El Dr. Raúl Germán Rodríguez afirmó recibir “con tranquilidad” la decisión de investigar su gestión al frente del Casmu, aunque expresó una “clara preocupación” por el sentido que, a su entender, se le está dando al proceso. En diálogo con CRÓNICAS, sostuvo que los mecanismos de contralor son necesarios, pero advirtió que pierden legitimidad cuando se utilizan de manera selectiva o quedan subordinados a interpretaciones políticas.
“Los controles son saludables. El problema aparece cuando se los activa o se los desacredita según si confirman o no determinadas versiones”, señaló, en una crítica directa al enfoque que —según su visión— ha adoptado el oficialismo. En esa línea, planteó que el riesgo no radica en la existencia de auditorías o supervisiones, sino en el uso discrecional de esos instrumentos.
Rodríguez remarcó que su administración fue una de las más controladas en la historia de la institución. Recordó que, en 2020, por resolución del Ministerio de Salud Pública, se designaron veedores que trabajaron de forma permanente junto a las autoridades. A esto se sumó, en 2024, la intervención del propio Ministerio, que implicó la designación de un equipo interventor que continúa en funciones.
El esquema de control incluyó, además, auditorías externas de las consultoras Kaplan y Grant Thornton, evaluaciones del área de Economía de la Salud, supervisiones de la Junta Nacional de Salud (Junasa) y el análisis de la Fiscalía de la Nación. “Con todo ese nivel de control, no se encontró responsabilidad penal ni conductas delictivas que justificaran una denuncia”, subrayó, en referencia a las conclusiones de la fiscal Mónica Ferrero.
Desde su perspectiva, cuando los organismos de contralor no validan determinadas interpretaciones, se produce un intento de desacreditarlos. “Esto deja en evidencia que no se está defendiendo la transparencia, sino intentando imponer una versión política por encima de los hechos”, afirmó.
Trayectoria y visión de gestión
Consultado sobre su recorrido institucional, Rodríguez explicó que su involucramiento en la conducción respondió a una vocación de servicio vinculada desde temprano a su interés por la política como herramienta de transformación. Su formación en medicina, particularmente en medicina familiar, fue determinante en la construcción de esa mirada.
El contacto directo con los pacientes y sus contextos sociales, señaló, reforzó su convicción sobre el rol que debía cumplir una institución como el Casmu, más allá de la atención estrictamente asistencial.
El entrevistado integra el Consejo Directivo desde 2002, lo que le permitió adquirir un conocimiento profundo sobre el funcionamiento interno y los desafíos estructurales.
En ese proceso, junto a otros profesionales, impulsó la agrupación Médicos Unidos, que posteriormente le permitió acceder a la presidencia. Desde ese rol, sostuvo haber promovido una gestión basada en la responsabilidad administrativa, el compromiso social y la defensa de la calidad asistencial, con el paciente como eje central.
Los puntos fuertes de su presidencia
Entre los principales hitos de su administración, destacó el sostenimiento de la calidad asistencial en un contexto económico adverso, sin comprometer el equilibrio financiero. También mencionó iniciativas de impacto social, como el despistaje oftalmológico en escuelas de Casavalle, orientado a detectar patologías visuales y facilitar el acceso a lentes para niños.
A su vez, subrayó una renovación tecnológica y edilicia que calificó como “sin precedentes”, enfocada en garantizar estándares modernos de atención. En cuanto a la relación con la actual conducción del Casmu, la describió como “distante y poco constructiva”, con escaso diálogo institucional y una “notoria agresividad hacia la minoría”.
“Cuando se evita el diálogo, en el fondo lo que se está evitando es el contralor y la rendición de cuentas”, concluyó.