-Hoy muchas empresas hablan de sustentabilidad. ¿Qué está haciendo Itaú para reducir su impacto ambiental?
-En Itaú entendemos la sustentabilidad como una responsabilidad transversal al negocio.
En lo operativo, todos los años realizamos nuestra medición de huella de carbono que nos permite revisar y encontrar eficiencias para reducir nuestro impacto. En 2025 logramos reducir 14% nuestras emisiones en comparación con nuestro año base, 2022.
El mayor impacto de un banco no está solo en su huella directa, sino en lo que financia. Por eso integramos criterios ambientales en nuestras decisiones de crédito, acompañando a clientes en su propia transición. En ese sentido, en 2025 en Finanzas Sostenibles, uno de los frentes de trabajo de nuestra estrategia, movilizamos US$ 1.082 MM en créditos para proyectos que buscan promover el desarrollo de productos y servicios, con foco en nuevas oportunidades para la economía sostenible.
-¿Cambió la forma en que el banco decide financiar ciertos proyectos por el tema ambiental?
-Sí. Hemos fortalecido nuestro sistema de análisis de riesgos socioambientales, que hoy es parte del proceso de evaluación. Esto implica mirar con más profundidad industrias intensivas en recursos o emisiones y exigir mejores estándares. No se trata de excluir, sino de promover transformaciones: priorizamos proyectos que incorporen eficiencia, tecnologías limpias o mejoras en su desempeño ambiental.
-En Uruguay se habla mucho de producción sostenible y energías renovables. ¿Qué oportunidades ven desde el lado financiero?
-Uruguay tiene una base muy sólida en energías renovables y una agenda creciente en producción sostenible, especialmente en agro e industria. Vemos oportunidades en financiamiento de eficiencia energética, economía circular y proyectos que agreguen valor con menor impacto. También en instrumentos financieros vinculados a metas ambientales, que alinean el costo del financiamiento con el cumplimiento de objetivos de sostenibilidad.
-¿Los clientes reclaman productos o inversiones más “verdes” o todavía es un nicho?
-La demanda está creciendo. Si bien comenzó en segmentos corporativos y en inversores institucionales, cada vez más clientes —empresas y personas— buscan alternativas que integren criterios ambientales. No es solo una tendencia reputacional: hay mayor conciencia de riesgos y oportunidades asociados al cambio climático, y eso se refleja en las decisiones financieras.
-¿Cómo se compatibiliza la rentabilidad de un banco con objetivos ambientales?
-La sustentabilidad no compite con la rentabilidad, la fortalece. Una adecuada gestión de riesgos ambientales reduce exposiciones futuras y mejora la calidad de la cartera. Además, financiar proyectos más eficientes y resilientes suele traducirse en mejores resultados en el largo plazo. Nuestro enfoque es generar valor sostenible, entendiendo que el desempeño financiero y el ambiental están cada vez más interconectados.
-¿Qué reflexión le merece este Día Mundial del Medio Ambiente?
-Es una oportunidad para reforzar la urgencia de actuar de forma coordinada. El sector financiero tiene un rol clave como canalizador de capital hacia iniciativas que aceleren la transición. Pero esto requiere trabajo conjunto con empresas, gobiernos y la sociedad. El desafío es grande, pero también lo es la oportunidad de construir una economía más sostenible.
El cambio ya está en marcha y el rol de las instituciones financieras es acompañar y facilitar esa transformación. En Itaú estamos comprometidos a seguir profundizando nuestra agenda ambiental, con soluciones concretas para nuestros clientes y una mirada de largo plazo para el país.