Así lo indica el nuevo informe “Agents, robots, and us: How AI reshapes work and skills in Latin America” del McKinsey Global Institute, que se basó en un análisis de 800 ocupaciones en 15 economías latinoamericanas, datos del mercado laboral de cinco países y seis estudios en profundidad de empresas que ya implementaron agentes y robots a gran escala.
La consultora afirma en el reporte que la automatización podría generar aproximadamente US$ 450.000 millones en valor económico anual en América Latina para 2030, aunque advierte que su materialización dependerá del ritmo de adopción. En un escenario en el que esta se da de forma más gradual, la cifra se reduce a aproximadamente US$ 230.000 millones.
Estas cifras no refieren a aumentos directos del Producto Interno Bruto (PIB), sino a los beneficios potenciales a nivel organizativo, reflejando el valor de las horas que podrían automatizarse y, por lo tanto, liberarse para otras actividades.
Concretamente, Uruguay tiene la posibilidad de liberar US$ 5.900 millones en el escenario más prometedor, en mayor medida gracias a los rubros “Comercio minorista y mayorista” y “Agricultura, silvicultura, pesca y caza”. Un 75% del potencial valor económico en la región se da en México, con US$ 204.000 millones, y en Brasil, con US$ 135.000 millones.
El trabajo advierte que las estimaciones reflejan la viabilidad técnica y no una previsión de pérdida de empleos ni de adopción. Asimismo, esta última “probablemente se rezague con respecto a la de las economías avanzadas debido a los salarios más bajos, el mayor costo relativo de la robótica y las diferencias en la preparación organizacional”.
Asimismo, debido la diversidad en sus economías, McKinsey identificó tres distintas rutas hacia la automatización en América Latina. Por un lado, Uruguay, Argentina, Chile y Costa Rica muestran un “perfil de automatización más cercano al de las economías avanzadas. Estos países tienen sectores de servicios más grandes que el promedio regional y más del 70% del trabajo automatizable no es físico. Por lo tanto, es probable que los agentes impulsados por IA desempeñen un papel más importante”.
Destacan Uruguay, Argentina y Chile por tener trabajos más basados en oficinas y, por tanto, un mayor potencial para la automatización dirigida por agentes.
En Bolivia, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Honduras y Perú un aproximado del 40% del trabajo automatizable es físico, por lo que “la captura de valor dependerá más de la robótica, los sistemas autónomos y la infraestructura necesaria para implementarlos”.
Por su parte, Brasil, Colombia, República Dominicana, México y Panamá se ubican más cercanos a un punto medio, porque ni los agentes ni los robots dominan al mismo grado que en los otros dos grupos.
Poniendo en evidencia la transformación tecnológica que se está atravesando, el informe resalta que la demanda de trabajadores con dominio de la IA se ha multiplicado por 11 en dos años, aproximadamente el doble de rápido que en Estados Unidos y Europa. “Actualmente es la categoría de habilidades de mayor crecimiento en el mercado laboral latinoamericano”, agrega.
Por otro lado, las llamadas “habilidades humanas” perdurarán, aunque se apliquen de forma diferente, siendo un 66% de las habilidades que buscan los empleadores las utilizadas en tareas que pueden o no automatizarse. “Habilidades como la resolución de problemas, el trabajo en equipo y la comunicación efectiva tienen más probabilidades de utilizarse en colaboración con la IA que de ser reemplazadas por ella, al menos a corto plazo”, afirma McKinsey.
A raíz del estudio de casos, la consultora deduce que “el valor de la IA reside en el rediseño de los flujos de trabajo, no solo en la tecnología. En diversos sectores, las empresas de América Latina están combinando personas, agentes y robots para agilizar sus operaciones, ampliar la cobertura, mejorar la toma de decisiones y posibilitar tareas que antes eran inviables”.