Licenciada en Comunicación Periodística, Analista en Marketing y Magíster en Dirección de Comunicación y Marketing, hoy lidera la comunicación institucional de Santa Rosa, un desafío que asumió hace apenas 10 meses, aunque la historia con la empresa venía de mucho antes. Durante su etapa en la agencia Quatromanos, Santa Rosa, empresa del Grupo Antelo, fue uno de sus primeros clientes y acompañó de cerca gran parte de la evolución del grupo durante los últimos cinco años. Por eso, cuando surgió la posibilidad de incorporarse “del otro lado”, la decisión tuvo algo de natural.
“Siempre me interesó formar parte de una empresa desde adentro y dedicarme al 100% a su comunicación institucional y vínculo con los medios”, cuenta. Santa Rosa buscaba, por primera vez, una persona que centralizara la comunicación de las distintas empresas del grupo. Y ella encontró allí el tipo de desafío que más la moviliza: construir estrategias integrales, generar sinergias y adaptarse a un negocio en constante crecimiento.
Antes de llegar al mundo corporativo, su escuela fue el periodismo. Trabajó durante casi ocho años en medios como El Espectador, Canal 4 y VTV, una experiencia que recuerda como una etapa de enorme aprendizaje y crecimiento profesional. Su primer trabajo fue una pasantía en Radio El Espectador, en el informativo de primera hora, cuando tenía 22 años. Hasta entonces no había podido trabajar porque estudiaba comunicación y marketing en simultáneo, alternando horarios entre mañana y noche.
Aquella dinámica intensa terminó moldeando buena parte de su forma de trabajar. En comunicación, dice, muchas veces “todo es para ayer”, por lo que aprender a resolver rápido, adaptarse sobre la marcha y mantener la calma se vuelve indispensable. Pero también hay otro aspecto que considera central: el valor de las relaciones humanas. “Gran parte de los logros profesionales se construyen junto a otros”, resume.
Ese equilibrio entre velocidad y cercanía aparece también en su visión sobre la comunicación actual. Entiende que las empresas enfrentan hoy el desafío de moverse en un entorno atravesado por la inmediatez, donde ya no alcanza con comunicar rápido: hay que hacerlo de forma estratégica, coherente y cercana. Y, al mismo tiempo, ve allí una enorme oportunidad para construir vínculos reales, fortalecer identidades y generar confianza.
Habla mucho de equipos, de personas y de vínculos. No es casual. Cuando menciona qué es lo que más valora de Santa Rosa, lo primero que aparece es el grupo humano. Y cuando habla de su vida fuera del trabajo, el centro vuelve a estar ahí: su familia, sus sobrinas, sus amigas, su pareja y Barto, su perro desde hace 13 años. “Me considero muy afortunada en ese aspecto”, dice.
Pero hay un punto de la conversación donde la estructura ejecutiva se corre y aparece algo más íntimo. Su pasión, que es escribir. Y lo dice sin vueltas, porque escribir sigue siendo su espacio más personal, una forma de mantener vivos los reflejos del periodismo. Hace un tiempo investigó el impacto que tuvo en una comunidad del interior el cierre de una fábrica local. Quería entender qué pasaba con las personas detrás de la noticia, escuchar las historias mínimas que muchas veces quedan fuera del titular. El trabajo implicó entrevistas, viajes y mucho tiempo de campo. Incluso recibió una propuesta para publicarlo. Pero decidió guardarlo. “Con mucho respeto por la historia”, aclara, mientras espera el momento indicado para terminar de pulirlo y quizás, algún día, sacarlo a la luz.
En esa definición aparece probablemente una de las claves de su forma de mirar el trabajo y la vida: la empatía. “Para mí, escribir es una forma de mantener los ojos abiertos”, explica. También de desconectarse de la rutina y observar con más profundidad.
Esa sensibilidad convive con una idea que funciona casi como brújula personal y profesional. “Siempre intentá ser el mejor en lo que hagas”, repetía su madre. Una frase que, aclara, nunca entendió como competencia feroz con otros, sino como un compromiso con uno mismo, con el trabajo bien hecho y con la integridad. La menciona inevitablemente al hablar de la persona que más enseñanzas le dejó. Su madre ya no está físicamente, pero sigue siendo su referencia cuando aparecen dudas o decisiones importantes. “Y eso dice muchísimo sobre la huella que dejó en mí”, admite.
En su oficina nunca faltan post-it, una agenda de papel y el mate. Y en su horizonte tampoco parece faltar algo todavía más importante: curiosidad. Cuando imagina los próximos diez años, se ve creciendo profesionalmente, liderando proyectos cada vez más estratégicos, pero sin perder el entusiasmo por aprender ni la cercanía con las personas que quiere. Porque, al final, allí parece estar el verdadero centro de todo.