Menú: El entrevistado degustó en la cava de La Corte corvina con puré de papas, que acompañó de Coca-Cola Zero.
-¿Cómo calificaría el intercambio entre oposición y oficialismo?
-Este tipo de temas admiten miradas distintas y no hay que verlo en blanco o negro. Que los ánimos en los últimos tiempos se han caldeado y tal vez los tonos se han exacerbado es real, pero creo que estamos lejos, en Uruguay, de una fractura, un quiebre o una grieta, como se dice comúnmente. Y, sobre todo, en los términos que asistimos o conocemos en los países de la región.
-¿No hay actitudes de sus colegas que fomentan esa grieta?
-Más que actores políticos determinados, considero que lo que estimula esa exacerbación es el escenario en el que nos toca actuar, que es bien distinto al de hace 10 o 20 años, particularmente, en lo que tiene que ver con la irrupción de las nuevas formas de comunicación, las nuevas formas de participación y las redes sociales, que a todos los actores políticos nos condiciona y nos obliga a actuar con gran responsabilidad. En última instancia, el sistema la tiene. Advierto que los partidos y los actores políticos en Uruguay seguimos reconociendo determinados límites sin traspasarlos y seguimos practicando determinados códigos. Con esto no quiero transmitir que no hay que preocuparnos por este tema y que estamos en condiciones de bajar la guardia. No hay que bajar la guardia y creo que debemos preservar ese activo que el país tiene y que por algo sigue siendo reconocido en la región y el mundo por su convivencia democrática pacífica y tolerante.
-El año pasado hubo récord de interpelaciones en el Parlamento y una cantidad que no es común de comisiones preinvestigadoras. ¿Qué señal da esto?
-El tema de los instrumentos de control parlamentario y de la actuación de la oposición, particularmente en la utilización de esas herramientas, no hay que analizarlo o evaluarlo desde lo cuantitativo, sino desde lo cualitativo. Es más, soy de los que creen que la presencia de los ministros en el Parlamento nunca es suficiente y está bien que sea tan habitual y periódica como es hoy. Y no me asustaría que mañana fuera mayor. El Parlamento está para controlar y los gobernantes deben rendir cuentas de su actuación. Y en esto conviene mirarse y compararse con aquellos países con los que vale la pena hacerlo. Y allí advertiremos que el tono del debate entre gobierno y oposición es tan duro o mucho más duro que el que utilizamos en Uruguay y la frecuencia en cuanto a la asistencia del Ejecutivo al Parlamento, también. No deberíamos preocuparnos o rasgarnos las vestiduras por el hecho de que haya muchas interpelaciones o llamados a sala, o de que se hayan promovido en este período más comisiones preinvestigadoras que en el pasado. Esto no quiere decir, y ahí está la responsabilidad de la oposición, que no seamos serios y responsables a la hora de la utilización de los instrumentos. El tema no es cuántas interpelaciones hacemos, sino que todas las interpelaciones que hagamos tengan un sentido y razón de ser. Y ahí, en todo caso, está el costo o riesgo que la oposición asume frente a la opinión pública.
-¿A qué tipo de riesgos se refiere?
-Que eventualmente promoviéramos un llamado a sala que no tenga sentido, que no estuviera bien planteado o justificado. Y yo creo que la oposición no ha incurrido en eso. Podemos discutir algún llamado o episodio concreto, que siempre es opinable.
-¿Se ha planteado como un objetivo la recuperación, por así llamarle, de Cabildo Abierto (CA) en la coordinación parlamentaria de la coalición?
-Yo integro un ámbito que CA no integra que es la Coalición Republicana y que componemos tres de los cinco partidos de la oposición, sin perjuicio de lo cual con CA e Identidad Soberana mantenemos un diálogo político permanente en nuestra condición recíproca de partidos de oposición. Coordinamos muchas acciones y hemos votado juntos muchas cosas. Un ejemplo reciente fue la Ley de Lavado de Activos. En otros temas, por supuesto, con CA hemos estado en posiciones diferentes y CA ha votado con el gobierno. CA sabrá explicar ese temperamento político y en qué medida esa actitud representa lo que sus votantes esperan de sus legisladores. No ingreso en eso, pero cada uno debe hacer un análisis de introspección. Cuando yo actúo, lo hago en función de lo que los votantes nacionalistas esperan que yo haga.
-Pero está dando a entender que los representantes de CA en el Parlamento no están actuando en función de lo que esperan sus votantes.
-No estoy en condiciones de hacer un juicio concluyente en ese aspecto, pero, de todas formas, hay aspectos vinculados con el sentido común en cuanto a que los votantes de CA seguramente están en las antípodas o en una posición muy lejana al Frente Amplio (FA) y el actual gobierno. Y, al mismo tiempo, me baso en la evidencia de determinadas actitudes políticas que han asumido connotados dirigentes de CA, que se han manifestado discrepantes con la actitud que el partido ha tenido en el Parlamento, pero hasta ahí llego. Los legisladores de CA tienen todo el derecho de definir su estrategia y llevarla a cabo.
-¿Sería deseable que CA coordinara con la coalición? ¿Lo ve posible?
-Coordinación hay. Sería deseable que CA integrara la coalición, pero no es algo que nos deba quitar el sueño. Hay que respetar las decisiones y tiempos de todos, además de los tiempos del propio proceso político. Recién estamos transitando el segundo año del período y a tres años de las elecciones.
-¿Cómo evalúa el curso de este gobierno?
-El balance es absolutamente insatisfactorio. Y lo digo desapasionadamente. Leyendo los datos políticos internos y los datos de la marcha del país y la economía, creo que este es un gobierno que no ha logrado cumplir con lo que se comprometió en la campaña electoral, que tiene diferencias internas notorias y que está evidenciando problemas de liderazgo y conducción. En principio, son atribuibles al presidente, porque es el jefe del gobierno, pero entiendo que no es responsabilidad exclusiva de él, sino del partido de gobierno y de quienes acompañan a Orsi en la conducción. Lo que ha emergido del Diálogo Social, donde parece estar el PIT-CNT arrastrando al gobierno, y el gobierno dejándose arrastrar por las organizaciones sociales, muestra no solo la improvisación, sino también un signo de debilidad muy grande en la conducción política. Esto que vemos de las eventuales reformas a las AFAP y de los coletazos del Diálogo Social, en un contexto económico debilitado y complejo, es un excelente ejemplo de las debilidades en la conducción. Y cuando falla la conducción política de un gobierno, falla todo lo demás.
-¿Se apuró la oposición al reaccionar a las conclusiones del Diálogo Social, que en definitiva fue un documento y no un proyecto enviado al Parlamento?
-Creo que no se apuró. En estos casos, no se puede mirar para el costado. Porque, cuando en una instancia del supuesto Diálogo Social se anuncian posibles cambios al sistema de AFAP, se dan señales equívocas, porque no se sabe bien hacia dónde van a ir y hasta dónde van a llegar. Y lo anunciaron antes del 1º de mayo para que el PIT-CNT pueda regodearse de ese supuesto éxito político en el acto del Día de los Trabajadores. La oposición evidentemente debe marcar estas cosas, porque esto no es bueno para el país, aun cuando esto quedase en la nada el día de mañana, que no creo que así sea, porque los sectores más duros de la izquierda van a exigir que esto se haga.
-¿Cómo evalúa la reciente decisión del astillero Cardama de llevar a un arbitraje al Estado uruguayo?
-Creo que es la confirmación de una consecuencia esperada. Cardama no se iba a quedar cruzado de brazos y ahora va a defender sus intereses como cualquier empresa. Y frente al perjuicio que el astillero alega estar sufriendo, con fundamentos, era evidente que iba a demandar al Estado, en el ámbito que fuera. Esto es la consecuencia de una actuación muy irresponsable del Poder Ejecutivo, que arrasó con un contrato que estaba en plena ejecución, con la excusa de un contrato accesorio al principal, que es el de la garantía de fiel cumplimiento del contrato, pero que no es argumento suficiente para haber terminado con todo.
-Pero, ¿no había elementos llamativos en ese contrato? Una empresa garante que no existía, un astillero sin experiencia en la construcción de ese tipo de embarcaciones.
-En cuanto a la garantía, todo parece indicar que hubo dificultades en la garantía de fiel cumplimiento del contrato, de eso no hay duda. Ahora, el gobierno en su ambición y ansiedad por justificar su posición y terminar con todo, aprobó una resolución de rescisión, que termina siendo nula, porque no solo se basa en esa circunstancia, que podemos partir del supuesto que es correcta, sino que también se basa en la supuesta irregularidad en la garantía de reembolso, que después se confirmó que estaba en perfecto estado. Y si había dificultades con la garantía de fiel cumplimiento, debió haberse enfocado en eso y haberle exigido al proveedor que solucionara eso. Ya tenemos indicios en la comisión investigadora, en función de determinada información que llegó, de que, después de los anuncios del 22 de octubre, Cardama a través del doctor Gonzalo Fernández intentó solucionar este problema y hubo dos reuniones en Torre Ejecutiva. Y no está descartado que allí hayan planteado alternativas. Por otro lado, lo de los antecedentes de Cardama es discutible, porque tiene antecedentes en construcción de embarcaciones no de guerra, pero de este mismo porte o mayor, ha tenido vínculos con Defensa desde hace tiempo y se tomaron todos los recaudos técnicos.
-¿La interpelación de 2025 a la ministra Lazo no le brinda en este momento información sensible e interna del Ministerio de Defensa a Cardama, en el marco de este arbitraje?
-No lo sé. Creo que la interpelación tuvo mucho sentido y Javier García la llevó con mucha eficacia. Fue algo oportuno, pertinente y necesario, que contribuyó a que se aclarara y transparentara la situación.