La actividad contó con las presentaciones del director ejecutivo del CED, Agustín Iturralde, y del director de Equipos Consultores, Ignacio Zuasnabar.
Con un presupuesto frágil (como el CED había observado en setiembre de 2025) y en un contexto adverso, caracterizado por el conflicto en Irán y sus efectos, sumado a un entorno regional marcado por la competencia por las inversiones, Uruguay consolida un bajo dinamismo económico, que lleva al CED a notar la necesidad de un ajuste en el gasto público a la par de reformas estructurales que le permitan crecer.
“La programación financiera votada en el presupuesto quedó obsoleta”, afirmó Iturralde y tras su análisis, agregó: “No hacer nada es una mala alternativa en este escenario”.
En cuanto a la situación internacional, Iturralde notó que la guerra en Irán puede tener un impacto relevante con consecuencias que se traducen en aumentos de hasta 60% del petróleo por el cierre del Estrecho de Ormuz, donde se comercia el 20% de este recurso.
Así, analizó cómo esta guerra impacta en diferentes dimensiones: tiene un efecto global que implica una caída en el crecimiento mundial, uno financiero que se manifiesta en riesgos inflacionarios con sus consecuentes efectos sobre las tasas de interés y caídas de las bolsas, al tiempo que genera un aumento en el precio de los commodities, del fertilizante y del transporte, generando un efecto negativo sobre la producción mundial, porque el 40% del petróleo de China pasa por el Estrecho de Ormuz.
En el plano regional, la competencia por inversiones se intensifica debido a las reformas que están llevando adelante países del continente.
El deterioro de las expectativas
En este escenario, en Uruguay se confirma la desaceleración y el país se encuentra en una recesión técnica: los indicadores del primer trimestre de 2026 conducen a una reducción de la proyección del crecimiento que el CED ubica en 1,2% para el año. En 2025, la proyección del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) fue de 2,6%, mientras que la actividad económica habría crecido 1,8% y para el 2026 la proyección oficial de 2,2% sería nuevamente superior a la que esperan los analistas. Se confirma entonces que el equipo económico fue optimista en la proyección de la tasa de crecimiento de la economía con la cual se elaboró la Ley de Presupuesto.
De esta forma, explicó el director ejecutivo del CED, las expectativas de crecimiento para este año se deterioraron fuertemente. Además, hubo una desaceleración laboral en 2025 con freno en la creación de empleo y la recaudación de impuestos tuvo un desempeño débil (con una variación real interanual de -0,7% de la recaudación neta de la DGI a enero de 2026).
En este sentido, el 2026 será un año desafiante para la economía en general y para las finanzas públicas en particular. Las proyecciones realizadas por el CED estiman un desvío de 0,6% del PIB (US$ 500 millones aproximadamente) en el déficit fiscal proyectado por el MEF para este año. Al mismo tiempo, se plantea que la deuda neta podría ubicarse en el entorno del 68% del PIB hacia 2029, incumpliendo el ancla de deuda vigente en la nueva regla fiscal. Desde el centro de estudios se propone que dicho desfase se resuelva por medio de la reducción del gasto público y no por la vía impositiva.
Con un presupuesto frágil y una situación internacional compleja, el costo de la inercia aumenta, por lo que Uruguay debería llevar adelante un ajuste en el gasto público y reformas estructurales que impulsen la inversión, la productividad y el crecimiento del país, de acuerdo al análisis de Iturralde.
El primer año de gobierno
Por su parte, Zuasnabar analizó las percepciones de los uruguayos. En este marco, destacó que el gobierno cumple su primer año de gestión en una situación que no está siendo confortable desde el punto de vista de los indicadores de opinión pública. “Son datos que no son confortables para el gobierno y la tendencia tampoco” lo es, aseguró. De esta forma, advirtió que los números de Orsi se parecen bastante a los que tenía Batlle en 2001 antes de la crisis, y concluyó: “El gobierno atraviesa una etapa desafiante”.
Respecto al desinterés y desencanto de los uruguayos con la política, Zuasnabar observó que no estamos en el peor momento, que se remonta al período entre 2016 y 2018.
Consultado sobre la situación de los partidos políticos, sostuvo: “Todavía no hemos visto el deterioro de los partidos como organismos de representación”.