Por Luis Porto (*) | @Luis_A_Porto
América Latina y el Caribe constituye la región más expuesta a riesgos del planeta.
La dependencia de sus exportaciones de carácter primario (en general commodities) la expone a riesgos comerciales en forma recurrente, tanto de demanda como de precios de sus productos exportables.
La dependencia de inversiones extranjeras para su desarrollo productivo la expone a riesgos de decisiones de relocalización de las empresas extranjeras.
La dependencia de financiamiento externo de sus Estados la expone a riesgos de tasas de interés, tipo de cambio y riesgos de liquidez internacional.
Las instituciones que se han desarrollado desde la época colonial, al mismo tiempo, exponen a gran parte de los países a riesgos sociales y políticos, como resultado de la pobreza, la desigualdad, la violencia.
Las vulnerabilidades(1) inherentes a muchos países tales como la posición geográfica los expone, además, en forma recurrente y creciente a los fenómenos derivados del cambio climático y a los desastres naturales.
La exposición a estos riesgos, cuando se concretan, se traduce en exposición a shocks externos negativos que impactan sobre los hogares y las organizaciones.
A estos shocks, se puede agregar que también la región está inserta en diferentes transiciones que le representan diferentes desafíos:
Al impactar a los hogares, las empresas y a los Estados, estos shocks y transiciones, estas disrupciones(2) se vuelven en mayor o menor medida un fenómeno con su propia dinámica interna a nivel de los países. Se vuelven fenómenos endógenos; por ejemplo, la falta de liquidez a nivel internacional luego se transforma en falta de liquidez interna, con su propia lógica y dinámica, aunque siempre relacionado a lo que sucede en el exterior.
En cada uno de estos desafíos globales no existen normas globales, sino diferentes visiones sobre las normas o desafíos cuyas normas se encuentran aún en un estado temprano de desarrollo (inteligencia artificial).
El mundo se encuentra en una serie de transiciones en las que no se puede predecir con certeza la dirección que tomará. Transiciones plagadas de incertidumbres.
En un escenario extremo nos enfrentamos a un futuro utópico:
En otro escenario extremo nos enfrentamos a un futuro distópico:
Los desafíos de las transiciones actuales muestran claramente que estamos en camino hacia uno de esos futuros, el distópico.
Tomando en cuenta esos desafíos, productos de las fallas de la gobernanza global, de la concentración de poder en las élites nacionales y de la polarización, lo importante hoy es cambiar el camino en el que estamos.
No es inútil remarcar que diferentes países o grupos de países pueden llegar a coexistir en futuros tan diferentes. Y eso se debe a que las métricas de poder son indicadores que reflejan el pasado y el presente, no necesariamente el futuro, la capacidad de agencia de gobiernos, corporaciones, sociedad civil y academia importa para moldear el futuro, así como la dinámica interna de las naciones.
Nos enfrentamos a procesos de final abierto en los que la construcción de contrapesos importa, y en particular en América Latina y el Caribe, en el marco de estrategias de reducción de vulnerabilidades y desarrollo de capacidades e instituciones que fomenten la resiliencia y permitan enfrentar los shocks externos negativos de un mundo incierto.
(*) Consejero Estratégico de la OEA(3).
Referencias:
(1)https://www.oas.org/fpdb/press/Vulnerabilidades-que-Vulnerabilidades-ESP.pdf
(2) https://www.oas.org/fpdb/press/Transiciones-Shocks-y-Resiliencia.pdf
(3) Las opiniones son personales y no comprometen a la Organización.