Entrevista
EN LA CORTE
El vínculo entre oposición y oficialismo “no es bueno; las orejas del gobierno están bastante cerradas”
El senador Botana tiene una visión crítica al respecto del gobierno de la coalición. Según dijo en entrevista con CRÓNICAS, “todo quedó en manos de las corporaciones”, e hizo alusión a la reforma educativa, que le hubiese gustado verla “en manos de la ciudadanía”, y no en la de gremios docentes, al igual que la salud. Por otro lado, afirmó que “lejos de un rol igualador”, el Estado hoy condena a los “más pobres”, y destacó que Uruguay, con la Ley de Competitividad, se pierde la “gran oportunidad” de revertir esa situación.
Fecha de publicación: 10/07/2026
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Sergio Botana, Senador del Partido Nacional
Por:
Redacción

Menú: El entrevistado degustó el clásico matambre a la leche de La Corte, que acompañó de agua con gas.

 

-¿Cuál es su postura al respecto de la reciente polémica que involucra al presidente Yamandú Orsi sobre las irregularidades en sus propiedades en Salinas?

-No parece el mejor ejemplo. Los administradores públicos tenemos que ser cuidadosos en ese sentido, a pesar de que podríamos estar naturalmente poco concentrados en esos temas. Nuestra postura es que es un tema que no debemos manosear, pero mucho menos desatender.

-¿Qué sería desatender?

-Desatender sería no ir hasta el hueso. Sin estridencias debemos informarnos debidamente y hacer lo que haya que hacer. Prima facie no parece un delito, sí un descuido que ayuda poco a la disciplina que debe inculcar un presidente a un pueblo.

-¿Preocupa la seguidilla de estas polémicas en torno al presidente?

-Preocupa, porque es el presidente de todos y no nos podemos olvidar de ese hecho. Tampoco creemos bueno caer en la tentación de colaborar nosotros a bajar la figura del presidente, pero el primero que la debe cuidar es él.

-¿Hay liderazgos claros en la coalición que marquen cuál debe ser la postura en cuanto a estos temas?

-No hay liderazgos que marquen. Hay un deber con la historia y un deber con la institucionalidad. Hay un camino que los blancos tenemos sabido, que es por patriotismo no manosear y por patriotismo no dejar desviar. 

-¿Y hacen falta estos liderazgos?

-Creo que en estas cuestiones no necesitamos leer ningún librito, los blancos sabemos qué es lo que hay que hacer. Y menos precisamos que alguien nos aconseje los caminos. La actitud, en estos casos, viene con nuestra naturaleza. Cuidadosos de nuestra institucionalidad para no gastarla y para no dejarla manosear.


-¿Cómo está el vínculo hoy entre oposición y oficialismo?

-No es bueno. Hay mucha conversación y poco diálogo. En algún momento fue mejor, como cuando solucionamos juntos el tema de la Caja de Profesionales. En este tiempo, veo que las orejas del gobierno están bastante cerradas, y está oyendo, pero no escuchando.

-¿En qué lo ve ejemplificado eso que menciona?

-En la insistencia tozuda con un nivel de gasto que compromete el futuro del país, en la insistencia en la profundización de un retraso cambiario que está matando el empleo en todos los sectores intensivos en mano de obra. Los asociados a la agroindustria, pero también los de la inteligencia y los sectores de la informática. Desde ese punto de vista, la actitud a veces hasta parece servil con algunos intereses.

-¿Qué intereses?

-Con algunos mandatos ideológicos de organismos multilaterales y, por otro lado, de algunos intereses de actores del mundo de las finanzas. 

-Mencionaba que hay conversación, pero no diálogo con el oficialismo. ¿Qué actitudes creen que contribuyen a que ese vínculo esté crispado?

-Yo no creo que esté crispado, creo que es peor. El vínculo crispado dice que las partes se están escuchando. En este caso, creo que es peor. No hay diálogo.


-¿Y cómo definiría ese vínculo?

-Inexistente, es un vínculo de sordos. Hoy tenemos un Estado que debe repensar su rol. La ineficiencia de los subsistemas hoy es absoluta. Y lejos de cumplir el rol igualador del Estado, lo que está haciendo es condenando a los más pobres. En algún momento en el pasado, la gente elegía entre la educación pública y la privada, no por el nivel educativo que era de excelencia en ambos lados, sino por otro tipo de decisiones más vinculadas al apego a determinadas religiones o filosofías. Hoy, el que tiene está obligado a mandar a sus hijos a la privada, y el que no tiene está condenado a que sus hijos no tengan una educación adecuada y que en el futuro no tengan el ingreso que hubieran tenido con una formación mejor. Hoy se mantiene el sistema de salud, pero el que tiene una posibilidad contrata un seguro privado de asistencia, y el que no tiene esa posibilidad está condenado a que el especialista lo vea a los tres o cuatro meses y que lo operen a los dos o tres años. Entonces, este Estado ineficiente en el que se mantiene un sistema público, pero después hay que contratar un privado para que haga el trabajo, no corre más.

-¿Cree que faltaron reformas para esto que menciona en el período anterior, cuando eran gobierno?

-Absolutamente.

-¿Qué faltó, por ejemplo?

-Me hubiera gustado ver la reforma educativa en manos de la ciudadanía, la salud y la seguridad en manos de los ciudadanos. En nuestro gobierno todo quedó en manos de las corporaciones. Es cierto también que no hubo tiempo para estas reformas, porque el tiempo de gobierno fue de verdad muy chico. La pandemia no permitía hacer experimentos sociales de reformas políticas. 

-¿Y a qué corporaciones se refiere específicamente?

-El Uruguay ha puesto la educación en manos de los gremios docentes, la salud en manos de los gremios médicos y la seguridad en manos de algunos grupos de la policía. 


-¿Ve en la Ley de Competitividad una señal para empezar a atacar estas problemáticas?

-El Uruguay, con la Ley de Competitividad, se pierde la gran oportunidad de revertir esta situación. Si decidiéramos ahora, ganaríamos la carrera. Pero acá se decide crear nueva burocracia para analizar la burocracia. La esperanza, entonces, es poca, porque el poder va a seguir jugando para evitar las transformaciones.

-¿Qué margen de negociación creen que tienen sobre este tema en el Parlamento?

-Uno siempre tiene la esperanza de que la situación crítica hacia la que está yendo el país, obligue a escuchar, a transformar, anime a los que no se animan a hacer lo que hay que hacer, y convenza a los especuladores de siempre, de que el tiempo ya se agotó.


-¿Y cómo se inserta esto que menciona en el marco de la discusión por la Rendición de Cuentas, que trae consigo un aumento del gasto de US$ 31 millones?

-Nadie entiende nada. El gobierno ya asumió que el nivel de actividad se desacelera. La elasticidad producto de la recaudación es procíclica en Uruguay, así que tendremos caída de la recaudación. Como mínimo, un no crecimiento de la recaudación y, si mantenemos el nivel de gasto proyectado, vamos a tener un déficit mayor y eso complica el tema de la deuda, y uno no ve la racionalidad de las decisiones del gobierno en este sentido. Salvo que el gobierno esté jugando una carta de engaño a su militancia, con la cual le diga que no baja lo que está pensando en bajar. De cualquier modo, hay gastos importantes del Estado, como pasividades, salarios y transferencias, que tienen una rigidez no menor. 

-¿Qué postura asoma dentro del Partido Nacional sobre la Rendición de Cuentas?

-Estamos terminando una evaluación acerca de la gestión presupuestal y del gobierno. De eso se va a tratar el pronunciamiento que vamos a tener sobre la Rendición de Cuentas. 

-Distintos legisladores oficialistas han dicho que es difícil no votar las reasignaciones, cuando en su mayoría están destinadas a la primera infancia. ¿Cómo le sientan estas declaraciones?

-Es obvio. El país, una de las cosas que debe hacer es gastar mucho mejor. No mejor, mucho mejor. Eso implica animarse a meter bisturí donde hay gordura y generar músculo donde debe haber músculo.

“El atraso cambiario pega mucho en el empleo”

-Fue muy crítico durante la interpelación al ministro Gabriel Oddone sobre la situación del empleo y hasta anunció una caída. ¿Qué elementos sostienen su postura?

-El atraso cambiario pega mucho en el empleo. Cuando hablamos de competitividad y de los sectores exportadores y de los transables que sustituyen importaciones, pensamos en el exportador en sí. Y no pensamos que los que están quedando afuera son los muchachos de la planta de lácteos que exportamos, del gurí que carga bolsas en el molino. El salario creció de 2019 a 2026 un 6,6%, básicamente esa fue la mejora del poder de compra en el salario. En este período, el costo salarial subió un 50%. Esto significa que el costo salarial se encareció un 50%, pero solo compra un 6,6% más. Entonces, en todo lo que sea intensivo en mano de obra, quedamos afuera.

 

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Sergio Botana
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