-Recientes encuestas han evidenciado un aumento en la desaprobación del presidente Yamandú Orsi. Específicamente la de Cifra, empresa que usted lidera, mostró que la desaprobación del presidente asciende al 46%. ¿En qué hechos se explican estos números?
-No hay un único factor que explique el crecimiento de las desaprobaciones. Primero, si se mira la serie histórica, Orsi había empezado el mandato con una desaprobación relativamente baja comparada con mandatarios anteriores. Pero, sistemáticamente, a lo largo del año pasado, lo que ocurrió es que hubo un aumento de la desaprobación. Hasta octubre de 2025, esa desaprobación era en función del gran porcentaje que teníamos en marzo, con gente que ponía algo así como una carta de crédito en el presidente. Esto tiene que ver con las expectativas de la gente y no necesariamente como dice la oposición, de que “el gobierno te mintió”. El gobierno no ganó con grandes promesas de cambios. No prometía las grandes reformas que hizo en los gobiernos de Vázquez y ni siquiera promesas de Mujica que después no se cumplieron, como la reforma del Estado. Pero la gente, pese a esto, tenía expectativas de cambios. Tampoco de grandes cambios, pero sí de algunos. Y lo que se percibe es que no ha habido ni cambios pequeños, medianos o significativos a lo largo de este año. Entonces, esas expectativas de cambio no se están dando. Por otro lado, creo que hay un relato exitoso de la oposición de decir que no están haciendo nada y de señalar los impuestos.
-¿Exitoso según el impacto y rendimiento de ese discurso?
-Sí. Además, si la gente no percibe esos cambios, les cree. Igual, la evaluación de la oposición tampoco es buena. Cuando preguntamos, no es que la gente esté satisfecha con la oposición, pero sí toma ese discurso de que este gobierno no está haciendo grandes cosas.
-Más allá de los números, ¿cuál cree que es el humor hoy de la sociedad en general?
-La gente está cansada y desesperanzada, lo cual siempre es un problema, y más en el momento coyuntural en el que estamos, y no nos damos cuenta de los riesgos que corre el mundo con esta guerra y estas acciones tan difíciles de prever por parte del gobierno de Estados Unidos y sus aliados. Siempre creemos estar lejos de los problemas, pero todo nos pega.
-¿Estamos ante un punto de inflexión en la tolerancia de la sociedad en lo que respecta a inseguridad, robos y personas en situación de calle?
-Creo que estamos en el mismo lugar en el que estábamos hace meses. Es malo, pero no es peor que hace un año.
-El año pasado un grupo de frenteamplistas se manifestó en contra del camino de este gobierno y cuestionó su rumbo de izquierda. ¿Este descontento se ve plasmado en los números actuales?
-Solo expresan aprobación con la gestión el 52% de los votantes del Frente Amplio (FA). Pero, en el corazón de los que se consideran frenteamplistas, la aprobación es mucho mayor. Yo lo que veo es que la no aprobación de la gestión está en aquellos votantes que no son del corazón del FA, sino en aquellos que se mueven de un lugar a otro y que buscan beneficios. Son aquellos que se fueron a votar a Lacalle Pou en 2019 y que ahora volvieron. En el corazón de los frenteamplistas hay un grupito descontento, pero la aprobación es mucho más alta. Porque, por más que manifiesten enojo, expresar la desaprobación de su candidato a los frenteamplistas les cuesta. La desaprobación no está en los que son más de izquierda, está en el votante ocasional, que puede haber votado más de una vez al FA, pero que no se considera parte del FA. Todos esos dichos del gobierno, que no han sido suficientemente de izquierda, creo que enojan, pero no llevan a que la gente se baje del caballo de Orsi, por ahora.
-¿Este gobierno ha mostrado más vetas de lo “normal” de ser un gobierno de centro? Alejandro Sánchez propuso abrir las empresas públicas a la participación privada, por ejemplo, algo que no es muy propio de la izquierda.
-El gobierno del FA siempre fue más pragmático que ideológico en los hechos, aunque ahora tal vez en el discurso esté más alineado con su pragmatismo. El FA nunca ejerció un gobierno de izquierda radical, sino que más bien siempre ejerció un gobierno de socialdemocracia, que se pareció mucho al gobierno de Lacalle Pou, con matices. El gobierno de Lacalle Pou en el discurso era de socialdemocracia, en algunas acciones no fue tan socialdemócrata. Pero el FA nunca hizo reformas ni tuvo acciones de izquierda radical, aunque debía concederle cosas a la izquierda más militante, y siempre su política fue más hacia el centro. Por más que el MPP fuera mayoría, que ahora es una mayoría más fuerte, en lo económico primó más lo pragmático astorista que la línea del MPP.
-¿Es muy difícil que un gobierno en Uruguay, sea del signo y color que sea, se salga de esa línea de centro?
-Sí, porque el uruguayo, más allá de su postura ideológica en general, frente a los grandes temas siempre ha sido más de centro. La veta más de izquierda que tiene este gobierno, que es una de sus prioridades y su gran preocupación, es la pobreza infantil. Es la veta de izquierda radical más llevada por el resto de la población, porque nadie se va a oponer a abordar este tema. Pero tampoco se están viendo en los hechos los resultados y podría ser un buen camino para mantener a los más de izquierda satisfechos. Esto ha sido una promesa de gobierno que creo que debe empezar a mostrar resultados, si no, va a generar enojos. Creo que este gobierno debe empezar ya a mostrar cosas que está haciendo, porque no tiene mucho más tiempo para seguir diciendo “esperen, que ya van a ver”
-¿Qué señales cree que está dando el gobierno en el apartado económico, teniendo en cuenta el escenario fiscal restrictivo?
-Está claro que si el gobierno quiere llevar adelante las políticas sociales que tiene en mente, necesita contar con recursos. Bajar la pobreza implica intervenir en los sectores de más bajos ingresos y para ello se necesitan recursos. Y tenía menos de lo que creía cuando asumió, es lo que ha dicho.
-Eso es un relato.
-Es un relato, pero parto de la idea de que me están diciendo algo real. Era una posibilidad que tuviera que sacar dinero de algún lado, que creo que también lo tendría que haber hecho la coalición si ganaba y quería contener en algo el tema pobreza, porque hay un deterioro social importante. Y es difícil intervenir sin dinero. Al Estado no le sobran recursos. Si vas a darle a alguien, o le sacas a unos y eso genera enojo, o conseguís fondos de algún lado. Yo creo que este gobierno optó por obtenerlos de los sectores con más recursos, porque en las cosas en donde ha intervenido, les ha impactado a los sectores de más ingresos, sin llegar al 1%, que yo le creo a Gabriel Oddone cuando dice que él no cree en eso. Pero donde se transforme en un reclamo del FA, no sé qué va a hacer.
-¿Es un error que un gobierno de izquierda se ampute la posibilidad de gravar al 1% más rico en este contexto fiscal?
-No es tanto por el 1% más rico, sino por lo que genera como mensaje. Creo que es un error que el gobierno se ampute esa posibilidad si solo pensamos en ese impuesto. No sería contradictorio con las expectativas que se tiene al respecto de un gobierno de izquierda que le saque dinero a los más ricos, el problema es que el mensaje de atraer y mantener a los ricos en el país, que son necesarios, no es bueno.
-Oddone, durante toda su trayectoria, tuvo presente la problemática del crecimiento y su tesis doctoral habla de este problema. En el presupuesto quedó a la vista que la apuesta es el crecimiento de la economía. ¿Imagina un escenario donde, a lo largo de los próximos años, el FA ante un menor crecimiento del esperado presione para que se concrete este impuesto al 1%?
-Creo que sí, que el FA puede presionar. Hay que ver si el gobierno puede concederlo justamente por ese mensaje. Porque, además, cuanto más importante se vuelve porque falta plata, más embroma tenerlo porque ahuyenta a los que traen la plata. Que el FA pida y que los votantes pidan esto, es muy factible. Hay que ver si el gobierno puede no concederlo.
-¿Ve una fractura entre el gobierno y el partido?
-El partido no es el gobierno, pero es importante para el gobierno. Creo que la dirección de Fernando Pereira ha sido buena para el partido, entiende este dilema, maneja el discurso, se pone radical cuando puede hacerlo y, cuando necesita darle aire al gobierno, ha sabido recular. Él tiene claro que una cosa es el partido y otra es el gobierno, y debe jugar con eso porque es una forma de tener a los votantes medianamente satisfechos.
“Los votantes de la oposición no la evalúan tan bien en sus acciones”
-¿Cómo evalúa el accionar de la oposición durante este período?
-No hay una sola oposición. En su conjunto, los votantes de la oposición no la evalúan tan bien en sus acciones. Hay distintos estilos. Uno más conciliador con Pedro Bordaberry, que por momentos abandona esa conciliación y enfrenta, pero por momentos intenta tener un tono conciliador. También hay un estilo más confrontativo que es el del Partido Nacional, cuya estrategia ha sido la de una marcación hombre a hombre. Aquellos que estuvieron en distintas áreas de gestión de gobierno, marcan al jugador que ahora juega en su puesto en el nuevo equipo. Pero han sido poco propositivos, poco explicativos en sus quejas, y han optado por decir que el gobierno está haciendo todo mal. La gente quiere que también propongan algo y que planteen una medida o un proyecto y que peleen por eso.