta, y eso lo veo como algo muy bueno, porque le da más libertad a la política monetaria para poder, llegado el caso, ser más expansivo de lo que hubiera sido si las expectativas no convergían. Por ejemplo, como ocurrió en enero, cuando la inflación estaba cerca del piso de la meta y no querían que perforara el piso, se implementó una baja bastante agresiva de la política monetaria de 100 puntos básicos, que esto se pudo hacer porque las expectativas estaban ancladas. Si las expectativas hubieran continuado desancladas, como estuvieron durante varios años, el BCU no se podría haber dado ese lujo, por llamarlo así.
-Colegas suyos le han asignado un cierto nivel de preocupación a esto que menciona.
-Cuanto más baja sea la inflación siempre va a ser algo bueno. Obviamente, siempre en un contexto de no deflación, que eso sí puede ser un síntoma de depresión económica. El problema acá es que una inflación demasiado baja, muy cerca del piso o por debajo de este, se desacoplaría con las metas fiscales, en el sentido de que las proyecciones del gobierno, cuando elaboró la Ley de Presupuesto, descansaban sobre una inflación de 4,5%. Entonces, si la inflación está bastante por debajo de eso, da lugar a que la recaudación nominal evolucione por debajo de lo esperado, porque la base imponible sobre la cual se recaudan impuestos disminuye, mientras que el gasto no se entera y en términos nominales sigue arriba, lo que hace que aumente el déficit. Pero, en definitiva, que la inflación sea baja, yo lo veo como un buen resultado. La tercera variable, que es donde estamos en el debe, es en el crecimiento. El 2025 terminó y esperamos que la tasa de crecimiento promedio anual esté en el orden del 2%, que ha ido de más a menos. En la comparación interanual de los trimestres, la economía empezó creciendo a buenas tasas y en el tercer trimestre nos dio apenas por arriba del 1%. Estamos a la espera de evaluar cómo cierra el cuarto trimestre. Entonces, el crecimiento económico es el gran desafío que hoy tiene la economía del país, que reside en cómo lograr mayores tasas de crecimiento para apuntalar la mejora en los niveles de ingreso y los niveles de vida. Si no mejora la tasa de crecimiento, más temprano que tarde comenzarán a deteriorarse los indicadores en el mercado de trabajo, por no hablar de las finanzas públicas.
-Desde hace mucho tiempo en Uruguay existe una discusión al respecto del tipo de cambio real y el valor del dólar. Principalmente el sector agroexportador demanda una cotización del dólar más alta y acusa que un dólar bajo le afecta en competitividad. ¿Usted qué postura tiene al respecto de esta situación?
-El que menciona es un tema complejo. En cuanto al reclamo por todos conocido de un dólar más alto de parte de muchos sectores, y sobre todo de los exportadores, hay que prestar atención al famoso dilema de cuando se disponen más objetivos que instrumentos. Uno puede fijarse dos objetivos que serían muy válidos, como tener un tipo de cambio real alto y, a la vez, una inflación baja, que es el otro objetivo que tiene el gobierno. Ahora, lograr un tipo de cambio real alto y una inflación baja con el mismo instrumento, que es la manipulación del cambio nominal, no es posible. Si quiero un tipo de cambio real alto y meto mano al tipo de cambio nominal, depreciando nominalmente la moneda para procurar una ganancia de competitividad, es muy factible que se genere un traslado a los precios y que eso afecte la meta de inflación. Lo cierto es que no todos desean el mismo tipo de cambio nominal ideal. Algunos sectores se sentirán cómodos con el dólar a 40, otros a 45 y otros a 50. Entonces, es difícil determinar cuál es el tipo de cambio que se debe convalidar y quién tiene más justificación para validar los niveles de cambio nominal. El tipo de cambio felizmente es uno solo, no tenemos control de cambio, pero al ser uno solo, también es casi imposible que deje satisfecho a todos los sectores económicos y productivos. Ahora, dicho esto, también es justo decir que los reclamos respecto de los problemas de competitividad que tiene la economía uruguaya son absolutamente genuinos y son compartibles. Uruguay tiene problemas de competitividad que debe mejorar y es un país caro en comparación con otros países. Hay indicadores que lo dejan en evidencia, como lo es el famoso índice Big Mac, que podrá ser simplificador, pero vale traerlo a modo indicativo. Entonces, sí es cierto que tenemos un problema de competitividad que hay que corregir. ¿Se corregirá por el lado de una devaluación nominal de la moneda? No me parece el camino más indicado, amén de que también es difícil ir a contrapelo con las tendencias internacionales. Hemos visto que durante el 2025 el dólar cayó en el mundo, no solo en Uruguay. Además, si se compara la situación de la región, la apreciación de nuestra moneda fue inferior a la de muchos de nuestros vecinos, incluso.
-¿Cuál es el grado de importancia que tienen las reformas microeconómicas en este apartado, en el entendido que usted propone de no corregir a través de la devaluación nominal, para abordar los problemas de competitividad?
-Si yo quiero mejorar la competitividad y de repente no apunto a la devaluación nominal para poder lograrlo, lo que tengo que hacer es trabajar fuertemente en el campo de las reformas microeconómicas para bajar los costos administrativos que muchas veces las empresas tienen, o bajar costos de las tarifas más altas de la región. Eso se traduce en costos de producción de las empresas, que es necesario abatir para poder mejorar la rentabilidad operativa por esa vía. Ahí entramos en otros conflictos. En 2025, volviendo al tema de las tarifas, tuvimos simultáneamente una caída del precio en petróleo y una caída en el tipo de cambio. Con esto, lo razonable sería pensar que el combustible debería bajar considerablemente y eso no fue así. Las bajas que se registraron fueron muy inferiores a lo que ameritaba si se tenía en cuenta el comportamiento del precio del petróleo y del tipo de cambio. Lo que ocurrió es que hubo otros objetivos de por medio que no se podían descuidar, que tienen que ver con aspectos fiscales y de que Uruguay tiene un déficit muy elevado, y como ha ocurrido tantas veces, en 2025 se hizo uso de las tarifas públicas como instrumento de política fiscal, en este caso contractivo. Hay que trabajar en lograr una disminución del gasto público para poder reducir las tarifas y los gastos de las empresas, para no dañar el resultado fiscal. Y, por otro lado, hay que trabajar en reformas microeconómicas y en algunas reformas estructurales para permitir una baja del costo país, en el sentido más general.
-El 2025 cerró con la noticia del ajuste del cálculo del Fonasa y el 2026 comenzó con el aumento en el cálculo del BPC para el IRPF. ¿Son ajustes fiscales a su entender?
-No quiero entrar en el debate sobre si es ajuste o no. Hay argumentos técnicos que ha esgrimido el gobierno para justificar lo del Fonasa, por ejemplo, pero como telón de fondo hay una realidad que es innegable y es que tenemos un déficit fiscal alto, con un nivel de deuda pública, que, si bien está aceptablemente ubicado en el ancla de la deuda prudente en la nueva institucionalidad fiscal, es importante que no aumente. Y para que no aumente, el déficit debe bajar. Entonces, el déficit se baja o aumentando los ingresos o disminuyendo los gastos, o bien manteniendo un resultado estable, con un crecimiento económico que me permita un abatimiento del déficit fiscal medido como porcentaje del Producto Interno Bruto (PIB). Por el lado de los gastos, si uno va a lo que son las proyecciones que se había fijado el gobierno en el presupuesto, el gasto primario del Gobierno Central y BPS se proyecta que va a aumentar. Por el lado de los ingresos se incorporaron impuestos en la Ley de Presupuesto que permiten esperar un aumento en la recaudación. Entonces, dado que el crecimiento económico sigue siendo bastante modesto, el déficit sigue sin poder bajar de forma sustantiva. Y el déficit hay que reducirlo. Yo de ninguna manera puedo descartar que estos ajustes, que en algunos casos el gobierno justificó que eran ajustes técnicos, tengan una motivación de lograr recaudar un poco más, porque se necesita bajar el déficit fiscal.
“El gran desafío es mejorar el crecimiento y lograr mayores tasas”
-¿Qué panorama económico se presenta de cara a 2026?
-El gran desafío es mejorar el crecimiento y lograr mayores tasas. El gobierno se fijó una proyección que convergen al 2,5% al cierre del período de gobierno, que a nuestro modo de ver son un poco optimistas en relación con lo que nosotros pensamos. Y digo nosotros refiriéndome a la generalidad de mis colegas. Entonces, ahí está el gran desafío, porque eso tiene un efecto virtuoso sobre otras variables de la economía, principalmente en el déficit fiscal y la deuda pública, pero también hace que aumente el empleo. Crecer más es lo mejor que nos puede pasar y es bueno por donde se lo mire. Lo que ocurre es que una cosa es tener la expresión de deseo y otra es realmente lograrlo. Y para crecer más, en el mediano y largo plazo, está bastante claro conceptualmente a nivel de teoría que para impulsar un mayor crecimiento lo que hay que hacer es una mayor acumulación de factores productivos y una mejora en la productividad, no hay mucho misterio.