VIOLENCIA EXTREMA CRIMINAL – VIOLENCIA HOMICIDA

Por: Edward Holfman (*)

La seguridad ciudadana pasó a ser unos de los temas que más preocupa a la población en general y nos hace reflexionar una vez más.

Un niño de ocho años fue asesinado en una vivienda ubicada en Malvín Norte, el cual se encontraba junto a su tío, un joven de 25 años, que también fue baleado y murió más tarde. El padre del niño asesinado forma parte de los Albín, uno de los grupos de narcotraficantes que operan en la zona del barrio de Villa Española. Días antes habían asesinado a un integrante de los Suárez, uno de los grupos narco rivales.

Otro hecho que conmociono a la sociedad fue el asesinato de una menor de edad, llamada Kiara, una adolescente de 14 años que murió tras recibir el impacto de una bala perdida durante Nochebuena en el barrio Peñarol.

Estos dos asesinatos, que llamamos “daños colaterales de la criminalidad”, generan mucha tristeza, bronca e impunidad. Muchas veces nos preguntamos si aplica la frase “estaban en el lugar y en el momento equivocado”; pienso que no.

El conflicto criminal ha dado muestras de violencia extrema, lo que ha incidido fuertemente en el aumento de los homicidios en nuestro país.

Casi el 50% de los homicidios que se registran por año en nuestro país son por los llamados motivos de ajustes de cuentas, guerra entre bandas criminales, conflicto de drogas.

Hay grupos criminales que operan en determinadas zonas o barrios de nuestro país, en algunos casos familias enteras dedicadas al crimen organizado. La violencia y brutalidad de los últimos homicidios, cuerpos descuartizados, desmembrados y quemados es una demostración del poder y un mensaje simbólico para otros grupos de criminales y para la población en general, para transmitir miedo, temor y poder

Este tipo de homicidios generan mayores dificultades y complejidades para su esclarecimiento. Hay organizaciones criminales que trabajan de forma planificada y profesional para cometer este tipo de asesinatos. Estos grupos criminales tienen hasta equipos que limpian las escenas del crimen, donde borran cualquier huella o evidencia que sirva a las autoridades policiales para su posterior investigación.

Los altos niveles de violencia homicida se concentran en “focos” geográficos y demográficos. Los focos geográficos, son los barrios, plazas, esquinas, manzanas, Los focos demográficos, son las personas, su edad, su sexo, las actividades que desarrollan, estudio, trabajo, o desempleados.

Hay grupos de la población específicos que están expuestos a mayores riesgos de ser asesinados y son los menores de 30 años de edad; hombres sin trabajo, con poco estudio, que ya estuvieron privados de la libertad y muchos de ellos son consumidores de drogas ilícitas.

Para comprender este fenómeno de violencia, tenemos que hacer referencia a lo que denominamos la subcultura criminal, que hay de diferentes tipos.

Las subculturas cuando se expresan en un territorio o zona específica dan lugar a la “tribu urbana” que se constituye en unidad étnica con una homogeneidad cultural, lingüística, de valores, residencia y en su sentimiento de pertenencia; haciéndose esencial para sus miembros los símbolos comunes, ciertas tradiciones y ritos.

Es clave para entender la violencia homicida comprender la “subcultura carcelaria” que se genera dentro de las cárceles y se traslada a las calles, a los barrios, por personas que recobran su libertad.

A esa violencia homicida se agrega el aderezo de la subcultura narco, que refiere a la influencia cultural que ejerce el narcotráfico sobre una sociedad y personas, difundidas y aplicadas por los narcotraficantes.

La narcocultura ha afectado con particularidad a cada sociedad donde se ha instalado, y se manifiesta en estructuras mafiosas imponiendo costumbres y tendencias ilícitas sobre el resto de la población, con violencia, extorsión, secuestro y dinero.

La violencia extrema criminal y la violencia homicida son el resultado del combo perfecto entre la subcultura carcelaria y la subcultura narco, un combo letal a la cual estamos todos expuestos.

Las cárceles se han convertido en verdaderos centro de operaciones del crimen organizado. Un centro de operaciones donde se planifican y coordinan crímenes de cualquier índole, rapiñas, extorsión, estafas, homicidios y también de las operaciones de tráfico ilícito de drogas, de armas, a nivel nacional e internacional.

Existe hoy un relato político/policial de que no se pueden prevenir los homicidios. Estas afirmaciones legitiman la actividad criminal. El crimen organizado sólo es posible y perdura en el tiempo con la tolerancia, cooperación de las autoridades y la falta de políticas públicas de seguridad.

Los estados enfrentan nuevas órdenes y las autoridades comparten el poder con organizaciones criminales. Lo que hoy llamamos “gobernanza criminal” es un orden paralelo basado en la imposición de reglas sobre el comportamiento cívico de las personas y las formas de interactuar en los barrios, vecinos, supervisados por parte de las organizaciones criminales. Esta situación plantea desafíos importantes para la democracia y el Estado de derecho

Existe una asociación entre altas tasas de homicidios y los bajos niveles de aclaración de los mismos. Esto genera impunidad, lo que llamó la mercantilización de la muerte, el sicariato, los ajustes de cuentas, la forma ilícita de resolver estos conflictos.

En Uruguay se “aclaran el 50% de los homicidios” que ocurren en el país, cifra que se ha mantenido en los últimos años. Los homicidios en Uruguay son la punta de un gran iceberg de todo el fenómeno criminal.

El narcotráfico ha absorbido a todo el fenómeno criminal, tráfico de drogas, armas, trata de personas, lavado de activos, inclusive podemos colocar al terrorismo.

La policía comunitaria es el eslabón principal de comunicación entre los ciudadanos y desarrolla los procesos de diálogo y participación colectiva en la construcción de la seguridad ciudadana. Hoy existe un pacto de silencio «implícito» que la gente asume por miedo, desconfianza, falta de credibilidad en las autoridades y son las principales causas de por qué las personas no denuncian los delitos en la policía. La gente no confía en el sistema, porque no tienen la certeza de que si denuncia lo que pasa en el barrio, delitos, venta de drogas, las autoridades lo van a proteger y van a encarcelar a los responsables de los delitos.

La violencia homicida es un complejo problema de seguridad pública pero hay que entender que también es un problema de salud pública.

El crimen organizado es un fenómeno mundial que evoluciona día a día, se adapta y avanza a nivel global. Tomar conciencia real de la dimensión de este fenómeno será clave para determinar el éxito o el fracaso de la respuesta conjunta frente al crimen organizado en el futuro.

Para poder abordar el crimen organizado de manera eficaz es necesario reconocer primero su magnitud. El crimen organizado se encuentra entre los problemas más delicados y complejos que tiene el mundo y es un fenómeno verdaderamente transnacional. Hay que poner fin a la impunidad y la corrupción de actores estatales.

Es clave continuar fortaleciendo las democracias, especialmente en los estados frágiles, y debilitar a las organizaciones del crimen organizado que operan en esos estados.

En resumen, Estado y democracias fuertes frente a organizaciones del crimen organizado débiles, ese es el mayor desafío que debemos enfrentar y lograr.

Es clave continuar fortaleciendo las democracias, especialmente en los Estados frágiles y debilitar a las organizaciones del crimen organizado que operan en esos Estados.

En resumen Estado y democracias fuertes frente a organizaciones del crimen organizado débiles, ese es el mayor desafío que debemos enfrentar y lograr.

(*) Especialista en seguridad y consultor senior.