-El comercio perdió impulso y las proyecciones para 2026 son de menor actividad y mayor incertidumbre. ¿Qué factores están influyendo sobre el sector, además de la guerra en Medio Oriente y sus consecuencias en el precio del combustible y los fletes?
-A finales de mayo tendremos los números específicos para el sector comercio y servicios. Los datos efectivos del cierre de 2025, junto a indicadores adelantados, muestran un escenario que no ha cambiado respecto a lo que veníamos viendo en el segundo semestre de 2025, donde efectivamente se consolidó la senda de crecimiento menos dinámico trimestre a trimestre. Eso es una realidad que permanece en estos primeros meses del 2026, en línea también con un contexto global y local de la economía donde hay importantes restricciones de crecimiento. Esto no es ajeno al sector comercio y servicios, sino que es una realidad que atraviesa, mal o bien, a todos los sectores de actividad, más allá de las particularidades que algunos puedan tener. En líneas generales, la economía local está creciendo a menor ritmo y eso también se traduce en lo que tiene que ver con niveles de consumo más reducidos y niveles de inversión con un estrés importante, lo que claramente impacta en el sector comercio y servicios. A su vez, cuando hablamos de servicios turísticos, si bien estamos en un mejor escenario respecto a años anteriores, todavía no vemos un impulso de crecimiento por el lado del turismo. Tenemos una mayor llegada de turismo respecto a los años anteriores y un menor egreso de uruguayos hacia el exterior, pero, de todas formas, no está siendo un efecto que esté dinamizando al sector. En definitiva, no vemos en el turismo un factor impulsor y, en líneas generales, no observamos grandes cambios para estos primeros meses del 2026, en un contexto donde las empresas se muestran cautelosas y en un escenario con alta volatilidad e incertidumbre, algo que también se evidencia por el lado del consumidor, con decisiones de consumo más prudente, más allá del contexto inflacionario con menores presiones. Proyectamos para 2026 un consumo privado que estará por debajo de los guarismos de lo que fue 2025. En el caso del mercado de trabajo, por ejemplo, vemos cierto enfriamiento en la generación de puestos laborales y también se ha mantenido estancado el número de beneficiarios del seguro de desempleo.
-¿Cómo impacta el contexto internacional y geopolítico, con la inestabilidad en el precio de los combustibles, en el sector?
-Claramente es una realidad a la que Uruguay está expuesto y es tomador de ese contexto internacional. Nuestro país es importador de petróleo y eso impacta a nivel local y condiciona las decisiones. Esto está teniendo efectos y claramente tendrá un impacto sobre todo en el canal de expectativas inflacionarias y en el mediano y largo plazo. Pero la buena noticia es que esto nos encuentra en un contexto de inflación baja, con lo cual, el impacto que puede tener en el poder adquisitivo de los hogares, que es un aspecto clave en las decisiones de consumo, se podría esperar que no fuera de tal magnitud. En ese sentido, en este contexto internacional que es complejo y al que Uruguay no está ajeno, la buena noticia es que nos encuentra mejor parados en lo que refiere a nivel inflacionario. Pero claramente esto termina teniendo un impacto a nivel de costos y precios en las distintas cadenas productivas.
-El Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) ha apuntado a reformas microeconómicas y paquetes de medidas con el afán de desregular la economía y bajar su carga burocrática, una bandera del propio ministro Oddone. ¿La Ccsuy ha medido el impacto de estas reducciones?
-Algunas medidas ya fueron implementadas, como la reducción de la tasa del LATU, el adelanto del IRAE diferencial, entre otros. Cuando se mira la ecuación de costos completa y la sumatoria de costos que enfrentan las distintas actividades económicas y las empresas, claramente esto es algo muy reducido y el impacto de esas medidas es muy limitado. De todas formas, con una mirada más optimista de cara al mediano y largo plazo, el actual gobierno está trabajando en adicionar e incorporar nuevas medidas tendientes a reducir la burocracia, a mejorar trámites y aumentar la competencia, básicamente para mejorar el entorno de negocios y hacerlo más eficiente. En este punto, tenemos una mirada más optimista en el mediano y largo plazo de ir hacia más medidas que efectivamente terminen generando un impacto real en la competitividad de las empresas, desde el punto de vista microeconómico o, por lo menos, generando cierto respiro en algunas situaciones y sectores en particular. Claramente eso no va a ser la solución para esas empresas y sectores, pero sí entendemos que será una ayuda y un camino para recorrer, porque esto es algo de largo aliento que no se va a agotar en este año ni el próximo. Es un camino con el que estamos a favor que inicie y se continúe profundizando, porque esto se actualiza mes a mes, porque aparecen nuevas regulaciones y se bajan otras, además de que cambian los mercados y las exigencias. Esto es un trabajo continuo hacia un entorno de negocios más competitivo y eficiente. Además, existen otros factores que repercuten en la competitividad de las empresas. No nos quedemos solo con la mirada microeconómica, que sí es importante, pero que no es la única limitante que enfrentan las empresas. Tenemos otros temas sobre los que trabajar, que son claves para la competitividad y las empresas, como las relaciones laborales, las tarifas públicas y la apertura internacional. No nos olvidemos de que la macroeconomía también importa. Cuando hablamos de competitividad y tipo de cambio real, también importa qué pasa con las cuentas públicas y el gasto, por ejemplo. Hay que tener una mirada amplia y no pensar que solo ajustando la microeconomía vamos a mejorar las deficiencias de Uruguay en competitividad.
-El acuerdo entre Mercosur y Unión Europea (UE) obliga a Uruguay a dejar de cobrar el 5% de tasa consular a productos europeos, como plazo máximo en 2029. Se trata de una reducción parcial de un tributo transitorio, que muchas veces se puso en tela de juicio. ¿Han estimado el impacto que esto puede tener?
-La tasa consular es un punto más en los cambios que Uruguay debe recorrer. Cuando hablamos de la estructura tributaria y arancelaria, además de los sobrecostos que enfrentamos como economía, en particular en el sector importador, la eliminación de la tasa consular es una bandera que la Ccsuy viene liderando hace mucho tiempo. Hoy, por suerte, está el tema puesto dentro del acuerdo entre Mercosur y UE y esperemos que efectivamente se lleve adelante y sea una medida que atraviese a todos los mercados, porque entendemos que es el camino que debe recorrer Uruguay hacia una mayor apertura, que no solo implica mayores acuerdos y accesos a mercados, sino también menores trabas en el ingreso de mercadería e insumos para nuestros procesos productivos. No tengo un número sobre el impacto de la reducción de la tasa, pero sí entendemos que claramente es algo que genera efectos positivos en lo que hace a aumentar la competitividad del país. Además, parte de ese costo país que enfrentamos y de ese Uruguay caro, refiere justamente a los impuestos o las tasas al ingreso de la mercadería en nuestro país, tanto para el consumo diario como para insumos que forman parte de un proceso productivo. Entendemos que este es el camino que debe recorrer Uruguay, ya sea eliminar la tasa consular, como también trabajar sobre la estructura arancelaria, como ya hemos propuesto. Esto es importante, sobre todo si pensamos en la estructura productiva y en el mercado que tenemos, donde dependemos mucho de comprar en el exterior. Abrirnos hacia el mundo no solo implica vender más hacia el exterior, sino también comprar mejor en el mundo para nuestra economía.
“El sector de electrónicos está muy preocupado porque efectivamente pueda haber una competencia desigual”
-Recientemente entró en vigor el nuevo régimen de franquicias, algo que estuvo sobre la mesa durante la discusión presupuestal durante 2025. Con las cartas sobre la mesa y con las medidas en marcha, ¿cómo se mira desde la Ccsuy?
-La medida que fue de mayor público conocimiento fue el cobro del IVA para aquella mercadería que viene de afuera de Estados Unidos, pero para nosotros hubo otros cambios que no los habíamos puesto sobre la mesa, que refiere a ampliar, en términos de dinero y de cuánto se puede gastar en el exterior, además de la posibilidad de unificar la compra. Antes eran tres compras por US$ 600 y ahora se puede hacer una única compra por hasta US$ 800, lo que hace que se amplifiquen los tipos de productos a los que se puede acceder en el exterior bajo este régimen de franquicias. Para nosotros, si bien, por un lado, el cobro del IVA en cierta forma lo que busca es en algún punto reducir esa desigualdad y trato diferente entre un régimen y el régimen general, nos quedamos a mitad de camino, sobre todo porque el cobro del IVA no equipara las condiciones y porque se pusieron sobre la mesa otros cambios que son una preocupación. Por ejemplo, el sector de electrónicos está muy preocupado porque efectivamente pueda haber una competencia desigual en este sector en particular, en lo que refiere a productos de tecnología.