Hoy el mundo necesita de bloques más flexibles, más dinámicos, con instrumentos más modernos y Uruguay quedó atado a algo que no lo deja moverse a la velocidad que deberíamos, comentó.Por otro lado, Bartesaghi aseguró que el gran problema del Mercosur es que no hay confianza institucional, porque sucede que cada cuatro o cinco años, cuando los gobiernos cambian, se vuelven a romper consensos básicos dentro del bloque y se vuelve para atrás.El socio pequeño Desde hace mucho se viene pidiendo un aggiornamento del Mercosur y muchos creen que de la mano de Lacalle Pou sería posible. Para el analista, el presidente uruguayo marcó un liderazgo en política internacional con una diplomacia presidencial muy marcada. Además, indicó que el mandatario dejó muy claro que el Mercosur actual no le sirve a la economía uruguaya. Por otro lado, explicó que la negación en la modernización del bloque no solo hay que buscarla en los otros socios, sino que el problema está en que muchos políticos que ocupan cargos de relevancia -ministerios, sindicatos y académicos- se niegan a la apertura internacional. Agregó que esas personas tienen una visión setentista del comercio internacional y que tienen una visión en contra de China (que actualmente es el principal socio del Mercosur). Asimismo, señaló que Uruguay aún tiene una agenda clásica en materia de comercio internacional. Explicó que se sigue discutiendo sobre bajar los aranceles y eso en el mundo no se discute más. Expresó que estamos en una de las regiones más proteccionistas, donde el arancel duplica la media internacional. Estamos en una zona cerrada al mundo, porque Brasil y Argentina tienen mercados internos que pueden darse el lujo de ser cerrados, y entre ellos tienen un mercado muy fuerte, entonces lo defienden, puntualizó. “En Uruguay no entra esa lógica- de ser proteccionistas-; sin embargo, hay algunos a nivel interno que dicen que no podemos flexibilizar el Mercosur porque no nos lo permite la 32/00”, reflexionó.La 32/00 es una norma aprobada por el Consejo del Mercado Común- que es el máximo órgano del Mercosur-, aceptada en el año 2000. Allí se mandata a los países a negociar de forma conjunta con terceras economías.Según Bartesaghi, es una decisión polémica, porque la misma no está vigente pero los Estados la han considerado como uno de los impedimentos para negociar de forma individual. Además, la cataloga como redundante porque el compromiso de negociar en conjunto parte de mucho antes de que se firmara esa normativa. De hecho, este “pacto” está en el primer artículo del Tratado de Asunción del bloque.En cuanto a Bustillo, Bartesaghi señaló que si bien el jerarca tiene un pensamiento diplomático clásico en cuanto a la apertura internacional, no va a ir en contra de la visión del presidente en lo referente al tema. Por otro lado, indicó que el ministro probablemente encuentre en cancillería algunos que ponen reparos.
Dentro de los posibles mecanismos de flexibilización, ha sido habitual que los miembros del Mercosur profundicen acuerdos con otros países de la región en el marco de Aladi, indicó. En cuanto a los desafíos, es indudable que el contexto actual marca una impronta distinta a la que conoció tres décadas atrás, explicó. La comunidad internacional se ha visto sacudida por una pandemia global que generó una crisis multidimensional, que trasciende los aspectos meramente sanitarios. En su opinión, el Mercosur debe transitar esta etapa marcada por un contexto regional y un escenario internacional muy particulares, apostando a las instancias de cooperación, donde la experiencia demuestra que ha sabido ser exitoso en distintas dimensiones de la integración. “Esta fecha es una oportunidad para renovar nuestros votos de confianza en un bloque que deseamos vigoroso y renovado, que permita a sus miembros llevar adelante sus estrategias de desarrollo, en el marco de un proceso de integración adaptado a la cambiante coyuntura internacional”, concluyó.
El Mercosur abandonó el pragmatismo y se nutrió de discursos de utilería. El ALCA se transformó en el enemigo ideológico, los petrodólares inundaron la región. Además, Estados Unidos y la UE firmaron TLC con América Central y varios países de América del Sur. La situación comercial y social agravada por la pandemia es crítica. Sin comercio no hay empleo ni inclusión social. El Mercosur se enfrenta a tres brechas: la productiva, la digital y la social. Esto condiciona su inserción comercial en terceros mercados.No hay más tiempo para términos medios. Pero el sinceramiento del Mercosur dependerá, una vez más, del nudo que la vieja trenza porteña lusitana acuerde. Si el bloque no avanza en una apertura comercial sensata en un modelo de desarrollo sustentable, está sentenciado a la irrelevancia. ¿Qué cambió desde su fundación para que sucediera esto en el bloque?La realidad era otra cuando se firmó el Mercosur hace 30 años. La Unión Aduanera no pasó de un perforado arancel externo común y la coordinación de las políticas macroeconómicas no existió. Bastó que devaluara Brasil para que el castillo de naipes se derrumbara. Intentado el relanzamiento en el 2000, se diluyó con la crisis bancaria del 2001. ¿Qué perspectivas hay a futuro?En 2021 el Mercosur corre el riesgo de que la polarización entre Estados Unidos y China limite la elección de sus socios comerciales y de inversión. El bloque no debería alinearse sólo con uno, mientras se pueda. Sin dudas, la apuesta es a la diversificación de los mercados.