-¿Qué diagnóstico hace al respecto de la situación actual de la seguridad en el país?
-Uruguay tuvo un quiebre en materia de seguridad en el período de gobierno anterior. Desde la salida de la democracia hasta 2020, veníamos con incrementos constantes en todos los delitos. Eso cambió con el gobierno de Lacalle Pou, que se paró en un respaldo político y jurídico a la policía para darle más herramientas y mejorar la gestión de los recursos humanos y financieros del Ministerio del Interior. Allí se dio un quiebre, se frenó el crecimiento en los delitos y se generó una tendencia a la baja que se mantiene hasta el día de hoy, que es un enorme mérito del gobierno anterior. Ahora, en este período, empiezo a ver luces amarillas. Los hurtos han bajado a un nivel menor del que venían bajando. En 2024 bajaron un 22% y en 2025 la baja fue del 11%. Hay un incremento en los heridos de arma de fuego y una baja de los operativos de control. Hubo 23.000 operativos de control vehicular menos en 2025, en comparación con 2024. Hubo menos incautación de pasta base y cocaína, menos allanamientos y menos bocas tapiadas. Hay una disminución de lo que fue el empuje y el trabajo que hacía la policía nacional y eso está muy ligado a la falta de liderazgo y gestión de la nueva cúpula política que tiene el Ministerio del Interior. Días atrás Carlos Negro reconoció que hay varios barrios en los que empiezan a aumentar los delitos de menor porte, que son los hurtos. Creo que lo que hizo fue anticiparse a la próxima entrega de cifras de la cartera, porque probablemente muestre un alza de los delitos de hurto, que es lo que se ve que está pasando en los barrios de Montevideo y todos los departamentos del país. El supuesto buque insignia, que dijo Alejandro Sánchez refiriéndose al programa Más Barrio, está trayendo problemas que no están viendo, como el corrimiento de los delitos que estaban focalizados en determinados barrios de Montevideo. Y esto ya pasó cuando en 2012 establecieron el plan Siete Zonas, que coincidió con el primer gran aumento de homicidios.
-Las cifras de 2025 presentadas por el Ministerio del Interior mostraron una leve disminución de la mayoría de los delitos. Su diagnóstico, que es similar al que manifiesta la sociedad, va en contra de esa leve disminución. ¿Considera que las cifras y números no representan la realidad?
-Yo no cuestiono las cifras. Confío en los funcionarios que trabajan en el Ministerio, más allá de que pueda haber errores humanos, como pasa en todos lados. Son los mismos profesionales que vienen trabajando desde el día que se fundó el Observatorio de Violencia y Criminalidad, que hoy lleva otro nombre. Lo que ocurrió en el período anterior es que lamentablemente, como las cifras empezaron a dar bien porque se cortó el crecimiento de los delitos, al Frente Amplio (FA), en ese momento, no se le ocurrió mejor oposición dañina que empezar a cuestionar las cifras y a los funcionarios que las hacen. Empezaron a decir que las cifras se inventaban o que las muertes dudosas escondían homicidios y distintas cosas. Entonces, todo eso llevó a un descrédito importante de esa área.
-¿Y eso no ocurre hoy también? Si las cifras son buenas, el oficialismo las utiliza como eslogan y bandera, mientras que la oposición de turno las cuestiona por no ser coincidentes con su percepción de la seguridad.
-No vi a nadie criticando las cifras, lo que yo critiqué fue la forma de presentarlas. El ministro, cuando fue a la interpelación, hizo comparaciones antojadizas. Comparó el primer trimestre de 2026 con el de 2025 y dijo que los delitos de homicidio habían bajado, en la cifra histórica, y se equivocó en dos cosas. Si se compara con 2024, los homicidios aumentaron un 5% en 2026 y la baja que él catalogó como histórica, no es tal. Hubo otras bajas más grandes y pronunciadas como la que él dice. A su vez, a la interpelación no fue con comparativas de año calendario, y se deben comparar con años calendario, que es lo que siempre se hizo. Eso le hace mucho daño a la comparativa y credibilidad, no solo del ministro, sino del Ministerio del Interior y su institucionalidad ante la ciudadanía. Y también es una forma de engañarse a uno mismo. Compararon solo un año con el otro, porque evidentemente no les servía compararse, en la interpelación, con el 2024, porque iban a tener que explicarles a la población y a los legisladores que los homicidios habían aumentado en el primer trimestre de 2026. Creo que eso es lo que termina haciendo un gran daño.
-El Plan Nacional de Seguridad toma en cuenta algunas políticas de la anterior administración. ¿Entiende que esto da pie a generar acuerdos importantes en esta materia?
-Hay muchas más coincidencias que diferencias entre oposición y oficialismo en materia de seguridad pública. Después está la mezquindad política y la falta de madurez. En 2023, siendo gobierno convocamos a un acuerdo multipartidario para hablar y abordar las causas del delito y para hacer proyectos vinculados a las causas, que nunca se había hecho. De hecho, el FA había convocado a un diálogo en la época de Bonomi, que se había focalizado pura y exclusivamente en el aumento de las penas. Nosotros invitamos, por primera vez, a partidos políticos y organizaciones sociales a hablar de las causas de los delitos. Se pusieron sobre la mesa más 80 propuestas, que se sistematizaron 16. De esas 16, había siete que las había presentado el FA. Tan mezquina fue la actitud del FA, que se levantaron de la mesa, se retiraron del diálogo y ni siquiera fueron capaces de votar las siete que presentaron ellos. Si vos tenés ese nivel de mezquindad, a la hora de generar acuerdos, es muy complicado. En este período convocaron a otro acuerdo multipartidario porque no tenían un plan de seguridad. Y la persona que debió estar ahí, para liderar ese diálogo, no estuvo, que es el ministro Negro.
-Generar acuerdos, y aceptar sentarse a hablar y a acordar, implica relegar un rédito político y también es necesario que, de ambas partes, se muestre una madurez, que hoy el sistema político demuestra no tener.
-Sin dudas que implica una madurez, pero hay más cosas en las que hay coincidencias que en las que no. Depende de cómo se arme el formato. Tal vez se pueda armar una comisión de seguimiento integrada por todos los partidos, en donde se van a acordar varios temas de relevancia, sin rédito para nadie.
-¿Y por qué no se materializa eso que plantea?
-Porque no hay liderazgo para hacerlo.
-Pero el fracaso en las convocatorias a diálogos y acuerdos no es solo de este gobierno. Usted mencionaba casos de la gestión de Bonomi y de 2023, por ejemplo.
-En la época del FA fracasaron porque la propia bancada oficialista no aceptó votar el aumento de penas. El proyecto del Ejecutivo lo encajonaban los legisladores del FA, porque estaban en contra filosóficamente del aumento de penas. Y después, en 2023, nosotros llevamos adelante igual las 16 medidas, sin el apoyo del FA.
-¿Y qué cree que debe pasar en el mediano plazo para realmente generar acuerdos que trasciendan períodos de gobierno?
-Liderazgo. Lo que pasa es que es muy difícil generar acuerdos en la actual situación, con un ministro con una gran inmadurez política que está peleado con la oposición, porque ha ninguneado sus propuestas y es el ministro peor evaluado por toda la ciudadanía, sin respaldo político parlamentario. Es muy difícil construir políticas públicas a largo plazo, cuando hay del otro lado una persona que no es líder y que no está dispuesta a generar acuerdos con la oposición.
-¿Está de acuerdo en la forma de hacer oposición de algunos de sus compañeros de coalición y de esa idiosincrasia de ir al trancazo, tal como se refirió el año pasado Álvaro Delgado?
-Cada uno tiene su estilo, yo no voy a criticar el estilo de cada legislador. A veces me parece bien, a veces me parece un poco demasiado, pero yo no critico. Cada uno sabe cómo debe pararse en la cancha y cómo tiene que jugar. Pero trancar permanentemente no puede ser tu política de gestión. El palo en la rueda que nos puso el FA desde que comenzó la pandemia hasta que entregamos el gobierno, no puede ser la política de gestión, porque se genera un problema para el país.
-¿Cree que la política uruguaya entró en una dinámica de Peñarol versus Nacional? ¿Considera que se incentiva la grieta?
-Quiero creer que no. Lamentablemente, puede ser que Uruguay hoy esté mucho más polarizado, crispado y dividido. Creo que quizá el sistema político tiene algo que ver con eso y me parece que hay que pensar en bajar el tono y la forma, no el hecho de criticar de forma constructiva.
“Se viene un PN interesante, de renovación por un lado y de experiencia de ya haber gobernado por el otro”
-¿Hay unidad en la interna del Partido Nacional (PN) hoy?
-Creo que hay unidad y mucha coordinación. Siempre va a haber algunas discusiones que deberían hacerse en el seno de lo privado, que a veces terminan haciéndose mediáticamente, pero no hay partido político que esté 100% blindado. Peleas internas hay en todos los partidos, pero yo creo que hoy estamos en un lindo momento para el PN. Van a surgir nuevas propuestas políticas y electorales dentro del partido, hay un reordenamiento, hay gente veterana que se ha ido y gente joven que viene empujando para surgir y tomar protagonismo en primera línea. Creo que se viene un PN interesante, de renovación por un lado y de experiencia de ya haber gobernado por el otro.