-¿Quedó conforme con lo presentado en el articulado de la Rendición de Cuentas?
-Esta es una Rendición de Cuentas que pone el eje en lo que la mayoría de la población entiende como prioritario y en lo que se deben focalizar las políticas públicas. Es claro que la seguridad, las personas en situación de calle, la educación y la primera infancia son ejes sobre los que hay preocupación ciudadana y debe haber una respuesta rápida y eficiente del gobierno. Analizo estas cosas más allá de mi rol de ministro de Educación y Cultura, como integrante del Poder Ejecutivo, y creo que tenemos los énfasis adecuados en cuanto a las prioridades, que además están en línea con el programa de gobierno, al tiempo que están inscriptas dentro de un marco de prudencia fiscal que determina la realidad.
-¿En qué contexto político cree que se inserta? La coalición ya anunció que no votará el texto en general.
-Es un contexto político donde hay una decisión política de la oposición de confrontar por casi todas las cosas, que es fruto de una estrategia diseñada, más allá de los contenidos de cada discusión, en este caso de la ley. Entonces, en ese contexto es que están ubicadas las posiciones políticas respecto a la Rendición de Cuentas.
-La coalición y legisladores opositores han señalado que el Frente Amplio (FA) tampoco votó las rendiciones del gobierno anterior, pese a que la coalición sí tenía las mayorías necesarias. ¿Es válido ese argumento?
-Analizar de igual manera circunstancias distintas no es admisible. En mi caso, por mi trayectoria parlamentaria, estuve indistintamente 15 años en el gobierno siendo oficialista y 15 años siendo legislador de la oposición. Y en ambos casos vi que los gobiernos siempre tenían la mayoría propia necesaria para llevar adelante su proyecto de país. Entonces, en esos términos es incomparable. Incluso habiendo votado en contra y a favor, hoy hay una responsabilidad distinta. Es claro que, si no hay votos para la Rendición de Cuentas, no hay refuerzo presupuestal para áreas estratégicas que la población demanda. Y eso implica responsabilidades. Cada cual asumirá la propia.
-En la previa se habló de cuatro prioridades: seguridad, situación de calle, empleo y primera infancia. Finalmente, ingresó la educación en lugar del empleo. ¿Qué ocurrió en el medio?
-Yo me llevo por los resultados. El tema del empleo tuvo que ver con otras opciones, como por ejemplo la Ley de Competitividad y Reducción del Costo de Vida que promueve el gobierno y acciones del Poder Ejecutivo. Las normas referidas al empleo en general orientan a las políticas públicas del gobierno del FA y se utilizan distintas herramientas.
-¿Cómo ha sido el intercambio con los sindicatos de la educación en este período?
-Fue una relación de independencia de unos y otros, que demuestra a las claras que el cliché de la derecha con el “Fapit”, que busca denigrar tanto al movimiento sindical como al FA, es una falsedad. Por algo los sindicatos toman medidas gremiales, paran y hacen movilizaciones. Y entiendo que el criterio general que debe manejarse es como los dos platos de una balanza. Por un lado, está el legítimo derecho a la protesta, que tiene resguardo constitucional y legal, y por otro lado la mayor continuidad posible de los servicios educativos por el derecho al acceso a la educación que tiene la gente. En ese equilibrio se ha manejado el gobierno y debe trabajar sobre esas dos realidades, respetando derechos y asegurando el servicio educativo público.
-¿Los sindicatos sienten mayor libertad para reclamarle a un gobierno de izquierda?
-Sí. De hecho, los sindicatos les han hecho más reclamos a los gobiernos de izquierda que a los de derecha, porque hay una expectativa en el imaginario colectivo de que un gobierno de izquierda tendencialmente favorece a lo colectivo, a los derechos colectivos y a este tipo de demandas. Por el contrario, con la derecha no existen esas expectativas. Y, por lo tanto, entre esa y un ámbito de imponer un ejercicio más limitado de las libertades sindicales, es que ocurre esto.
-¿Los gremios de la educación hoy son conscientes del rol que debe ocupar un sindicato en la sociedad?
-¿En qué sentido?
-Siempre se habla de los corporativismos y las presiones que existen en distintos ámbitos…
-Las líneas las determina el gobierno y estas líneas no pueden ir más allá del interés general. Nunca tuve un desarrollo militante desde lo sindical, sí de lo político, pero siempre aprendí que lo primero era cuidar el trabajo y luego las condiciones del trabajo. Y eso significa que exista el trabajo y la dignificación del mismo. Ese es el camino que se debería seguir siempre.
-¿En qué lugar queda la proclama del 6+1 en este contexto de restricciones fiscales?
-Siempre fue un desafío y yo lo asumo como tal. Hay un crecimiento de la economía muy moderado, lo que genera dificultades objetivas para llegar a esa meta. Pero tengo la tranquilidad de que vamos en el rumbo que definimos en el programa del FA y que vamos a hacer el mayor esfuerzo posible para acercarnos a esa meta, siendo claro que la inversión en educación en este gobierno es muy superior a la administración de Luis Lacalle Pou.
-¿Cuáles son las cifras que sustentan esa afirmación?
-Las del Presupuesto Nacional.
-¿Pero cuáles son esos datos?
-Los datos de inversión, de uno y de otro.
-¿El 6+1 hoy es un peso para este gobierno? ¿Es necesario actualizar el eslogan?
-Hacia el futuro se podría reformular el objetivo de mejorar la asignación presupuestal, y a la educación en su conjunto, sin pasar por un número estricto, pero también entiendo que para el FA y un sector importante de la izquierda uruguaya es una referencia que es extrañamente garantista, en términos de que el porcentaje del Producto Interno Bruto (PIB) siempre está atado al funcionamiento de la economía y que haya un PIB potente.
-¿Es inadecuado utilizar estas proclamas en campaña y atarse a números concretos?
-Es dificultoso, pero tiene el atractivo de comprometerse a ciertas metas. Entonces, también es difícil cuando uno está en campaña no proponerse metas lo más concretas posible. Es una situación que tiene riesgos de ambos lados.
-En el tema de la educación, ¿cuál es el equilibrio entre asignar más presupuesto y gastar de forma eficiente?
-Es la gestión. La gestión es clave y en este punto tenemos mucho para mejorar. Siempre y por definición. Asignación presupuestal sin una mejora de gestión como forma de llevar adelante las políticas públicas es un error y sería echar agua en un canasto.
-¿Dónde están esos espacios de mejora?
-Están, por ejemplo, en la educación media, particularmente en la estructura académica, en el tema de la presencia de los estudiantes y de los docentes, en la cobertura de las horas que quedan libres por distintas razones.
“Si hay una oportunidad de avanzar desde el punto de vista personal o familiar es a través del sistema educativo”
-Con la unificación del sistema de transferencias y las partidas a la infancia que asigna esta Rendición de Cuentas, el gobierno ha dicho que aspira a reducir un 25% la pobreza infantil en niños de cero a tres años. Una de las críticas que surge a esta propuesta es que, si no se acompaña con políticas estructurales, las transferencias terminan siendo una partida para que las cifras cierren al final del período. ¿Cómo se contempla esto desde el Ministerio de Educación?
-Hay metas vinculadas, pero cada uno tiene su propio desarrollo. Una de las virtudes que tiene este proyecto de la Rendición de Cuentas es que simplifica este sistema y hace más eficiente una cantidad de apoyos que brinda el Estado. Y después están las políticas públicas en materia de educación que tienen componentes propios y que hacen a la mejora del servicio educativo. Estas implican el trabajo de la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP), la eficiencia desde el punto de vista de la gestión educativa y que haya un equilibrio entre la extensión territorial, la extensión del servicio y la calidad del mismo. En este sentido, metas como mejorar la asiduidad, ampliar la escolaridad en términos de tiempos extendidos y utilizar herramientas que permitan mejorar el funcionamiento, como puede ser el apoyo psicológico, son una batería de medidas que tiene el objetivo de mejorar los aprendizajes y el egreso, tanto en contenidos como en números. Y ahí es donde se da la verdadera batalla. Si hay una oportunidad de avanzar desde el punto de vista personal o familiar es a través del sistema educativo. Esa es la única opción verdaderamente potente y creo que, con el peso que tiene la educación pública en Uruguay, es una responsabilidad específica y fuerte para quien gobierne.