Reducción de la inflación es fundamental para lograr el objetivo de desdolarizar la economía

Gabriela Mordecki > “Hay que incluir nuevas normas, nuevas reglas y fuertes incentivos”

Aunque con distintas visiones sobre el proceso de desdolarización que ha transitado el Uruguay en los últimos 25 años, en un seminario organizado este jueves por el BCU y FCEA, hubo unanimidad respecto a que la reducción de los niveles de inflación es una condición fundamental para lograr avances en esa dirección. No obstante, también existieron reclamos de cambios en normas legales, regulatorias y de incentivos, que permitan logar los objetivos trazados. El economista Gabriel  Oddone planteó que es necesario “fortalecer la credibilidad del proceso”, algo para lo cual “la consistencia técnica es crucial, pero lo que es clave es la firmeza política”.

“Hacia una moneda de calidad. Desdolarización de precios”, fue el nombre del seminario organizado por la Facultad de Ciencias Económicas y Administración de la Universidad de la República (FCEA) y el Banco Central (BCU) en el marco de la política planteada por esta entidad para avanzar en la desdolarización de la economía.

La instancia contó con tres presentaciones de las “patologías de la dolarización”, y luego comentarios de expertos locales que destacaron el rol asumido por el BCU y coincidieron en poner a la reducción de la inflación como una variable fundamental para logar el objetivo planteado.

Patologías

Elizabeth Bucacos del BCU realizó la presentación “Estabilidad cambiaria y desdolarización: algunos retos para la política monetaria”, que estuvo enfocada en como la dolarización afecta la potencia de la política monetaria para alcanzar sus objetivos.

Explicó que los niveles de dolarización financiera han descendido “lentamente” y actualmente mantienen cierta estabilidad, fundamentalmente a nivel de créditos que en un 49% están nominados en dólares, mientras que los depósitos son un 76% en dólares.

No obstante, valoró que el proceso ha sido “insuficiente”, pero advirtió que “no debe ser impuesto administrativamente” sino a través de un “manejo macroeconómico creíble”: inflación baja y estable, política monetaria y fiscal creíble, el desarrollado de mercado en moneda nacional, y medidas macro y microprudenciales. Aún con esas condiciones, agregó, la dolarización puede ser “bastante persistente”.

Miguel Mello del BCU sostuvo que la dolarización en Uruguay “es un fenómeno cultural” que tiene su explicación en que “las empresas y los hogares han desarrollado practicas de cobertura de sus ingresos, básicamente inflacionarios y cambiarios”. En ese sentido, comentó que “son causa y consecuencia del escaso desarrollo de los mercados financieros de cobertura”.

Mello se refirió a “dos prácticas comunes y patológicas” que se realizan en Uruguay: la facturación doméstica en dólares y la fijación de precios en dólares y su persistencia en bienes usados. Respecto a la facturación en dólares, aseguró que “no es común en el resto del mundo, es muy rara e ineficiente”.

Por su parte, Diego Pérez de la Universidad de Nueva York, le puso números a la dolarización de Uruguay: a nivel de bienes es de 35%, en vehículos llega al 85%, y en inmuebles al 88%. En ese sentido, indicó que “estamos altamente dolarizados en vehículos y vivienda”, y “los bienes transables (que se comercializan con el exterior) son más propensos a estar dolarizados”.

Esta situación nos debería importar por “dos motivos”: porque afecta la transmisión de las fluctuaciones del tipo de cambio a la actividad económica, y porque debilita el impacto de la política monetaria.

En ese sentido, Pérez evaluó que “es importante lo que está haciendo el banco” de “tratar de entender más nuestro caso particular”. “Hay ganancias y desafíos de desdolarizar la economía con la disciplina monetaria, básicamente el nivel de inflación y la volatilidad de inflación”, agregó.

Perspectivas

Luego de las presentaciones, llegó el turno de los comentarios.

Aldo Lema, de Vixion Consultores  señaló que “es un tema tan difícil, tan complejo, y que ya lleva 25 años”, recordando así las discusiones que se dieron en 1996 y que terminaron con la creación de la Unidad Indexada (UI). Evaluó que en este cuarto de siglo “se ha producido una desdolarización gradual”, fundamentalmente a nivel de la deuda pública que “ha sido relevante para evitar un problema mayor” ante la apreciación internacional del dólar en estos años. Lema interpretó que “la UI fue un acierto”, ya que “es la opción de financiamiento de largo plazo en moneda nacional”.

Por último, subrayó que “una condición necesaria para seguir desdolarizando, es tener inflación baja” y “es el desafío más importante que tenemos: consolidar un régimen creíble de metas de inflación”.

Por su parte, Gabriela Mordecki del Instituto de Economía de la FCEA, argumentó que la dolarización es un problema que Uruguay arrastra desde hace muchos años y que “tiene factores culturales que también tienen que ser tomados en cuenta”. “No solo la racionalidad económica nos va a llevar a desdolarizar la economía tiene que haber incentivos para que ello se logre”, señaló.

La economista indicó que la desdolarización que ha logrado el país ha sido “bastante parcial” y fundamentalmente concentrada en el crédito, lo que estuvo relacionado a la crisis del 2002, cuando el descalce de monedas “fue determinante para una gran cantidad de empresas y familias”. Por el contrario, “no lo hemos visto del lado de los depósitos”, lo que sumado a que “son prácticamente todos a la vista” generan un riesgo para el sistema. En ese sentido, indicó que “hay un camino a recorrer en reglamentaciones e incentivos”.

También coincidió en que “la inflación es un tema muy importante” y que “sería lo ideal logar que converja al centro del rango o al menos dentro del rango al menos”.

“No solo la racionalidad económica nos va a llevar a desdolarizar la economía tiene que haber incentivos para que ello se logre”, señaló Gabriela Mordecki.

“Creo que el trabajo que está llevando a cabo el BCU es muy importante y es un camino que hay que seguir construyendo, pero hay que incluir nuevas normas, nuevas reglas y fuertes incentivos, sobre todo a la parte de los depósitos”, concluyó.

Por último, Gabriel Oddone, socio de CPA Ferrere subrayó que hay que “tener una estrategia de desdolarización porque Uruguay es un caso particular. Somos una economía bimonetaria y por un período muy prolongado”.

El experto argumentó que hay “un espiral de dolarización-inflación”. Por un lado el dólar es un “refugio” a la inestabilidad cambiaria que se dio en el país luego de los años 60, pero al mismo tiempo, tener la economía dolarizada es “una limitante al proceso de desinflación”. “Por lo tanto, avanzar en el proceso de desinflación implica tener algunos resultados de desdolarización y algunos logros de desdolarización ayudaran al proceso de desinflación”.

En ese sentido, Oddone valoró que es “razonable y aconsejable”, dado que el Gobierno asumió un compromiso en esta dirección, que haya una política específica que ayude al proceso.

No obstante, advirtió que persisten importantes desafíos y que “va a ser muy difícil avanzar en una agenda de desdolarización, si no se generan incentivos para endeudarse en pesos”. Además, sostuvo que es clave que el BCU asuma un “rol de difusión y capacitación” para los responsables de gestión financiera de las empresas, para que conozcan instrumentos de coberturas cambiarias más eficientes.

Por último, subrayó que para logar el objetivo planteado es necesario “fortalecer la credibilidad del proceso”, algo para lo que “la consistencia técnica es crucial, pero lo que es clave es la firmeza política”. “Lo peor que nos podría pasar es que esto sea abandonado y que el esfuerzo haya sido en vano. Una vez que se empezó es necesario que haya una certeza de que habrá apoyo político, y eso requiere de firmeza política”, sentenció.