En este nuevo contexto, el concepto de nutrición positiva gana centralidad como un enfoque integral. No se trata únicamente de reducir componentes que deben moderarse —como sodio, azúcares añadidos o grasas saturadas— sino, de manera complementaria, de incorporar nutrientes y componentes con impacto positivo en la dieta, como fibra, granos enteros, proteínas y micronutrientes. Ambas dimensiones son inseparables. Mejorar el perfil nutricional de un alimento exige trabajar en equilibrio, evaluando la receta en su totalidad y no desde miradas parciales o simplificadas.
Este enfoque se apoya en estándares internacionales validados por terceros, que permiten evaluar de forma objetiva la calidad nutricional de los alimentos. Herramientas como el sistema Health Star Rating, desarrollado por los gobiernos de Australia y Nueva Zelanda, aportan un marco técnico claro para medir avances y orientar procesos de reformulación e innovación de manera consistente y transparente.
La mejora continua de las recetas descansa, además, en tres principios clave: ciencia, simplicidad y transparencia. Avanzar hacia listas de ingredientes más cortas y reconocibles, priorizar componentes familiares y brindar información clara en el etiquetado son pasos concretos para empoderar a los consumidores y facilitar decisiones informadas. En este camino, la divulgación de información nutricional basada en evidencia científica cumple un rol fundamental para derribar mitos y promover una relación más consciente con los alimentos.
La incorporación creciente de granos enteros y fibra en productos de consumo diario responde a una necesidad ampliamente documentada desde la salud pública. Una alimentación con mayor presencia de estos componentes se asocia a mejores resultados en términos de bienestar y prevención de enfermedades crónicas no transmisibles, y representa una oportunidad concreta para que alimentos tradicionales sigan ocupando un lugar relevante dentro de estilos de vida más saludables, sin resignar sabor ni accesibilidad.
Liderar en nutrición positiva implica también reconocer que ningún alimento, por sí solo, define una dieta. Todos cumplen distintos roles y momentos de consumo. Desde esta perspectiva, el desafío de la industria es ofrecer opciones diversas, seguras y nutritivas, que permitan a cada persona construir una alimentación equilibrada de acuerdo con sus necesidades, preferencias y contexto.
El compromiso con la nutrición positiva es necesariamente de largo plazo. No se trata de responder a una tendencia coyuntural, sino de sostener un proceso de mejora basado en ciencia, transparencia y responsabilidad. Porque acompañar decisiones cotidianas más conscientes es, en definitiva, una de las formas más genuinas de alimentar un mundo mejor.
(*) Lic. en Nutrición y supervisora de Asuntos Regulatorios en Bimbo Uruguay.