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La salud atrás del jabón
El gesto más simple —lavarse las manos— continúa siendo la herramienta más poderosa de la medicina. Suena casi una ironía, y la historia de su descubrimiento es el relato de la resistencia al cambio de la cultura médica.
Fecha de publicación: 30/04/2026
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Por:
Dr. Luis Ruso Martínez

En 1847, el médico húngaro Ignaz Semmelweis, trabajando en Viena, notó que la mortalidad por fiebre puerperal —que hoy se conoce como “sepsis postparto” y es una infección grave en la mujer después de haber dado a luz o de un aborto— era muy alta. Semmelweis postuló que la causa estaba relacionada con el transporte de “partículas cadavéricas” desde las salas de autopsia e instauró, como medida de higiene, el lavado de manos, que en esa época se hacía con una solución desinfectante compuesta por hidróxido de calcio e hidróxido de sodio. 

Si bien esta medida redujo la mortalidad dramáticamente, por descreimiento de la comunidad médica de la época, Semmelweis comenzó a ser descalificado por sus pares y terminó sus días en un hospital psiquiátrico. Su reivindicación —y la del lavado de manos— llegó años después gracias a Joseph Lister, el médico que desarrolló el concepto de esterilidad en la cirugía, y a Florence Nightingale, la enfermera que revolucionó su especialidad inaugurando la era de la higiene ambiental y personal durante la Guerra de Crimea.

Actualmente, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), miles de personas mueren por día en el mundo por infecciones adquiridas mientras reciben atención sanitaria. Por ello, cada 5 de mayo, la OMS conmemora el Día Mundial del Lavado de Manos, con el objetivo de concientizar sobre la importancia de este gesto que solo incluye agua y jabón. Se trata de un rito de higiene que todos asociamos con nuestros mayores, pero que para el personal de salud es un valioso procedimiento técnico establecido para romper la cadena de transmisión de microorganismos.

Vale la pena recordar que los gérmenes están presentes de manera natural incluso en nuestro cuerpo, pero las defensas de nuestro sistema inmune mantienen un equilibrio que impide las infecciones. Pero también hay microorganismos en el ambiente, y se adquieren al tocar objetos, superficies o personas. Esta es la causa de las llamadas infecciones asociadas a la atención de la salud, que se pueden evitar en gran parte con el lavado de manos. Este acto es un pilar fundamental de la gestión de salud para prevenir las llamadas infecciones nosocomiales y reducir la propagación de bacterias multirresistentes y virus en los hospitales, que también tiene un fuerte impacto comunitario.

El Centro para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) considera el lavado de manos como una de las “medidas más críticas y efectivas” contra las infecciones; una recomendación que es una piedra angular de sus guías de salud pública y prevención de infecciones. Asimismo, promueve el uso de desinfectantes de manos con “al menos un 60% de alcohol” como alternativa efectiva solamente cuando no hay agua y jabón disponibles. Sin embargo, señala las limitaciones de los desinfectantes: no eliminan todos los tipos de gérmenes ni son efectivos cuando las manos están muy sucias o impregnadas en grasa, ni eliminan sustancias químicas peligrosas como pesticidas o metales pesados.

Por todo esto, el Día Mundial del Lavado de Manos llama a reflexionar sobre que a veces la tecnología más avanzada no es un robot o un sistema de imágenes de última generación, sino un jabón y agua corriente. En un mundo obsesionado por soluciones complejas, el lavado de manos nos recuerda que la prevención es un acto simple de responsabilidad social.

Debemos pensar que este gesto inaparente, rutinario e incluso algo resistido, no es solamente un acto de higiene personal, es una barrera invisible que protege a los más vulnerables. Desde el recién nacido en la incubadora, hasta el abuelo recuperándose de una cirugía, pasando por las personas que tienen su sistema inmune debilitado. 

Cuando nos lavamos las manos correctamente estamos cortando el camino a enfermedades que, de otro modo, podrían ser fatales. Es, quizás, el acto médico preventivo más democrático y humano que existe.

(*) Miembro de la Academia Nacional de Medicina.

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