Empresas & Negocios
Alejandro Lagazeta, fundador de Escaramuza
De vender libros usados en la feria a ser un referente de la cultura
Empezó vendiendo libros en Tristán Narvaja, pero su deseo de construir proyectos culturales lo llevó a comprar una librería que estaba por cerrar. Hoy es un referente del sector y está al frente de Escaramuza, Criatura Editora, una distribuidora de libros y Cultural Alfabeta, entre otros. No le gusta definirse como emprendedor, sino que prefiere pensar en los “buscavidas” y cuestionar un modelo que, según dice, deja a la mayoría afuera. En entrevista con Empresas & Negocios, Alejandro Lagazeta repasó su camino en el mundo del libro y planteó ideas para que las empresas chicas puedan prosperar.
Fecha de publicación: 30/04/2026
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Alejandro Lagazeta, fundador de Escaramuza.
Por:
Magdalena Raffo

¿Cómo se vinculó con los libros? ¿Recuerda cuál fue el primer libro que leyó?

Yo tuve una vinculación extraña con los libros desde mi infancia. Yo no vengo de una familia lectora, pero sí con un respeto a la literatura, al saber que se esconde dentro de los libros. Recuerdo leer libros de Teo, me gustaba mucho ese universo. Más de adolescente empecé a leer ensayos, investigaciones y alguna novela.

Pero, ¿nunca se imaginó que iba a terminar trabajando con libros?

No, para nada. En la crisis del 2002 quería hacer algo y estaba entre la restauración de muebles y la venta de libros. Yo iba mucho a Tristán Narvaja a comprar libros usados. Y arranqué a vender libros. En mayo de 2003 compré 50 libros usados y me puse una mesita en Tristán Narvaja. Siempre me gustó la gente que anda alrededor del libro, la gente curiosa. Pasé a libros nuevos muy rápido. Llegué a armar en la feria más de 4000 libros por día. Y ahí empecé a tener ganas de abrir una librería. Un amigo me dijo que había una librería, La Lupa, en Ciudad Vieja, que estaba a la venta, y la compré. Allí se desarrolló un proyecto cultural. Fue un momento muy explosivo.

¿En qué sentido?

Por ejemplo, en una librería que tiene 40 metros cuadrados, un día fue a tocar Pata Kramer y entraron 57 personas. Todos los sábados de noche había movidas, lindas actividades culturales, cortábamos la calle.

Después, en 2011, decidimos hacer una editorial y ahí nació Criatura Editora, que hoy tiene más de cien títulos publicados. Empezamos a ir a Argentina a llevar libros. Abrimos la editorial en octubre de 2011, y el 1º de enero de 2012 Cristina cerró las fronteras, no podían pasar importaciones, y nosotros las pasábamos de contrabando. Yo viajaba todos los fines de semana a Buenos Aires, llevaba una mochila con cien libros y recorría el circuito librero, Corrientes y Palermo. Nosotros teníamos seis libros publicados, yo llevaba cuatro o cinco a cada uno y después me pasaban las ventas. En eso conocí Eterna Cadencia, una librería de referencia, y nos hicimos amigos con Pablo Braun, su fundador. Empezamos a hacer el Festival Internacional de Literatura de Buenos Aires (Filba), lo hicimos un par de años desde La Lupa. Ahí Pablo me decía: “vamos a hacer una librería con un café tipo Eterna”. Estuvimos dos años pensando y en el 2015 buscamos esta casa. Vimos 70 casas distintas. Cuando empezó la obra dejé la multinacional en la que trabajaba hacía años y me empecé a dedicar a esto 24/7.

¿Cuál cree que es el secreto de la vigencia de Escaramuza?

Uruguay es un país formidable y es muy cultural. La gente que viene de afuera no puede creer las actividades del mundo del libro que hay. Esta es una casa preciosa y teníamos que hacer actividades culturales, mezclar muy buenos libros y una propuesta gastronómica, y ahí conocí a Flor y a Ale (Florencia Courrèges y Alejandro Morales). Hicimos un proyecto que para mí iba a funcionar si lo que hacíamos se sabía, si se sabía de libros, si se sabía de gastronomía, y había un interés en mezclar las cosas. No es que son dos empresas separadas.

¿Usted ha vivido las trabas burocráticas y los altos costos que siempre señalan los emprendedores?

Yo nunca me definí como emprendedor. Que emprendo, emprendo, desde chico, desde que iba a la feria a vender Agua Jane o huevos a los nueve años, todo por cuenta propia. Siempre me gustó.

¿Por qué no se define como emprendedor?

Tampoco me defino como empresario. Son discusiones que tengo. Yo pienso que hay muchos más emprendedores… si vamos a usar la palabra emprendedor, hay mucha gente haciendo mucha cosa. Hay como una nueva ola del emprendedor que dejó afuera a un montón de laburantes que también lo son, que van a laburar 10 horas al quiosco y después siguen en su casa, y esas personas dan la vida. De repente enseñar qué es un costo a una persona que lo vive todos los días, pero que no puede pensar que el trabajo adicional que le mete a hacer tortas fritas es parte del costo, y que hasta que no lo piense como un costo nunca va a separarse, y aprender herramientas o saber cómo te pega la inflación o leer una noticia… todo ese universo, a esa mayoría de emprendedores no se les enseña.

A fin del año pasado vi que la Aduana estaba yendo a decomisar al viaducto del Paso Molino, y yo pensaba: está bien, porque hay que regularizar, uno no puede tener cosas de contrabando. Arranqué diciendo que llevaba libros para Argentina como una estrategia de desarrollo. Yo puedo estar bien visto por arriesgarme a llevar a Argentina literatura nacional y ponerla en un circuito donde iban los uruguayos y creían que la editorial era argentina, como una estrategia comercial. Y los pibes que están ahí… Yo creo que se puede armar un programa donde puedan cambiar su negocio, vender nacional, regularizarse, flexibilizar.

¿Y la situación del país…?

El país es caro, los costos de vida son caros, somos pocos, es difícil, pero eso es así para todos, la empresa grande y la empresa chica. A mí me gusta pararme en otro lado. Hay muchos programas sociales y se necesitan muchos más. No va a bajar el costo del Uruguay, tenemos que tratar de encontrarle otra vuelta. Suena mejor “emprendedor” que “buscavidas”, pero me gusta más la gente que anda buscando qué hacer y le encuentra la vuelta. Si a esa gente la podemos profesionalizar, si le damos un marco general y tres años de aprendizaje mezclado con lo que hace, a la hora de elegir dirigentes para las grandes empresas, no sé a quién elijo, si los que vienen de la universidad o los que vienen de ahí, porque la capacidad de tomar riesgo, la capacidad de entrega y de pensar la vueltita, es increíble.

Yo cuando arranqué tenía 70 dólares guardados, en ese entonces eran 2100 pesos, ese fue mi capital. Hoy mis capitales son increíbles. Arranqué con 70 dólares, 20 años después tengo un montón, mucho menos que la clase media de repente. Ahora, tenés una buena idea, vas a pedir un préstamo y tenés que poner una garantía de una casa, y ninguna de estas personas de las que te estoy hablando cambia la casa por un crédito para emprender un negocio en Uruguay. Entonces, pensemos en formas diferentes, pero esa no, porque vas a perder tu casa probablemente, porque en 90 días te quedaste sin nada y ahí se te fueron las ganas de hacer cualquier cosa. No es una opción un banco para emprendedores. No están hablando de esa gente que es el 85% de la gente que emprende. ¿Qué pasa si no tenés herencia? Volvés a empezar de cero.

Decía que no se define como emprendedor ni como empresario.

En mi corazón yo soy el primer trabajador, realmente no la paso bien si otro trabajador está trabajando y yo no estoy pendiente de eso. No me duermo hasta que terminan todos. Yo puedo decir que me dedico al libro, a la gastronomía, a la cultura, y si mañana me tengo que dedicar a otra cosa, no pasa nada. Y tengo una fascinación por los procesos tecnológicos.

Pero también debe competir con la tecnología. ¿Cómo se hace?

Es un gran tema. Yo creo que el libro es muy noble y la primera infancia necesita el libro físico. El cambio global es muy fuerte. Necesitamos más procesos tecnológicos aplicados a las cosas. También veo muchas empresas de tecnología que repiten los modelos del exterior, es decir, ¿cómo vas a ganarles a las organizaciones globales si vos lo primero que querés hacer es parecerte? Hacé algo distinto, intentalo. En los últimos 10 años ha cambiado todo, las plataformas web, el e-commerce, y ahora vienen las cadenas globales.

Por otro lado, sobre lo que hablábamos antes, yo no puedo pensar en organizaciones de cultura diciendo que hay que bajar los costos y poniendo el foco en cuál es el libro que más se vende. En Escaramuza nunca se posteó el ranking de lo más vendido.

Pero lo más vendido lo tienen que tener.

Por supuesto. Pero la diversidad te puebla en los libros, te hace algo distinto, te produce otro sujeto, otro humano, y eso es fundamental.

¿Cómo ve al público de lectores en Uruguay?

Faltan datos, pero yo creo que es muy bueno en general, yo veo gente muy capaz y que lee un montón. Hay una falta de política estatal fuerte, te lo digo sanamente. Me parece que Ceibal hace muchos años fue maravilloso porque eliminó la brecha de las computadoras entre los pobres y los ricos, pero hoy a la mitad de las escuelas no les funcionan las conexiones, las computadoras son viejas. Los pibes ya nacieron con este código, ya son puramente abiertos, pero, ¿qué pasó? Hubo un proceso de abandono total del libro físico cuando vino Ceibal, y la información no te queda tanto en la cabeza al leer desde una computadora. Hay algo del libro, de prestar, de compartir, de ir a una biblioteca, todo eso se perdió. Escaramuza el año pasado armó ocho bibliotecas en escuelas públicas. El problema fue que después de la pandemia y la transformación digital, se abandonó la metodología de lectura. No había profesores ni maestros preparados para enseñar a leer en dispositivos. No se acompañó todo ese proceso, y en cinco años tenés una generación en la que nadie lee.

Volviendo a lo que necesitan hoy los emprendedores, ¿qué es lo que propone?

Si nosotros logramos tener una gran conexión, una gran tecnología, al servicio de todas las empresas chicas de este país, estoy seguro de que van a encontrar nuevos mercados y una política de enviar cosas para afuera mucho más rápida, ágil y barata. El que produce miel en el medio de Tacuarembó, por ejemplo, que se la mande a los alemanes, que comen mucha miel, y resuelven su problema. Creo que hay que generar herramientas vinculadas al e-commerce y sobre todo hacia afuera. Hay que hacer algo, crear algo grande, estatal, que sea la base para que muchas empresas chicas puedan salir. Porque si no, estás pensando para afuera y terminás con tres empresas que te llevan todos los negocios.

Yo la otra vez leía el libro de Oddone (El despegue), y tiene razón. Él dice: Uruguay puede crecer al 3%. Es una utopía. Eso le suena poco a cualquier persona, es moderado, pero real. Pero el 70% de la estructura laboral de este país está basado en algo que con la invención de la inteligencia artificial te arrasa, y el Estado va a terminar asistiendo mucho más, por lo tanto, el país va a ser mucho más caro. Entonces, si vos tenés esta cosa que no podés evitar, tratar de emprender, o tratar de buscar vida, necesitás pensar otros escenarios.

Nosotros tenemos 70 personas trabajando. Trabajamos en la librería, en el café, en el e-commerce, en las actividades culturales. Tenemos conexiones con todos los países de habla hispana, con algunos en inglés. Yo soy un agradecido. Nunca me imaginé esto.

¿Qué tan viable es esto que propone para las empresas?

Yo creo que son tan grandes los cambios que te paralizan. Y hay varios ministros, varias empresas, varias organizaciones en diferentes lugares que quieren cambiar. Pero hay que tener chispa. Tenemos que crecer 3% por año. Es un problema nacional. A nadie le importa. Le importa a un montón de gente. ¿Sabes qué pasa? Tenés a la izquierda en el gobierno, a la derecha criticando. Y si da un 0,3% menos, me sirve porque puteo. Pero se te rompe el juego. No hay más país. Me parece que hay una oportunidad ahí. Soy optimista.



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Alejandro Lagazeta
Escaramuza
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