Empresas & Negocios
Michael Reiss, CEO Global de la red GGI Global Alliance
“La internacionalización ofrece múltiples ventajas, pero también plantea complejidades”
En un contexto de creciente interdependencia global, las redes internacionales de servicios profesionales enfrentan nuevos desafíos y oportunidades. La expansión de los negocios transfronterizos, la complejidad regulatoria y el impacto de los cambios geopolíticos configuran un escenario donde la coordinación y el intercambio de conocimiento resultan clave.
Fecha de publicación: 30/04/2026
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Michael Reiss, CEO Global de la red GGI Global Alliance.
Por:
Lucía Arregui

En dialogo con Empresas & Negocios, Michael Reiss, CEO Global de la red GGI Global Alliance —cuya firma miembro en Uruguay es Carle & Andrioli Contadores Públicos desde hace 25 años—, analizó cómo la internacionalización transformó la dinámica empresarial en las últimas décadas, pasando de ser un fenómeno excepcional a una práctica cotidiana en múltiples sectores.

Además, abordó el rol de los acuerdos de libre comercio, los desafíos ambientales y el comportamiento de los consumidores, en un contexto donde la calidad, el precio y la confianza siguen siendo determinantes, pero donde también crece la necesidad de cooperación internacional para sostener el desarrollo económico.

Reiss llegó a Uruguay con motivo de la Conferencia Regional Latinoamericana desarrollada en Hyatt Centric Montevideo, que reunió a más de 50 profesionales de 25 firmas provenientes de 15 países. Durante el encuentro se abordaron temas relevantes para empresas y firmas profesionales, como sostenibilidad, innovación, gobierno corporativo, gestión del talento e inteligencia artificial.

Con una sólida carrera internacional, ha ocupado cargos en directorios de empresas en distintos sectores, ha participado en transacciones de fusiones y adquisiciones y en planificación patrimonial transnacional. Además, fue director ejecutivo de la Cámara de Comercio Española en Suiza y diplomático en destinos como Roma, Nueva York y Buenos Aires, donde culminó su carrera con el rango de Primer Consejero. Actualmente, también se desempeña como Cónsul Honorario de Estonia en Zúrich y es miembro del Consejo Asesor Internacional de la Louvain School of Management.

¿Qué características tiene la red que usted lidera?

GGI nació en Suiza hace 31 años como una red global de firmas de contadores públicos independientes, con la idea de colaborar entre sí e intercambiar mandatos internacionales. Eso fue en 1995.

Dos años después, los propios miembros plantearon la incorporación de estudios jurídicos. En ese momento era una propuesta bastante innovadora y poco común; hoy, en cambio, es algo habitual: la integración y el trabajo conjunto entre abogados y contadores es parte estándar del funcionamiento de las grandes redes profesionales.

Así fue como GGI comenzó a expandirse de forma sostenida. Yo me incorporé en 2003, luego de haber sido director general de la Cámara de Comercio Española en Suiza. En ese entonces había alrededor de 45 firmas afiliadas en distintas partes del mundo.

Actualmente, la red cuenta con más de 900 despachos, con presencia global en América Latina, América del Norte, Asia, Europa y África.

¿Cuáles son las oportunidades y desafíos que hoy tienen las firmas profesionales que integran la red?

Creo que hay distintos elementos y desafíos. Por un lado, están los desafíos normales y cotidianos, como la diversidad reglamentaria entre países y el aumento de los mandatos internacionales, que hace 20 o 30 años eran algo más exóticos. Hoy es completamente habitual encontrarse con estructuras empresariales en varios países. Por ejemplo, un cliente chileno que vive en Argentina, tiene una sociedad en Uruguay, inversiones en Colombia, vende a la República Checa y proyecta un joint venture con una empresa en Rumanía. Este tipo de situaciones ya no es excepcional, y además va en aumento.

Por otro lado, existen desafíos más generales vinculados a los cambios a nivel internacional. Las interconexiones e interdependencias globales son cada vez más profundas. Por ejemplo, un cambio de administración en un país de peso como Estados Unidos puede generar una cadena de efectos, dudas y ajustes para los clientes a nivel global, en una magnitud que no se ha visto en los últimos 10 o 20 años, con algunas excepciones.

En decir, la internacionalización ofrece múltiples ventajas, pero también plantea complejidades. Para los estudios independientes en distintas partes del mundo, mantener esa independencia exige, al mismo tiempo, un contacto permanente con sus pares en otros países, para comprender mejor el contexto y brindar un asesoramiento más preciso a sus clientes.

¿Cómo ve la economía europea en este contexto de incertidumbre geopolítica?

La economía europea sigue siendo una referencia relevante a nivel global. Alemania mantiene su peso como una de las principales potencias del continente, y España continúa creciendo, en buena medida impulsada por el turismo, especialmente en un contexto en el que viajar hacia otros destinos se ha vuelto más complejo para algunos mercados.

Se trata de un mercado amplio, dinámico y con fuerte vocación internacional, con algunas excepciones puntuales. En ese sentido, el acuerdo de libre comercio entre la Unión Europea y el Mercosur es, en términos generales, bien percibido. Si bien existen sectores -como algunos agricultores en Francia y también en países como los Países Bajos- que manifiestan preocupaciones por el posible impacto, estas posiciones no representan a la mayoría.

En líneas generales, tanto los consumidores como las empresas ven en este tipo de acuerdos una oportunidad, con amplias posibilidades de desarrollo e integración económica.

¿Las empresas europeas están evaluando realizar inversiones en la región? ¿En qué sectores ve posibilidades?

Sí, creo que hay varios sectores que resultan especialmente atractivos para la inversión europea hacia la región. En primer lugar, el rubro de la alimentación sigue siendo clave, en gran medida por la contraestacionalidad. La posibilidad de exportar frutas, verduras y otros productos desde América Latina hacia Europa cuando ese mercado no está en producción -y viceversa- genera oportunidades constantes, dado que se trata de una demanda sostenida. El turismo también es un sector que mantiene un dinamismo importante y continúa ofreciendo buenas perspectivas de desarrollo e inversión. A eso se suma la industria, donde desde hace años se observa la llegada de empresas europeas que instalan o expanden operaciones productivas en América Latina, en distintos rubros.

Por último, el sector inmobiliario aparece como un área cada vez más interesante, acompañado por el crecimiento urbano y el atractivo de ciertas ciudades de la región para inversores internacionales.

¿Qué relevancia le asigna a los acuerdos Unión Europea-Mercosur y EFTA-Mercosur? Desde el punto de vista europeo ¿qué sectores productivos entiende son los favorecidos y los posibles perjudicados?

Obviamente, todo tipo de comercio -alimentación, etc.- representa una ventaja importante para los países, aunque sé que es un tema delicado.

Yo he estudiado derecho europeo en King's College London y tengo claro que el Reino Unido, tras salir de la Unión Europea, no ha obtenido ventajas; más bien todo lo contrario.

En cuanto al consumidor, sí existen percepciones individuales, pero en la práctica uno no elige simplemente por precio. ¿Alguien va a comprar carne china porque sea un poco más barata que la uruguaya? Probablemente no. El consumidor elige calidad y precio, y luego, en un segundo o tercer nivel, puede haber una componente más ideológica o de preferencia. Por ejemplo, puede gustar el chocolate suizo -y es muy bueno-, pero también lo es el de Bélgica o Italia; no es un producto de “ciencia exacta”. Lo mismo pasa con la carne: hay quienes compran Wagyu porque les apetece, no por el precio. En ese sentido, muchas de las preocupaciones, tanto de consumidores como de productores, me parecen algo exageradas.

En la implementación efectiva de los acuerdos ¿considera que los temas ambientales pueden presentar dificultades?

En general, los acuerdos de libre comercio, si se implementan de forma responsable y respetuosa con el medio ambiente, generan ventajas para ambas partes; de lo contrario, no se firmarían. Ahora bien, su aplicación puede presentar desafíos, especialmente en el plano ambiental, y eso se ve incluso en pequeños detalles.

Por ejemplo, hoy mismo abrí una botella de agua y el tapón no estaba unido al envase, como sí ocurre en Europa. Puede parecer menor, pero cuando se producen miles de millones de botellas, ese tipo de medidas tiene sentido. La regulación ambiental tiene un impacto enorme a nivel global.

Lo mismo ocurrió con los cargadores de los teléfonos: durante años, cada nuevo modelo implicaba desechar el anterior y acumular cables. Con la estandarización impulsada en Europa, se reducen cantidades enormes de residuos, y empresas como Apple terminan adoptando ese sistema a nivel global. Es un buen ejemplo de regulación con sentido, porque no se trata de regular por regular, sino de simplificar y reducir impacto.

También hay normas que a primera vista resultan difíciles de entender, como las vinculadas a la forma de ciertos productos agrícolas. Pero muchas responden a evitar ineficiencias, como transportar cajas medio vacías que generan un impacto ambiental innecesario.

Incluso en lo cotidiano aparecen esas contradicciones. Puede resultar llamativo estar en Suiza y que alguien pida un vino chileno, no porque no sea bueno -lo es-, sino por la distancia que recorre. Pero detrás hay una lógica: buques que van desde Europa a América Latina con productos regresan cargados con vino en tanques, que luego se embotella en destino. Es decir, no es un transporte ineficiente, sino una optimización de rutas que, de otro modo, volverían vacías.

En definitiva, los aspectos ambientales van a ser un tema permanente y cada vez más relevante a nivel global. Habrá cambios y ajustes, pero también avances necesarios. Y, en el fondo, eso es consecuencia de algo positivo: la internacionalización.

Lo vemos incluso en espacios como esta conferencia desarrollada en Uruguay, donde participaron profesionales de distintos países, y entre estos se conocen, generan confianza y fomentan relaciones. Y hay ejemplos muy claros, como el programa Erasmus Programme, que ha impulsado el intercambio entre jóvenes de distintos países, incluso formando miles de familias. Ese tipo de vínculos fortalece el entendimiento. Si hubiese más comunicación, probablemente habría menos problemas y menos guerras.

¿Uruguay puede ser un país base para que se instalen empresas para comercializar en la región? ¿Cómo ve el clima de inversiones?

Totalmente, y eso se ve en distintas vertientes. Por un lado, en lo comercial y económico; por otro, en el ámbito legal, en todo lo que implica constituir y gestionar sociedades. También se refleja en las relaciones internacionales: la Unión Europea tiene aquí un embajador, Petros Mavromichalis, que estuvo anteriormente en Suiza y que cumple un rol muy importante para fomentar los vínculos entre la Unión Europea -y sus países miembros- y Uruguay.

Dicho eso, más allá del marco jurídico e institucional, de la seguridad y la estabilidad -que son fundamentales-, también está la ventaja de tener un país muy atractivo, con calidad de vida, con gente bien formada, con una actitud respetuosa y con vocación de hacer negocios.

Y ahí se da un efecto claro porque una cosa lleva a la otra. En España se vio muy bien con el desarrollo inmobiliario vinculado al turismo. El turista de hoy es, potencialmente, el comprador de mañana. Va, conoce, le gusta el lugar -puede ser Valencia, Benidorm u otro destino- y empieza a pensar en invertir.

Algo similar empieza a pasar acá. Un gerente de una empresa europea que invierte en Uruguay viene por trabajo, pero después vuelve con su familia o recibe visitas. Esas personas descubren el país, lo valoran, y eso termina generando nuevas oportunidades, incluso en sectores más laterales a la inversión principal.

La red GGI Global Alliance ¿puede brindar asesoramiento y apoyo a las empresas para aprovechar las oportunidades de expansión e inversión?

Sí, obviamente esa es una de las ideas centrales de la red: contar con unos 900 puntos de referencia en todo el mundo.

Por un lado, se busca fomentar el intercambio académico y profesional, comparando mejores prácticas en distintas disciplinas: precios de transferencia, marketing, inmobiliaria, auditoría, gobernanza, entre otras. Hay un flujo constante de conocimiento entre los miembros.

Al mismo tiempo, ese intercambio se potencia a través de conferencias en las que participan figuras relevantes de distintas partes del mundo. Han estado, por ejemplo, el primer ministro de Polonia, ministros de Irlanda, el asesor de seguridad nacional de Estados Unidos, Jake Sullivan, y también Erin Brockovich.

La idea es ampliar el horizonte intelectual y mantener un espacio de intercambio profesional que sea abierto, dinámico y respetuoso. De ahí surgen oportunidades no solo a nivel de negocios, sino también en educación, formación y en la comprensión de aspectos más amplios, como las relaciones internacionales, que terminan impactando directamente en la actividad de los miembros.

Fundada hace más de 30 años y con sede en Zúrich, GGI Global Alliance se ha consolidado como una gran alianza mundial que agrupa calificadas firmas que brindan servicios profesionales de alta calidad, atendiendo las regulaciones y los negocios específicos de cada país.

Actualmente está presente en 126 países, con 648 firmas miembro y 912 oficinas en todo el mundo, que emplean a unas 32.000 personas. Su propuesta se basa en ofrecer a las firmas y a sus clientes acceso a servicios profesionales en contabilidad, auditoría, impuestos, asesoramiento legal y en fusiones y adquisiciones, manteniendo como pilares la integridad, la excelencia profesional y la independencia de cada firma miembro.

En América Latina, la red ha crecido bajo el liderazgo regional de Miguel Mantelli. En Uruguay la firma integrante de GGI desde 2001 es Carle & Andrioli Contadores Asociados, que cuenta con una trayectoria de 35 años.

 

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Michael Reiss
GGI Global Alliance
Buenos Aires 484, CP 11000, Montevideo, Uruguay
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